lunes, 30 de diciembre de 2013

LOS CALENDARIOS

Alfredo Cardona Tobón*


En esta época que festejamos el fin de un año y el principio de otro conviene hablar del calendario que señala el nacimiento de Jesús e identifica la era cristiana y recordar los calendarios de otras culturas.
Desde los primeros tiempos  las civilizaciones han establecido medidas del tiempo   para atender las distintas necesidades de la sociedad; esos  ciclos se basan, generalmente, en los movimientos de la tierra alrededor del sol y de la luna con respecto a la tierra que determinan los  años solares y los lunares, dando origen a los calendarios.
El año solar mide el intervalo entre dos pasos consecutivos de sol por el equinoccio de primavera; es un concepto introducido hace 5000 años por los babilonios, que se repite  cada 365 días, pero no con exactitud absoluta, lo que da lugar a los desfases en las mediciones, que se ajustan mediante recursos como los años  bisiestos o con el cambio de fechas  para ponerse al día con los ciclos observados.
Desde remotos tiempos las distintas culturas han tratado de armonizar el calendario con los ciclos reales del sol y de la luna y por eso han aparecido los calendarios; aún hoy con todas las modernas y avanzadas tecnologías hay diferencias en los conceptos que sirven de base a los calendarios; el año civil, por ejemplo, tiene una duración media de 365,2425, o sea 365 días, 49minutos y 12 segundos y el año trópico, empleado en astronomía, se toma como de 365,2422 días, o sea  365 días, 5 horas y 45,25 segundos.
LOS DIVERSOS CALENDARIOS
El calendario egipcio aparece en 3000 A.C; consta de 12 meses de 30 días con cinco días adicionales de fiesta;  en el año 45 A. C el emperador romano Julio César encargó  al astrónomo Alejandrino Susígenses la elaboración del calendario  de 365 días con un día extra cada cuatro años y en el año  1582, el papa Gregorio XIII encargó a Luis Lilio y al jesuita Christopher Clavius la reforma del calendario juliano y decretó el gregoriano que empezó a correr el 15 de octubre, con diez días de adelanto dejando en el vacío ese pequeño lapso de la  civilización occidental.
El calendario gregoriano rige en los países cristianos y ha sido adoptado por otros estados del mundo de diferentes religiones. En la actualidad coexisten más de cuarenta calendarios, entre los que se destacan el budista, el chino, el calendario hebreo y el calendario musulmán. En tiempos remotos tuvieron vigencia los calendarios Persa, Maya, Azteca, Inca, Andón y Taobada; unos eran lunares y otros solares. El calendario maya constaba de 13 meses y 20 días más  5 días de meditación, el calendario inca era de 12 meses de 30 días y el año azteca contabilizaba 365 días y cuatro horas. También aparecieron calendarios políticos como el Republicano francés, con vigencia entre 1793 y 1806 y el calendario soviético que se empleó entre 1929 y 1940.
EL CALENDARIO REPUBLICANO FRANCÉS
Durante la revolución francesa se quiso romper con los nexos monárquicos y clericales y se adoptó otro sistema en vez del calendario gregoriano: Francia instauró el año revolucionario de 12 meses y 30 días, subdivididos en tres períodos de diez días o décadas.
 Los 5 días comprendidos entre el 17 y 21 de septiembre gregoriano, fueron  de fiesta nacional. El año empezaba en el equinoccio de otoño, se cambiaron los nombres de los días de la semana que empezaba con el Primidi y terminaba con el Décadi. Los nombres de los meses también variaron y se les designaron de acuerdo con la naturaleza; por ejemplo, el vendimiario era el mes de la vendimia y el Fructidor correspondía a la cosecha de los frutos.
EL CALENDARIO CHINO
Aunque China adoptó desde 1912  el calendario gregoriano para usos oficiales y administrativos, aún utiliza el antiguo  para fechar sucesos importantes en la vida de la nación o  entrelazados íntimamente con sus tradiciones tales como el Año Nuevo o el Festival del Otoño.
 El calendario chino se remonta a la dinastía Shang, miles de años antes de Cristo y comprende 12 meses entre 353 y 355 días; cada tres años se intercala un año con un mes más. Este calendario tiene ciclos de doce años  regidos por: la rata, el toro, el tigre, la liebre, el dragón, la serpiente, el caballo, la oveja, el mono, el gallo, el perro y el cerdo.
 CALENDARIO MUSULMÁN
Empieza con la hégira o huida de Mahoma a la ciudad de La Meca, que en la fecha gregoriana corresponde al 16 de julio de 622. El año islámico tiene 354 días que comienzan cuando sale el  sol,  los meses empiezan dos días después de la luna nueva. Este calendario tiene como base ciclos lunares de treinta años, divididos en grupos de  19 años con 354 días y otros de 11 años de 365 días.
El año islámico tiene doce meses, los días de la semana son siete y el al-yuma´a,  o viernes gregoriano, es el  día festivo durante el cual se realiza la oración colectiva en las mezquitas.
EL CALENDARIO HEBREO
Se basa en los ciclos del sol y de la luna; empieza con la génesis del mundo, que según la tradición judía fue en el año 3760 antes de Cristo; de esta manera el año gregoriano de 2013 equivale al año hebreo  5773. El mes hebreo dura 29 días y medio, el año tiene doce meses o  trece meses (si es bisiesto) con nombres de origen Babilonio. Se empieza con el Tishrei que cae en septiembre  u octubre y termina con Elul en agosto o septiembre.
Con el berenjenal de los calendarios  hay divergencias con el principio de las semanas: Las normas ISO 8061 toman como primer día el lunes, concepto también aceptado por los europeos y los latinoamericanos; en cambio los norteamericanos consideran el domingo  como el primer día de la semana., pues cada cultura se aferra a sus calendarios basados en creencias ancestrales.

viernes, 27 de diciembre de 2013

EL SUFRAGIO EN COLOMBIA

Alfredo Cardona Tobón*


El 26 de diciembre de 1810 la Junta de Gobierno de Santa Fe de Bogotá expidió un decreto destinado a reglamentar los comicios.  Se advertía que  no podían votar ni ser elegidos las mujeres ni los menores de 25 años,  tampoco los que carecieran de casa abierta, ni los que vivían a expensas de otros a menos que fueran propietarios de bienes raíces o muebles. De esta manera los criollos aseguraban que los cabildos y las Juntas de Gobierno representaran sus intereses.

En1853 el general José María Obando dijo al Congreso : “... borrad esa condición oligárquica, vaga y arbitraria de saber leer y escribir para ejercer los derechos políticos y reconoced estos a todos los hombres libres del país”, y el  Congreso atendió la solicitud presidencial dando paso legal  a la iniciativa que luego quedó plasmada en la Carta Magna  de mayo de 1855 que reconoció a todos los varones granadinos, mayores de 21 años, el derecho al sufragio.

En ese primer intento de sufragio universal el liberalismo perdió algunas posiciones, lo cual dio pie para que  se  augurara el desastre rojo, pues varios dirigentes  afirmaron que las masas analfabetas  serían presa fácil de los curas, en ese entonces aliados fieles  de las doctrinas conservadoras. Esa apreciación podría ser cierta en Bogotá, Tunja y en Antioquia, pero no lo era en otras provincias como Vélez, Socorro, Mariquita o la Costa Atlántica, cuyos habitantes no le marchaban al clero y donde existía una clase campesina de profunda estirpe liberal.

