viernes, 21 de abril de 2017

PEDRO BRINCOS Y LA AVIADORA



Alfredo Cardona Tobón*
 
                                                 Roberto González Prieto

El Líbano en el Tolima es una comunidad liberal en medio de varios municipios conservadores fundados por antioqueños; en 1948 Roberto  González Prieto  era  el dentista de la población y todo hacía  presentir que allí viviría  hasta agotar los días en medio de sus nietos; pero el destino le trazó otros caminos, porque a mediados de ese año   asesinaron  a su  padre y  quemaron  las  propiedades de la familia.   Ante tales desgracias Roberto González   emigró al municipio de El Cairo en el Valle, donde empujado por la venganza se unió a un grupo de bandoleros que operaba en las estribaciones montañosas de la cordillera occidental.

Como González Prieto había prestado servicio militar en el Batallón Ayacucho de Manizales, esa experiencia sirvió para que a fines de 1949 lo nombraran segundo comandante de la cuadrilla de Agustín Bonilla, alias “el Diablo,” que combatía al gobierno de Ospina Pérez en el norte del Tolima.

EL REINO DE LOS BANDIDOS

González Prieto se  separó de “El Diablo” y con el alias de “Pedro Brincos”  conformó con sus cuatro hermanos y varios amigos un  grupo  con inspiración comunista que  asoló a las comunidades conservadoras de la zona. En 1957 “Pedro Brincos” se desplazó al Quindío y con varios profesionales de izquierda intentó dar forma a un movimiento político con plataforma gaitanista cuyo objetivo era tomarse el poder con las armas

 “Pedro Brincos” tomó la identidad de un rico hacendado del occidente caldense llamado Julio Calle y en esa forma consiguió el apoyo de las fuerzas militares para trabajar por la pacificación de la región.

Con Libardo Mora, un abogado campeón Bolivariano de Atletismo, Julio Calle viajó a Quinchía donde empezaban a conformarse algunos grupos de autodefensa para hacer frente a “los pajaros” que estaban haciendo invivible la población. La comunidad quinchieña  recibió con entusiasmo a Julio Calle, quien con la colaboración del alcalde Gilberto Cano, del directorio liberal y de los notables del pueblo organizó un encuentro  en la vereda “La Cumbre” donde expuso su interés  en defender  a los ciudadanos pacíficos. Con estos planteamientos Julio Calle, o sea Pedro Brincos, se ganó la voluntad de los campesinos y empezó a organizarlos para que hicieran frente a los antisociales que venían asolando las veredas del municipio. Julio Calle estableció un sistema de cuotas para sostener “la justa causa” y montó un centro de adiestramiento militar. Pronto contó con centenares de  macheteros y escopeteros, entre quienes figuraron  los  jefes bandoleros que llenarían de sangre y de luto al Occidente Caldense:  allí estaban  Medardo Trejos ( alias Capitán Venganza), el  “Capitán Águila”,  “Pasolento”, “Coclí”,  el “Cabo Bonilla”, el “Sargento García”,  “Cosiaca”… y también una bella mujer apodada  “La Aviadora”, quien desde el encuentro en “La Cumbre” acompañó a Julio Calle en la conformación de los grupos irregulares

LA AVIADORA
                                                        Graciela Quintero


Se llamaba Graciela Quintero; era garbosa, espigada, morena, de fácil palabra y alguna cultura.  Aún niña había escapado de su casa y después de recorrer muchos caminos cayó en los brazos de un piloto que la protegió, la hizo socia de sus negocios y hasta le enseñó a pilotear una avioneta que descargaba contrabando en Centroamérica.

Un día de 1947 “La Aviadora” cansada del trajín y la aventura, regresó a su casa con dinero y mucho mundo, compró algunas propiedades y escandalizó a las mojigatas pueblerinas con sus trajes ceñidos, los escotes, el caminado pecaminoso… mientras una corte de viejitos verdes y los ruanetas del pueblo le hacían guardia de honor cuando levitaba sobre las empedradas calles de Quinchía.

En la vorágine de crímenes que azotó el occidente del Viejo Caldas, la “Violencia” también clavó sus garras en Graciela. A mediados de noviembre de 1949 un sicario asesinó a un distinguido empresario manizaleño que había tocado el corazón de “La Aviadora” y la visitaba todos los fines de semana y en 1957, Carlos Hernández, su hermano medio, cayó abatido en un ataque que perpetró contra una familia de apellido Suaza.

LAS ACCIONES EN EL TOLIMA

Las masacres perpetradas por la fuerza pública y por los criminales arropados bajo banderas políticas a movieron a los comerciantes,  a los notables y a los campesinos del Líbano a organizarse para poner punto final a la barbarie. Para tal efecto hicieron contacto con” Pedro Brincos” que salió de Quinchía junto con “La Aviadora” y se dirigió a la población de El Líbano con la intención de servir de mediador entre las bandas y las fuerzas armadas.

Pero en realidad sus intenciones eran otras; Pedro Brincos  se reunió con las cuadrillas de “Sangrenegra”, “ de “Tarzán” y  de “Desquite” y en nombre del MOEC (Movimiento Obrero Estudiantil Campesino) propuso el establecimiento de un reglamento guerrillero, mejor trato al campesinado,  el pago de los víveres y consumos,  un sueldo a los “muchachos del monte”  y un pacto de cese al fuego y el control guerrillero de un territorio

Por invitación de Fidel Castro, “Pedro Brincos viajó a Cuba donde lo recibieron como un héroe revolucionario. Al regresar quiso convertir las montoneras antisociales en unidades de combate con objetivos diferentes al ciego sectarismo, pero nada logró, pues “Desquite”, “Chispas”, “Tarzán” y demás facinerosos eran simples bandidos dedicados al pillaje y envenenados por el odio.

