miércoles, 26 de julio de 2017

LOS TABUYOS DE ANSERMAVIEJO


Alfredo Cardona Tobón*

 

RESUMEN

 

Este artículo se refiere a los indígenas tabuyos cuya comunidad es parte de la matriz del mestizaje ansermeño. Ellos repoblaron la aldea cuando los españoles se trasladaron a Ansermanuevo y ocuparon gran parte del territorio de la antigua ciudad hasta que fueron desplazados por los colonos antioqueños.

En este escrito se recuerda a un pueblo expoliado y atropellado, cuya historia apenas tocan los textos que se refieren al pasado ansermeño.



 

EMPIEZA EL RELATO

 

Un vientecillo se coló entre la torre de guadua de la capilla de Tabuyo empujando el rejo de la campana que llamaba a misa; un gavilán giraba y giraba encima del rancherío preparando el embate sobre unos pollitos que salían de vez en cuando del encrespado plumaje de una gallina, y mientras el sol se desperezaba salían de sus chozas los indios medio dormidos: varones, mujeres viejas, muchachos de surtidas edades y mozas con niños de brazos.

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Todos ellos se dirigieron al templo humilde por un sendero estrecho tallado por el paso de los nativos en el flanco de la montaña de Ansermaviejo. A la entrada, en el altozano de la Casa del Señor, el cacique Bartolo Tabarquino miraba y hacía cuentas: nadie podía faltar al oficio religioso, pues en caso contrario el cura doctrinero se lo cobraría con multa, cepo o latigazos.

 

Los vecinos de la parcialidad de Tabuyo asistieron a la ceremonia litúrgica presidida por un fraile franciscano que hablaba un idioma que no entendían y les obligaba a adorar a un Dios flagelado, clavado en unos leños como cualquier indio alzado contra los españoles. Los nativos bautizados permanecieron en la iglesia hasta el Prefacio, el resto esperó afuera y cuando terminó la misa volvieron a entrar a rezar por la salvación de sus almas.

 

Ocho años habían transcurrido desde la llegada de Jorge Robledo con su tropa conquistadora. Empezaba a borrarse el recuerdo de Ocuzca, de Tuzarma y demás

indios guerreros cuyos huesos se habían convertido en tierra; allí estaban los indígenas vencidos a merced de los encomenderos y los curas doctrineros; ya no eran valientes con plumas y varas aguzadas de chonta; era gente con miedo y enferma, pues además de los mosquetes y los perros comedores de hombres, la gripa, la lepra y la viruela traída por los invasores los estaba aniquilando.

 

El 7 de agosto de 1547 algún escribano, por piedad o movido por una pepa de oro, redactó un memorial firmado por el cacique y dirigido a las autoridades virreinales donde se mostraba la desgracia de los tabuyos y solicitaba autorización para regresar al sitio de Umbría, de tierras fértiles, buenas aguas, temperatura saludable y montes apropiados para cortar madera. Querían regresar a sus antiguos predios de caza, a la tierra de sus dioses y sus mayores, pero fueron inútiles los reclamos pues los explotadores los necesitaban cerca de las minas de oro de Quiebralomo y Buenavista.

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Diez años más tarde, en 1557, una india yanacona con el pretexto de comprar sal llegó hasta Anserma. Su intención era lograr el apoyo de los caciques ansermas en la rebelión que se fraguaba en Chinchina contra los españoles.  Al conocer las intenciones indígenas, Luis de Guevara, teniente General de la provincia apresó a los caciques para abortar la alianza con los quimbayas y los panches; puso grillos a los caciques de Mayma, Aconchare, Pirsa, Carambá, Andica, Mápura e Irra y en la cárcel los dejó morir de hambre.

 

 

Las atrocidades cometidas por los españoles, las enfermedades y el trabajo esclavo diezmaron la población indígena en forma tan dramática que, en 1582, en la región de Anserma, sólo quedaban 800 indígenas junto con mil esclavos negros explotados por 24 españoles decrépitos. La aldea de Anserma de antiguos blasones se había convertido en un moridero de hombres.

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Ante las despoblación nativa,  los  encomenderos gestionaron créditos reales para importar más esclavos negros para trabajar las minas y el  Oidor Lesmes de Espinosa y Saravia  en el año 1627 mandó que fueran “reducidos, poblados y agregados en el sitio de Tabuya a los indios de los repartimientos de Chatapa, Usma, Tusa, Apía La Baja, Apía de Juan Benítez, Sopinga, Andica, Cumba, Guacaica, Curumbí,  Provincias,  Tabuya y el Peñol, que entre todos suman 166 indios útiles tributarios, sin viejos, reservados, ausentes,  caciques,  mujeres y sus familias”

 

En 1730 el misionero franciscano fray Dionisio del Camino visitó la aldea de la Purísima Concepción de Tabuyo, adscrita a la doctrina de Opirama en Quinchía. Los naturales se quejaron de la falta de un religioso que los atendiera. Sus suplicas fueron escuchadas, pues catorce años más tarde los comuneros del Resguardo se quejaron al obispo de Popayán de las extorsiones de los curas doctrineros quienes los obligaban a trabajar para ellos y a darles parte de las cosechas con la amenaza de  no dar sepultura a los muertos ni administrarles los sacramentos.

 

 TABUYO Y ANSERMAVIEJO

 

La orden de extinción del convento de San Luis, notificada el 24 de septiembre de 1777, marcó el eclipse del Anserma encomendero; los pocos criollos y europeos que habitaban en los contornos se trasladaron a un sitio cercano a Cartago y allí fundaron la población de Ansermanuevo.

 

Esto no quiere decir que el traslado hubiera marcado la desaparición de Anserma, pues la agonizante aldea se repobló ralamente con vecinos de Tabuyo, como afirma el francés Boussingault, quien en sus crónicas cuenta que en 1827 pasó por Ansermaviejo y se alojó allí en casa de un alcalde indígena.

 

La guerra de Independencia arruinó la población de Ansermanuevo y tocó a Ansermaviejo, pues las guerrillas patriotas y realistas operaron continuamente en su territorio.  En la época republicana el caserío de Anserma con sus vecinos tabuyos dependió primero de la ciudad de Cartago, luego quedó bajo la jurisdicción de Toro y a partir de 1869 quedó bajo la jurisdicción del distrito municipal de Quinchía.