LOS ELECTORES

En los primeros días de la República los padres de familia y los individuos con gente a su servicio elegían a los gobernantes de turno y tomaban decisiones de tanta trascendencia como la adhesión de las provincias del sur a la Nueva Granada o  el nombramiento de delegados a  los Congresos.
Después los electores fueron los “ciudadanos de luces”, es decir aquellos que contaban con un negocio o una industria o tenían conocimientos rudimentarios de ciencias y de leyes. Más tarde contó el dinero y solamente los propietarios o personas con renta podían inscribirse en los registros electorales

Hasta 1853  no contaban  los pobres, ni los ignorantes en el momento de sufragar, pero sí tenían que pagar tributos, alistarse en el ejército y dar su vida y su salud en aras de las instituciones que no les reconocían sus derechos.

EL QUE ESCRUTA ELIGE

En el siglo diecinueve  los funcionarios del gobierno de turno elaboraban los padrones o listas electorales. La colaboración de la oposición era escasa o controlada y hubo administraciones como la de Hilario López, que reformaron el mapa para  incluir fortines conservadores bajo la administración de ciudades liberales como sucedió con la provincia del sur, conservadora, que quedó bajo la administración de la ciudad de Rionegro que era un fortín liberal.

Ese sistema de padrones electorales se  prestó para fraudes escandalosos  que mantuvieron en el poder al partido que estaba gobernando, y no dejaba otra alternativa al adversario que tomar las armas e imponerse por la fuerza.

Los líderes del radicalismo liberal decían con cinismo que quien escrutaba elegía y alterando el conteo de los votos se mantuvieron al frente de la nación por más de veinte años, hasta que el general Trujillo dio paso a Nuñez y éste, con la misma tónica, es decir acomodando cifras, se hizo reelegir  y allanó el camino para que el conservatismo dominara el país con el mismo sistema fraudulento.

LEJOS DE LAS URNAS

El terror fue un arma que utilizaron los partidos políticos para anular al adversario. En la provincia de Toro, que comprendía todo el occidente del Viejo Caldas,  escuadrones de jinetes sopingueños se concentraban en la época del radicalismo en la desembocadura del río Risaralda  para dirigirse el día de las elecciones a la ciudad de Toro, donde hacían encerrar a los  despavoridos conservadores, que no se atrevían ni asomarse a las mesas de votación.

El terror continuó utilizándose en el siglo veinte. En los comicios del primero de mayo de 1935 los conservadores se abstuvieron de votar por falta de garantías, y a la ausencia en el debate se sumó el fraude: En Riosucio, por ejemplo, aparecieron 2350 votos liberales, cuando en 1933  habían  sufragado en total 1649 personas.

Cuando en  el año de 1946 retomaron el poder los conservadores fueron los liberales quienes se vieron alejados de las urnas; en las elecciones del seis de octubre de 1947 los liberales no pudieron votar en Apia,  en Belén ni en Mistrató, a causa de la violencia desatada por oponentes conservadores y cuatro años después los liberales tampoco pudieron llegar a las urnas por falta de garantías.

POR FIN LAS MUJERES

Lo que no hicieron los partidos tradicionales en ciento veinte  años, lo realizó el general Gustavo Rojas Pinilla en 1954 al firmar el Acto Legislativo Número Tres que concedió derechos políticos a las mujeres y las puso en pie de igualdad con los varones. Desde entonces ellas pudieron aspirar  a las más altas posiciones del Estado: a la presidencia, a los ministerios, a las embajadas, a las gobernaciones y hasta pudieron ingresar a las fuerzas armadas, vedadas hasta no hace mucho, a nuestras compatriotas.

La Constitución de 1991 instituyó  la elección popular de alcaldes; fue la ocasión para que el pueblo llano eligiera  los mandatarios locales  sin la interferencia de los gobernadores, que a menudo colocaban a personas nefastas al frente de los municipios.

 Infortunadamente la elección popular de alcaldes no ha dado los resultados esperados, pues el pueblo, en general, no está escogiendo los más capaces sino  a populacheros que en muchos casos van tras intereses  personales o de grupo olvidándose de la comunidad que los eligió.
Anteriormente los alcaldes tenían el respaldo de los partidos políticos y hoy de grupos que se unen en tiempos de elecciones para sacar adelante a su candidato. Antes de la  Constitución de 1991 la dignidad de concejal era eso, una distinción para los líderes y los voceros de las comunidades que era honorífica;  con la retribución económica y el pago de jugosas prebendas se convirtió en un negocio, en un medio de ganarse la vida a costa del electorado.


miércoles, 25 de diciembre de 2013

MANIZALES- MIGUEL ALZATE Y LAS HERMANAS ARANGO

Alfredo Cardona Tobón.*


Atrás quedó el cerro de Santa Bárbara y el poblado de Cartago y en el camino fangoso que serpenteaba entre los cerros del oriente, el brioso caballo del  comandante  Miguel Alzate hacía  cabriolas al frente de una columna de quinientos caucanos, que a paso vivo, se dirigía, por la via de las  Ansermas, hacia la frontera antioqueña.

A mitad del siglo XIX la provincia de Antioquia se levantó contra el gobierno de Hilario López; los liberales en un intento por disminuir el poder de  los paisas habían fraccionado su territorio en tres provincias y le habían arrebatado la zona de Urabá que se la agregaron al Cauca. El 13 de julio de 1851 Cayetano Mazuera, Fidel Méndez y otros conservadores de Supía se pronunciaron en  favor de sus copartidarios paisas y declararon la anexión del Cantón al Estado Federal de Antioquia.

Además de la división de Antioquia, los desmanes de los zurriagueros del Valle del Cauca, las disposiciones anticlericales del gobierno, se sumaron a los  intereses de latifundistas y esclavistas de Antioquia , del Cauca y del Tolima, que prendieron la insurrección de 1851 contra el gobierno..
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Medellín se levantó en armas al igual que Abejorral, el oriente antioqueño y Aguadas y focos  aislados de rebelión en el altiplano junto con pasto e  Ibagué encendieron la a guerra en todo el territorio nacional. El presidente Hilario López reaccionó rapidamente, atacó a los insurrectos e invadió a las provincias  antioqueñas con tropas de la Costa, de el Valle y de Honda.

La guerra alcanzó al recién fundado caserío de Manizales en la frontera sur de Antioquia se; el 14 de julio de 1851 Antonio Valencia y Nepomuceno Jaramillo se apoderaron de la aldea y organizaron la resistencia conservadora.Mientras el comandante conservador Braulio Henao batía a los liberales en Rionegro y con Eusebio Borrero marchaba a frenar el avance de los invasores hacia Salamina, el comandante Miguel Alzate dispersaba a los insurrectos de Supía y se adentraba por el paso del Pintado  rumbo a Manizales.

 Ni Antonio Valencia ni Nepomuceno Jaramillo con las bisoñas fuerzas de la aldea podían hacer frente a los invasores liberales;  era  inútil hacerlo ante la superioridad enemiga, pues a la columna de Miguel Alzate se le habían unido  cuatrocientos veteranos cundinamarqueses que se descolgaron por el Ruiz bajo el mando del aguerrido general Mendoza.

Sin disparar un solo tiro, Braulio Henao entregó las armas  en el Alto de las Coles y Salamina se entregó sin combatir a cambio de una amnistía que les respetaba bienes y vidas. No obstante el descalabro en     el Alto de las Coles,  la guerra continuó en el centro de Antioquia.