Más que un bandido, Pedro Brincos fue un especialista en formar cuadrillas alineadas dentro del marco internacional de la Unión Soviética con el objeto de tomar el poder.  En esas estaba en Pereira cuando el    28 de marzo de 1957 el SIC (Servicio de Inteligencia Colombiano) lo apresó junto con “La Aviadora” sindicándoles de todo tipo de delitos. Como nada pudieron comprobarles, al año de estar detenidos tuvieron que liberarlos; fue entonces cuando la pareja se acogió al programa de rehabilitación del gobierno y “Pedro Brincos” tramitó un préstamo por $ 10.000, que motivó un escándalo nacional, pues decían que los dineros de rehabilitación se habían convertido en un fondo para el crimen.

 Excluido y perseguido, “Pedro Brincos” volvió a las viejas andanzas y en 1961 fundó en Turbo, Antioquia, un grupo de bandidos de corte comunista. Dos años después, el 15 de septiembre de 1963, Roberto González Prieto cayó abatido en el sitio La Isla en jurisdicción de Lérida.  Graciela Quintero, por su parte, no pudo ubicarse en parte alguna, pues según sus declaraciones, la perseguía con saña un conocido periodista manizaleño, resentido al no haber podido obtener sus favores.

Uno por uno cayeron los actores de la violencia partidista y Graciela, pobre y anciana, murió al empezar el siglo XXI en una humilde casa a la salida de Obando Valle. Esta es la historia de la pareja que dio piso a la “república del Capitán Venganza” e intentó capitalizar para el comunismo las cuadrillas asesinas del norte del Tolima.” Pedro Brincos” fue un instrumento del comunismo y “ La Aviadora”  una aventurera que las circunstancias llevaron a los campamentos bandoleros.

 

 

domingo, 16 de abril de 2017

FUNDACIÓN DE LA CELIA-RISARALDA




Alfredo Cardona Tobón

 


La Celia es uno de los municipios menores del departamento de Risaralda con una historia nueva pese a lo cual es casi desconocida por su gente y por los risaraldenses. En busca de esa historia visitamos con el doctor Juan Hurtado a doña Silvia Jaramillo, una pobladora del antiguo caserío quien en su lecho de enferma revivió innumerables sucesos del pasado municipal.

Contó doña Silvia que por allá en el año de 1910, en el sitio donde hoy se encuentra la población había tres fincas cafeteras denominadas “La Selva”, “Sabaletas y “La Celia”, de propiedad de los herederos de Martín Ortiz Romero. Había cosechaderos de maíz y fríjol que sostenían numerosos campesinos oriundos de Santuario y del  corregimiento de El Rey, hoy Balboa y  las fincas en expansión daban trabajo a peones de la región.

En un punto entre “La Celia” y “Sabaletas, un señor robusto llamado Luis Guevara, de gruesa panza, dicharachero y ganoso de dinero montó la fonda de “El Embudo”, donde se reunían los vecinos a tomar cerveza y a libar el aguardiente tapetusa destilado en las vecindades. Don Luis, contaba el papá de doña Silvia Jaramillo, retornó al suroeste antioqueño y el nuevo propietario de “El Embudo” le cambió el nombre por “La Guaca” que al final quedó como la fonda “Barcelona”.

En 1913 los hermanos Manuel Vicente  y Martín  Ortiz Osori, junto con Carlos Echeverri  y otros vecinos levantaron  un caserío al coronar  la pendiente del río Monos en tierras consideradas baldías cerca de la hacienda La Celia.  A los primeros colonos se sumaron Manuel Tabares, Estanislao Rodríguez, Teodoro Loaiza, Daniel Zapata y otros 35 padres de familia y el rancherío con una humilde capilla empezó a convertirse en una fundación estable, cuyos vecinos Vivian de las rozas de maíz, de los cultivos de fríjol o como peones de las fincas cercanas o trabajadores en las fuentes saladas de la Martinica, La Rica y San Agustín.

 Los empresarios que estaban abriendo monte y montando haciendas apoyaron la fundación, pues les convenía al retener mano de obra para sus cultivos. Se contó, además,   con el aval de la administración de Santuario que vio con buenos ojos el desarrollo de ese núcleo poblacional en tierras poco habitadas.

La aldea con el nombre de “La Celia”, por estar cerca de la finca con ese nombre se desarrolló   rápidamente  en forma tal que  a los dos años de levantar las primeras casas  alcanzó la dignidad de corregimiento  como consta en el Acuerdo con fecha del 25 de noviembre de 1915, firmado por  Don Alejandro Uribe, presidente del Concejo de Santuario,  y por Carlos Echeverri,  Secretario de la corporación municipal:

 “Acuerdo No. 1- Sobre la creación de un nuevo corregimiento en el municipio.

El Concejo de Santuario en uso de sus facultades legales y considerando:

1°-  Que en la importante fracción de “La Celia” de esta jurisdicción existe un caserío, en donde al mercado concurren  más de 200 personas, todas de dicha fracción y de las de Cañaveral y de Monos.

2°-Que dicho caserío fuera de su número regular de habitantes tiene local para escuelas, oficina, buena localidad y aguas potables.

3°- Que toda la expresada región, como el supradicho caserío se halla en terrenos baldíos y

4°Que tanto para el incremento y desarrollo de la riqueza pública, como para la buena administración conviene sobre manera erigir a dicho caserío como cabecera de corregimiento de esa  región que más tarde podría llegar a ser  la categoría de municipio por la riqueza y extensión de sus terrenos, como por la laboriosidad  de sus habitantes

ACUERDA:

ARTÍCULO 1- Erícese en cabecera de corregimiento el caserío de La Celia, que se denominará Barcelona.

ARTTÍCULO 2. Aprópiese para  el desarrollo  del poblado un área de terreno de 20 hectáreas, que serán medidas de acuerdo con la demarcación respectiva.”

