martes, 14 de noviembre de 2017

OTRA MUERTE ANUNCIADA




- HISTORIA AMARGA EN EL LÍBANO - TOLIMA-

- Tomada del Portal Arco Iris-







En abril o mayo de 1964, cuando se iniciaba el conflicto armado que hoy todavía nos desangra, un alto dirigente del partido comunista me hizo un pedido inesperado: “Tenemos noticia de que asesinaron a un camarada del Líbano y te pedimos que viajes allá ahora mismo, te entrevistes con los compañeros de dirección y te enteres del asunto, asistas a los funerales y te regreses lo más pronto que puedas”. En la noche tomé un bus del entonces afamado Rápido Tolima, que tenía su mal presentada agencia en la carrera 11, a pocos pasos de la iglesia del Voto Nacional, y menos de cuarenta horas después estaba de vuelta en la capital. Alcancé a asistir a los últimos momentos de velación del cadáver en la salita de una pequeña vivienda, donde sirvieron en silencio tinto y aguardiente, participé en el silencioso desfile hasta la iglesia y de regreso hacia el cementerio, y nunca pude arrancar a los presentes una noticia satisfactoria. La desconfianza hacia el intruso no se rompió.

Hoy, casi cincuenta años después de esa frustración, me topo de improviso con Leonidas Arango, periodista y militante irredento de la izquierda colombiana. Me cuenta que él nació en el Líbano y yo –rememorando uno de los primeros trabajos históricos de Gonzalo Sánchez– le hago dos preguntas de rigor: ¿cuál es la clave del izquierdismo del Líbano?, ¿conociste a Excelino González? El resumen de su relato es el siguiente:

“El historiador norteamericano James Henderson señala que en el siglo XIX los antioqueños fundaron en el norte del Tolima seis poblaciones, pero de ellas solo el Líbano fue colonizado por liberales. Eran familias que habían escapado de sus tierras huyendo de las persecuciones por religión o por política. Eso marcó al Líbano como un pueblo abierto al pensamiento y al mundo. Siempre fue un refugio de perseguidos y algunos núcleos de espiritistas, teósofos y librepensadores ayudaron a la formación de varias generaciones de inconformes. Como pueblo cafetero fue muy próspero durante la primera mitad del siglo XX y también tuvo su propia clase obrera en actividades desarrolladas alrededor del café en trilladoras, escogedoras y pequeñas tostadoras. Por eso no es raro que allí haya ocurrido el movimiento que conocido como el de “los Bolcheviques”, tan bien analizado por el historiador Gonzalo Sánchez.

“La vida del pueblo giraba en torno al café, que salía como pergamino o trillado y en buena parte era manejado por empresarios alemanes. Los viejos contaban que durante el ascenso del nazismo, en alguna trilladora del pueblo ondeó la bandera de la cruz gamada.

“El epicentro de producción cafetera local era el corregimiento de Santa Teresa. En los años 60 quedaban allí rezagos de las luchas populares de los 30 y casi sin excepción la gente de allí era liberal radical y cargaba rencores políticos acumulados de mucho tiempo atrás. En ese ambiente se formaron personajes de profundas raíces campesinas, como Excelino González, quien se convirtió en líder comunal y político, aunque pienso que no cursó más que la primaria.

“Excelino era un pequeño finquero de Santa Teresa. Lo conocí en el pueblo y lo recuerdo como un hombre de unos treinta años, blanco, espigado, de bigote fino. Usaba sombrero de fieltro y sobre la frente siempre le bailaba un mechón crespo. No sé cómo funcionaba el partido comunista en el Líbano de entonces, pero pienso que Excelino militaba al lado de Primitivo Sierra, quien era la cabeza más visible.

“Mi papá, Leonidas Arango Correa, fue siempre un liberal de izquierda y desde joven simpatizó con la luchas de los campesinos. Tenía una farmacia y ellos lo buscaban en sus urgencias de medicamentos porque les aconsejaba y les daba facilidades de pago. Durante la Violencia laureanista había organizado el albergue de decenas de familias sobrevivientes de las matanzas en sus fincas, y Excelino y él mantenían largas conversaciones sobre política nacional e internacional.

“Con los años vine a saber que Excelino tenía alguna experiencia guerrillera y que posiblemente tuvo algún contacto con Roberto González, alias ‘Pedro Brincos’, que tenía una dentistería en el pueblo. ‘Pedro Brincos’ fue muerto antes que Excelino.

En el siglo XIX los antioqueños fundaron en el norte del Tolima seis poblaciones, pero de ellas solo el Líbano fue colonizado por liberales.

“En esa época, todos los sábados llegaba a la oficina del Rápido Tolima un paquete con veinte o treinta ejemplares del semanario comunista Voz de la Democracia, para distribuirlo especialmente en el campo. El hecho se cumplió durante un tiempo pero, de un momento a otro, miembros uniformados del Batallón Patriotas se dieron a la tarea de esperar desde temprano el bus que llevaba las remesas procedentes de Bogotá y recoger la que contenía el periódico, para impedir que circulara. Un día, Excelino le propuso a mi papá utilizar un truco: convenir con Bogotá el despacho del semanario como si se tratara de un paquete de mercancía con destino a la farmacia. Eso se logró con la complicidad del agente local de Rápido Tolima, un conservador de integridad personal a toda prueba, don Chucho Villegas, distribuidor también del diario El Espectador. El mismo día en que llegaba el paquete, Excelino o alguien enviado por él lo recogía en la farmacia, y sé que el truco funcionó por mucho tiempo.