A los manizaleños no se les ofreció la amnistía como en Salamina, ante esa situación los implicados en el alzamiento se internaron en el monte con ganados y bienes, pues la orden de Miguel Alzate era ponerlos entre rejas y confiscarles cuanto tenían. Como las autoridades impuestas por los liberales en Manizales se mostraban complacientes con sus paisanos caídos en desgracia, el comandante Alzate ordenó al alcalde Ramón Jaramillo que enviara a los   prisioneros conservadores a Cartago, donde serían juzgados por un Tribunal competente. En calzas prietas se vio el alcalde, pues sin consultar con los militares había liberado con fianza  a numerosos paisanos, entre ellos Antonio Valencia, a quién recapturó para evitar su propio carcelazo  antes de que se internara en las montañas.


Del comandante  Miguel Alzate no se libró ningún enemigo del régimen, sin importar condición ni sexo. El 14 de agosto de 1851  Alzate envió un comunicado al alcalde Jaramillo donde ordenaba llevar a prisión con la mayor seguridad posible a Juana y a Rafaela Arango, quienes, según informes  insultaban descaradamente al partido liberal y propalaban chismes  para desacreditar la causa del gobierno.

Parece que las lenguas viperinas de las hermanas Arango eran más peligrosas que los rebeldes en armas; el gobernador de Provincia, Eliodoro Jaramillo, jefe de guerrillas liberales de Pácora, las conside´ro de altat peligrosidad y ordenó su detención, pues, según decía en su comunicado al alcalde de Manizales, estaban abusando del derecho de libertad que el partido liberal estaba brindando a los antioqueños.

Un pelotón irrumpió en la vivienda de las Arangos y las capturaron. Para evitar disturbios y el apoyo de la ciudadanía manizaleña, una  fuerte escolta acompañó a las Arangos hasta Cartago bajo un sol canicular y ante el asombro de viajeros y curiosos que se agolpaban en el camino a contemplar la marcha de las Arangos y de Nepomuceno Jaramillo, capturados  por las acuciosas fuerzas gobiernistas tras intensa persecución por los riscos del  nevado del Ruiz.

Se sabe que Juana y Rafaela Arango permanecieron exiladas varios meses en Cartago y que no fueron las únicas mujeres en sufrir esa pena, pues no solo se extrañaba a las revoltosas sino a las prostitutas y a las vagas.


Del comandante Miguel Alzate volvemos a tener noticias el 25 de agosto de 1860 cuando se subleva en Neira con cien compañeros, se une a las fuerzas de Mosquera en el ataque a Manizales y se apodera del cerro Pan de Azucar en Neira con el objetivo de aislar a los defensores de la población fronteriza, posición que en un contra ataque vuelve a quedar  en manos manizaleñas..  

lunes, 23 de diciembre de 2013

EL ARZOBISPO CABALLERO Y GÓNGORA Y FRAY CIRIACO ARCHILA

LOS MUNDOS PARALELOS DE UN FRAILE Y UN ARZOBISPO

Alfredo Cardona Tobón*



En todas las comunidades se ve la opulencia y la pobreza,  la humildad y la soberbia; pero donde más se notan esas contradicciones es en la iglesia católica, donde el lujo ofensivo de los cardenales es una palmada en la cara de los curas con hábitos raídos de los caseríos miserables y donde clérigos cínicos hacen todo lo contrario a lo que predican.

La historia latinoamericana es pródiga en tales contrastes; en estos días que deberían ser de reflexión es conveniente recordar  al arzobispo que traicionó a su pueblo y al fraile que, bajo las mismas circunstancias, arriesgo todo por su gente. Es la historia del arzobispo Antonio Caballero y Góngora y de fray Ciriaco de Arcila.


BAJO LA SEÑAL DE LA CRUZ


Antonio Caballero y Góngora nació en Priego de Córdoba, España, en el año  1723, en cuna noble y acaudalada. Su vocación lo llevó al seminario. Por las relaciones familiares y sobre todo por su elocuencia, su vasta cultura y excelentes dotes administrativas, pasó de canónigo de Córdoba al obispado de Yucatán y en 1877 al arzobispado de Santa Fe de Bogotá.

Ciriaco de Archila nació en 1724 en Simacota, provincia del Socorro en la Nueva Granada . Su familia de hidalgos campesinos se preciaba de llevar sangre pura, es decir con ancestro español sin contaminación de negros, judíos o herejes.
Las labores del campo hicieron postergar el sueño de Ciriaco de ingresar a la Orden de los Dominicos, sueño que pareció frustrarse definitivamente cuando se encaprichó de una apuesta vecina y con ella tuvo dos hijos naturales.

Tiempo después el inquieto Cirilo se enamoró de Juana Rodríguez, contrajo matrimonio y trajo al mundo otros seis hijos. En 1773 murió doña Juana. Ya viudo, renació en Cirilo la vocación de los años mozos que lo llevó, por fin, al convento de Santo Domingo en Santa Fe de Bogotá, donde  lo recibieron como fraile después de repartir su estancia y cincuenta reses entre sus hijos y la congregación de dominicos.


EL ARZOBISPO VIRREY


El Arzobispo Caballero y Góngora  informó al rey Carlos IV de las excesivas contribuciones de los granadinos, no solamente para atender los impuestos de la corona sino también para sostener la burocracia glotona del virreinato.. Pese a ello, el visitador Gutiérrez de Piñeres llegó con nuevos tributos y aumentó de los antiguos. Se pagaba por todo: por las lanas, los huevos, la harina, el tabaco, el aguardiente..

Mientras el Virrey Florez  estaba en Cartagena con las tropas coloniales en prevención de un ataque de los ingleses, los pueblos del Socorro y de los Llanos se levantaron contra recaudadores y las autoridades abrumados por los pechos y las contribuciones forzosas. El visitador Gutiérrez huyo despavorido  y sin otra autoridad , el arzobispo Caballero y Góngora quedó en mayo de 1781 al frente del gobierno de la ciudad de Santa Fe.

Los sublevados marcharon hacia la capital y era imposible detenerlas. Entonces el arzobispo se desplazó a Zipaquirá como parlamentario y arrogandose unas funciones que no tenía concedió todo lo que pidieron los comuneros en  35 capitulaciones.


EL PORTERO DEL CONVENTO DE SANTO DOMINGO




No obstante el aislamiento conventual, fray Ciriaco de Archila seguía con interés los avatares de la revolución, pues el oficio de portero facilitabalos contactos con Simacota y la provincia del Socorro.

Cuando estalló el motín, el hermano Ciriaco sintió arder la sangre y en cuartillas y más cuartillas escribió unos  versos incitando al pueblo a la rebelión y los envió a Simacota. Para los españoles era otro  pasquín revoltoso, pero para los  comuneros los versos de  fray  Ciriaco se  convirtieron en  su Cédula y en la  “ Santísima Gaceta”.

El estilo literario de la Cédula-  según fray Alberto Ariza- es llano, grosero y hasta vulgar, sin ropajes ni hopalandas de salón,  mero lenguaje de la tierra, libre como el galope del viento en el Cañón del Suárez, desparpajado como los comentarios den la plaza el día de mercado..¨  es, sin duda, el estilo de un hombre campesino, sin doblez ni miedo y aferrado a los suyos y a sus tierra: “ Solo nosotros estamos de pendejos, en las Indias aguantando” dice fray Ciriacon en sus versos.