 

EXTINCIÓN DEL RESGUARDO

 

En1870 un censo de población arroja la cifra de 633 pobladores en Ansermaviejo, 2700 en Quinchía y 5689 en Riosucio.

Al copar las tierras del suroeste antioqueño, los paisas cruzan la frontera de su Estado y se internan en el norte caucano donde están los baldíos del Valle de Risaralda, los de la Serranía de La Soledad y también las fértiles tierras del Resguardo de Tabuyo que ocupaban las actuales veredas de Bellavista, Tamarbia, La Linda, El Cerro, Vergel Bajo, Vergel Alto, Miravalle, Partidas, El ¨Poblado, Guapacha, El Pensil, el Rosario y San Pedro.

 

Don Pedro Orozco acaba de liquidar la sociedad colonizadora de Támesis y con sus hermanos Jorge, Leopoldo y Manuel Salvador, en el año 1870 inicia negocios de tierra en Ansermaviejo en alianza con políticos, militares y autoridades caucanas.

En 1875 el gobierno del Cauca autoriza la venta de los Resguardos del norte del Estado y se facilita la operación de los empresarios paisas que en asocio con funcionarios corruptos y políticos ambiciosos adquirieron la mayor parte de los terrenos de los tabuyos.

 Ponciano Taborda, administrador de la parcialidad de Tabuyo inicia la feria de los bienes indígenas: en 1876 da al agrimensor William Martin un gran lote como parte de pago de la mensura del Resguardo y cede a Juan de Dios Gamboa el área de Varillas, hoy municipio de Risaralda.

 

En 1892 una Junta Repartidora compuesta por el alcalde y el notario de Ansermaviejo, en asocio con el administrador de la parcialidad, reparten las 6147 hectáreas del Resguardo. Separan 51 hectáreas para la población, ceden más tierra a William Martin, dan lotes a los miembros de la Junta Repartidora y entregan 53 parcelas de 43 hectáreas cada una a los comuneros tabuyos.

 

Con remates amañados los Orozco, Rudesindo Ospina, el Jefe militar Ponciano Taborda y Juan de Dios Gamboa se adueñan de la mayor parte de los ejidos cedidos por el gobierno caucano a los vecinos de Ansermaviejo mientras los mejores baldíos quedan en manos de la familia Henao de Manizales, de Rudesindo Ospina, los Gartner, los Santacoloma, los Salazar y los Bayer

 

Los curas de Támesis, Palermo y Jericó incentivan la colonización paisa de Ansermaviejo: desde los púlpitos invitan a sus parroquianos a radicarse en los abiertos de los Orozco quienes les venden o les financian parcelas con amplias facilidades de pago, les proporcionan semillas, les dan ganado en compañía y compran las cosechas. En diez años los indios quedan sin tierras, pues se las arrebatan en juicios amañados o las venden a menosprecio. Sin lengua ni identidad los tabuyos se funden en el crisol del mestizaje para convertirse en peones o sirvientes de los pobladores antioqueños

 

El 19 de septiembre de 1899 José María Clavijo y otros 43 descendientes de los tabuyos tratan de recuperar las 51 hectáreas separadas para fundar una población nativa, pero era tarde, pues Maximiliano Pamplona ya las había vendido a varios colonos paisas, quienes establecieron allí el poblado de San Pedro, hoy corregimiento del municipio de Anserma.

 

De la época encomendera no quedó un solo monumento que recuerde el paso de los españoles por Ansermaviejo; los antioqueños estamparon la impronta conservadora y clerical de la cultura paisa y de los tabuyos, últimos descendientes de la raza que fue señora de las selvas, nada quedó de su cultura, tan solo algunos  apellidos como Uchima, Útima, Guapacha y Usma y el color cobrizo en el campesinado mestizo de  la antigua ciudad encomendera..

 

* Ingeniero mecánico y metalúrgico, Docente universitario por más de 20 años en prestigiosas instituciones de Educación Superior; conferencista, fundador del Encuentro de la Palabra; miembro de número de la Academia Caldense de Historia, de la Academia Pereirana de Historia y del Centro de Historia de Manizales. Autor de varios libros, entre ellos, Ruanas y Bayonetas, Quinchía Mestizo, Indios Curas y Maiceros y Los Caudillos del Desastre.

Autor de centenares de artículos escritos para los periódicos La Patria y l Diario del Otún.

sábado, 22 de julio de 2017

MEMORIAS DE DON ALEJANDRO GUTIÉRREZ ARANGO- PRIMER GOBERNADOR DE CALDAS.


Don Alejandro Gutiérrez ha sido uno de las personalidades sobresalientes en la historia de Caldas. Nació en Abejorral, Antioquia  en 1840 y murió en Manizales en 1931.  Dedicó su vida al servicio de Manizales y la Provincia del Sur. Se desempeñó como  empresario,  político  y como un  hombre de acción cuyo esfuerzo  hizo posible la creación del departamento  de Caldas, el desarrollo de Manizales  y la gesta heróica del ferrocarril de Caldas que conectó la región con el resto del mundo

En este reportaje  concedido al periódico  la “Voz de Caldas”, con fecha sábado 14 de julio de  1930, vemos algunos hechos ligados a la vida de este gran colombiano.

Alfredo Cardona Tobón-


 

“Tenía 20 años cuando asistí al célebre Tratado de la Esponsión. El  general Pagola abrió unos hoyos enormes en la Avenida que llaman hoy Cervantes, por donde debían entrar las fuerzas revolucionarias  de Mosquera y las cubrió con ramas

El 28 de agosto de 1860  trató de entrar la  caballería de Mosquera y algunos cayeron en los huecos y se devolvió.

- ¿ A que causas se debe la creación de Caldas?-

De pura geografía. Nosotros no sentíamos los beneficios del gobierno establecido en Medellín a causa de la distancia.  Las rentas departamentales se invertían  íntegras en el ferrocarril de Antioquia y ni siquiera se pagaban los sueldos a los empleados del sur.

Durante la presidencia de don Carlos Holguín se trató de dividir el país  en provincias y nosotros pedimos la creación de esta.

Marcelino Arango fundó un periódico para alimentar el proyecto y el doctor Daniel Gutiérrez y yo trabajamos ante los poderes de Bogotá para conseguirlo. Sin embargo nada pudo por entonces conseguirse.

Más tarde el general Rafael Uribe Uriba lanzó la idea de que se creara con esta región  el departamento de Córdoba y aunque trabajó con mucho empeño y con mucha inteligencia no pudo lograrlo. Pero seguimos alimentando la idea con toda tenacidad y les decía a los escépticos que las leyes naturales tenían que cumplirse. 