“Excelino trabajaba en el campo pero residía en el casco urbano, y un día cualquiera desapareció del lugar. Su hijo me contó que estuvo como voluntario en Cuba, cuando la invasión de Bahía Cochinos de 1961. Lo recuerdo a su regreso, radiante de orgullo, contando de viajes en aviones soviéticos Tupolev y exhibiendo en la muñeca un pesado reloj marca Poljot, entonces orgullo de la técnica proletaria.

“En 1964 yo terminaba bachillerato en el Instituto Isidro Parra y entre los estudiantes había mucha agitación por las noticias de los bombardeos a Marquetalia y el Pato. Ya había en el pueblo un núcleo de estudiantes de izquierda y de él resultaron las bases de distintas organizaciones, entre ellas la Juco y el Moec. Posteriormente se organizó un grupo de seguidores del padre Camilo Torres, en el Frente Unido.

“A finales de abril se supo que a Excelino González lo habían asesinado en una emboscada que le tendieron en el campo. Muchos compañeros de colegio estuvieron en su velación en el Barrio Jaramillo, entre ellos Afranio Parra, destinado también a morir asesinado como líder del M-19, y un grupo de amigos de la Juventud Comunista. La prensa de Bogotá registró la muerte de Excelino como la de un dirigente local del MRL.

“La antipatía de los sectores populares se centraba en el Batallón Patriotas, que desde hacía años ocupaba las hermosas instalaciones de la Escuela Urbana de Varones. A diario había quejas de atropellos por cualquier motivo. Por ejemplo, me enteré, de manera muy cercana, del fusilamiento a sangre fría de un muchacho homosexual al que sorprendieron andando con un niño en el Parque Infantil. Lo mató un soldado que custodiaba la casa de un oficial. Por supuesto, no fue extraño que la muerte de Excelino se le achacara al Ejército”.

–Pero, ¿no hay una persona señalada como responsable del crimen?

–Hace un tiempo me enteré de que quien le disparó fue Alfonso Agudelo, un obrero de zapatería del Líbano a quien llamaban ‘Pocholo’, que se convirtió en informante y sicario del recién creado Departamento Administrativo de Seguridad, DAS. Una fuente muy fidedigna me cuenta que cuando ‘Pocholo’ recibió la orden de eliminar a Excelino, él mismo fue y le advirtió: “Excelino, sé que hay la orden de matarlo a usted. Es mejor que abandone este pueblo”. Tal vez por exceso de confianza o porque no creyó en la advertencia, el hombre siguió en sus actividades cotidianas y ‘Pocholo’ volvió a advertirle: “Excelino, lo van a matar, váyase”. Eso se repitió por tres o cuatro veces, con los resultados conocidos. Me cuentan que ‘Pocholo’ terminó su vida en el mundo de los traquetos.

–¿Y la familia de Excelino?

–Tuvo por lo menos un hijo, su tocayo, que posee un taller de latonería en el Líbano. Su nieto, Freddy Excelino, es un ciclista que ganó dos veces el premio de montaña en el famoso Giro de Italia. Hasta ahí sé.

En el camino a mi apartamento pienso en que los llamados revolucionarios vivimos decenas de años al lado de otros también llamados revolucionarios y nunca llegamos a conocernos.

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domingo, 12 de noviembre de 2017

!HOLA ¡ MISTER BRANCH


Alfredo Cardona Tobón*



¡Hola Mister Branch! saludó Delfina, al fijar su mirada en los ojos de color azul intenso del extranjero llegado a las minas de Marmato.  Eso fue suficiente para que esa quinceañera mestiza, pequeña de estatura, piel trigueña y andar flexible, conquistara la voluntad de ese ingeniero inglés que  repasaba las huellas de Bousingault, de Roulan y de su padre John Branch..

James imaginó estas tierras por las memorias de los viajeros y por los relatos de su madre Mary Ann Rovor, aficionada a la geografía. Por eso, al graduarse como ingeniero de minas quiso sentir la fragancia del bosque húmedo, ver estas montañas tapizadas de verde esmeralda y palpar el aire luminoso que envuelve sus selvas.

Los años pasaron y los recuerdos se fueron desdibujando. Después de sesenta y siete años de muerto James Branch, su bisnieto Alfonso Gómez Echeverri, descubrió en   una habitación de la casa solariega en Anserma (Caldas) los retratos de Delfina Eastman Agudelo y de su esposo James Branch. Rayos tenues se filtraban por las hendijas de los postigos cerrados y en la penumbra Delfina y James parecían saludar, mientras Alfonso les contestaba: ¡Hola don Mister!, ¡Qué tal mi Doña!, intuyendo que en esas pinturas ajadas por los años se plasmaba el principio de su vida. Fue cuando Alfonso empezó a internarse por los vericuetos mineros de Marmato en busca de sus raíces.

Alfonso Gómez  descubrió que  James no fue un aventurero cualquiera sino el brillante ingeniero que introdujo  entre nosotros la organización científica del trabajo  preconizada por  Fayol y Taylor; y  supo que Delfina era hija de una  barequera  que había conquistado el corazón  de un  descendiente de Tomás Eastman.

En el libro  “Hola¡  Mister Branch!”, Alfonso Jaramillo Echeverri recoge la vida de sus ancestros y condensa la turbulenta época  transcurrida en la región entre los años 1870 y 1885. Es una obra de cien páginas que se lee con deleite y de corrido, donde se combina la cotidianidad de la vida minera con los sucesos y el paso de los europeos por los socavones de Supía y Marmato. El estilo, la fluidez del escrito y los datos que aporta Alfonso Gómez,  hacen de “¡Hola¡ Mister Branch”  una contribución  que enriquece las bibliotecas de quienes estudiamos el pasado del occidente del Viejo Caldas:  Se habla de los antecedente mineros, del entorno social de las costumbres y del mestizaje que consolidó las familias conformadas por los inmigrantes europeos con caucanas distinguidas o simples mozas del pueblo  al abrigo de la iglesia o al  calor de la pasión y el deseo.