En otros Fray Ciriaco se va de frente contra los burócratas españoles y se anticipa a Nariño y a Miranda, y al igual que Tucpac Amaru desconoce la autoridad del rey y reivindica los derechos  americanos:

“ A más que estos dominios tienen
sus propios dueños, señores naturales,
por qué razón a gobernarnos vienen
de otra regiones malditos nacionales?-“

Las cuartillas de fray Ciriaco se multiplican en las poblaciones sublevadas,  los que saben leer y escribir los reproducen y los fijan en calles y caminos, unos las recitan otros las guardan como talismanes. Los versos van de boca en boca y el furor de la gleba va en


CON RUMBO A LA PENÍNSULA

Al Arzobispo-Virrey, impulsor de la Expedición Botánica, promotor de la minería ,  motor de desarrollo en Antioquia y el piedemonte, le tocó el triste papel de verdugo  Ordenó el sacrificio de Galán y los otros capitanes comuneros y también el destierro de Fray Ciriaco de Archiva a un convento en la península ibérica.

El traidor Berbeo dijo que los escritos del fraile habían sido la gran causa de la sublevación. Eso es exagerado. Lo cierto es que sus versos catalizaron la revolución y  fueron el misal de la revolución.

Caballero y Góngora regresó a España y como Obispo de Córdoba se fue contra las ideas de los revolucionarios franceses.El humilde fray Ciriaco, lejos de los suyos en tierra extraña murió solo y desterrado en 1784 en el convento Dominico de Cádiz. El alto jerarca Antonio Caballero y Góngora, rodeado de honores entregó su alma en 1796 en la ciudad de Córdoba, donde se hacían preparativos para ungirlo con el  capelo cardenalicio


martes, 17 de diciembre de 2013

LA PRINCESA MAGA

UN CUENTO DE NAVIDAD

Alfredo Cardona Tobón*



Mariapaz, mi nieta menor, es la única persona de la familia que cree en mi encuentro con la princesa maga que acompañó a los  Reyes Magos. A Mariapaz le encanta esa  historia y me la hace repetir en época navideña, variando algunas cosas como el vestido que lucía en el avión de la British, su desaparición en medio de luces y agregando algún milagro como para hacer más asombrosa su misión.
Dejando a un lado las variaciones introducidas por Mariapaz que están convirtiendo el corto relato en una novela, voy a contar escuetamente los hechos, sabiendo que es muy difícil que otras personas, distintas a mi nieta, crean lo que voy a narrarles:
 Todo empezó en un lejano país del oriente africano plano como una mesa, de tierra roja y  con café, ñus y cebras por todos sus confines. Allí  trabajaba con una trasnacional hasta que, faltando unos días para la Navidad, me llegó una carta de la gerencia dando por  terminado el contrato.
¿Qué podía hacer en un lugar sin amigos, sin campo para un ingeniero mecánico y menos para uno extranjero y de tez blanca ? -
No perdí tiempo en más reflexiones y de inmediato alisté maletas y propuse a mi compañera Aojú  que me acompañara a Europa donde  empezaríamos una nueva vida.
¿Qué puede hacer una mujer  zulú en un país de gente blanca, sin amigos y lejos de la familia?- Me contestó  Aujú con voz quebrada.    
Sus razones eran las mismas que me alejaban del Africa; Así que con dolor en el alma me dirigí al aeropuerto  de Nairobi y tomé el primer vuelo  con destino a Heathrow en la capital inglesa.
Fue una despedida triste; nunca más volvería a Kenya y me dolía separarme de Aujù. Al subir al avión mi mundo se vino abajo: era la primera vez que me despedían de una empresa, mi vanidad estaba por el suelo pues me creía irremplazable en el oficio, no tenía un penique ahorrado y me dirigía a un pais  donde no conocía a nadie.
Obviamente viajé en clase de turismo, no me salieron lágrimas porque desde chiquito me habían enseñado que los machos no lloran; estaba lleno de furia con el universo entero, hasta con la azafata que de muy buenas maneras me iindicó que estaba ocupando un asiento que no me correspondía, bastante tenía con haber aguantado a  un escocés loco que tenía de jefe, para que una muchachita desteñida me fuera a importunar en ese aciago momento.
El Boeing 727  cruzó el Valle de Riff y se adentró en  el Sahara; estaba tan atribulado que no me hubiera importado que el avión se estrellara en  las arenas candentes o cayera un rayo y nos fulminara.
Al llegar la noche un sopor soñoliento fue atenuando mi pena, pero cuando estaba medio dormido una voz femenina me volvió a la triste realidad de mi vida.
Perdone señor, ¿puedo sentarme al lado de la ventanilla?- Quisiera ver las oleadas de candela en las sabanas de Sudán,  son tan lindas, parecen mares de fuego  mecidos por el viento.-

-        Resultó poeta la niña- pensé para mis adentros- y de mala gana recogí las piernas para darle paso a la intrusa.
Pasaron  veinte minutos o media hora. No  lo recuerdo bien. Al fin la molesta vecina pareció darse cuenta de que alguien estaba a su lado y con un mohín coqueto y un inglés chapurreado volvió a dirigirme la palabra:
-        Es que no hay  asientos desocupados al lado de las ventanillas- dijo- Me gustaría quedarme aquí para ver la luna reflejada en las aguas del Nilo y admirar sus matices  en la superficie del mar Mediterráneo.-

Como quiera señorita- le dije con gesto desganado- y entonces la miré y caí en cuenta que era muy bella, con  facciones finas, no de muñeca gringa, sino de una mujer apasionada y fuerte con el color aceitunado de los habitantes  de la parte alta del rio Níger.
Yo no tenía ganas de hablar, sin embargo al ver sus ojos y su cabello azabache con un mechoncito que le cubría ligeramente la frente, recordé el cálido romance con Aojú  y solté la lengua .
¿Adonde vas?- pregunté.
-A todas partes, señor; adonde me señale el destino- me respondió-
-¿Entonces eres una beduina, o quizás una funcionaria de la ONU?- agregué con sorna-
-Recorro los  aires y también la tierra en misión de ayuda. contestó con  voz  cálida y melosa.-  ¿Ve esa señora rubia con un niñito en brazos?- justo hoy en Navidad lo atacó un extraño mal y su madre lo lleva de urgencia a una clínica en Londres. – Observa a ese  caballero obeso al fondo del pasillo. Está desesperado, unos rebeldes maumau quemaron su  hacienda y lo dejaron en  la ruina.
- ¿Bueno y qué tienes que ver con la señora y con el caballero obeso?-
- Mucho. Hoy por Navidad estoy  repartiendo dones, a ella le di esperanza y a él le voy a dar fortaleza- 
- ¿ Y a mi que me corresponderá?-
-Compañía, eso es lo que te estoy brindando - ¿Te parece poco?-
Me empezaba a gustar la chica, me encantaba el desparpajo y su imaginación, me habló de las brumas de San Gotardo, de piratas malteses y  ciudades perdidas en lo profundo del África. Su voz hacía palpitar  mi corazón compungido y su risa  restañaba mi pena.
Cuando tocamos la costa inglesa, quise saber su nombre y donde vivía.
     - Mi nombre es tan raro que ni se puede escribir y como soy una beduina  no paro en ninguna nube. Recuérdame simplemente como la princesa que acompañó a los Reyes Magos y estuvo contigo en la Navidad.
 - Te buscaré entonces en las leyendas bíblicas y me darán razón de ti – le dije en son de broma.
-No me hallarás, soy como dicen ustedes una NN. Yo continué con la caravana por un camino distinto para que Herodes no supiera donde estaba el Mesías, mientras tanto Melchor, Gaspar y Baltasar se separaban del grupo y sigilosamente llegaron a Belén.
- ¿Entonces no visitaste al  Niño Dios?-
 - No, y ya que perdí la oportunidad de verlo, me recompensó con la misión de entregar sus dones en las Navidades.
El avión tomó pista en  Heathrow y  mi dulce compañera de viaje se despidió con un abrazo y un beso  y desapareció en el torbellino del desembarque.