A mediados de diciembre se inauguró el corregimiento de “Barcelona” con fiestas, cabalgatas, pólvora y la asistencia de las autoridades y las personalidades de Santuario y del Alto del Rey. Ese día Vicente Ortiz, propietario de La Celia donó los solares para la iglesia, la Casa Cural, la Casa Consistorial y la escuela. Meses después el municipio de Santuario compró a los herederos de Martín Ortiz quince hectáreas de terreno contiguas al caserío para repartirlas a quienes quisieran instalar su casa en el nuevo corregimiento.

EL POBLAMIENTO DE BARCELONA

La clase dirigente del municipio de Santuario impulsó el poblamiento del vasto y fértil territorio municipal. Los Lenis, los Gartner, los Uribe y demás familias prominentes se vincularon desde sus primeros tiempos a los corregimientos del Alto del Rey y de Barcelona.

El sacerdote Marco Antonio Tobón Tobón, director del colegio San Agustín de Santuario y de la revista “Tatamá” de esta misma población, insertó  el siguiente aviso  en la edición de agosto de  1915:

COLONOS:

Llamamos la atención de las familias que en otras partes están escasas de tierra. El territorio de La Celia en el Alto Cañaveral goza de las más feraces montañas de variados climas, en terrenos baldíos en su mayor parte.

Pueden acomodarse allí  10.000 habitantes. El caserío toma rápido incremento y hay una buena escuela oficial.”

Como se había augurado el corregimiento de “Barcelona” alcanzó en muy pocos años la dignidad de municipio, así que el 30 de noviembre de 1959   por Ordenanza No.  96, la Asamblea de Caldas creo el nuevo distrito municipal de “La Celia” y Barcelona pasó a la historia.

José Villa Grajales fue el primer alcalde que orientó al municipio que ha sorteado serias dificultades como asuntos limítrofes con Santuario, la violencia partidista de mitad del siglo pasado y los coletazos de los narcos que impusieron el terror en todo el territorio.

“La Celia” es un bello municipio, con buenas aguas y tierras fértiles, con gente amable y emprendedora, donde familias líderes como los Cano, los  Herrera, Hurtado, Zapata…  han convertido el municipio en una despensa y un remanso de paz del departamento de Risaralda.

 

lunes, 10 de abril de 2017

EL CORONEL JOSÉ MIGUEL ECHEVERRÍA ANTE EL PAREDÓN



Por Jorge Hernando Delgado Cáceres




Rescatamos el reportaje que un coronel del insurrecto ejército liberal, Antonio María Gómez,  le hizo a un combatiente de su propio partido en la Guerra de los Mil Días, antes de ser fusilado en la plaza de Armenia. Armenia, fundada en 1889, tenía 13 años de creada, cuando el 10 de abril de 1902, un grupo de 60 combatientes liberales atacaron la aldea. El país se encuentra al final de la Guerra de los Mil Días.



Dos meses y medio faltaban para terminar el siglo XIX, y como si el tiempo se les estuviera acabando los liberales deciden una vez más, acelerar sus planes para la reconquista del poder y se levantan en armas. Lo habían perdido hacía 20 años y no gozaban de ningún privilegio burocrático. Eso los hizo fortalecerse en la empresa privada y en los negocios. El poder económico de los conservadores y liberales acaparaban todo: las tierras, las minas, las pequeñas empresas, las tierras baldías. Los puestos de toda índole: tenderos, hacendados, generales, obispos e intelectuales.

El ambiente general de 1899, era el tema de finalización de siglo y sus correspondientes profecías. Los liberales se lanzaron a la guerra desenterrando en los solares y fincas las armas guardadas de la contienda pasada, contando con un escaso arsenal militar. Al frente de las fuerzas liberales estaba Gabriel Santos Vargas de avanzada edad y sin mucho conocimiento de la guerra. Fue el personaje escogido para ser el director de la contienda.



Llego allí por la división interna liberal entre Benjamín Herrera y Rafael Uribe, quienes querrían cada uno ser el jefe máximo de las tropas liberales.

La guerra se había iniciado el 17 de Octubre de 1899, en cercanías de la población del Socorro (Santander), y terminó esta contienda entre los colombianos en el Buque Almirante “Wisconsin” el 21 de noviembre de 1902, en la Bahía de Panamá con un tratado de paz firmado por conservadores y liberales.




Los hechos en Armenia


El 10 de abril de 1902 se produjo el denominado asalto a Armenia, ejecutado por el coronel liberal José Miguel Echeverría. En la toma masacró a conservadores, copartidarios suyos, quemó los archivos y saqueó la población. A pocas semanas fue capturado y trasladado a Cartago donde se le siguió consejo verbal de guerra, siendo condenado a la pena capital en la plaza principal de Armenia que pertenecía al Distrito de Salento, y éste al Departamento del Cauca

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Sin registros en la cronología de la Guerra de los Mil Días


Lo sucedió en Armenia el 10 de Abril de 1902, no aparece en los libros fundamentales sobre la cronología de la guerra de los mil días, pero si fue registrada por testigos y más tarde por intelectuales regionales. El primero testigo se convirtió en el primer corresponsal de guerra. No existe un documento en la Guerra de los Mil Días de esta magnitud.



Es el reportaje a un combatiente liberal que fue fusilado, faltando pocos meses para terminar la guerra. Es más, en ese momento los fusilamientos se habían suspendido. Este reportaje lo realizó el liberal Coronel Antonio María Gómez, detenido con Echeverría y trasladado con él a Cartago. En el camino, don Antonio que sabía leer y escribir, le realiza una entrevista, que más tarde convierte en una biografía del coronel José Miguel Echeverría.



Don Antonio aprovechó en el escrito sobre Echeverría, referirse a sí mismo y contarnos quién era él y realizar un análisis de la situación que estaba viviendo. Su comentario de cómo se encontraba la tropa es muy interesante. “Para saber cómo me uní al coronel Echeverría y como fui compañero hasta poco antes de su fusilamiento, debo ocuparme de mi personalidad, aunque no quiera hacerlo, porque tengo que recordar cosas o hechos que me repugnan.