Vino después el gobierno de Reyes y ante él persistimos en nuestro propósito Daniel y yo.  La necesidad se hizo evidente. La Administración  era ineficaz en estas regiones y la misma paz estaba amenazada por el Cauca que formaba media república.  Sepa usted como ejemplo que cuando llegaba un decreto del gobierno federal a Villamaría y en Popayán estaba derogado.

- ¿ Es posible que Reyes hubiera tenido un móvil político?-

Si.  El bienestar de la república y el progreso del país. De otra manera no se hubiera acabado con las guerras en Colombia.  Es el mejor acto de Reyes. En un Congreso  hubiera sido imposible obtener  esa conveniente subdivisión territorial.

Aprovechando  ese estado sicológico obtuvimos que el 15 de junio de 1905 se creara el departamento de Manizales pero más  tarde por gestiones hechas por Francisco Montoya Arbeláez, quien logró hacerse a una mayoría de municipios, casi nos echa tierra a nuestro triunfo. Provocamos la reacción y volvimos a levantar mayoría, trabajamos ante la comisión respectiva que había  formado en Bogotá  el general Reyes formada por  el doctor Antonio José Uribe y el general Rafael Uribe Uribe con muy buen salto, pues reafirmamos la existencia de la entidad departamental gracias a aquellos distinguidos personajes.  El nuevo nombre que propuso fue el del Ruiz, si no habría de seguirse llamando Manizales, pero el doctor Euclides Angulo, cuñado de Reyes propuso el nombre de Caldas y con ese se quedó 

Me nombró gobernador el general Reyes. Las dificultades más grandes que encontré para organizar la entidad departamental fueron la heterogeneidad de los grupos segregados,  pues  unos eran de Antioquia y otros del Cauca, y en cada uno  había la legislación del departamento respectivo.

José Jesús Restrepo fue el primer secretario de gobierno, Miguel Latorre, Administrador del Tesoro y el doctor Valerio Hoyos, Director de  Instrucción Pública.

Contaba con unos $15.000  que destinaba el gobierno nacional. El impuesto de minas no valía nada, más tarde vinieron las rentas de tabaco  de registro , cedidas a los departamentos.

Fue también por comodidad administrativa lo que el general Reyes más tarde le agregó a caldas la provincia de Manzanares, que antes era del Tolima. Pero me la entregó sin rentas, como un muchacho sin cobija. Le reclamé y no me contestó. Tuve que prestar de fondos comunes para atender a los gastos de esa nueva provincia y de allí resultó el chisme de que yo  le había prestado dinero al general Reyes.

viernes, 21 de julio de 2017

MARIO GARTNER Y SU LUCHA CONTRA EL DESPOTISMO ILETRADO


Absalón Gartner Tobón
                                                         Mario Gartner Tobón



Desde su consultorio en Pereira Mario Gartner T. ejercía, a la manera de Hermán Gartner de La Cuesta, el apostolado de la medicina, regalando las consultas y encimando el precio de las formulas y, al decir de mucha gente, obrando milagros en la salud de los niños.  Su innata característica de líder y su sólida formación intelectual, le granjearon la simpatía de cuantos tenían la oportunidad de conocerlo. Pero a Mario lo tentó el bicho de la política y, con la venia de don Camilo Mejía Duque, dueño y señor de los votos rojos y azules en el Gran Caldas, accedió a la Asamblea del departamento.  Aquí advirtió, tal vez analizando a sus compañeros de bancada, al temario   y las decisiones que adoptaban, que mucho olía  mal en el Camilismo  y fue tomando distancia del mismo, con frases mordaces de su autoría  como la que de que para jerarquizarse en ese movimiento era preciso “hacer votos de castidad intelectual”.

Esas y otras puyas lo fueron haciendo acreedor al estigma de traidor del partido… Camilista. Por supuesto no repitió período y acometió la misión imposible de derrocar al más acendrado caciquismo registrado en la historia política del país.  Su fogosidad y un no sé que como de hombre llamado a cambiar las cosas, atrajo la adhesión de lo más granado de la escasa aristocracia intelectual pereirana. Ya existía una débil, por superficial y vanidosa, oposición a Camilo; pero no desde las bibliotecas sino desde el Club Rialto, en donde hablaban mal del cacique. De allí salió el primer contingente de apoyo a la, en principio quijotesca empresa.  Recuerdo aquí algunos ciudadanos notables con el  riesgo de  incurrir en imperdonables olvidos: Carlos Drews Castro, Julio y Carlos Eastman Díaz, Marco Antonio Rojas, Jorge Campo Posada, Alvaro Campo Posada, Gustavo de la Pava Palacio, Senén Barrera… luego irrumpió una bridada  de jóvenes intelectuales que no comulgaban con lo que Mario llamó  “ el despotismo iletrado”.

Contra los pronósticos, Acción Liberal ( Así se llamaba el movimiento político fundado por Mario Gartner y no por César Gaviria Trujillo, como asevera por ahí un librito lambón) se fortalecía cada vez mas: en Pereira se obtuvieron dos curules al Concejo Municipal, lo  propio en Armenia, en Santa Rosa de Cabal y en otros municipios. Por escasos votos no se alcanzó curul  en el Parlamento en cabeza de Alfonso Jaramillo Arango.

Todo parecía indicar que en el panorama político de Caldas  próximamente se iban a imponer los programas y hombres de Acción Liberal. Pero  de pronto se alborotó el cotarro y a la gente no se le permitió{o  pensara “ con la colaboración de los medios nacionales al servicio del clientelismo”, cosa distinta a la de que se acercaba la anhelada hora de la “independencia” de las comarcas de Risaralda y Quindío  y su liberación  del “ feroz centralismo de Manizales”. Al pueblo le decían  que se iba a acabar el desempleo pues se multiplicarían  por tres los cargos burocráticos.

Mario desde el propio Concejo Municipal de Pereira, arremetió  contra el clientelista propósito de descuartizar al departamento modelo que tenía ya ganada destacada posición en el concierto nacional, para entregarle a unos caciques, a cada uno, su departamento, pues parecía que ya no cabían en uno, y sobre todo, agregaba Mario, con apoyo de la mayor falacia concebible : la del supuesto insoportable y ofensivo centralismo manizaleño. Como decía, si en Caldas no se mueve una hoja, no se nombra un ascensorista, un alcalde y menos un gobernador, prescindiendo de la voluntad omnímoda de don Camilo Mejía Duque que reina desde Pereira. Y claro llovieron los salivazos, los hijueputazos, los alaridos de “saquen al traidor”.