La vida de James Branch fue una llamarada breve y luminosa. James Empezó como herrero de su pueblo y en 1870 al graduarse en ingeniería de minas llega a estas tierras como un especialista al servicio de la empresa que explotaba las vetas auríferas de Marmato. En 1886 el Consorcio Minero de Londres, del cual hacía parte The Western Andes Mining Company, lo requiere para una asignación especial en Australia y James se embarca en Honda en el vapor “Calixto” que lo llevaría a la costa del océano Atlántico con destino a los Estados Unidos

Por ese entonces el rio Magdalena es escenario de una de las tantas guerras que han enlutado a Colombia. La flotilla de la revolución liberal se enfrenta en el sitio de “La Humareda” con las fuerzas del gobierno atrincheradas a ambos lados del rio. Mientras el vapor “Calixto”, avanzada la noche, navega rio abajo tratando de eludir los barcos liberales, lo intercepta el vapor “Once de febrero” obligándolo a situarse a su lado. De repente el “Once de Febrero” estalla en llamas y la explosión de sus municiones impacta al buque donde viaja James Branch, quien muere al amanecer del 17 de junio de 1885  en manos de un  remero que intenta salvarle la vida.

Alfonso Gómez Echeverri retrata en su libro los últimos momentos de James Branch cuyo cadáver se lleva a la población de El Banco y se sepulta como un NN.

Delfina y sus cinco hijos esperaron años el regreso de su ser querido; la vida continúa su marcha en los socavones y en Supía donde en 1879 Santiago Branch Eastman, hijo varón de Delfina y James contrae matrimonio con su prima hermana Ana Mercedes Eastman Chavarriaga.

Santiago se convierte en un importante empresario, es dueño de las haciendas El Danubio en el Valle de Risaralda, La Libertad, Cuerna y minas de oro en el Chocó.  Cuentan que en el pináculo de su prosperidad económica, don Alejandro Echavarría propuso a Santiago invertir en la fábrica de textiles, que hoy se llama Coltejer, y Santiago le respondió que él “no se ponía a hacer trapos”.

Los Branch por la historia y la picaresca están unidos a nuestras comunidades.  En la hacienda “La Cecilia” de Santiago Branch se firmó el acta de fundación de Viterbo y en Supía se recuerda a Marina Macías, nieta de James, que iba al templo siempre vestida de blanco. Cuando estaba ancianita, con 97 años a cuestas, alguien le preguntó por qué vestía de ese color y Marina le contestó: “El blanco es signo de pureza y yo soy señorita, ¿o acaso ignora que todos me dicen Señorita Marina? “-.

Entre episodios de guerra, apuntes en minas y salones transcurre “¡Hola!, míster Branch” de Alfonso Gómez Echeverri y en sus líneas corren parejos el rumbar de las balas y los secretos de alcoba dejándonos adivinar una época que empieza a descorrer sus arcanos.

viernes, 10 de noviembre de 2017

EN BALBOA- RISARALDA


UNA JOVEN VALEROSA

Alfredo Cardona Tobón



La violencia política se ensañó en todo el occidente del Viejo Caldas desde 1946 hasta muy entrada la década de los años sesenta del pasado siglo.  En cada uno de sus municipios tuvo características distintas y actores diferentes: en algunos fue exclusivamente conservadora y en otros no tuvo distingo partidista.

Supía, Marmato, Quinchía, Santuario y Balboa tenían mayoría liberal; el resto de los municipios eran conservadores. Aunque se presentaron episodios sangrientos en la llamada “República Liberal” que se extendió desde 1930 hasta 1946,”La Violencia” política que empezó en Belén, Apía y Anserma fue especialmente atroz durante los gobiernos posteriores.

En Balboa “La Violencia” empezó a manifestarse a partir del 9 de abril de 1948, cuando a raíz del asesinato del caudillo Jorge Eliecer Gaitán en Bogotá,  los liberales del pueblo se apoderaron de las armas oficiales y durante varios días  establecieron una Junta Revolucionaria local. El gobierno conservador retomó el control en del país en poco tiempo y en Balboa un grupo de “pájaros” oriundos de Belalcázar y Risaralda apoyados por la policía entraron al pueblo, disolvieron la Junta revolucionaria e impusieron el régimen del terror.

Balboa se vio rodeada de enemigos, al igual que Santuario, Quinchía y Marmato; bandas criminales del  Águila y  Ansemanuevo asolaron los campos, desplazando a las familias liberales que  tuvieron que huir para salvar sus vidas. En represalia y no como autodefensa, se conformaban bandas con rótulo liberal, como la de Mariano Cano, que se dedicó a quemar las casas de los conservadores y a robar las cosechas de café de sus enemigos políticos.

El caos se apoderó de la región pues las comunidades de uno y otro partido quedaron a merced de los bandidos que se amparaban bajo las banderas partidistas para encubrir sus crímenes. La siguiente declaración de la señora Inés Hurtado con fecha del 16 de enero de 1950, muestra la terrible situación que se vivía, no solo en el Occidente del Viejo Caldas, sino en gran parte de Colombia.