En el tren que me llevaba a Portland vi los primeros destellos del día y sentí que el mundo se abría, pleno de retos y posibilidades. La amargura se quedó atrás,  en esa noche de Navidad, a miles de pies de altura, una  princesa maga  había iluminado mi camino. Ese fue el regalo del Niño Dios en esa Nochebuena.

domingo, 15 de diciembre de 2013

BALTAZAR VÉLEZ: UN VICARIO DE CUIDADO

Alfredo Cardona Tobón


     Baltazar Velez fue cura de Aranzazu- distrito del antiguo Sur de Antioquia


Luego del triunfo liberal en 1877  y  la ocupación caucana de Manizales y Medellín, los liberales tomaron el control del gobierno antioqueño. Como la iglesia católica fue la gran instigadora de esa guerra,  los vencedores endurecieron las leyes de inspección de cultos y de libertad de enseñanza con el propósito de neutralizar la influencia del clero en las comunidades y en los asuntos del Estado;  algunos sacerdotes se sometieron a las disposiciones oficiales, pero la mayor parte de los levitas no acataron las leyes que consideraban lesivas a la Iglesia.

Los conservadores del norte caucano hicieron causa común con sus copartidarios antioqueños y el clero de la región, igualmente perseguido por los liberales, se solidarizó con los paisas; en el norte del Cauca se rebelaron los presbíteros Basilio Baena, Tomás Delgado, Antonio Rentería y José Dolores Córdoba, y en el departamento del Sur, en territorio antioqueño, tuvo eco la actitud resuelta del vicario Baltazar Vélez  que arrastró gran parte de sus parroquianos en abierto desafío contra las autoridades impuestas por el Cauca..

EL PADRE  BALTAZAR VÉLEZ

No fue un curita perdido entre las montañas como lo mostró la prensa liberal: fue un lider notable de recia personalidad que no se amedrentó ante las medidas restrictivas contra la Iglesia Católica.
El padre Vélez nació en 1848 en Hatoviejo ( Bello), en el seno de una familia pobre, pero de recia fibra; fue un hombre trabajador y disciplinado que mientras estudiaba en el liceo, laboraba en la escuela lugareña, componía versos y se enfrentaba en la prensa, a las ideas alborotadas del "Tuerto"Echeverri, con el mismo estilo y vehemencia de los libelistas de la época.

En tiempos  de Pascual Bravo, cuando el catolicismo paisa sufrió los primeros embates de los liberales radicales, Vélez abrazó la carrera eclesiástica. Su prosa y su entrega lo acercaron al Obispo que en 1876 le encomendó la tarea de viajar a Quito a  recibir los restos del Monseñor Riaño, muerto en tierra ajena, cuando fue extrañado de su patria por los enemigos políticos.

CATÁSTROFES Y DIFICULTADES

En el fatídico1878, se sumó a la invasión caucana la plaga de langosta, el desgobierno, los temblores, un invierno calamitoso y la inseguridad y los tambores de guerra como resultado de la resistencia clerical a lo largo y ancho de Antioquia.

En agosto de ese año el prefecto del Departamento del Sur acusó al cura Vélez de conspiración  e intentó ponerlo tras las rejas. El sacerdote se internó en las montañas de Aranzazu ; desde su refugio el belicoso sacerdote concitó a los parroquianos a la lucha  contra "los demonios encarnados" y dio instrucciones para que aislaran a los funcionarios liberales de la aldea, privándoles del saludo, la conversación, los negocios de compra y venta, llegando hasta el extremo de recomendar azotes y golpizas  silos liberales no abandonaban la población de Aranzazu.
Los aranzacitas apoyaron totalmente a su prelado: los niños no asistieron a clases en las escuelas públicas y los fieles se internaron por trochas perdidas en el monte para asistir a misa y a los oficios religiosos presididos por el sacerdote fugitivo.

El padre Vélez  construyó un altar en  la oquedad de un inmenso y centenario pino que denominó "El Árbol Templo" y "El Pino Santo". "Desde junio  de 1877- escribió el religioso-  y previa bendición correspondiente, quedó  convertido este árbol en pequeña iglesia o capilla, y en una especie de  santuario o lugar de peregrinación".

Según narraciones de la época, el árbol era enorme, dentro del pino cabían dieciocho personas y otras veinte se acomodaban en medio de las raíces que se desprendían de su tronco.

Pese a la orden de captura, nadie movió un dedo para apresar a Baltazar Vélez. En vista de esta situación el prefecto Víctor Cordobés, envió la circular No. 90 del 19 de agosto de 1878 a todos los jefes municipales del departamento del Sur, recordándoles que seguían vigentes las normas sobre inspección de cultos y extrañamiento  de sacerdotes rebeldes y anotaba que el vicario foráneo de Salamina, pbro. Baltazar vélez, se estaba aprovechando de la bondad del gobierno y estaba empujando "a los pueblos  ignorantes a la senda tenebrosa del crimen". Añadía en la circular que para evitar que cundiera la desmoralización, se perdiera la majestad de la ley y se echaran a pique las conquistas adquiridas a costa de tanta sangre, se debía proceder, de inmediato, a la captura de Baltazar Vélez y de todos aquellos  que fueran contra las disposiciones oficiales.

Y CONTINÚA SU MISIÓN….

No tuvo pausa la actividad y militancia del padre Baltazar, sus actuaciones llenan muchas páginas de la historia antioqueña en las últimas décadas del siglo XIX: en Medellín redacta el "Liceo Antioqueño" al lado de Fidel Cano y en la "Revista de Antioquia" escribe junto al "Tuerto" Echeverri. Al celebrarse el  cuarto centenario del descubrimiento de América, el presbítero escribe un libro donde sostiene, con argumentos, que la empresa de Colón no fue original, sino que siguió huellas ajenas. En ese tiempo y en ese momento el libro agitó un avispero en España y América Latina.

 En sus últimos años el sacerdote recorrió varios países de Europa y  en un viaje a Venezuela, "el cielo atajó sus pasos" según escribió Marco Fidel Suárez, al referirse a su maestro y bienhechor en la humilde escuelita  de Hatoviejo, donde Suárez  vio las primeras luces del conocimiento..


 El padre Baltazar no es el único cura guapo, arrecho y godo en nuestra historia, pero  podría tomarse como la muestra más representativa de un hombre que hubiera dado hasta la vida por defender sus creencias y que si no murió en un barbecho atravesado por un tiro de escopeta, fue porque entre sus enemigos unos daban gracias a Dios por  ser ateos y  los demás eran tan creyentes, que pese a ser liberales, no se atrevían a tocarle un pelo a un  cura. 

