viernes, 26 de diciembre de 2014

JOSÉ GABRIEL CONDORCANQUI


LA REBELIÓN DE LOS TÚPAC AMARUS

 Alfredo Cardona Tobón*

 


El 18 de mayo de 1781 es un día abominable que debe recordarse para mitigar en alguna forma la  vergüenza que debieran sentir las nuevas generaciones españolas.

A las doce horas de ese día, las milicias de Cuzco custodiaron hasta la plaza principal  a José Gabriel Túpac Amaru, a su mujer Micaela Bastidas, a su hijo Hipólito, a Francisco Túpac Amaru y a otros cinco indígenas. Iban en fila con grillos y cadenas, amarrados a la cola de un caballo. Atrás los seguían los sacerdotes que habían querido conseguir información amenazando a los prisioneros con el infierno

Se abrió el primer acto del macabro espectáculo con el ahorcamiento de varios indios; a continuación les cortaron la lengua a Francisco y a Hipólito quienes colgaron chorreando sangre. Luego amarraron a la cacica Tomasa  y la mataron a garrotazos. El turno siguiente le correspondió a  Micaela, empezaron por arrancarle la lengua y quisieron acabarla a garrote, pero como la agonía  se prolongaba le echaron lazos al cuello y la remataron a patadas.

El Inca Túpac Amaru cerró la función: al igual que a los suyos le cortaron la lengua y después lo amarraron a cuatro caballos para despedazarlo vivo. Como las bestias no fueron capaces de descuartizar al Inca, los verdugos lo decapitaron, lo despedazaron  y las autoridades enviaron sus extremidades y su cabeza a  distintos lugares para que sirvieran de escarmiento. Como  remate de tanta crueldad quemaron los cuerpos del Inca y de su esposa y arrojaron las cenizas   al viento.

 

 EL ALZAMIENTO INDÍGENA

 

José Gabriel Condorcanqui era heredero del curacazgo de Surimena, Tungasuca y Pampamarca y como descendiente del Inca Túpac Amaru  las autoridades españolas reconocieron su dignidad de Inca y el título de Marqués de Oropeza. Condorcanqui estudió en colegios  jesuitas y fue un empresario exitoso que explotó cocales, chacras, vetas de minas y trasportó minerales y mercancías entre Potosí y Lima en recuas que pasaban de 350 mulas.

Al quedar el Alto Perú bajo la administración del virreinato del Río de La Plata, Túpac Amaru  solicitó a Lima que dejara de mandar a su gente a trabajar a las lejanas minas de Potosí. “ Nos oprimen en obrajes- dijo a los funcionarios coloniales- nos explotan en  cañaverales, cocales y minas sin darnos libertad. Nos recogen como a brutos y ensartados nos entregan a las haciendas para laborar sin recurso alguno..”

No hay palabras para enumerar los abusos contra los indios del antiguo reino incaico: los corregidores los obligaban a comprar a precios exorbitantes baratijas inútiles; recluían a las mujeres y a los niños en talleres u obrajes sin paga o con salarios ínfimos; reclutaban a los indios mayores para podrirlos en las minas de donde no regresaban, volvían incapacitados o gravemente enfermos y los curas exigían dinero para pendones, veladoras, sacramentos y diezmos a costa del mísero yantar de los naturales.

Al declarar la guerra a  Inglaterra las autoridades virreinales aumentaron los crecidos impuestos y  gravaron todos los bienes de consumo o sujetos al comercio. El malestar iba en aumento. El establecimiento de una aduana en Arequipa  fue la chispa que inició  una serie de alzamientos indígenas que empezaron en esa ciudad  el 13 de diciembre de 1779 y continuaron en Cuzco, la Paz, Cochabamba y  Chuquisaca.

 

 

LA SUBLEVACIÓN DE CHAYANTA

 

En Potosí, el cacique Tomás Catari se opuso a los abusos de los corregidores, quienes lo encarcelaron varias veces tratando de acallarlo con lo cual sólo consiguieron la reacción violenta de sus seguidores..

El 15 de enero de 1781, los enemigos de Catari, ante su creciente poder,  lo  despeñaron por un precipicio en inmediaciones del pueblo de Quilaquila.

Con la muerte de Catari los acontecimientos se precipitaron. De insurrecciones aisladas se pasó a un levantamiento general contra los españoles. Gabriel Túpac Amaru ejecutó al corregidor de Sorata y en sangriento encuentro derrotó a las tropas coloniales en Sarangaro.

Túpac Amaru luchaba con más gente pero sin armas. Se enfrentaban pistolas a hondas, y espadas a garrotes. En el combate de Tinta las fuerzas coloniales barrieron a las mesnadas indisciplinadas de los rebeldes. Túpac Amaru,  traicionado por uno de los suyos, cayó con su mujer y varios familiares y amigos en poder de los españoles.

La revolución de Condorcanqui no debió fracasar. Fue un movimiento tumultuario que abarcó varios países, incluso la Nueva Granada, y buscaba la reivindicación del hombre americano, la libertad de los esclavos y nuevas oportunidades para los criollos.

Al principio Túpac Amaru invocó al monarca español, al final se quitó la máscara  cuando se declaró Rey del Perú, Santa Fe, Quito, Chile y Buenos Aires.

 

SE APAGA LA REVOLUCIÓN

 

La familia Túpac Amaru continuó la lucha del  Inca; pero víctimas de los engaños y las promesas falaces, al final quedaron en poder  de las fuerzas coloniales..

Diego Cristóbal  fue el último Túpac Amaru. Meses después de sellar un convenio que lo amnistiaba cayó prisionero con numerosos  parientes cercanos y lejanos comprometidos en la lucha. El 15 de febrero de 1783 las tropas coloniales sacaron a los cautivos de la cárcel de Lima atados de pies y manos  y arrastrados por bestias, para ejecutar la alevosa y traicionera sentencia de muerte.. 

Con tenazas al rojo vivo arrancaron la carne de Cristóbal, luego colgaron su cuerpo agonizante de la horca y después lo  descuartizaron  para repartir los despojos en distintos pueblos como escarmiento. Eliminaron a los familiares los en la horca o a garrote. Vano intento de una nación bárbara y cruel que pretendió exterminar las  semillas de la libertad americana.

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