Dice doña Inés al alcalde de Balboa: “Un día domingo, antes de la quema de El Vergel, me encontraba sola en la finca de Tambores de propiedad del señor Pedro Mejía. Pasé al frente a la casa de Adán Henao,  encontrándose en dicha casa la esposa del señor Manuel Ramírez, a quien le habían dado muerte violenta el día anterior. Permanecí en dicha casa de las dos de la tarde a las cuatro; en ese lapso pasó el señor Henao que vive en la fracción de Tambores quien informó que el Inspector de Policía de San Antonio había dado la orden de reclutar gente para movilizar el cadáver, manifestándome que él venía a avisarle a don Pablo Cano, que iba hacia Balboa, para que se devolviera, pues venía gente del otro lado a acabar con los conservadores a quemarle la casa a don Pedro Mejía.

 Efectivamente a las tres y media de la tarde llegó a la finca de Tambores de propiedad de don Pedro una cantidad de individuos que calculo en treinta o cuarenta. Llegaron a la expresada finca atropellando y tumbando puertas y a la cabeza de ellos estaba Mariano Cano a caballo y procedieron a prenderle fuego a la casa de don Pedro.

Al decirle: vea señor, no queme esta casa que yo tengo muchas cositas que perder, entonces le dio orden a otros para que me ayudaran a sacar parte  Solo sacaron  seis cargas de café, las mismas  que se robaron y quemaron el resto que serían no menos de 500 arrobas.”

OTRO EPISODIO DOLOROSO

“La Violencia” en Balboa se alimentó con criminales liberales y conservadores de la localidad y con otros procedentes de Quinchía y de Apía, a los que se sumó la delincuencia criminal dedicada al pillaje sin hacer distinción de partido político.

 Veamos el testimonio de Fabiola Marín, una jovencita de 17 años, natural de Venecia Antioquia, quien en uno de los ataques hizo frente a los bandidos:

“Yo me acuerdo, dice Fabiola, cuando al doblar una esquina de mi casa, en la finca “El Amparo”, vi cómo a mi tío (Leonel Marín), lo cogieron unos desconocidos, lo llevaron contra la pared y encañonándole con un arma de fuego le quitaron la peinilla que portaba. Cuando corrí hacia un lado de la vivienda divisé a mi mamá armada con un cuchillo para partir carne y vi cómo le tiró a uno de los componentes de la cuadrilla, que apareció en ese instante en tanto que otro le disparó al cuerpo con una carabina, hiriéndola en el abdomen.

Al ver herida gravemente a mi mamá- recuerda Fabiola-  le arrebaté el cuchillo y al  primer sujeto  que vi frente a mí  le tiré con toda la destreza y furia que me nació en esa hora, hiriéndole de gravedad.

Al escuchar los bandidos las expresiones de dolor y agonía de su compañero, fueron en su ayuda, permitiendo así que los ocupantes de la casa corrieran y se perdieran entre los cafetales.”

Fabiola encontró una peinilla en el patio, pero uno de los antisociales le mandó un planazo y se la quitó de las manos. Al tratar de sacar una navaja del bolsillo del bluyín, creyeron que iba a sacar una pistola. “Mucho cuidado con ella” – gritó un malhechor y empezaron a echarle bala.

En la oscuridad de la noche Fabiola escapó y se ocultó bajo unos secadores de café. Los bandidos penetraron a la casa, y en el zarzo encontraron a don Pedro, abuelo de Fabiola, a quien bajaron a los golpes y lo ultimaron de dos tiros.

Resguardada por las sombras oyó el motor de un yip, observó cómo lo cargaban con los bultos de café que tenían arrumados en una de las piezas de la casa, escuchó los lamentos de su mamá que se desangraba en el corredor y reconoció a varios trabajadores de la misma finca a quienes horas antes les había servido un sancocho con morro con su taza de claro con panela.

Tras algunas pesquisas el alcalde Jorge Lenis con apoyo de la fuerza pública capturó a Evelio Henao, alias El Mono junto con 15 compinches, sindicados del asalto al “Amparo” y los detuvo en la cárcel de Balboa, donde los presos cavaron un túnel y escaparon.

Por fortuna la mamá de Fabiola se repuso de las graves heridas, pero junto con su hija y el resto de la familia salió de Balboa ante las amenazas de los amigos de Primitivo Hernández, el antisocial muerto por la muchacha en legítima defensa.

martes, 7 de noviembre de 2017

SIMON BOLIVAR Y PIERRE LABATUT


Alfredo Cardona Tobón

 
                           Monumento a Pierre Labatut en la ciudad de Bahia



Este mercenario nacido en Cannes, Francia, en 1778,  figuró  como sargento  del 46 Regimiento  de Infantería del Ejército imperial de su país antes de buscar fortuna en Venezuela,  la Nueva Granada y en el Brasil  donde murió en 1819   con el grado de General Brigadier de Campo de las fuerzas militares de ese enorme país suramericano.

Labatut militó en n Venezuela bajo las ordenes de Simón Bolivar y al capitular Miranda en  1812 y desatarse la persecución de Monteverde que dio pie a la “Guerra a Muerte”, viajó a Cartagena con Carlos Soublette, Luciano Dëlhuyar, Simón Bolivar y centenares de exilados que se integraron a las fuerzas patriotas comandadas por el presidente Rodríguez Torices.

En su vida aventurera Labatut cayó prisionero de los ingleses,  aparece en Filadelfia en 1810  y hace parte de un  pequeño contingente de voluntarios que en  1811 salió de Francia para unirse a la revolución de Francisco Miranda.

En Cartagena el  presidente Rodríguez Torices nombra a Pierre Labatut comandante de las tropas que abren operaciones en el Bajo Magdalena. La zona estaba bajo el dominio de los españoles y estaba cortada la comunicación de la ciudad amurallada con Santa Fe de Bogotá.