viernes, 13 de diciembre de 2013

EL CACHORRITO DE PELUCHE

-CUENTO DE NAVIDAD-

Alfredo Cardona Tobón








Jirones de neblina se deslizaban, abriéndose y volviéndose a cerrar entre el ramaje del bosque, para  condensarse en el vidrio panorámico del campero que ascendía pesadamente por el camino destapado.
El paisaje se escabullía loma abajo entre yarumos blanquecinos y troncos recortados de quiebrabarrigos hacia los riachuelos perdidos en la profundidad del abismo. En los barrancos a plomada orquídeas raquíticas se balanceaban sobre los esquistos rocosos ; de trecho en trecho surgían manchones de guadua y matorrales de yaraguá , cuyos festones rosados  parecían danzar al son del viento.
¿ Qué dices Gabriel?- preguntó Antonio.-
-Nada patrón- Estaba pensando que nos cogió la tarde en esta trocha peligrosa.                                              
El campero continuó su camino, tragando curvas y rastrillando cascajo con rumbo al poblado de Opirama, y Gabriel y Antonio siguieron rumiando cada uno sus propios pensamientos.
El golpe de un alud de ramas sacudió al vehículo. .. después se oyó un ruido seco multiplicado  por el restallar de bejucos partidos y el cimbronazo del campero al chocar con el árbol que cayó en medio del camino.
Pese a las advertencias  de no viajar a esas horas por la trocha infestada de bandidos, los dos amigos habían persistido en llegar ese día a Opirama y  habían caído en otra celada de los antisociales.
¡ Quédese quieto Antonio!- Si saca el fierro nos fritan.
Como salidos de una pesadilla aparecieron ocho... doce encapuchados, con camuflados del ejército y botas pantaneras.
Una muchacha de pelo recogido y el fenotipo de los indígenas bajitos y rechonchos del occidente caldense, se adelantó metralleta en mano y les quitó la pistola, los documentos y  los regalos de navidad.
Abránse manes!- Sigan loma arriba!  Y ojo con intentar escapar!.

EMPIEZA LA MARCHA.

Adelante iban cuatro antisociales, en el medio Antonio y Gabriel y atrás el resto de la banda.
Se cerró la noche. Sube y baja. Sube y baja sobre la hojarasca podrida y resbalosa, rodeados de árboles musgosos, zarzas  y bichos... miríadas de bichos.
Tras varias horas el grupo llegó a un rancho ruinoso, donde los captores obligaron a los secuestrados a tenderse en el piso con olor a amoníaco y a caca de chivo.
El lazo que aprisionaba las muñecas era un martirio y la sed... esa sed abrasadora empezaba en la lengua y se internaba como un hierro al rojo hasta las entrañas.
Amaneció. La marcha continuó por sendas solitarias hasta lo alto de la montaña. Era una caravana en fila india, que no escuchaba el canto de los pájaros, ni admiraba los chorros de espuma de los riachuelos que se mecían entre flores. Era un grupo de fantasmas encapuchados, que avanzaban sin voces y sin risas empujando a dos seres humanos como ganado al sacrificio.
Vea niña!- repitió Antonio por enésima vez a la líder de la banda- Somos gente pobre y sin importancia. Suéltenos que están equivocados- Yo no tengo un peso y mi amigo es otro pobretón que no tiene dónde caerse muerto.
Hombre no joda!- Nosotros sólo cumplimos órdenes. Dígaselo a mi comandante cuando lleguemos al cambuche y cierre el pico que nos tiene cansados con tanta cantaleta.

EN VÍSPERAS DE NAVIDAD.

La tarde del 22 de diciembre Irmita esperaba a su papá en Opirama.
Cuándo llega papito?- preguntó a la mamá.
Ya es muy tarde mi amor. Acuéstate. Cuado llegue Antonio te despierto para que le des un besito.
Fue una noche de incertidumbre esperando noticias. En la mañana del 23 se confirmó el secuestro. Un bus de recorrido encontró al campero estrellado y vacío.
No había nada que hacer. Sólo esperar las exigencias de los bandidos. Para qué acudir a las autoridades  si todos conocían la debilidad del Estado en el pusilánime gobierno de ese entonces.
En la noche del 23 de diciembre los antisociales llegaron con sus víctimas a un pequeña explanada desde donde se divisaban las luces del pueblo.
Llovía a cántaros. El retumbar de los truenos hacía vibrar el desfiladero. Estaban mojados hasta los tuétanos. Penetraron a una cueva y para calentarse un poco los bandidos prendieron una hoguera y destaparon una y otra botella de aguardiente.
Bajo los efectos del licor los captores se durmieron uno a uno sin acordarse de amarrar a los prisioneros.
¡ Gabriel!- ¡ Gabriel!- Ves ese voladero?-
-Claro- y  también  esas enredaderas que trepan por las rocas.
Pues mijo, vámonos!-  Es preferible despeñarnos a que nos asesines estos vergajos.
Los amigos se descolgaron con cuidado por los bejucos hasta llegar a una saliente unos seis metros abajo.
La oscuridad era total. Parecía que nada habían logrado: al frente el precipicio y atrás una muralla de rocas.
De repente  algo rozó la pierna de Antonio. Pensó que era una culebra. Retrocedió asustado y con asombro escuchó el gruñido juguetón de un cachorro. Donde hay perros hay camino y hay gente, pensó, y a tientas lo siguieron entre la maleza.

EL REGRESO.

En la madrugada del 24 de diciembre Antonio y Gabriel entraron a Opirama, molidos, magullados, lacerados y exhaustos. Los borrachitos amanecidos, los repartidores de leche y los carniceros los acompañaron en medio de vivas hasta sus casas.
Antonio abrazó a su esposa y despacito se acercó a la cuna de Irmita para saludarla con un beso. La niñita, de unos cuatro años, se aferró al cuello de su padre.
-En la novena yo le pedí al Niño Dios que te trajera, papito-  Y como estaba muy ocupado en el pesebre mandó a Pilín  a que te trajera.
Quién es  Pilín mijita?-

Irmita levantó la cobija de la cuna y le mostró un perrito de peluche, lleno de cadillos y de zarzas, igualito al cachorro que los había salvado en la montaña.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

LAS VIEJAS NAVIDADES

Alfredo Cardona Tobón



El Papá Noel ha ido invadiendo los dominios del Niño Dios, y al paso que vamos, el pesebre y el nacimiento de Jesús serán una reliquia limitada a las iglesias del catolicismo, pues la cultura anglosajona habrá entronizado el consumismo y el derroche sobre la humildad y la esperanza que un día predicó San Francisco de Asís.

En mi lejana niñez tuve la fortuna de salvarme de las carcajadas de Santa Clauss, gracias al aislamiento de mi aldea, donde apenas conocí de  refilón al viejo barbudo enfundado en el ridículo disfraz rojo.
A los seis años de edad descubrí al Papá Noel en unas tarjetas de navidad que el encargado del correo había birlado de la voluminosa correspondencia, enviada ese año por una congregación evangélica de los Estados Unidos a su centro misional de Quinchía. Cuando apenas había hojeado el Almanaque Bristol y la cartilla Alegría de Leer de mis primos, esas tarjetas de los protestantes fueron un portento con pinos festonados de nieve, venados deslizándose entre las nubes y extrañas leyendas en alto relieve.

EL NIÑO DIOS Y EL PAPÁ NOEL

Con la cautela del combatiente que se adentra en el campo enemigo y motivado por las raras tarjetas de navidad, me aproximé a la casa de la misión protestante en busca de más detalles sobre el personaje del disfraz rojo. Claro que no me arriesgué solo, iba con dos lugartenientes de menor edad, que confiaban plenamente en mi liderazgo y mi valentía. Por entre las guaduas del cerco que rodeaba la casona de los evangélicos, los intrépidos exploradores observamos los corredores profusamente adornados con bastones, estrellas y campanillas. Estábamos tan embelesados que no caímos en cuenta de la aproximación de una señora rubia, de cara bondadosa, cabeza blanca y hablar enredado que nos saludó amablemente y nos invitó a comer pasteles de chocolate.

Pudo más la curiosidad y la promesa de los dulces que el temor que inspiraban los protestantes, en cuyas vecindades, diariamente un pichón de cura rezaba el rosario a plena voz, dizque para librarlos de las garras del demonio.