Desde las barras del Concejo atiborradas con la claque y ante las manoplas, las menguadas y atemorizadas huestes de Acción Liberal, por nuestra seguridad, fuimos expulsados por la autoridad. Y por ello estamos contando el cuento, mascullando con vergüenza aquello de que más vale un cobarde vivo que un héroe muerto.

Mario Gartner se fue quedando solo, sus amigos políticos de la víspera decían “harto se lo advertimos pero  se empecinó a nadar contra la corriente”. Sin embargo Mario y un pequeño grupo de aguerridos jóvenes recorrieron los caminos de Caldas poniendo en evidencia la gran patraña con éxito clamoroso en Santa Rosa de cabal, Quinchía, Anserma, Pueblo Rico y Viterbo.

Luego el concejo municipal de Pereira, con arrestos de Asamblea Nacional a la francesa, no envió a Mario a la guillotina, pero si decretó su destierro, la pena de ostracismo, y … “Publíquese en carteles y murales.

Por la noche en su residencia “Cohapro” ( hoy Los Alamos)  vándalos le llevaron a él, a su esposa e hijos, serenata de bala, impregnaron las paredes con nauseabunda materia de las que estaban hechos. Invitado por notables de Manizales, encabezados por el gobernador Efraín Gartner Nicholls, encontró en dicha ciudad consuelo para sus cuitas y nuevas fuerzas para continuar su tarea.

Ya en Manizales, Mario se encontraba en la Sala de Cirugía del Hospital Universitario cuando una enfermera le avisó que en la portada le estaban esperado unos policías para ponerlo preso. El resolvió escaparse y como se encontraba en la primera planta del edificio, se escabulló por la ventana pero lo estaban esperando los sabuesos que, esposándole, lo llevaron a una comisaría. Aquí se hicieron presentes, la mayoría desde la calle, muchos ciudadanos de variados estratos y distintas ciudades. Desde Santa Rosa de Cabal viajamos varios abogados ( yo que fungía  de Notario Público, mal podía ejercer la profesión, pero nadie me podía obligar a que no pensara y cambiara ideas con  mis colegas).

La defensa dentro del proceso corrió a cargo de Octavio Echeverri y el inolvidable Gildardo Henao Gutiérrez Mientras tanto en Santa Rosa de Cabal el Juez de Instrucción Criminal ( que en ese entonces era designado por el ministerio de Justicia para hacerle mandados a los jefecillos políticos de turno y a quienes en el foro, por sus arbitrariedades, solíamos- sotto voce- llamar Jueces Criminales de Instrucción) impartió ordenes de captura contra 50  ciudadanos, entre ellos el doctor Rivera Millán, líder de la Unidad de Caldas y quien con otros sobresalientes ciudadanos fue encarcelado. La Mayoría, entre ellos mi hermano Carlos Alberto Gartner Tobón, se escaparon a otros lares. A los encarcelados de Santa Rosa de Cabal los acompañó todo el pueblo, que en tiendas de campaña en las calles circundantes montaba guardia.

La sindicación para todos ellos,  incluido Mario,  era el de la comisión  del delito de asonada ( los que en  forma tumultuaria exigieren violentamente de la autoridad la ejecución u omisión de algún acto propio de su funciones.. art. 469 del Código Penal).

Fuera del delito de opinión en que incurrieron esos “ bandidos”, ocurrió que como la polarización del departamento entre amigos de la amputación y los partidarios de la preservación de la unidad de Caldas, llegó a niveles preocupantes, el gobierno nacional conformó  una comisión de alto nivel  ( Darío Echandía, Felio Andrade  y un no me acuerdo) dizque para escuchar a tirios y troyanos y medir sobre el terreno, las dimensiones reales del problema. Esa comisión en la que bien habría podido inspirarse Shakira para componer aquello de ciegos, sordos y mudos, no escuchó sino a los jefecillos políticos ansiosos por distribuirse la burocracia de los tres departamentos. Y en Santa Rosa en donde habían preparado una imponente manifestación de bienvenida, no gustó para nada esa actitud y, claro, la gente se alborotó  e incurrió en algunos excesos( como  la de incinerar las banderas que ondeaban el Comité Pro-Creación del departamento de Risaralda y apedrear algunos edificios, propios de lo que los sociólogos llaman la irracionalidad de las masas.  Por allí algún  pobre de espíritu gritó que el ejército de Pereira, el Batallón San Mateo, se iba a tomar a Santa Rosa y que todos debían ir al puente sobre el río Otún para evitarlo. Así ocurrió, se “ armó” la gente con caucheras y zurriagos y fueron a oponerse a la invasión. Con plausible prudencia los oficiales del San Mateo ordenaron el retiro de la tropa y nada más pasó, aunque no faltaron ingenuos que dijeron “ les ganamos, los hicimos retirar”,

Al otro extremo geográfico, en la carretera hacia Manizales y en el puente sobre la quebrada la Itálica, ocurría algo similar, pera esta vez para recibir con júbilo al batallón amigo, al Ayacucho. Allí estaba los líderes Mario Gartner Tobón y Guillermo Rivera Millán acompañados de una brigada de damas ilustres. Efectivamente, al otro lado del puente se divisó la tropa del Ayacucho, afortunada y coicidencialmente comandada por el coronel Mario Acevedo ( Melino), amigo y ex condiscípulo de Mario en el Instituto Universitario de Manizales.  En la mitad del puente dialogaron estos caballeros, se abrazaron, y desde allí solicitaron a la muchedumbre que se fueran para las casas muy felices y comieran perdices.

Fue todo, propio más de una hilarante comedia que de una lamentable tragedia y, desde luego,  el delito de asonada por ninguna parte.  Así se comprobó ante la justicia, los reos recobraron la libertad y se archivó el proceso. Pero de todos modos la tortura moral a la que sometieron a Mario y a su familia queda ahí manchando  la trayectoria vital de sus verdugos.  Sus nombres no los divulgamos por cuanto a fuerza de cristianos viejos hemos aprendido a olvidar y a perdonar.