La prioridad era despejar el rio de los enemigos y luego someter a Santa Marta y demás ciudades en poder del enemigo. Pero Labatut no lo ve de esa manera y el 12 de noviembre de 1812 sale con 48  embarcaciones para transporte de tropas, armas y víveres con rumbo a Santa Marta  dejando un pequeño contingente en el puerto de Barrancas bajo el mando de Bolívar.

Con estos dos movimientos Labatut buscaba dos objetivos: el uno era apoderarse de los bienes y riquezas de los samarios y el otro neutralizar a Bolívar, dejándolo en una aldea sin ningún valor táctico y militar.

El 6 de enero de  1813 Pierre Labatut entra triunfante a Santa Marta  como un conquistador que irrumpe en campo enemigo y no como un patriota que libera a su gente de las cadenas que la agobiaban. Era, al fin un mercenario en busca de riquezas y poder y no de libertad como soñaba Bolívar.

LABATUT  Y BOLÍVAR

Al llegar a Cartagena el coronel Simón Bolívar publica un manifiesto con fecha del 15 de diciembre de 1812, donde analiza las posibles causas de la capitulación venezolana, culpa al federalismo de ese país de impedir la unión de las fuerzas patriotas contra el enemigo común y señala al clero  por su papel reaccionario y fanático  al pregonar que el terremoto que asoló a Venezuela era un castigo por levantarse en armas contra el rey.

Mientras Labatut comete todo tipo de atropellos en Santa Marta, Bolívar desobedece las ordenes del jefe francés y con anuencia del presidente de Cartagena abre operaciones en el Bajo Magdalena. El 21 de diciembre de  1813 ataca a Tenerife, sigue hacia Mompox,  toma posesión  de Chiriguaná  y Tamalameque y  llega triunfante a   Ocaña, conquistando el río Magdalena y estableciendo la comunicación entre Cartagena y Bogotá-

Ante la amenaza de los realistas, el   coronel  Manuel Castillo, Comandante militar de e  Pamplona, solicita el apoyo de  Bolívar, quien con 400 valientes mompocinos y algunos venezolanos emprende osados movimientos que hacen creer a los españoles que los ataca una gran fuerza, haciéndoles salir en retirada por el   camino de San Antonio de Táchira, dejando numeroso armamento y valiosas mercancías. Ese fue el principio de la llamada  “Campaña Admirable” que  lleva triunfante a Bolívar y a los mompocinos hasta la ciudad de Caracas.

A Labatut lo distingue con el título de “Benemérito de la Patria” por la toma de Santa Marta. Y mientras roba y extorsiona a los samarios pretende llevar a Bolívar a un Consejo de Guerra por haber desobedecido sus órdenes; pero  nadie  atiende la solicitud del francés cuyos días de gloria serán muy pocos en Cartagena..

LABATUT EN SANTA MARTA

Labatut saqueó los templos de Santa Marta,  estableció empréstitos  que afectaron a patriotas y enemigos, hizo circular papel moneda que negoció al  precio que quiso y extorsionó a Riohacha y Valledupar con la amenaza de destruirlas  y pasar a cuchillo a su gente. La ocupación cartagenera fue mil veces peor que la española, por eso  más de 700 familias  salieron de Santa Marta con sus esclavos y bienes y se dirigieron a Panamá , Cuba y Jamaica, mientras los indígenas de Mamatoco aliados con los realistas se levantaron en armas para hacer frente al invasor.

Ante tal situación y creyendo  que a la rebelión se habían sumado  los guajiros, Pierre Labatut  huyó de Santa Marta llevando consigo  las joyas y dinero que había arrebatado a los vecinos. Fue efímera la gloria de Labatut, pues el presidente Rodríguez de Torices lo destituyó de su cargo, lo desterró como resultado de graves enfrentamientos con los oficiales americanos y no le pagó la pensión vitalicia que le concedieron  por la toma de Santa Marta.

EN SALVADOR DE BAHÍA

Labatut  viajó a las Antillas y en Haití comercia con armas de contrabando y trata de organizar una expedición para retomar a Cartagena cuando cayó en manos de Morillo

 Al proclamarse  en 1822  la independencia de Brasil , Labatut viaja desde Francia y se integra  como general a las fuerzas del emperador Pedro I. Pierre tiende un  cerco a  las tropas portuguesas  acantonadas en Bahía que se resisten a reconocer el nuevo estado.  Al enrolar esclavos negros y prometerles la libertad, Labatut choca con la élite local que lo hace remover de su cargo antes de la caída de Bahía acaecida  el dos de julio de 1823.

Después de la abdicación de Pedro I,  Pierre Labatut retorna a Bahía donde se reintegra al ejército y obtiene la ciudadanía brasileña;  allí vive Pierre Labatut hasta su muerte acaecida  en el año de  1849.

 

martes, 24 de octubre de 2017

DESPEDIDA A UN AMIGO FIEL


domingo, 31 de agosto de 2014

 


 

Juan Carlos Martínez

 


Ante la pregunta de por que los perros viven menos que la gente un niño contestó: "los perros viven menos que la gente por que a este mundo venimos a aprender como vivir una buena vida, como amar a los demás todo el tiempo y a ser buenos. Como los perros ya saben como hacer todo eso, entonces no tienen que quedarse tanto tiempo con nosotros" 






Querido
Bruno

 

Con los ojos aun empañados por las lágrimas siento el deber de escribir algunas palabras en tu memoria. Los recuerdos son frágiles y solubles  y lo último que quiero es dejar que el olvido se lleve los maravillosos momentos que compartimos en estos quince años.

 

No es posible que tuvieras un mejor inicio en nuestra historia: fuiste un regalo que le di a mi entonces novia y que hoy es mi esposa y la mujer de mi vida. En el mejor de los sentidos tu aparición en nuestra historia fue una muestra de amor.



