domingo, 1 de octubre de 2017

EL PRESBÍTERO MIGUEL ANGEL MELGUIZO Y LOS CURAS GUAPOS


UN CURA VALIENTE Y PROGRESISTA

Alfredo Cardona Tobón*
                    El padre Miguel Ángel Melguizo fue cura párroco de Marulanda- Caldas-


El 9 de febrero de 1930 se efectuaron en Colombia elecciones presidenciales con el triunfo del candidato liberal; en esos comicios se contabilizaron 369.934 votos a favor de Olaya Herrera contra 240.360 del candidato conservador Guillermo Valencia Castillo y 213.583 del otro candidato conservador Alfredo Vásquez Cobo. El triunfo liberal desencadenó una virulenta reacción dentro de un vasto sector opositor que creía que su derrota significaba el adviento de una era de persecución contra la iglesia y los más caros principios del catolicismo.

 En los departamentos de Santander y Boyacá algunos sacerdotes enarbolaron la bandera de la rebelión contra el gobierno recientemente instituido y fomentaron acciones violentas en sus feligresías.  En el Viejo Caldas se presentó ese fenómeno en varios municipios, donde esas acciones clericales fueron el caldo de cultivo para la terrible violencia política que se presentó años más tarde, cuando una división liberal llevó nuevamente al conservatismo al poder.

LAS LLAMARADAS DEL ODIO

Semanas después del triunfo de Olaya Herrera, el Presbítero  Naranjo López, cura de Chinchiná, arremetió violentamente contra el nuevo régimen anunciando que llovería fuego sobre Colombia, ya que eso merecía una república donde gobernaba un hombre impío.

En Balboa y en Belén de Umbría se presentaron disturbios alentados por sus curas y lo mismo sucedió el 28 de abril de 1933 en Santa Rosa de Cabal, cuando el sacerdote Roberto Buitrago manifestó lo siguiente ante los cadáveres de dos ciudadanos conservadores asesinados en la población: “Yo, como ministro de Cristo, predico lo que este predicó en la Sinagoga: Llorad ante vuestra madres y sobre vuestros hijos que muy pronto llegará la venganza. Hermanos míos aquí reposan estas dos víctimas que piden venganza, yo les pido a mis copartidarios el exterminio, el boicoteo y la traición si es necesario, para arrojar a los liberales de este pueblo.  Hay que expulsar estos bandidos, obligarlos a que se marchen, no prestarles ningún servicio y negarles hasta el saludo a esos facinerosos”.

LA OTRA CARA DE LA MONEDA


Presbítero  Miguel Ángel Melguizo- Foto  cortesía de Claudia Llano Franco


Pero no todos los sacerdotes se alinearon con los violentos; y algunos levitas virtuosos, que entendían lo sagrado de su misión y su compromiso con todos los fieles, arriesgaron su vida en defensa de toda su feligresía, sin distinciones de color político, como sucedió con el padre Ángel María Melguizo cura de Marulanda, un hombre sin par, de mente abierta y amigo del progreso.

La construcción de tres iglesias con sus casas curales y escuelas anexas en Montebonito, Mesones y Brasil en una época sin carreteras, con puras trochas empantanadas, sin auxilios del gobierno y en medio de comunidades pobres fueron obra de este sacerdote extraordinario que en el año 1897 llegó a Marulanda a remplazar al padre Jesús María Restrepo Restrepo, primer cura de la aldea fundada por el general Cosme Marulanda.

El sacerdote Ángel María Melguizo había nacido en  Anorí, Antioquia,  el 1° de agosto de 1855; recibió el  presbiterato el 19 de septiembre de 1885 y ejerció casi todo su apostolado en las ariscas breñas de la tierra fría que van del páramo de Herveo hasta el cañón del rio Perrillo, cuyas orillas comunicó con  tres puentes techados,  una hazaña monumental   en esa abismal hondonada que marca  límites entre Caldas y Tolima.

Como se ve este meritorio religioso no solamente se preocupó por las almas de los fieles sino por su bienestar material, porque además de las obras enunciadas lideró la construcción del camino que unió a Marulanda con Manizales y se interesó en grado sumo por la instrucción de los parroquianos.  

Después de una meritoria existencia el presbítero Melguizo murió a la edad de 87 años en Marulanda donde se le dio sepultura el tres de noviembre de 1942.  A este virtuoso levita, que bien podría estar en los altares, se le puede aplicar aquella frase en loor al padre Almanza: “De humildad fue su vida, de amor su ministerio”.

Hay algo más que realza la labor del padre Melguizo:  dentro de su mansedumbre y entrega al prójimo,   guardaba el valor para recorrer las  trochas imposibles  en medio del frio, la ventisca y la noche cerrada que a veces lo alcanzaba atendiendo a sus feligreses.  Fue el mismo valor que le dio fuerza para oponerse a los violentos que trataron de entronizar el  odio dentro de una comunidad hecha para la paz y la concordia, en contraposición con los llamados “curas guapos” que tanto daño hicieron en las comunidades.

Los ancianos de Marulanda contaban que antes de las elecciones que llevaron al poder a Olaya Herrera, el dirigente manizaleño Tomás Calderón viajó a la aldea en campaña proselitista. Después de un discurso incendiario la chusma asesinó al  jefe liberal Ernesto Patiño. El  odio desbordado amenazó con llenar de sangre las calles del pacífico caserío; ante tal circunstancia el padre Melguizo salió de su iglesia y se dirigió a la plaza a calmar los ánimos  de los exaltados, exigiendo a  Tomás Calderón que se retirara del pueblo  y dejara tranquila a la gente  empujada por él a semejantes bochinches.

Los conservadores se dispersaron y se guardaron en sus casas, en tanto los pocos liberales de Marulanda animados por la reacción del padre Melguizo salieron a la calle vivando al sacerdote, a la religión católica y al partido liberal y en manifestación pacífica cargaron al párroco y lo llevaron en hombros hasta la Casa Cural.

No faltó quienes acusaran al religiosos ante el Obispo de Ibagué por su apoyo a los presuntos enemigos de la Iglesia, pero el alto Jerarca ni siquiera contestó la carta de los malquerientes del padre Melguizo.

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