Estaba de Secretario del Inspector de Policía de Armenia, cuando me tocó publicar el decreto Nacional por el cual se declaraba turbado el orden público en los últimos meses del año de 1899. Me retiré de la Secretaría y no quería revolverme en la revolución, porque no le tenía confianza. Porque desde el principio empecé a ver en los escalafones militares, generales ineptos, coroneles, sargentos, mayores. No podían servir ni para cabos de un ejército bien organizado y disciplinado. En fin: aspirantes, orgullosos, escasos de valor y patriotismo...”



Finalmente, el coronel Gómez se vincula a las tropas liberales, y en su trasegar por el Quindío, continúa narrando: “... En Nápoles vi que la tal guerrilla no se componía en parte, sino merodeadores y gente de mala ley y resolví retirarme de ellos. Siempre me ha molestado la indisciplina y el manejo de los soldados y cuando me ha tocado ser Jefe de alguna fuerza he castigado severamente el robo. Al separarme de esa gente, Echeverría no quiso quedarse y juntos nos retiramos a un bosque donde permanecimos algún tiempo a causa de una fuerte enfermedad que Echeverría sufría. Allí fue, donde él me contó todo lo que dejo relacionado, y mucho más que dejo de escribir”.




Lo que escribió Gómez de Echeverría


El coronel Antonio María Gómez lo describe y da los siguientes datos: “El coronel José Miguel Echeverría tenía una cabeza grande, bien formada, cabellos rubios y crespos, frente ancha blanca como todo él, y con tres líneas horizontales en ella, pero no muy pronunciadas, cejas algo pobladas y crespas, ojos zarcos vivaces y juguetones, nariz regular y perfilada; algo infladas sus ventanas, pómulos redondos y rosados, labios regulares, una linda y blanca dentadura, poco bigote del color de los cabellos, la barba puntiaguda, cuello corto y fornido.



Cuerpo pequeño bien repartido y sumamente bien musculado.
Tenía sobre su ancho pecho un signo de una cruz sobre un muro, sobre la sangradura del brazo izquierdo un corazón con una espada atravesada y sobre la del brazo derecho las iniciales J. M. E. Mantenía constantemente una risita sardónica, en sus labios, pero cuando se enfadaba, las líneas de la frente casi se hundían cambiando todas sus facciones. No era un hombre ilustrado a pena medio sabía leer y escribir. Se le conocía como un hombre honrado y mimado por la sociedad principal de Buga, por sus bellas prendas personales.



Por lo demás Miguel tenía un buen corazón, valiente hasta la temeridad, buen amigo, y él mismo decía: “don Antonio: yo tenía un corazón generoso, tierno y compasivo hasta que mis gratuitos enemigos me lo hicieron formar en malo o más claro, cuando vi que a la sombra de una bandera, aquellos a quienes, yo no les había hecho mal, me arruinaron”.

 



 

viernes, 7 de abril de 2017

TRAS LAS HUELLAS DE FERRUCCIO GUICCIARDI


 Alfredo Cardona Tobón


Ante la invasión peruana en el año 1933, Colombia hizo un gran esfuerzo para comprar barcos y aviones y contrató pilotos veteranos de la primera guerra mundial para contrarrestar la superioridad enemiga en el mar y en el aire y apoyar las operaciones en tierra.

A las 14 horas del 14 de febrero de 1933 una escuadrilla de tres cazas y dos bombarderos colombianos lanzaron catorce bombas pesadas y cuarenta y siete livianas a las posiciones de Tarapacá a orillas del río Putumayo y días más tarde la escuadrilla ablandó las posiciones peruanas del barranco de Güepi. Entre los pilotos de diversas nacionalidades estaba Ferruccio Guicciardi, un italiano cuya memoria quedó en la historia local pues fue el primer aviador que aterrizó en suelo manizaleño

LOS LAURELES DE  GUICCIARDI

Ferruccio nació en Módena el 2 de julio de 1895 y como un águila su vida transcurrió en medio de las nubes. Su carrera militar  empieza en la  Segunda Escuadrilla  de Observación italiana durante la Primera Guerra  mundial;  luego,  como piloto de combate  recibe una medalla de bronce, y al  final del conflicto, Ferruccio hace parte de la   73° Escuadrilla,  una unidad de élite  equipada con aviones del tipo Hanriot HD1.

Terminada la guerra,  Ferruccio Guicciardi viajó al Ecuador en compañía de otros aviadores  y  el 4 de noviembre  de 1920, con su  compatriota Elia Lut, realiza el  primer vuelo postal entre Guayaquil y Quito en un avión adquirido por el periodista José Abel Castillo, propietario del periódico “El Telégrafo”. El viaje se proyectó sin escalas, pero por condiciones meteorológicas, el avión bautizado “El Telégrafo 1” aterrizó en Cuenca donde 20.000 personas los recibieron como héroes.

 En febrero de 1921, después de algunos vuelos de exhibición en Quito, Ferruccio Guicciardi piloteó el “Telégrafo 1” desde la capital de Ecuador hasta Ibarra y el 16 de ese mes voló a Tulcán en límites con Colombia. Un día después el intrépido italiano vuelve a surcar los aires y aterriza en Pasto llevando la primera posta aérea entre Ecuador y Colombia.

Como en Cali ofrecían una gruesa suma de dinero al primero que aterrizara en la ciudad, Ferruccio se entusiasmó con la oferta y patrocinado por el periodista José Abel Castillo,   salió de la capital de Nariño y el 21 de marzo tocó tierra caleña en la finca de su paisano Pio Rizo.