 

Supuestamente eras un labrador, pero en un momento dado tus orejas empezaron a apuntar hacia arriba y luego de un tiempo nos dimos cuenta que de hecho eras un hermoso perro Akita. Aquí entre nos, decíamos que eras un labrador enrazado con murciélago. Como buen Akita tenías una personalidad fuerte, cuidabas de todos nosotros con dedicación y nos hacías sentir tu cariño a cada instante.



 

El primer recuerdo que tengo de ti es de la primera comida que comiste. Fue tanta que la barriga te arrastraba y casi no podías caminar. Desde pequeño fuiste muy muy mimado: recuerdo que mi novia te dormía en su regazo y que cuando salíamos ella y yo debíamos volver temprano, pues si no llegaba empezabas a llorar y gruñir por que ella no estaba para acompañarte..



 

Tus travesuras de adolescente fueron memorables. Al frente de la casa había un lote donde levantaban ganado, tú te salías de la casa y te metías en los bebederos de las vacas y las ladrabas y las espantabas, hasta que al que cuidaba el ganado le tocaba venir a decirnos que te sacáramos de allá.

 

Tu bronca con los vendedores ambulantes fue permanente, creo que le dedicaste a eso más energía que a nada, tu estrategia era esperar agazapado en silencio en que pasaran justo al lado de la reja del antejardín y luego saltabas de la nada y tratabas de quitarles algo de lo que llevaban. Recuerdo dos ocasiones: en una te llevaste dos galletas costeñas y en otra unas chancletas que pasaban vendiendo.



 

Tus odios fueron siempre bien claros: El carro de la basura y un Pinscher llamado Mirto. Mirto era un perro pequeñito que se dedicaba a fastidiarte al otro lado de la reja del ante jardín, hasta que un día, para su mala fortuna, la reja estaba abierta. Nadie te culpó por la paliza que le diste, pues por cruel que suene, la tenía merecida, y eso lo sacó de circulación por algunos días.

 

El error de Mirto también lo cometió un vecino al que le gustaba fastidiarte la vida. Hoy, ya mayor, tiene un par de marcas de colmillos en la pantorrilla. Fresco, sabemos que también lo merecía. Nunca un solo acto de tu vida fue con mala intención, pero nunca te guardabas nada.



 

El gesto que más recuerdo de ti es el de acercarte cuando uno estaba acostado en el sofá y tratar de meter la cabeza entre el costado de uno y el sofá para restregarte la nariz y empezábamos a decir “ya llegó la vaquita a empujar…”. También recuerdo que saltabas mucho: te poníamos con las piernas o con los brazos barreras para que lo hicieras cada vez más alto y nos divertíamos cantidades jugando con el perro saltarín.

 

Te recuerdo echado de panza en el riachuelo de la finca encantado de estar empapado. Te recuerdo persiguiendo un conejo que no sabemos como encontraste en un rincón de la finca y recuerdo también que cazaste una gallina que nos tocó pagar y volverla el almuerzo de ese día.

 

Tu vejez fue muy digna, tu trompa se volvió blanca y tu andar lento. Cada vez dormías más y de los recibimientos alborotados de la juventud pasaron  a un gesto con la cabeza y las orejas y una mirada de ese cariño infinito que siempre vimos en tus ojos. Hasta el último de tus días, y pese a lo disminuido de tu salud siempre tuviste para nosotros una manifestación de alegría al vernos.


 

Quince años es mucho para un perro, pero es muy poco de lo que hubiésemos querido tenerte a nuestro lado. Eras familia, y la familia se quiere con toda el alma. Y por eso fue tan difícil tomar la decisión de parar tu sufrimiento y dejarte descansar. En un momento dado concluimos que estábamos siendo egoístas y que solo por tenerte a nuestro lado, y tal vez temiendo este dolor, te haríamos atravesar por una pena innecesaria, y no era justo que hubieras tenido una vida de perro feliz y darte un final agobiante.  

Te vamos a extrañar mucho. Seguramente el vecino que te traía un paquete de rondallas todas las tardes luego del trabajo en unas cuantas ocasiones se encontrará con galletas y sin Bruno.

 

No se que haya al otro lado cuando uno muere, pero te mereces la mejor opción de lo que sea, por que llenaste nuestra vida de un cariño infinito e incondicional.



 

En este punto y hora pienso que las personas en este mundo tan sofisticado buscamos con ansias evidencias de Dios y dejamos de percibir que cosas tan simples como el amor de una familia y su perro encierran una grandeza insondable de su naturaleza divina.

 

Adios Bruno. Se feliz en donde estés.

domingo, 22 de octubre de 2017

LA RADIODIFUSIÓN EN PEREIRA


Diego Avellaneda Díaz


Caminando por la carrera sexta, hoy llena de incomodidades por el tráfico, la aglomeración y las ventas informales, se añoran los tiempos de nuestra adolescencia, cuando la recorríamos con la tranquilidad que daba una ciudad sin el desarrollo de hoy, pero con el espíritu de un pueblo lleno de solidaridad y sencillez y con un cúmulo de buenas costumbres, hoy fundidas en una informalidad incontenible.

Llegábamos a la calle 22 ávidos de curiosidad, a la emisora La Voz de Pereira, radio inolvidable de don Mario y don César Arango Mejía, tan unidos por su vecindario y lazos indestructibles de amistad al hogar de nuestro Luis Carlos González, cuya musa ya sabíamos disfrutar.  Eran los tiempos cuando la Voz de Antioquia, Radio Nutibara y Ecos de La Montaña de Medellín, entraban al dial del radio de nuestro hogar y entonces La Voz de Pereira se superaba día a día para ganar más sintonía en esta comarca.