Ya creados los departamentos de Risaralda y Quindío, una nueva clase política se tomó el poder y  en el Concejo Municipal de Pereira desempolvaron  la infame resolución  que decretó el destierro de Mario , la estigmatizaron y, en cambio, lo invitaron a regresar a Pereira y reiniciar su actividad políticas. Pero Mario,  cuando otros tantos y el suscrito  lo instamos a que aceptara la invitación por cuanto en política era su momento estelar,  nos dijo que ya estaba comprometidos en otra loable empresa: la de persuadir, desde las instalaciones de Profamilia, al clero y a otras fuerzas retardatarias, de la imperiosa necesidad de moderar los ímpetus  procreativos se tantos hombres y mujeres que se toman muy en serio lo de creced y multiplicaos,  que en el escenario en el que le correspondió predicar al inmenso, insuperado e insuperable zarco de Galilea era válido,  más no ahora cuando no hay mundo para tanta gente.

En ese cometido estaba, con sus periódicas fugas para disfrutar de la verde creación del Señor, del sol, la luna, los atardeceres y amaneceres en su refugio campestre, cuando súbitamente y apenas con 58 años de edad, Dios le resolvió su preocupación por llegar a sufrir las carencias propias de la vejez.

Y hasta aquí…. Pues se me apagó el candil.

            SECUENCIA CRONOLÓGICA

Mario Gartner. Estuvo en la Asamblea de Caldas en los años 1962-1963.

En 1964 fundó Acción Liberal y con otros, entre ellos Miguel Álvarez de los Ríos y Julio Sánchez Arbeláez editaron el periódico Renovación Liberal.

En 1964 accedió al Concejo de Pereira

En 1966 ocurrieron las escenas medioevales para las que me faltó fuerza dramático para describir

La llamada “asonada” en Santa Rosa de Cabal fue en 1966

En 1967 se acogió al asilo brindado por Manizales y en ese mismo año lo capturaron en Manizales por la asonada mentada.

 

domingo, 16 de julio de 2017

LA BATALLA DE LOS CHANCOS




- GUERRA DE  1876-  COLOMBIA-
                                                      General  Julián Trujillo


El 17 de agosto de 1876 salió de Manizales la División Vanguardia del Ejército antioqueño con 800 soldados bien armados. Bajo las ordenes del coronel Francisco Jaramillo se internaron en territorio del Estado del Cauca a respaldar a sus aliados conservadores en una guerra fratricida  alentada por la iglesia católica que se oponía a la libertad de cátedra y al sometimiento de la curia a las leyes colombianas que defendían la libre profesión de cultos.

Detrás  de la División Vanguardia siguió la Segunda División de la Provincia del Sur con 750 hombres dirigidos  por Cosme Marulanda y la Tercera Division del Sur con  650  combatientes bajo el mando de Juan Manuel Llanos.

El 15 de agosto el  general  José María Gutiérrez, alias “Botella” comandante de la operación invasora alcanzó la población de San Vicente en el Valle del Cauca, mientras la Guardia Colombiana de las fuerzas liberales  desembarcaba en Buenaventura procedente de Panamá  y a marchas forzadas se dirigía al Valle del Cauca para unirse al ejército liberal de Cundinamarca y hacer frente a los clericales alzados en armas.

Los antioqueños continuaron su avance hacia el sur y en el sitio de “Los Chancos”, cercano a la población de San Pedro,  chocan el 31 de agosto de 1876 con las fuerzas liberales bajo el mando del general Julián Trujillo. Ese día la muerte empaña los bellos campos del Valle del Cauca. Manuel Briceño, en “ La Historia de la revolución de 1876” describe la cruenta acción en “Los Chancos” que marca el rumbo de la guerra:

“ Los fuegos se rompieron sobre el flanco derecho del general Trujillo a las ocho de la mañana y los últimos cuerpos llegaron al campo de combate a las diez, de modo que éste se fue generalizando a proporción que los cuerpos entraban en línea. El ataque era violento y la resistencia liberal muy vigorosa.

Hacia la una de la tarde el ala izquierda  del general Trujillo empezó a ceder al propio tiempo  que el centro retrocedía también y se empeñaba la reserva en el combate.

Se orenó una carga general  y se lanzó la caballería conservadora sobre los liberales que abandonan sus puestos. La victoria coronaba los esfuerzos de los ejércitos conservadores del Cauca y Antioquia, la caballería perseguía a los derrotados hacia San Pedro, media legua del campamento y el único punto enemigo,  en la Loma del Tablón , defendido por el general Bohorquez, que aún ofrecía bastante resistencia, era objeto de un ataque terrible. Una hora más y el triunfo  estaba alcanzado.

La voz de la victoria resonaba en todas las filas conservadoras;  pero en estos momentos los escuadrones que habían seguido en persecución de los liberales hasta San Pedro, a órdenes  del coronel Manuel Augusto Ramirez, egresaban al campo a coronar el triunfo y una voz indiscreta y cobarde hizo creer a la infantería antioqueña que la caballería del general Trujillo cargaba sobre ellos; se estableció una lucha entre aquellas dos fuerzas, al propio tiempo  que ambos recibían disparos del enemigo.

El coronel Martinez, entrando  por medio de los fuegos, logró  al fin que  el comandante  de la infantería  comprendiera su error, pero ya era tarde; el pavor se había apoderado de la tropa, que abandonó  el lugar de combate y enseguida el campamento, sin que bastaran a contenerlos en su fuga las reflexiones, las amenazas y los esfuerzos de todo género que hicieron los generales, los jefes y el mismo Arboleda  que se hallaba presente.

El único que estuvo  en su sitio de combate hasta las seis de la tarde sin retirarse de sus posiciones fue Benigno Gutiérrez y su Batallón Riosucio.

Al finalizar el combate las bajas conservadoras sumaron  617 entre muertos y heridos y las liberales alcanzaron la dolorosa cifra de 1029.

Entre las bajas  en los Chancos se  cuentan:

En el Batallón Riosucio: Capitán Hermógenes  Salazar, Sergentos Francisco Zuluaga y Manuel A.Guerrero; soldados Juan Calvo, José María Álvarez,Abraham Calvo, Custodio Villegas, Felix Díaz y Rafael Largo.

Salamineños que perecieron en los Chancos: Víctor Vé4lez, Ricardo González, Pedro Gómez.