Ya en confianza Miss Aída nos mostró estampas de la Sagrada Familia y nos contó que Santa Clauss era un viejo bonachón que vivía en el Polo Norte y cada año viajaba sobre un trineo halado por renos para repartir juguetes a todos los niños obedientes y estudiosos.

Cuando contamos la aventura,  papá Luis sonrió y el abuelo Germán, echando chispas por los ojos zarcos dijo que nos estábamos volviendo evangélicos y que había que dejar en  claro que el único que traía regalos era el Niño Dios y  a veces, cuando estaba muy ocupado, le dejaba el encargo del traído a los Reyes Magos.

LOS AGUINALDOS

Además del desplazamiento de Jesús recién nacido y de los magos Melchor, Gaspar y Baltasar, las nuevas generaciones están viendo un cambio dramático en los aguinaldos. Los inocentes regalos de hace cincuenta años se han convertido, por desgracia,  en un símbolo de estatus  y en un compromiso frustrante para quienes carecen de suficientes recursos económicos.

Antaño no se presentaban las astronómicas diferencias en los obsequios. Existía democracia en los regalos del Niño, pues los lujos no pasaban de un carrito de madera más grande, una pelota mayor o una muñeca de trapo con más perendengues.
Con cualquier “cosita” se manifestaba el cariño y bastaba una bufanda tejida, un juego de vasos de cristal o  unas medias de nylon. Entre los “pollos” y “pollas” los aguinaldos se ganaban en franca lid. Había que pagarlo cuando no se tenía una pajita en la boca, o cuando por algún motivo, a la orden de estatua era imposible quedarse inmóvil. La muchachas se disfrazaban de hombre para entrar a los billares y palmotear en la espalda al desprevenido amigo que entonces tenía que dar el aguinaldo. Se jugaba a preguntar y no contestar, al si y al no y al beso robado, que era una delicia para poder impunemente besar a la mujer amada en presencia hasta del suegro.

UN TIEMPO MÁGICO

En tiempos pasados el novenario era comunitario. En las pequeñas poblaciones las veredas y los gremios se encargaban de cada día y pujaban para tener los castillos de pólvora más vistosos, la vacaloca  con más chispas, los voladores más luminosos y la banda de música más estrepitosa.

El 24 de diciembre era el día del “estrén” y hasta la tercera década del siglo pasado, fue al fecha predilecta  para alargar los pantalones.
¿Las navidades pasadas fueron mejores?- En algunos aspectos sí,  fueron mejores, pues se afianzaba la unión familiar, participaban los niños y en medio de la pobreza general, imperaba la frugalidad y era menos vistoso el derroche y las desigualdades económicas. En otros aspectos las navidades presentes son positivas, pues se ha limitado notablemente el uso bárbaro de la pólvora y parece que se ha atenuado el consumo exagerado del licor y el cigarrillo.

Las costumbres navideñas han cambiado muchísimo en los últimos cincuenta años. Los modernos equipos de sonido desplazaron  a los conjuntos musicales que iban de casa  en casa alegrando las noches navideñas; se ha perdido la magia de esos días, donde en medio del alboroto se daban los primeros besitos a la novia y se sentía con extraño escozor sus afanados latidos al aprovechar los apretujones en los novenarios.

.El centro navideño se desplazó de la iglesia a los centros comerciales y el 24 de diciembre se convirtió en una parranda lejos de la casa. Los niños han ido perdiendo protagonismo y esas festividades que aglutinaban la familia son miradas por muchos con horror, pues son el tiempo del consumismo, de los gastos y de las deudas.
Antes las navidades eran un tiempo de bonanza para los artesanos pueblerinos, hoy  son un negocio para los chinos que nos inundan de cachivaches inútiles que agostan nuestras menguadas reservas.

Aunque no todo lo pasado fue mejor, yo añoro las viejas navidades.  Nuestra familia, en gran parte las sigue viviendo con el pesebre, la natilla y los buñuelos, el Niño Dios, los regalitos sencillos, la presencia de los niños y las novenas con sus villancicos.
En estos tiempos el corazón debe abrirse para decir con sentimiento y vivir de verdad una feliz navidad  y empezar un nuevo año con amor, con perdón y mucho optimismo.
FELIZ NAVIDAD.



lunes, 9 de diciembre de 2013

CAONABÓ: PRIMER HEROE AMERICANO

Alfredo Cardona Tobón



En el primer  viaje de Cristóbal Colón a territorio americano dejó treinta y nueve hombres en el Fuerte Navidad de la  isla caribeña de  la Española y al regresar, meses más tarde, encontró en ruinas el campamento y muertos todos los marinos que había dejado en el Nuevo Mundo.

Al cacique Caonabó, Señor del Cibao lo sindicaron de la matanza. Se dice que el cacique abrumado por las depravaciones, los asaltos y los saqueos de los europeos del Fuerte Navidad puso en pie de guerra a los nativos de la isla y en un ataque sorpresivo acabó con los españoles.

LA SOMBRA DE CAONABÓ

Al empezar el  año de 1494 el Almirante Cristobal Colón fundó la aldea de La Isabela no muy lejos de las ruinas del Fuerte Navidad bajo la pertinaz amenaza de Caonabó que continuamente hostigaba a los invasores; el nueve de abril Colón impartió instrucciones para acabar con el cacique y en persona encabezó la campaña con doscientos infantes y veinte jinetes.

 Los españoles chocaron con las montoneras de Maniocatex, un aliado de Caonabó y lo hicieron prisionero tras derrotarlo en combate; según la afiebrada imaginación de los cronistas de esa época, la Virgen de Las Mercedes  apareció sobre una cruz plantada por Colón, llenando de terror a los infieles y dando ánimo a la tropa española, que con ayuda divina hicieron trizas a los indígenas.

Pese a las bajas sufridas,  la resistencia indígena fue en aumento en  La Española. Los aborígenes que tan pacíficamente recibieron a los europeos en el primer desembarco se habían convertido en violentos adversarios que no daban tregua a los intrusos.

Al no poder someter a los indios debido a su encarnizada resistencia, Cristobal Colón utilizó otra estrategia: liberó al cacique Maniocatex, alejó la tropa de los dominios de Caonabó y ofreció la paz a los nativos.

Pasó un tiempo.  Alonso de Ojeda, un lugarteniente de Colón, estableció amistad con el cacique con la intención de ganar su voluntad y poder atacarlo por sorpresa. Un día, Ojeda acompañó a Caonabó al río donde solía bañarse y le dijo que llevaba un regalo especial de la reina de España. El indio lo observó con recelo.

-“Es para llevarlo en los pies”- le dijo Ojeda- “Permitidme que os lo ponga yo mismo”.
El español se inclinó y cerró los tobillos del cacique con dos aros de hierro. ¡El regalo era un grillete que aseguró a una cadena y privó de la libertad al ingenuo  Caonabó¡

Culminada la traición, Alonso de Ojeda llamó a gritos a la tropa emboscada en la maleza , nada pudieron hacer los acompañantes de Caonabó  que  huyeron para salvar la vida. Como si fuera una bestia los españoles arrastraron al cacique hasta La Isabela.


EL TEMPLE DE CAONABÓ

Colón inició un proceso contra el cacique por la muerte de Diego Aldana y los compañeros del Fuerte Navidad, pero temiendo que la ejecución del Señor del Cibao provocara una sublevación de grandes proporciones en  la isla, prefirió entregárselo a los tribunales de España.
Una madrugada sacaron a Caonabó de la celda y lo llevaron a un bote que lo esperaba en la playa.