Ferruccio se vinculó a las nacientes empresas aéreas nacionales e hizo del Valle del Cauca su segunda patria. Remontó las cordilleras comunicó por aire a Barranquilla con Bogotá y a Cali con Medellín. Manizales no podía quedarse atrás de las principales ciudades colombianas y sus empresarios constituyeron en junio de 1921 una compañía aérea para volar entre Cali y la capital caldense. Es entonces cuando Ferruccio emprende un vuelo de prueba   que termina estruendosamente al chocar la nave con un montículo cuando aterriza en una  pista improvisada en la vereda La Enea.

LAS ACTIVIDADES EN MANIZALES

Mientras Ferruccio Guicciardi  en asocio con  Pedro Emilio Toro buscan  apoyo del comercio y de los ciudadanos en general; el  Concejo Municipal buscaba escoger un terreno para el campo de aterrizaje y para  tal efecto se comisionó al piloto italiano quien estudió varias posibilidades en el quebrado entorno manizaleño, rechazando los terrenos de La Cuchilla y también los de  Villalba.

Al fin Ferruccio escogió el sitio de La Enea y entonces se aprobó una carretera para unir el centro del poblado con el aeropuerto proyectado.  El 20 de junio de 1921 empezaron los trabajos y a pico y pala se abrió esa arteria que empezó a desembotellar la pujante comunidad de 40.000 habitantes.

En Julio de 1921, en la vecina población de San Francisco, hoy Chinchiná, se ultimaban los preparativos para volar desde allí hasta Manizales, pero como se presentaron algunos problems con las ruedas del avión Antioquia, Ferruccio  Guicciardi viajó a  Cali a traer unos repuestos.

 Sin autorización del propietario del aparato, el    piloto francés Ferdinand Machaux, que acompañaba a Ferruccio, acondicionó las llantas y levantó vuelo hacia la Perla del Ruiz: “Tengo una deuda con los señores manizaleños-dijo- los he dejado esperándome más de cuatro veces, eso no se compadece con mis ideas sobre exactitud; soy francés, ahí viene un italiano a volar sobre Manizales en ese avión Antioquia que me ha acompañado a tantas partes; hoy es 20 de julio y hay que celebrarlo”.

Machaux cruzó el suelo manizaleño y ante el asombro de la gente aterrizó en el campo de La Enea que solo conocía por referencias. Tocó tierra en medio de los aplausos y a las cinco de la tarde encabezó el desfile de autos, coches y camiones que levantaban una enorme polvareda y llegó a la ciudad que se volcó a sus pies, pues aunque Ferruccio había aterrizado anteriormente, era la primera vez que una aeronave aterrizaba en el arrugado Manizales sin ningún contratiempo

FERRUCCIO LUCHA BAJO EL PABELLÓN COLOMBIANO

 Ferruccio fue un pionero e impulsor de la aviación manizaleña y un hombre valiente que dio gloria a nuestra bandera en la guerra con el Perú, piloteando aviones de combate y   transportando provisiones y heridos, entre quienes estuvo Cándido Leguízamo, un corajudo soldado cuyo nombre honra una base sobre el rio Putumayo

Guicciardi dirigió empresas, impulsó la aviación y ancló definitivamente en tierra colombiana; murió en Cali en el año 1947 tras un vida plena de retos y realizaciones. Este italiano que unió a Manizales con el mundo puso toda su fe en Manizales, donde ni siquiera una humilde placa recuerda su paso por la ciudad.

lunes, 3 de abril de 2017

JORGE ISAACS Y EL AUTOGOLPE DEL LIBERALISMO RADICAL EN 1880

Alfredo Cardona Tobón






 En  la guerra de 1876 el liberalismo sometió la rebelión conservadora contra el gobierno nacional y ocupó la provincia de Antioquia, donde los caucanos impusieron un gobierno liberal presidido por  el general Tomás Rengifo.
No tardaron en presentarse serias divergencias entre los invasores y los miembros de su propio partido, dividido entre los radicales y los independientes, que llevaron a una rebelión comandada por  por el caucano Jorge Isaac  contra el sucesor de Tomás Rengifo.