Con el ejército  antioqueño se internó por las tierras del Valle del Cauca un sujeto de nombre Luis Angel Villegas, natural de La Ceja,  que había abandonado esposa e hijos para vivir como un anacoreta. Su mirada  era penetrante, llevaba una cruz de peregrino, usaba larga cabellera y cubría los pies con gruesas sandalias de cuero. Algunos paisanos lo consideran santo y  le pedían  que los tuviera en sus oraciones, otros lo llamaban burlonamente El Mesías. Se incorporó a las filas antioqueñas y asistió a la acción de Los Chancos, durante la cual permaneció arrodillado rezando el trisagio y pidiendo a la Divina Providencia concediese  la victoria a sus paisanos y copartidarios. Parece que cayó prisionero y no se conoce su fin.  Al preguntar por Villegas la respuesta de uno de los derrotados fue la siguiente: ¿’ El Mesías?- ¡ Virgen Santa!- A esta hora lo estarán crucificando.

Los combatientes antioqueños fueron a Los Chancos con un gran escapulario que llevaba el nombre de Pio al frente y el de Nono por la espalda,  en honor la Papa Pio IX, En el sangriento combate entre el fuego cruzado de liberales y sus propios soldados, se dijo que a los que no les dieron por el Pio les dieron por el Nono.

El descalabro conservador en Los Chancos hizo retroceder sus fuerzas  para situarlas en la margen norte del rio Otún.

Los invasores se replegaron hacia su propia frontera y en Manizales el 5 de abril de 1877 sucumbieron ante las fuerzas liberales de Trujillo.

miércoles, 5 de julio de 2017

DOS GOLEADAS INOLVIDABLES


SESENTA Y NUEVE AÑOS DE FUTBOL PROFESIONAL 

Diego Avellaneda Díaz



 

Se están celebrando 69 años de profesionalismo  del fútbol colombiano y es oportuno recordar algunos episodios de ese largo recorrido por las canchas patrias.

Una ligera retrospectiva nos recuerda que fue el Independiente Santa Fe, con su casaca roja y su pantaloneta blanca, el primer equipo que se clasificó como campeón nacional.

Se inició entonces en 1949 la inolvidable época de “El Dorado del Fútbol Colombiano”, cuyo mayor precursor fue el “maestro” Adolfo Pedernera, a quien “El Tiempo” bautizó como el “geómetra del fútbol”.

Tenía Millonarios como figuras en esa época, a Pedrito Cabillón y a Alfredo Castillo, argentinos ambos, cuya voluntad y sacrificio hacían pasar inadvertida su ausencia de fútbol depurado y de clase. Un colombiano, cuya imagen no debemos olvidar,  se destacaba en la zaga: el antioqueño Francisco “Cobo” Zuluaga, de una izquierda prodigiosa.

Pasaron los meses y la afición crecía y el espectáculo respondía económicamente. Llegaban figuras argentinas, uruguayas, brasileras, inglesas,  paraguayas, peruanas, costarricenses etc... en un desfile impresionante por competir en poderío.

El Deportivo Cali, que había nacido como Cali A, con Emilio Reuben ( no Rubén),Bianchi, Ricardo “Tanque” Ruiz, Manuel  Spagnuolo, Julio Tocker ( “ el filósofo del fútbol) se iba preparando para ser uno de los grandes.

 Conforma “El Rodillo Negro” con Valeriano López ( el Tanque de Casma) , Vides Mosquera, Guillermo Barbadillo, Máximo Lobaton, Juan Lecca, Victor Pasalagua, “Tigrillo” Salazar, todos peruanos,  en momentos en que llegarían a sus filas Oscar Sastre y Camilo Cervino, fugados del Independiente de Avellaneda y siguiendo sus pasos “El Conejo”( por su velocidad) Antonio Vilariño.

Tenía como número 5 ( centro medio)  un muchacho vallecaucano de una calidad extraordinaria tanto en el manejo del balón como en su desplazamiento en la cancha; un verdadero “armador”: Severiano Ramos.

Ya Millonarios tenía en sus filas a Julio Cozzi, Alfredo  Di Estefano, al “Maestrito” Baez, a Nestor Rossi, a Raúl Pinni, extraordinario defensa uruguayo que nunca se despeinó,  Villaverde y a Alcides Aguilera, ambos charrúas, siempre comandados por Pedernera, cuando enfrentan al Cúcuta Deportivo del negro Ulises Terra, Bibiano Zapiraín, “El Mariscal Toja”, Eusebio Tejera, Gambetta, Abraham González , Washington Barrios( arquero), en una tarde inolvidable en el Campin y el “Ballet Azul” presenta debutando en Colombia a un uruguayo, sorpréndase todos,  marcó esa tarde cinco goles, dándole el triunfo a Millos por 5 a  0.

El Espectador en su página deportiva y a seis columnas tituló: “ Bombardeado  Washington”, se refería a Washington Barrios, arquero del Cúcuta. Su nombre Víctor Bruno Latuada. Ninguno de los aficionados volvimos a verlo.  Desapareció del banco y del panorama. Fue como un espejismo.

El Deportivo Cali,  quince días después de haber caído en una cancha inundada ( El Campín) por un torrencial aguacero, por tres goles a dos con Universidad, partido en el cual el “Cholo” Rodríguez (Tico) atajó impresionantes tiros de  Valeriano,  Fernando Walter y Cervino, goleó en el Pascual Guerrero al poderoso Millos. Primer tiempo 1 a 1, gol de Valeriano empate de Aguilera, extraordinario puntero izquierdo. Segundo tiempo con esta secuencia: Gol de Valeriano, gol de Cervino, gol de Valeriano, gol de Fernando Walter, gol de Cervino. Resultado: el famoso 6 a 1  del Deportivo Cali, que hizo historia y que aún recordamos muchos aficionados.

Era un fútbol ofensivo; de inspiración del jugador; que se jugaba a ganar y no a no perder

Bien lo dijo Helenio Herrera, el gran director técnico argentino nacido en el barrio Palermo de Buenos Aires y nacionalizado francés, que triunfó en Europa y a quien en una ocasión le preguntaron  que por qué  no empleaba un esquema más defensivo y secamente contestó: prefiero perder 5 a 4 y no empatar 0 a 0.  

viernes, 30 de junio de 2017

LA LEYENDA DE ITAURÍ


- EL PASADO DE PUEBLO RICO- RIS

Alfredo Cardona Tobón*



 

Por las laderas del Océano Pacífico se desliza un arroyo que va recogiendo torrentes hasta convertirse en el caudaloso río Tatamá. Con ese nombre no solo se conocen los imponentes picachos que continúan guardando secretos y el río que da sus aguas al San Juan, sino también una aguerrida tribu que a principios de la época colonial enfrentó a los españoles y acabó con la avanzada del conquistador Buen de Sancho.

