lunes, 9 de febrero de 2015

MANIZALES- MARCELINO PALACIO


Alfredo Cardona  Tobón.

 


El 6 de noviembre de 1862  Tomás Cipriano de Mosquera entró a Manizales en medio de los vítores de su ejército. La ciudad estaba desierta. Sus dirigentes la  abandonaron con la excusa de no honrar con su presencia la llegada de los invasores. Don Marcelino Palacio permaneció en Manizales con el propósito de mediar o servir de puente entre los vencedores y la ciudadanía que quedaba a merced de los caucanos..

Corría el rumor de un levantamiento popular contra Mosquera .También se hablaba de los posibles  desmanes y saqueos de villamarinos y de las fuerzas de ocupación. El ambiente era tenso. Cualquier suceso trivial, como un "abajo" o una pelea callejera, podía desembocar en una tragedia. Don Marcelino habló con unos y con otros, serenó los ánimos y logró que los enemigos mantuvieran el control de las tropas sureñas.

Pasado el peligro, los notables  regresaron a la ciudad. Unos miraban a Don Marcelino como un hombre pantalonudo que arriesgó todo por Manizales; otros  recelaron de su conservatismo y pensaron, que  se había  "volteado"  o se había vendido a los radicales.

 

Meses después  el centro y el norte de Antioquia se rebelan contra el gobierno radical impuesto por Mosquera. Tras la derrota de Pascual Bravo en El Cascajo, Manizales se une a la revolución.. El 7 de diciembre de 1863 Manizales tumba al alcalde Antonio Ceballos y Pablo Jaramillo se proclama Jefe Civil y Militar .En la ciudad fronteriza se organizan tropas que atacan partidas liberales en Pácora e invaden a Villamaría , donde los radicales caucanos preparan un contraataque  contra los llamados Restauradores conservadores.

 

Los "Restauradores" necesitan recursos. Entonces exigen contribuciones forzosas a liberales y a conservadores indiferentes. A Don Marcelino le señalan una cuota de $200. Parece que lo tachan de desleal a la causa, pues aunque conservador no es muy amigo de la belicosidad de los  Jaramillos y Villegas. Como no cubre la demanda inmediatamente le  elevan  la  cuota a $400.

Don Marcelino no tiene dinero en efectivo;  en la administración anterior los liberales  lo esquilmaron  con otra contribución de guerra. Ofrece $300 representados  en ganado, un platanal y un corte de yuca que los "Restauradores" no aceptan. Sin tener en cuenta que es un fundador del  pueblo, hombre cívico y  conservador de reconocidos méritos , el Jefe Militar lo reduce a prisión y le obliga a trabajar como un peón raso en el campamento  de  Morropelao.

Sus enemigos se las cobran todas. Ya en el poder lo acusan de permanecer en Manizales  cuando entró Mosquera y de ausentarse de la ciudad el día del pronunciamiento en  favor de Pedro Justo Berrío.

"Si yo no hubiera estado en Manizales el día que entró Mosquera- escribe Don  Marcelino-  este pueblo hubiera sido víctima del batallón Bomboná. Mi delito consiste, pues, en haber evitado el saqueo del pueblo; este delito Sr. Gobernador es mi gloria"

"Es cierto que me ausenté de Manizales el día del pronunciamiento, pero por  qué me ausenté?-  Me ausenté por el temor de un conflicto entre los pronunciados y los vecinos de la Aldea de María. Mi delito consiste en no haberme resignado a ser víctima de los unos  o de los otros... pero si esto es un delito en mí, por qué  no lo ha sido en la multitud de ciudadanos que hicieron lo mismo?."

Don Marcelino tiene enemigos pero tiene más amigos  .Los Restauradores deben liberarlo  y  el nuevo régimen tiene que contar con su concurso pues es un hombre especial en medio de una comunidad de campesinos ignorantes.

 

El 5 de abril de 1877, tras la desastrosa guerra alentada por  Recaredo Villa, los caucanos  entran nuevamente a Manizales. El municipio necesita herramientas para atender las emergencias de un crudo invierno y de los dos severos temblores que en 1878 dejaron en ruinas  los edificios públicos. El Cabildo acudo a Don Marcelino que ni corto ni perezoso recoge armas inservibles y las lleva a la fragua de un amigo para que las conviertan en barretones. Nuevamente lo atacan sus enemigos acusándolo de inutilizar armamento . Tras una corta investigación la administración radical aclara los hechos y  deja con un palmo de narices a quienes pretendían perjudicarlo.

 

En 1882 una grave epidemia de viruela azota al Cauca. Villamaría está repleta de enfermos. Don Marcelino, ya viejo, recoge limosnas y ayuda con sus propios medios al sostenimiento de un modesto hospital en  el vecino municipio, donde se someten a cuarentena los infectados  impidiendo así  la  propagación  de la enfermedad en  Manizales.

 

Don Marcelino exploró el nevado del Ruiz, organizó el primer mercado en el caserío, gestionó con Mariano  Ospina Delgado  la creación del municipio, fue alcalde durante varios períodos,  promovió la educación,  ayudó a abrir caminos,  levantó haciendas ... No heredó distinciones ni privilegios: fue un líder nato que supo incrustarse en el corazón de Manizales y Villamaría.

Cuando se negoció los terrenos de Manizales con la Compañía González y Salazar, Don Marcelino fué  clave en las discusiones, que al final llevaron a feliz término un pleito con gravísimas repercusiones sociales. En 1855 los caucanos incomunicaron a Manizales. Don Marcelino acudió a las autoridades de Buga y las obligó a reconstruir el puente y  desbloquear los camino de acceso. Sus contactos con Cartago y los comerciantes del Valle del Cauca sirvieron para  informar de los movimientos armados que pudieran perjudicar a Manizales y al  Estado de Antioquia. Su correspondencia con el gobierno de Medellín indica la gran influencia que Don Marcelino tuvo en las altas esferas del Gobierno Estatal. 

 

Don Marcelino murió el 29 de noviembre de 1886, fue un acontecimiento luctuoso para todos los vecinos, especialmente para los más humildes, que vieron en el patriarca un defensor de sus derechos.

Sin duda fue un notabilísimo personaje del siglo diecinueve y un ejemplo para los manizaleños de todos  los tiempos.

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