El 14 de diciembre de 1879  Tomás Rengifo se desprendió del poder, abandonó a Medellín y regresó al Valle del Cauca.  El 25 de enero de 1880 la legislatura antioqueña designó  a Pedro Restrepo como el sucesor en la presidencia del Estado de Antioquia. pero una fracción del ala radical del liberalismo capitaneada por Jorge Isaacs, se opuso a tal nombramiento y organizó un golpe de cuartel para desconocerlo, argumentando que  con Pedro Restrepo corría peligro el poder liberal en Antioquia.
El 28 de enero de 1880  el coronel Ricardo Restrepo con 25 hombres opuestos a Pedro Restrepo se apoderó de las armas y del polvorín de las fuerzas oficiales acantonadas en Medellín, tras un combate que duró toda la noche y dejó  tres muertos y mas de veinte heridos.
Inicialmente los revoltosos nombraron como jefe interino al coronel Gaitán y en el mes de febrero los rebeldes proclamaron  a Jorge Isaacs Jefe Civil y Militar del Estado de Antioquia.
 Ante los hechos Pedro Restrepo se escabulló hacia el norte  donde se le unieron los elementos liberales que se oponían al control de los caucanos. Los seguidores de Pedro Restrepo se atrincheraron en la población de Amalfi y hasta allí se dirigió el comandante Cándido Tolosa con la intención de apresar al presidente del Estado. El 13 de febrero Cándido Tolosa  entró triunfante a Amalfi donde hizo 35 prisioneros, se apoderó de víveres y municiones y de veinticinco modernos fusiles.
 Una avanzada  del coronel Aguilera siguió tras de los pasos de Pedro Restrepo por la trocha de Pocoró , lo alcanzó y le dio captura con todas las consideraciones a su rango a su edad y a su precaria salud.
Pedro Restrepo aprovechó las circunstancias para huir con algunos compañeros pero no fue muy lejos pues los vecinos de Amalfi los recapturaron a cuatro leguas de la población escondido entre unos matorrales. De regreso a Medellín, el coronel Aguilera tomó todas las precauciones para evitar una nueva fuga: en el camino, Pedro Restrepo, todo compungido, le dijo a loas oficiales de guardia:
" No consientan  que el señor Isaacs los manche con mi sangre. El es sobrino de Julio Arboleda, es caucano y es judío, y por eso tiene un carácter sanguinario. ¿ Me fusilará?- ¿No creen ustedes que me fusilará?-
Mientras el autor de "La María" mantenía  en armas al Estado de Antioquia, el gobierno central presidido por Julián Trujillo desconoció la rebelión de Jorge Isaacs y sus amigos radicales. el 7 de febrero de 1880 expidió un decreto declarando turbado el orden público en Antioquia y aumentó elpie de fuerza para someter a los rebeldes y restablecer el orden legítimo en dicho Estado.
El 21 de febrero quinientos hombres de la Guardia Colombiana ocuparon a Manizales mientras el Batallón Rifles leal a Jorge Isaacas retrocedía hacia Salamina y tomaba posiciones en el Alto de La Palma.
el 24  de febrero los batallones Libres de Cundinamarca y el Rengifo salen de Medellín, también leales a Isaacas,  y  marchan hacia el sur a enfrentarse con la Guardia Colombiana. El conflicto parece extenderse y se vislumbra otro baño de sangre en la nación, pues de Bogotá y del centro del país llegan voluntarios dispuestos   a ofrendar sus vidas en defensa de las ideas radicales amenazadas por Julián Trujillo, un independiente mas cerca del conservatismo que de los radicales de su propio partido.
Jorge Isaacs avanza con los batallones Córdova  Plaza, el enfrentamiento entre los liberales es inminente. Las tropas nacionales rodean el campamento de los facciosos ubicado en tierras pacoreñas. Ningún bando toma la iniciativa del combate, al fina y al cabo unos y otros pertenecen al liberalismo.
Pedro Restrepo continúa prisionero en las toldas radicales y en alguna forma se las ingenió para firmar un acuerdo de paz que  le restituye la presidencia y permite a los alzados en armas retirarse honrosamente.
El  seis de marzo de 1880  se firma en el punto de Rancho Largo en territorio de Pácora el convenio de paz que pone fina a las hostilidades entre las dos fracciones  del radicalismo liberal en Antioquia:


"En Rancho Largo, campamento de la Primera y Segunda División del Ejercito de Antioquia, a seis de marzo de  1880, suscribimos esta acta,  expresión del convenio patriótico que por amor de la república y muy especialmente de los ´pueblos de Antioquia,  y a fin de evitar las luchas entre ellos y las fuerzas de la nación, posponiendo y olvidando todo nuestro resentimiento que antes  haya podido dominar nuestras almas, resolvemos ponerle termino definitivo  a la guerra en el Estado de Antioquia, aceptando, como de seguro las aceptan los pueblos y el ejército, las bases siguientes:
!- por decreto de Isaacs, hoy Jefe Civil  y Militar del Estado renunciará tal empleo para restituir al Señor Restrepo en el ejercicio del  poder ejecutivo como segundo vicepresidente del Estado.
3- El ejército que hoy comanda Isaacs continuará en el mismo pie y con la misma organización que se le ha dado.
4- Restrepo se compromete, en obsequio de la unidad liberal en Antioquia, a formar un ministerio que represente ambas fraccione y tanto el Secretario de Gobierno como el de Guerra y Hacienda  y Fomento serán nombrados por común acuerdo entre el vicepresidente y el Sr. Isaacs, Jefe de la Revolución.
5- Restrepo U,  habiéndose restablecido el orden legal en el Estado, solicitará de los jefes de la Guardia Colombiana la desocupación del territorio antioqueño,   pues de hecho han cesado las causas que las trajo al suelo antioqueño.  Si los jefes de la Guardia Colombiana, o sea el gobierno de la Unión,  continúan en hostilidad contra Antioquia,  Restrepo e Isaaas afrontarán resueltamente la situación ,salvando a todo trance la dignidad y la soberanía del Estado.
6- Hoy mismo expedirá Isaacs un decreto de amnistía para todos los prisionero que tiene en su poder.
7- El empréstito exigido a algunos capitalistas será amortizado en la forma y términos que Isaacs ordenó-
Jorge Isaacs, Pedro Restrepo.

viernes, 24 de marzo de 2017

ZÓSIMO GÓMEZ ALVAREZ


Alfredo Cardona Tobón

 

Nació el 14 de mayo de 1916 en la finca El Faro de la vereda de Naranjal y murió en Barranquilla el 11 de octubre  de 2015. Fue nieto de Protasio Gómez, constructor de la iglesia e hijo de Melquisedec, empresario minero y forjador del moderno Quinchía.

Zósimo quiso que esparcieran sus cenizas en los cerros de Quinchía y para cumplir sus deseos los hijos repasaron el camino que lleva al cerro Gobia y en las alturas las esparcieron para que volaran con el viento.

El alma de  Zósimo Gómez  está en el cielo  y su cuerpo quizás se convirtió en una flor, en un retoño de sietecueros,  en granos rojos de cafetos o pasó a ser parte de ese suelo quinchieño que tanto amó cuando vivía.