La palabra Tatamá se encuentra profusamente en la difusa historia de la región del Chamí. En el siglo XVI los españoles fundaron un caserío en un valle estrecho a orillas del río Tatamá, atraídos por las riquezas fabulosas que creían sepultadas en las tumbas y en el fondo de las ciénagas de la región.  Era un territorio hostil poblado por nativos belicosos que durante dos siglos hicieron frente a los conquistadores

Esa aldea llamada San Antonio del Tatamá vivió de las explotaciones mineras en un entorno húmedo y arropado bajo el palio de enormes arboledas. Un escrito en la peana de un crucifijo, venerado en la iglesia de Pueblo Rico hasta muy entrado el siglo XX, confirma la existencia de Tatamá: “Soy donado- decía el escrito-   a esta santa iglesia por D. Joaquín Álvarez del Pino- Tatamá 7 de 1816-“(sic).

A falta de cronistas que hubieran registrado a Tatamá, el testimonio descrito es uno de los tantos que  dan cuenta de la existencia de esa  aldea, que sirvió de escala para llegar al Arrastradero de San Pablo, un  istmo entre los ríos San Juan y el Atrato que comunicaba a los océanos Atlántico y Pacífico.

El ingeniero francés Jorge Brisson y otros exploradores hablan de San Antonio de Tatamá y también las anotaciones de los religiosos franciscanos.  El poblado vegetó durante siglos y a mediados del XIX desapareció al incendiarse en una de las guerras civiles que sacudieron la región. Con la llegada de los antioqueños se perdieron casi toda la historia y las leyendas del territorio aledaño al cerro y al río Tatamá; sin embargo el padre Marco Antonio Tobón Tobón, cura de Pueblo Rico a principios del siglo XX, alcanzó a recoger algunos testimonios de los antiguos habitantes de la zona, antes que se contaminara la cultura de los negros y de los indios.

Unos ancianos chamíes dijeron al padre Marco Antonio Tobón que mucho tiempo atrás, cuando se obedecía al rey y los blancos iban y venían del cielo, los brujos y jaibanás vieron en el humo de las hogueras señales de un peligro inminente. Ante tales circunstancias los vecinos de la aldea de Tatamá se atemorizaron con los torrentosos aguaceros; los vientos que venían del océano los llenaron de pánico al igual que el rugido de las fieras, los rayos y las cerradas sombras de la noche.

Los meses pasaron   sin que se presentara alguna tragedia; pero una tarde neblinosa, estando descuidados y tranquilos los blancos españoles, los esclavos negros y los indios catequizados que vivían en Tatamá, se oyó la algarabía de centenares de indígenas feroces que en alud incontenible se abalanzaron sobre la aldea como una manga de langosta destruyendo todo a su paso.

La mortandad fue espantosa y mientras los españoles echaban mano a sus armas para defenderse, los esclavos se internaron en los montes y los nativos catequizados que servían a los blancos abandonaron el caserío en estampida. De improviso, en la misma forma como llegaron, los salvajes zitarabiráes acallaron sus gritos y como sombras se perdieron entre el follaje.

En medio de la confusión y la algazara uno de los nativos que servía en la misión, entró a la capilla a pedir auxilio al Altísimo; en medio de sus ruegos levantó la vista y vio la imagen del patrono San Antonio que parecía brindarle su protección. Conmovido, se olvidó del peligro, bajó la imagen de su pedestal y con él a cuestas cruzó en medio de los salvajes que no lo vieron pasar, y corrió y corrió hasta una cueva en lo más profundo de la montaña, donde cubrió a San Antonio con  hojas de palma  y  hojarasca para que no la descubrieran los zitarabiráes.

Pasaron los meses, poco a poco el viento y el agua descubrieron la cara y las manos de la imagen que con su lividez parecía un ser de ultramundo en medio de las rocas; de día reflejaba los rayos del sol y en las noches los rayos de la luna destellaban como salidos de una aterradora visión.

La noticia de la aparición de un fantasma por los rumbos de Tatamá, corrió por la región y los nativos llenos de pavor, por nada del mundo osaban acercarse a la cueva donde estaba la imagen; desde entonces fue un sitio prohibido que   llamaron   Etaurí  o cueva del demonio.

 Años más tarde- cuenta la leyenda- el indio que escondió la imagen de San Antonio quiso rescatarla y a escondidas de los brujos de su tribu en una noche cerrada fijó rumbo hacia Etaurï Con sigilo lo libró del musgo y de la lama, lo envolvió en un costal y con enormes precauciones lo entregó a su amo español, quien después de organizarlo lo   llevó a la iglesia de San Juan del Chamí, donde lo veneraron por mucho tiempo

El paraje de Etaurí, llamado Itaurí por los paisas, es hoy un plan cubierto de guaduales y montes seculares, sin rastros de la fundación española, pero, según narra el padre Marco Antonio Tobón en sus “Bosquejos”, en el año 1923 aún se veían tramos de calles empedradas, cimientos del antiguo asentamiento y algunos naranjos y limoneros, vestigios de la antigua aldea.

sábado, 17 de junio de 2017

CORREGIMIENTO DE SANTA ELENA EN QUINCHIA

 




CORREGIMIENTO DE SANTA ELENA[1]

El corregimiento de Santa Elena se encuentra ubicado al sur.occidente de la cabecera  municipal de Quinchía, a una distancia aproximada de 12 kilómetro por carretera destapada..

Sus límites son:
AL ORIENTE: vereda el guayabo.AL OCCIDENTE: vereda Villarrica.; al NORTE la vereda San Juan y la vereda Manzanares y al sur la vereda Opirama.


CLIMA

Santa Elena se encuentra ubicada en el piso bioclimático templado es decir entre los 1000 y 2000 m.s.n.m lo que permite el establecimiento de diversos cultivos que van desde los de tierra caliente hasta los de clima mediano.

Las veredas que conforman a Santa Elena son; Punta de Lanza,  Piedras,  El Retiro,  Encenillal, Barro Blanco, La Argentina, Insambrá, Villanueva, Manzanares, San José, Opirama  y Santa Cecilia.