Su locutor, don Mario Mejía, se constituía en pionero de la locución, cuando anunciaba un tango o bambuco, para complacer a un oyente de vereda.

Don Bernardo Ramírez, destacado locutor de esa época, que tenía en su perfecta vocalización su mejor arma de presentación, era uno de los símbolos de esa radio,  al lado del tenor Luis Ángel Rodas, un conductor de la flota de automóviles que viajaba a Manizales y que se hizo famoso con la interpretación  de la canción rusa, creación de Magaldi,  titulada “Nieve”, que repetía semanalmente ante la solicitud insistente  de los radioescuchas admiradores.

Fue la época de la creación de la industria “MARANGO”, prensadora de discos de 78 rpm,  y sigla del nombre comprimido de don Mario Arango, que vendían en el almacén manejado por su hermano don César.

Se fundó por esa época Radio Quirama que se destacó porque su locutor era el señor Pablo Sttrog, de una voz muy singular. Posteriormente, don Bernardo Tobón de La Roche compró la Voz de Pereira y empezó a formar su cadena radial “TODELAR”.

En 1939 nace La Voz Amiga, en cuya fundación tuvo mucho que ver don Luis Carlos González. En su inauguración, desde la Radiodifusora Nacional y a control remoto, intervino el doctor Eduardo Santos, presidente de la República,  con un efusivo saludo presidencial de felicitación. Estaba situada en la calle 15 con carrera novena, donde se presentaron el maestro portorriqueño Rafael Hernández y la cantante Myrta Silva.

La adquiere don Oscar Giraldo Arango, experimentado hombre de radio, que ya tenía a “Ondas del Otún”, de onda larga se afilia a la CBS (Columbia Broadcasting System) y le da  un impulso extraordinario.   Crea el slogan de “Pereira, la ciudad de las ochenta mil sonrisas” y el programa matinal “Marinos de Colombia, en todos los mares del mundo, buen viento y buena mar” escuchado por su onda corta hasta en Australia por los marinos colombianos en sus periplos oceánicos.

Desfile de figuras famosas:  El Trio Cuba, Juan Canaro y su Orquesta Tipica, Trino Finol, Choly Mur y Rosita  Berón, argentinas; Matilde Díaz, Edilia Patiño,  Nano Molina, Gerardo Lenis, el Maestro Payán, Alfredo Pérez, Luis Moreno, Ibarra y Medina, Noel Ramírez y muchos nombres destacados.
                                                            Edilia Patiño



Su programa “La Hora Sabrosa” de los sábados, bajo la dirección de don Raúl Echeverri, no solo tuvo fama nacional,  sino que sobrepasó las fronteras del país.  Mención especial merecen las posteriores emisoras “La Voz del Pueblo” y “Radio Centinela”.

Artífices del desenvolvimiento y progreso de Pereira fueron estas radios,  que al lado del periodismo escrito  de la época,  “ El Diario” de don Emilio Correa Uribe, cuya estampa señorial y amable todavía conservamos en nuestras retinas.  “ El Aguijón”  de Marco y Antonio Cardona;  “El Quindío” con los doctores Guillermo Vallejo Restrepo, Héctor Ángel Arcila, Guillermo Ángel Ramírez y don Gonzalo Arango Hoyos;  “El Fuete” del inolvidable don Néstor Cardona Arcila, CAN, que tantas batallas cívicas libró;  y los radioperiódicos de don Ricardo Ilian, Rafael Cano, continuadores de lo sembrado por Radio Gaceta, de don Rodolfo Castro, conformaron un marco de servicio y pereiranismo  que encierra mucha parte de al historia de nuestro pueblo.

 

* Crónica del Diario del Otún- 26 de agosto de 1998

Diego Avellaneda Díaz:   Pereirano raizal, hombre cívico, líder, cronista,  ejecutivo, comerciante, miembro de la Academia Pereirana de Historia, expresidente de la Sociedad de Mejoras Públicas de Pereira.

sábado, 14 de octubre de 2017

ROBERTO PATIÑO Y EL SARGENTO GARCIA



Alfredo Cardona Tobón
Cerros Puntelanza y Gobia, en primer plano el territorio de Naranjal
Al empezar el gobierno del presidente Mariano Ospina Pérez, Roberto Patiño era uno de los pocos conservadores residentes en la zona urbana de Quinchía. Este paisa oriundo de Don Matías había llegado al pueblo en el año 1944 como chofer de un bus escalera del jefe gaitanista Luis Ángel Cardona; por ese entonces frisaba en los treinta años, usaba ruana y finos sombreros de fieltro que solamente se quitaba para ir a  dormir. Roberto era un hombre parco , de pocas palabras, que  caminaba a trancos balanceándose como las aves de largo vuelo que recorren trechos cortos en tierra.


Al principio el recién llegado  iba a la casa de su patrón a cuadrar cuentas, luego lo invitaron a tomar  “algo” y empezó a charlar con la  cuñada de don Luis, una bella mujer de veinticuatro años, que en ese entonces, cuando las mujeres se casaban casi niñas, parecía destinada a vestir santos

 El noviazgo fue corto; en menos del año nació el primogénito y en la amplia casona de don Luis hubo espacio suficiente para albergar a la nueva familia. Como Roberto era un trabajador incansable, se convirtió en socio de don Luis, compró una finquita por el lado del Higo,  adquirió una yegua de paso fino y un potrero por Callelarga que surtió con vacas de leche.

 Roberto llenaba el escaso tiempo libre jugando dominó, matizado con tragos de aguardiente que apuraba en una cantina frente al cementerio, libre de la mirada inquisitiva de Lila, una muchacha embera contratada para los oficios domésticos y que inexplicablemente estaba al tanto de todos  los movimientos del señor de la casa.