Zósimo fue un personaje que engalana la historia quinchieña: por sus cualidades humanas, por el amor a su terruño y por la obras que mejoraron la vida de su comunidad; fue el vocero ante  la dirigencia manizaleña en los tiempos del departamento de Caldas y un adalid en el flamante  departamento de Risaralda. Después de una larga lucha por su gente, cuando debía haber recibido el reconocimiento ciudadano, nuevas generaciones celosas de su poder le cerraron el paso y la ingratitud lo alejó de los cenáculos  que manejaban el poder en Pereira

 Zósimo estudio en la escuelita de Callelarga en Quinchia y cursó el bachillerato en colegios de Anserma y Riosucio. Una vez terminada la educación secundaria fue maestro de primaria en Quinchía,  Anserma, Santuario y Montenegro y  desempeñó el cargo de profesor en  el colegio Deogracias Cardona de Pereira

 En 1941 Zósimo dirigió la primera escuela nocturna  para adultos de la población de Santuario, allí conoció a don Alejandro Uribe, el famoso senador descalzo,  quien lo motivó para que participara en la política  y lo llevó al concejo de esa población. Con 1159 votos de Quinchía y Santuario Zócimo  llegó a la Asamblea de Caldas en 1942, y como diputado obtuvo auxilios para la construcción del frontis  de la Casa Consistorial  de Quinchía,  la reparación de la Planta Eléctrica del municipio, la construcción del acueducto y alcantarillado de  Quinchía, además de varias partidas para las escuelas del occidente del Viejo Caldas

Zósimo fue personero de Quinchía, concejal,  diputado y representante a la Cámara,  hizo parte del directorio liberal departamental, Jefe de Control de ¨Precios, alcalde de Quinchía y en 1950  ejerció la primera autoridad del puerto de La Dorada. Muchas obras de progreso de la región se deben a las apropiaciones presupuestales que consiguió en el Parlamento colombiano. Además de lo anterior sobresalió como empresario y como uno de uno de los promotores de la Universidad de Caldas, adonde llegaron becados numerosos quinchieños.

Zósimo vivió la tenebrosa época del Capitán Venganza. Como primera autoridad municipal fue el instrumento eficaz para pacificar al municipio con programas emprendidos por el gobierno central que incluían trabajo, cultura y deporte. En su administración se abrieron vías  terciarias, se fundaron los colegios de bachillerato de Quinchía y consiguió un auxilio nacional para el tendido de la red eléctrica que permitió al distrito municipal entrar al sistema de la CHEC como socio de la empresa.

En  1968, siendo representante  a la Cámara, Zósimo Gómez  consiguió partidas para las galerías y los colectores del Gobia y de Lavapiés; en su mandato  se construyeron canchas deportivas en las veredas y en el casco urbano. En asocio con los misioneros españoles Celestino Peña y Aventino Fernández empezó  a desarmar los espíritus envenenados por el odio partidista que había carcomido los corazones quinchieños.

Zósimo Gómez fue uno de los 21 delegados de Risaralda a la Convención liberal que designó a Pastrana Borrero como candidato a la presidencia, en esta  oportunidad se alejó de la directriz oficial y se opuso a tal candidatura, lo que enfureció a Camilo Mejía Duque, jefe departamental del liberalismo, quien empezó a marginarlo de las actividades del partido.

Zósimo Gómez y Joel Trejos  coparon la historia quinchieña durante varias décadas. No se puede hablar de Quinchía entre  1940 y 1965  sin tener en cuenta estos dos personajes que batallaron por su gente y chocaron, también, en defensa de sus ideas, aunque ambos militaban en las toldas liberales. Zósimo estuvo con Risaralda y Joel con Caldas; Zósimo hizo parte de la rosca liberal y Joel Trejos perteneció a las disidencia. Ambos vivieron en una época de erarios paupérrimos y de terrible violencia. Fueron artífices del surgimiento de un pueblo que no los recuerda ni siquiera con una modesta placa.

 

 

jueves, 23 de marzo de 2017

REMIGIO ANTONIO CAÑARTE Y LAS GUERRILLAS LLANERAS


Alfredo Cardona Tobón*



Cuando el sacerdote Remigio Antonio Cañarte celebró la primera misa en la pequeña capilla de Cartagoviejo, tenía entonces unos setenta años de edad, que en ese tiempo marcaban el declive inexorable de la existencia. Estaba, por tanto, más cerca a la mecedora y al chocolate parveado que a los afanes de sus inquietos feligreses.

Cañarte era un cura llano y apegado a los bienes materiales, como se colige en el testamento, pero contaba, eso sí, con un gran reconocimiento social por su dignidad y por pertenecer a notables y antiguas familias cartagüeñas.

 Nada sabemos de los primeros años de Remigio Antonio, ni cómo el Altísimo tocó su corazón para hacerlo sacerdote; y poco conocemos sobre la cruenta etapa en los campamentos realistas y patriotas durante la lucha por nuestra independencia; sin embargo podemos acercarnos a su vida de soldado al repasar las páginas de la historia de Casanare:

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 LA INDEPENDENCIA EN CASANARE

En la década de 1810 a 1820 la provincia de Casanare se convirtió en el centro de las guerrillas patriotas cuyas acciones culminaron en la campaña de 1819.

Los comuneros habían  abonado el camino  libertario en la provincia y  el sacrificio  de Vicente Cadena y de José María Rosillo  galvanizó el espíritu de los llaneros que hicieron frente a la dominación española  bajo las banderas de Ramón Nonato Pérez, Juan Nepomuceno Moreno, Juan Molina, Manuel Ortega, Juan Galea, Miguel Guerrero, Francisco Rodríguez, Fray Ignacio Mariño y Francisco Olmedilla.

 

Después del desembarco de Pablo Morillo en Santa Marta, el 26 de julio de 1815,   el coronel Sebastián de La Calzada invadió a Casanare con 3000 hombres de infantería, 500 jinetes y dos piezas de artillería con el objetivo de acabar con ese reducto patriota. El 31 de octubre de 1815 el comandante Joaquín Ricaurte, al frente de guerrilleros llaneros y de tropas llegadas del Socorro, chocó con el enemigo en Chire e hizo retroceder a Sebastián de La Calzada al piedemonte cordillerano causándole 200 bajas, la pérdida de 800 caballos y mulas y de gran parte del armamento

Mientras se luchaba en Casanare, en el sur del país y en El Socorro,   las tropas de Morillo ocuparon el resto de la Nueva Granada con cuatro columnas que marcharon como una tromba asesina. Una de esas columnas remontó el río Atrato y bajo el mando del coronel Julián Bayer arrasó las defensas patriotas en la desembocadura del río Murrí   y venció a los insurgentes en el Arrastradero de San Pablo.

