lunes, 14 de mayo de 2018

IGNACIO TORRES GIRALDO EN PEREIRA


Alfredo Cardona Tobón

 
  Martín Torres, oriundo de Rionegro y uno de los  primeros pobladores de Neira se radicó en Pereira en 1876, donde su  hijo Ignacio  casó con una  hija de don  Felipe Giraldo.
El matrimonio Torres Giraldo se  trasladó al villorrio de Circasia, en el distrito de Filandia, donde el 5 de mayo de 1893 nació un niño al que bautizaron  Ignacio, al igual que su padre.

Por razones de su trabajo en construcción y agrimensura, don Ignacio padre,  junto con su familia  se radicaron en Montenegro y Sevilla. Por tal circunstancia el niño Ignacio Torres Giraldo  no estuvo en ninguna escuela y la educación que adquirió  en la infancia fue  la que  pudieron darle sus mayores

 Siendo adolescente Ignacio Torres Giraldo  llegó  a Pereira donde se aficionó a la lectura con los  libros que alquilaba don Clotario Sánchez. En 1911  el joven Ignacio entró como aprendiz de sastrería  al taller de don Germán Uribe Zuleta, profesión que  le brindó un medio de subsistencia. Inmerso en el mundo obrero,  Ignacio asistió a las reuniones de obreros y artesanos y  en forma autodidacta empezó su  formación periodística y a destacarse como escritor de buena pluma, ardoroso orador y político perspicaz , hasta consagrarse  como el más reconocido líder nacional  en las luchas  reivindicatorias de la clase popular en la primera mitad del siglo XX.

En 1908   Pereira era una plaza fuerte del radicalismo liberal,  abierta a muchas situaciones de cambio. Por eso, la clase dirigente, para sacudirse de la coyunda clerical, quiso fundar un establecimiento de enseñanza primaria con algunos cursos de bachillerato y proyección  para ir abriendo niveles superiores. Se quería un colegio  independiente  que se abriera  a las distintas clases sociales, concediendo becas a niños y jóvenes pobres. Para tal fin se reunieron 94 personas pudientes , obligándose cada una de ellas a sufragar los gastos de dos alumnos. Una vez firmado  el compromiso se trajo un rector y varios profesores de Medellín. Como rector se contrató a  Benjamín Tejada Córdoba, intelectual  y notable formador de juventudes  quien llegó a Pereira con su esposa doña Isabel Cano Márquez, hermana de María Cano,  y con sus hijos María y Luis Tejada Cano.

 Al colegio se vincularon el doctor Juan B. Gutiérrez  e Ignacio Torres Giraldo, quien  gozaba de amplia aceptación en los medios intelectuales pese a su juventud y su formación autodidacta.. Con el colegio en marcha, el rector  Benjamín Tejada  y el doctor Gutiérrez  fundaron un periódico   con clara orientación pedagógica, a cuya redacción  se sumó Ignacio  Torres Giraldo.

En 1913 Ignacio Torres mueve a la clase obrera con publicaciones que incitan al pueblo a  reclamar sus derechos, en 1914  colabora con la campaña del doctor  Gutiérrez por una curul a la Cámara de Representantes a nombre del partido liberal, y en 1915 hace parte  del círculo literario” La Gironda” con su periódico  “Glóbulo Rojo” . Pronto el circulo literario del colegio Murillo Toro se convirtió en un centro político dentro del cual se abrió paso una corriente de izquierda que el rector  denominó “ala jacobina”, pues basaba sus planteamientos en la ilustración francesa del silgo XVIII.

El 15 de octubre de 1916, segundo aniversario  del asesinato del general  Uribe, Ignacio Torres fundó su propio periódico con el nombre de “El Martillo” con orientación izquierdista. Junto con Jesús Antonio Cardona Tascón,  Ignacio Torres impulsó  al grupo de jóvenes revolucionarios que se  conoció  con el nombre de “Los ravacholes”.En manifestaciones públicas  los rebeldes   chocan con las autoridades y quedan tras las rejas en Pereira y Manizales donde los encarcelan para  que “corrigieran su forma de pensar”.

En “El Martillo”  Ignacio Torres se opuso a que el hospital San Jorge pasara a manos  de las Hermanas de la Caridad. En hojas volantes  se opuso, también, a la reglamentación de la Sociedad de Mejoras Públicas que establecía las retretas de gala, a las cuales no podrían asistir personas descalzas o de ruana y dispuso, igualmente, que los jueves a las cinco de la tarde serían las tertulias populares, ignorando que era hora de trabajo del pueblo raso que solo tenía los domingos para distraerse.

Para torpedear las medidas dispuestas por la Sociedad de Mejoras Púbicas, Torres Giraldo convocó  a obreros, mendigos, trabajadoras domésticas, gente pobre y  a la masa en general a tomarse el parque de La Libertad en una de las retretas de gala de los domingos, lo  que sucedió al presentarse una tumultuosa manifestación que hizo derogar lo dispuesto por la Sociedad de Mejoras Públicas.

LA OBRA DE TORRES

Lo de la apertura libertaria de Pereira ha sido más vitrina que realidad. Al principio del siglo XX  la clase dominante que continúa  manejando  los destinos de la ciudad hostilizó a Ignacio Torres Giraldo quien se vio obligado a suspender  “El Martillo”  y tuvo que   emigrar hacia tierras del Cauca donde prosiguió su labor en defensa de los más humildes.

Como los partidos políticos aprovechaban la fuerza popular para eternizar en el poder a sus dirigentes, Ignacio Torres  consideró necesaria la consolidación de un partido socialista. En sus campañas  Torres visitó a Pereira en varias oportunidades, en  1927 llegó a la ciudad con  María Cano; una gran concurrencia los recibió en la planicie que después ocupó el parque Olaya Herrera, donde Lisímaco Salazar los presentó con un fogoso discurso.  Al dia siguiente el jefe de la policía desalojó la plaza de La Libertad y malogró  la gran manifestación acallando las voces de  María Cano, Torres Giraldo,  Julio Restrepo Toro y Célimo García..

Según afirma  don Emilio Gutiérrez, en Pereira se formó el pensamiento  social y político de Ignacio Torres Giraldo, quien indudablemente fue uno de los lideres más notables de la izquierda colombiana.

 Ignacio Torres murió en Cali el 5 de noviembre de 1968. Sus  ideas permearon por mucho tiempo el pensamiento popular  de Pereira,  una ciudad cuya gente ha tenido que luchar contra una clase que la ha dividido entre  los blancos y los negros, no por el color y la raza sino por  el  reparto desigual de las oportunidades.

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