A nadie le importaba el   conservatismo de Roberto;   incluso pensaron que se había “volteado” pues se habían dado casos de godos que admiraban a Jorge Eliecer Gaitán. Por lo anterior no fue extraño que a fines de octubre de 1949, cuando la policía “chulavita” y los “pájaros” de los pueblos vecinos irrumpieron en Quinchía, Roberto Patiño cargó sus cosas en el bus escalera y al igual que centenares de aterrados liberales, abandonó el pueblo para buscar asilo en un lugar tranquilo.

DE GUATEMALA A GUATEPIOR

La salida de Roberto se tomó como un gesto de solidaridad con los familiares de su esposa que se exilaron para salvar sus vidas: Tulio Tobón se dirigió a Pereira, Emilio Betancourt viajó a Medellín y Roberto con los suyos fijó rumbo a Don Matías, en el norte de Antioquia, donde además de helechos se producían pandequesos y se criaban  toda variedad de sacerdotes y religiosas.

Roberto con su bus escalera cubría la ruta entre Yarumal y Medellín; todo parecía perfecto en ese nido de obispos hasta la Semana Conservadora de principios de 1950; Chimilo Betancourt recuerda el domingo decembrino en que llovieron anatemas contra los liberales desde un parlante de la casa cural y no olvida la chusma armada que aupada por las consignas  de Monseñor Builes atacó las casas de los dos o tres liberales de esa localidad donde se desayunaba con agua bendita.

Al caer la tarde, hablaron de un  cachiporro venido de un antro de bandidos y la pedrea se concentró contra la residencia de Roberto Patiño.   Volaron tejas, saltaron los vidrios de las ventanas y llovieron los denuestos contra la indefensa familia. Al amanecer del lunes, los Patiño Tobón, por segunda vez en un mes,   empacaron el menaje, colocaron los colchones en el capacete del bus y sin mirar atrás repasaron el camino hasta Quinchía, cuya zona urbana estaba en manos de Antonio Sánchez y sus “pájaros” y en la parte rural mandaban las cuadrillas liberales orientadas por Pedro Brincos.

EN MANOS DEL SARGENTO GARCIA

Roberto Patiño sorteó indemne numerosos peligros, pero a fines de 1960 se le acabó la buena suerte, pues en un viaje al caserío de Naranjal cayó en manos de la cuadrilla del “Sargento García,” un bandido que militaba arropado bajo las banderas del Movimiento Revolucionario Liberal, MRL.

Por ese entonces l os campos de Quinchía se repartían  entre el grupo de Medardo Trejos, alias “Capitán Venganza”, el del Sargento  Héctor García y el del Capitán Águila. Para transitar por las veredas de Santa Elena, Piedras, Opiramá y Guerrero era necesario un pasaporte expedido por “Venganza” y se necesitaba otro del “Sargento García” para internarse en el resto de la zona rural.

Héctor García, alias el “Sargento García,” detuvo el automóvil Ford de Roberto, lo hizo bajar del vehículo y le exigió el pasaporte, pero Patiño solo tenía un papel firmado por Claudio Rojas y refrendado por “Venganza”. Después de requisarlo, quitarle veinticinco pesos y los documentos, los bandidos amarraron al retenido en el suelo, sujeto a cuatro estacas que clavaron en el centro de la placita de Naranjal.

Héctor García , era un hombre rubio venido del Tolima con la gente de “Pedro Brincos”,  de regular estatura y una nube en un ojo era la autoridad absoluta en las veredas de Naranjal, Juantapao, Miracampos, Quinchiaviejo e Irra.

Los cuadrilleros se dedicaron a tomar licor en una tienducha de Naranjal; las horas pasaban y los cincuenta elementos del “Sargento García” exaltados por el licor se preparaban a rematar la bebeta con el asesinato de Roberto Patiño, quien adolorido y entumido, daba por seguro el término de su existencia.

De repente se oyó el sonido de un vehículo y apareció el bus  escalera  de Luis Ängel Cardona con una carga de aguacates con rumbo a Medellín. El antiguo jefe gaitanista se detuvo:

- ¿Hola Héctor, que pasa con mi cuñado?-  preguntó al  bandido.

- Nada más  ni nada menos que este  godo resultó  espía de la policía-.

- Si es así que las pague- agregó Luis Ángel- pero permití que se tome unos aguardientes, para que al menos  muera con dignidad sin orinarse del susto.

A las señal del “Sargento García” desataron a Roberto, que pálido y tembloroso se sentó al lado del  “Sargento García”. Los tragos se repitieron por cuenta de Luis Ángel y a las diez de la noche el bus escalera continuó con  la carga de aguacates y  con Roberto Patiño desgonzado en la última banca, más borracho que una mica. Sobra decir que ni Luis y Roberto volvieron a verse por Naranjal. Se  ignora, hasta ahora, cuánto pagó Luis Ángel por la vida de su cuñado. Vino la amnistía decretada en el Frente  Nacional, el “Capitán Venganza” aparentemente dejó las armas para obtener el dinero ofrecido por el Estado; el Sargento García, por su parte, no entregó las armas ni aceptó los términos del gobierno. El mismo día que festejaban la paz con “Venganza”,  una cuadrillo de Venganza bajo el mando de Gerardo Largo, alias  "Gasvilán Negro",  emboscó a Héctor García  en Naranjal y lo asesinó vilmente.. Así se cerró un capítulo de la época  que envolvió en su vorágine a Roberto Patiño,  un pacífico y buen ciudadano de Don Matías.