Una avanzada dirigida por el coronel Antonio Pla tomó el puerto de Buenaventura y continuó hacia el Valle del Cauca dejando una huella de venganza y desolación.

EN LAS FILAS REALISTAS

En Cartago el coronel Antonio Pla incorporó numerosos reclutas a sus filas; unos deslumbrados por el poder español y otros, como Remigio Antonio Cañarte, obligados a marchar bajo las banderas del rey.

La fuerza de Antonio Pla atravesó el Quindío, remontó la cordillera y en Santa Fe de Bogotá se unió a la tropa del teniente coronel Julián Bayer, para continuar hacia los llanos orientales donde se estaban reagrupando los llaneros con numerosos emigrados de Venezuela y de la Nueva Granada.

 Los patriotas atacaban, picaban y se retiraban sin presentar combate a campo abierto y dejaban al enemigo sin recursos, pues las comunidades abandonaban las poblaciones y escondían las cosechas. Fue una guerra de escaramuzas en una tierra hostil y letal para los españoles; una guerra salvaje, de exterminio, sin tregua ni misericordia con los vencidos, donde la infantería solo podía utilizar las armas de fuego en los veranos, pues en época de lluvia quedaban inutilizadas por el agua.

En el año 1916 en una de las tantas emboscadas patriotas, los rebeldes capturaron al teniente coronel Julián Bayer y lo ejecutaron junto con otros compañeros. En represalia los realistas anegaron en sangre los campos de Pore, donde asesinaron a numerosos llaneros, entre ellos a Justa Estepa, una de las “Polas” granadinas.

Al empezar el año 1817, nuevas tropas coloniales comandadas por el general Barreiro, se descuelgan hasta el pie de monte llanero con la intención de acabar de una vez por todas con la resistencia republicana. Esta vez Barreiro se apodera del piedemonte llanero, pero las guerrillas contraatacan y desalojan al enemigo de La Salina, de la aldea de Sácama y de la población de Pore.

Los patriotas llevan la ventaja con sus animales acostumbrados a los malos pastos, a cruzar los pantanos y a los enjambres de bichos; en cambio los caballos de los realistas, que vienen de la cordillera, mueren de hambre en los esteros, se les pudren los cascos y no aguantan las picaduras de las nubes de insectos. Además, mientras los llaneros se sostienen con carne salada, los realistas no encuentran qué comer, pues  el ganado salvaje  empitona sus bestias y sus jinetes.

EN EL ESCUADRÓN DE RAMÓN NONATO PÉREZ

En una  de las tantas escaramuzas, Remigio Antonio Cañarte desertó de las filas realistas y se unió a la guerrilla de Ramón Nonato Pérez, un jayán  nacido en  Casanare,  hecho hombre domando potros salvajes, manejando novillos fieros, desafiando las inclemencias del tiempo  y odiando de muerte a los españoles.

La lanza de Ramón Nonato se tiñó de sangre en Aragua, en Arauca, en Guasdualito, en Ariporo y en la Fundación de Upía, donde avanzando tres días entre los pajonales, sorprendió a los realistas que habían arrasado la aldea de Zapatosa y acabó con todos ellos. Los llaneros atacan sin descanso, en forma tal que el “Pacificador” Pablo Morillo comunica al rey Fernando VII: “Catorce cargas consecutivas sobre mis cansados batallones, me hicieron ver que aquellos hombres no eran una gavilla de cobardes como me habían informado, sino tropas organizadas que podían competir con las mejores de su Majestad el Rey”.

Con el dominio pleno en Casanare, Bolívar reúne las partidas irregulares bajo el mando de Santander y avanza hacia el altiplano bogotano. Atrás quedaba una época y empezaba una era donde no encajaba Ramón Nonato. Ante la indisciplina y los abusos, el   Libertador lo llevó a un consejo de guerra, que nada hizo para reprimir a Ramón Nonato, pues nadie se atrevía a desafiarlo. Por ironías de la vida un caballo cerrero causó la muerte del valeroso llanero y le privó de los laureles en el Pantano de Vargas y en Boyacá.

Una vez integradas las guerrillas bajo el mando de Santander, Remigio Antonio Cañarte junto con los hombres que seguían al centauro casanareño trasmontaron la cordillera y llegaron a la fría sabana de Bogotá. Aquí se pierde la huella de Remigio Antonio que regresa a su tierra,    recibe las órdenes sacerdotales de mano del Obispo de Popayán Salvador Jiménez de Enciso y ejerce su misión pastoral en el norte de la provincia de Popayán.

Cañarte aparece enfundado en la sotana de un sacerdote en la Zaragoza del Valle del Cauca y después en la población de Cartago. Las crónicas de su época consignan su amistad con el prócer Francisco Pereira Martínez y como asistió espiritualmente a Salvador Córdoba y sus amigos cuando fueron vilmente ejecutados por orden de Mosquera en la guerra de 1840.

Remigio Antonio Cañarte pasó a nuestra historia con la celebración de la primera misa en la capilla construida por los colonos en Cartagoviejo. No fue el fundador de  la aldea como aseguraron por mucho tiempo, pero aunque no lo haya sido, la tradición y la leyenda se han encargado de entronizar  en el corazón pereirano a este personaje nacido el 21 de marzo de 1790  en Cartago y fallecido en Pereira el 29 de octubre de 1878.

*historiayregion.blogspot.com