sábado, 17 de febrero de 2018

REMENBRANZA DE INSIGNES MÉDICOS PEREIRANOS


REMENBRANZA DE  INSIGNES MEDICOS PEREIRANOS

Diego Avellaneda
 
-En esta crónica don Diego Avellaneda nos trae el recuerdo de algunos galenos que hicieron historia en la Pereira de los años treinta y cuarenta del pasado siglo:
 
                                                     Santiago Londoño- padre
 

"Bonachón, paisa puro,  allá en su consultorio  de la calle 18 con sexta y séptima y en su despacho de la Unidad Sanitaria, recuerdo a doctor Eduardo Ruiz.

Con su aristocrática estampa y su ojo escudriñador que adivinaba las dolencias del paciente desde  que éste entraba a su consultorio, tengo viva la imagen del doctor Hernando de la Cuesta Restrepo, siempre cordial y con  su preciso diagnóstico.

Con su acento italiano y su simpatía innata, el doctor Igino Mercuri, de andar rápido y tan familiar con sus pacientes.

Decano de todos, serio y profundo, el doctor Santiago Londoño ( viejo) como decían los mayores, para distinguirlo de su hijo, destacado cancerólogo que llevó su mismo nombre.

El doctor Federico Galloway, el americano que se volvió pereirano, de manos fuertes y espíritu bondadoso.  Su pomada Galo fue famosa panacea para las lesiones epidérmicas y cuya fórmula cedió a las distinguidas y queridísimas Mery y Silvia Cuartas.

El doctor Guillermo Echeverri Bustamante, calmado,  despacioso, estudioso, dedicado a curar las dolencias de los niños.

“Es un santo” decía el doctor Mercuri del doctor Horacio Velásquez Salazar que se destacaba por su experiencia en enfermedades endémicas.

Recuerdo al doctor Eloy Zapata, de pequeña estatura, pero fuerte; de sombrero y gafas permanentes.

El doctor Emilio Trujillo, allá en la carrera novena cerca donde existió el teatro Nápoles le dijo a un paciente al que no le encontró nada : “deje de quejarse de  tanta cosa, que parece una vieja.”

También recuerdo al doctor Juan C. Castrillón Durán, muy adusto, de chaleco, sosmbrero y de recia contextura.

Muy conocido, de gafas y con su andar pausado, el doctor Londoño Atehortúa.

Lejanamente recuerdo al doctor Ramírez González y al doctor González,  padre este último de  Ibrahim y de Fabio, pero olvido sus nombres;  lo mismo que al doctor Bernardo Pérez Mejía, hermano de don  Pedro Pablo Pérez,  que fue mi maestro  en la escuela Uribe Uribe en la calle 27 con octava.

Serio y elegantes, de gran personalidad el doctor Arcesio Vélez Marulanda, cuando de niños yde la escuela,  nos llevaban a la unidad sanitaria a purgarnos con quenopodio ¡ Horrible¡

Buen escritor, impecable en su vestido y con fama de gran cirujano, el doctor Sixto Mejía, íbamos los niños a mirar la primera “quinta” que  hubo en Pereira, arriba de donde hoy es el Club del Comercio, donde pasó sus últimos días en compañía  de su esposa doña Julia Jaramillo de Mejía.

Del doctor Bernardo Mejía Jaramillo, recuerdo su inmensa simpatía y su sencillez con todos los pereiranos.  De gran presencia y personalidad.

 No me olvido del doctor Víctor Salazar Caballero, de voz cascada y un poquito “Pelión”. Tampoco olvido al doctor Hernando Osorio Montoya, hijo de don Leopoldo Osorio.

A propósito: he dejado para lo último a dos destacados gastroenterólogos: el doctor Arturo Campo Posada y el doctor Alfonso Jaramillo Arango, fundaron la Clínica Santa Clara en la calle 1º9  carreras novena y décima si no me falla la memoria.  Siendo gobernador de Caldas, el doctor Jaramillo afrontó con enérgica autoridad un motín de los choferes manizaleños, que no aceptaban un gobernador liberal y foráneo, lo que produjo el mensaje histórico del doctor Eladio  Cortés desde Pereira: “ ¡ Así se entuca, mi doctor querido ¡”. Contrajo matrimonio en primeras nupcias con la distinguida dama pereirana Libia Vallejo Restrepo, en la catedral de La Pobreza en solemne ceremonia con tapete rojo desde la entrada.  El arreglo de la iglesia lo hizo doña Inés Rendón de Mejía.

Que haya hecho perdurar esa escuela de notables galenos, tenemos al doctor Alfonso Llano Saavedra, un mago en medicina interna dicho por sus colegas y también por sus pacientes.

Este ha sido un sincero homenaje a quienes sin existir la ecografía,  ni la tomografía axial computarizada, ni el TAC, ni la resonancia magnética, acertaban en sus diagnósticos en los pacientes de la época, sin que pretenda demeritar los avances científicos ni las capacidades de las nuevas generaciones de médicos generales y especialistas de alta tecnología."

                                                     Santiago Londoño  hijo

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