El corregimiento  cuenta con una topografía quebrada donde se  destacan los cerros de: SANTA ELENA  y el CERRO DEL BOSQUE,  caracterizados  por la gran cobertura que protege los nacimientos de agua que se encuentran en esta región.

El panorama es hermoso: desde el poblado se observa de lejos el Valle de Risaralda, el cañón del río Cauca y el majestuoso nevado del Ruiz.

Santa Elena empieza a figurar en los archivos oficiales en el año de  1932 cuando se nombró a la señorita Julia  Rosa Quintero Directora de la Escuela alternada de Guadualejo y en 1940 con el nombramiento de Rosario Romero como maestra de Santa Elena.

Lo anterior nos permite deducir que entre  1932 y 1940 se cambió el nombre de Guadualejo por Santa Elena,  denominación con la cual se identifica actualmente esta zona quinchieña que alcanzó la dignidad de  corregimiento por Acuerdo No. 007 de 1981, sancionado por el alcalde Pedro Pablo Mosquera.


PRIMEROS POBLADORES DE SANTA ELENA

 Al llegar los conquistadores españoles encontraron en el territorio que hoy ocupa Santa Elena varios  asentamientos cercanos a las fuentes salinas ; entre ellos se destacó Opirama, una comunidad  que sobrevivió hasta  1627 cuando el Oidor Lesmes de Espinosa y Saravia, ante la negativa de los vecinos a dejar su poblado,  ordenó quemar los ranchos y los obligó a trasladarse al caserío de Quinchiaviejo, fundado al lado de una misión franciscana.

 El territorio quedó deshabitado pero  décadas más tarde nativos procedentes de las  parcialidades de Naranjal y Mápura  repoblaron la zona  junto con  gente de  los resguardos de San Lorenzo en Riosucio y  de Tabuyo en Anserma.El proceso de poblamiento del corregimiento de Santa Elena fue una  migración de comunidades locales en busca de nuevas tierras para establecer sus casas y sus cultivos.

.Según la tradición, porque no hay nada escrito, entre los  primeros pobladores  de Santa Elena se recuerda a    Bisael  Antonio Chiquito Y Rafael Aricapa quienes llegaron con sus familias y  como abundaba la guadua denominaron  Guadualejo a la amplia zona que  comprendía  los terrenos de las  veredas actuales de Santa Elena, El Retiro y Villarrica, todas ellas dentro del Resguardo indígena de Quinchía.

 Los primeros colonos hicieron sus viviendas de bareque y tapia pisada,  costumbre que se conserva  a pesar del cemento y los ladrillos. Con el  paso de los años llegaron al territorio  Juan Esteban Ortiz, Santos Ladino, y  Ángel  Gañan que unidos a Bisael Chiquito y Rafael Aricapa levantaron la humilde capilla que por mcuho tiempo congregó a los vecinos.

Santa Elena permaneció al margen de la colonización antioqueña, apenas a mitad del siglo XX llegaron algunos paisas y luego ha  sido notoria la  presencia de  nativos de la etnia emberas- chamí, cuya gente constituye un grupo importante, con su propia cultura inmaterial y material, sus danzas autóctonas, costumbres, artesanías y su dialecto.

Los emberas- chamí  hacen parte del  resguardo de Carambá; esta comunidad se encuentra organizada en  Santa Elena , tienen sus reglas, los líderes enseñan a los más jóvenes las tradiciones y la lengua y cuentan con un grupo de danza  que ha representado el corregimiento de Santa Elena en presentaciones municipales y departamentales. Lass actividades culturales de los embera-chamí se desarrollan en una construcción de guadua que llaman el tambo, un punto de encuentro distinto a la caseta comunal utilizada por  el resto de los lugareños. Cada vereda de Santa Elena cuenta con su Junta de Acción comunal y bajo la orientación de las juntas surgen proyectos y se concretan las aspiraciones de las comunidades veredales.

LA EDUCACIÓN EN EL CORREGIMIENTO

En el año de 1940 funcionó la escuela alternada en Santa Elena dirigida  por la señora Rosario Romero  y  en tiempo reciente en la vereda de Villa Rica se impartió educación primaria hasta los grados seis y siete. En  el año de 1992 se funda la Institución Educativa Santa Elena, como una entidad satélite  del Instituto San Andrés; fue una iniciativa personal del alcalde Mario Ibarra Arias  que dio sus primeros frutos en 1998 con la graduación de los primeros bachilleres del corregimiento. Dagoberto Castro Portocarrero fue el primer profesor del colegio Santa Elena  que a partir de  2002, como entidad educativa autónoma del Colegio San Andrés, de la cabecera municipal, marca el arranque cultural del corregimiento.

 TIEMPOS DIFÍCILES


La región de Santa Elena ha sido cruelmente  castigada por la violencia. En los  años cincuenta del siglo pasado los “pájaros”,  o asesinos  que venían de Guática y Anserma asolaron  el caserío; en respuesta a sus atropellos se conformaron grupos  que bajo el comando de Medardo Trejos, alias” Capitán Venganza”, con distinta bandera política  siguieron ensangrentando las veredas quinchieñas..

En territorio de Santa Elena se libró el famoso combate en  “El Corozo”, donde se enfrentaron las bandas quinchieñas con los “pajaros”  venidos del Occidente caldense .

En los años sesenta del siglo pasado el frente Oscar William  Calvo del  EPL reclutó, asesinó e hizo imposible la vida de los habitantes de Santa Elena por donde merodearon  los antisociales que seguían tras “Iván”  y  “Leyton, quienes perecieron el primero en manos de sus compinches y el segundo por las balas del Estado.

La existencia de Santa Elena no ha transcurrido en un lecho de rosas. Esta comunidad mayoritariamente indígena, pese a su pobreza, poco a poco ha ido buscando un rumbo en su destino.

Santa Elena es un territorio de leyendas, donde en tiempos lejanos florecieron los pueblos de la sal de los Anserma, y en cuyo territorio  se levanta imponente la mole del cerro Opirama. Cuentan que en la base de ese  cerro vivían confinados  los tamaracas, o genios del mal; cuando salían de las profundidades de la tierra se convertían en huracanes, en la peste o en mangas de langosta que asolaban la tierra hasta que el Dios Xixaraca bajaba del cerro Batero y tras lucha colosal los recluía bajo el cerro Opirama.

 






[1] Datos tomados de la docente Yuliet María Ramos Montoya-  Institución Educativa Santa Elena.







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