-“Yo no puedo abandonar a los míos”- dijo Caonabó.

Y como se resistiera, la gente de Colón lo subió a empellones a la nave que tomó rumbo a la península ibérica. A bordo del navío el cacique no comió más, ni volvió a beber, sin que fuerza humana fuera capaz de obligarlo a alimentarse. Cuando la nave  llegó a España, hacía semanas que Caonabó había muerto de hambre y su cuerpo quedaba sepultado en las aguas del océano.

Después de la desaparición  de Caonabó, Cristóbal Colón  cobró tributos a los nativos y repartió sus tierras entre los españoles. A partir de entonces, el descubridor de América o Guaquimina, como lo llamaban los  indios taínos, se convirtió en la peor pesadilla para los isleños.
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EMPIEZA LA TRAGEDIA

En 1510 la isla de La Española estaba desolada: las enfermedades, el hambre y el maltrato estaban acabando con las comunidades indígenas.
Los frailes de la primera misión dominica se horrorizaron de las crueldades de sus compatriotas. El 21 de diciembre del año en mención fray Antonio Montesinos, haciendo eco al pensamiento de los religiosos, pronunció un discurso en presencia de los encomenderos y del virrey Diego Colón, hijo del Almirante, denunciando y condenando las atrocidades españolas contra los nativos:

“¿Como los tenéis tan oprimidos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos de sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por  mejor decir los matáis, por sacar y adquirir oro cada día?  ¿Estos no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales?
¿Con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre  aquestos indios?- ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinidad de ellos, con muerte y estragos nunca oídos, habéis consumido?”

“Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes¨- Terminó diciendo Fray Antonio Montesinos a los arrogantes encomenderos de La Española.

El clamor de los religiosos llegó a España  y sus denuncias originaron las leyes de Burgos que reglamentaron el trabajo de los aborígenes y pretendieron protegerlos de  los abusos de los encomenderos. Pero como todas las leyes de Indias, se  expidieron pero no se cumplieron.

Los abusos y las enfermedades traídas por los españoles acabaron con los primitivos habitantes de La Española  el turno siguió para los cobrizos de la Tierra Firme.


martes, 3 de diciembre de 2013

LOS 125 AÑOS DE QUINCHIA

Alfredo Cardona Tobón


Al atardecer del 28 de noviembre de 1888 los vecinos de Quinchiaviejo se agolparon en la antigua capilla del caserío para acompañar al sacerdote José Joaquín Hoyos en la última misa de difuntos; las llamas de las lámparas se perdían en la oscuridad del templo mientras en sus paredes las sombras que danzaban recordaban a las ánimas que quedaban con las osamentas solas en la aldea abandonada.

Atrás quedaban los recuerdos y un pasado con mangas de langosta, con el ataque inmisericorde de la viruela y de los enemigos en las guerras civiles; atrás quedaba un pueblo que desde el año 1550 agrupaba las parcialidades indígenas de tapascos y guaquerames y había sobrevivido a la conquista española y a la explotación de ambiciosos frailes encomenderos .

Amaneció el 29 de noviembre de 1888 y el sol alumbró la cabeza calva del Cerro Batero. En la hondonada de Quinchiaviejo quedaban las imágenes sagradas, los ornamentos de la iglesia, unos gatos sin dueño y los pocos vecinos que se aferraban a sus ranchos, como si en ellos estuviera su vida. Con las primeras luces empezó el repique de las campanas en el nuevo pueblo  anunciando otra era y en medio de cánticos y voladores empezó el desfile hacia la base del cerro Gobia..

Quinchiaviejo había muerto de sed, las fuentes que la surtían se secaban en todos los veranos y para conseguir el agua había que recorrer muy largos trechos. Como las parcialidades no pudieron ponerse de acuerdo, los comuneros del Resguardo confiaron a la Virgen Inmaculada la selección del sitio donde edificarían otro caserío con buenas aguas y cerca del camino Real. Los nativos llevaron en andas la imagen  por todo el territorio esperando una señal divina, que llegó cuando un carguero trastabilló y la imagen se fue de bruces contra un pequeño barranco, donde se empezó a edificar el nuevo templo y a construir la actual localidad..

Como a las ocho de la mañana, en medio de un día esplendoroso, empezó la procesión de traslado. Las campanas del  templo nuevo, situado a unos dos kilómetros de distancia de Quinchiaviejo no dejaron de repicar...la Virgen Inmaculada en medio de flores  y sostenida por cuatro cargadores que se turnaban en la larga subida precedió la procesión; atrás iba el coronel Zoilo Bermúdez, con el  gobernador del Resguardo Victoriano Aricapa, con Higinio Tapasco, Pedro Ladino, Sebastián Villada, Cecilio Gaspar y demás miembros del Cabildo indígena  y luego la comunidad llana, que en medio de cantos y oraciones acompañaban al Santísimo  que bajo Palio llevaba el padre  José Joaquín Hoyos.

Fue una procesión grandiosa, parecía una gran culebra reptando falda arriba hasta el moderno Quinchía. Unos poco antioqueños acompañaban a los nativos, de sombreros de iraca y carrieles al hombro desgranaban rosarios con unción,   mientras los caucanos de sombrero de paja y mochilas de cabuya, entonaban cantos religiosos y seguían muy fervorosos tras el Amo y el padre Hoyos, pese a ser liberales radicales y mirar con recelo a todo lo que tuviera sotana y oliera a bautisterio.

SE REVIVE LA PROCESIÓN DEL TRASLADO

Ciento veinticinco años después de la procesión del 29 de noviembre de 1888,  los quinchieños  reviven el pasado de su pueblo; la Fundación Social Quinchía Nueva, con base en Pereira, ha motivado a los habitantes de Quinchía para que repasen el camino que trillaron sus antepasados cuando trasladaron las reliquias y los últimos ranchos. El domingo próximo una gran procesión partirá de la vereda de Quinchiaviejo con la Virgen Inmaculada por el antiguo camino.

Volverán a sonar las campanas y  se verán los cargueros llevando ranchos en varas, tal como sucedió hace 125 años. La Virgen Inmaculada que encabezará el desfile es la misma que acompañó a los quinchieños en ese entonces.

Los vecinos de la vereda Moreta conservaron esa imagen llena de historia, ellos han sido los fieles guardianes de la venerada imagen que acompañará de nuevo a los quinchieños  en un recorrido donde hace 125 años se mezclaron los primeros antioqueños que llegaron al Resguardo con los nativos caucanos en una conjunción de Gómez y Aricapas, de Escobares con los Trejos.

 La fiesta será completa, pues además de la recreación  del traslado, la  Fundación Social Quinchía Nueva y los vecinos de Moreta presentarán bailes autóctonos, de raíces caucanas y como torta de cumpleaños se ofrecerán ogagatos, que son deliciosos manjares quinchieños, cuya existencia se remota al tiempo de la colonia y que siguen siendo parte de la cocina campesina.

Es muy variada la programación para esta celebración;  incluye  actividades: culturales y deportivas, recorridos ecológicos y espectáculos artísticos que mostrarán la riqueza de la identidad quinchieña.

Quinchía es un tierra que los risaraldenses no han descubierto. Es el pueblo más bello del Departamento y el de mayor riqueza cultural con sus mitos y leyendas; con su mágico Cerro Batero, morada de los dioses ansermas; con el cerro Opirama bajo cuya mole el dios Xixaraca enterró a los demonios; con las huellas y las lágrimas de Michua  unidos a un pasado de valor y resiliencia ante las adversidades.