domingo, 23 de noviembre de 2014

LAS REBELIONES DEL TENIENTE ALBERTO CENDALES CAMPUZANO


Alfredo Cardona Tobón
 
 

Alberto Cendales Campuzano murió en Bogotá  el 25 de mayo de  197, en un accidente de tránsito frente a la Escuela de Policía General Santander, después de una corta y accidentada vida de rebeldía contra el establecimiento como otro Quijote enfrentado  a los molinos de viento.


Cendales fue un militar  inteligente, osado y valiente como pocos,  que combatió las guerrillas comunistas de Juan de la Cruz Varela en Sumapaz y  se levantó, en acciones sin precedentes en la historia colombiana,   contra las oligarquías bogotanas que han monopolizado el poder.

Cendales fue una pesadilla para los dirigentes del Frente Nacional; no hubo prisión militar que lo contuviera; en cinco oportunidades escapó de sus captores y en los intervalos de libertad trató de organizar células guerrilleras en el Huila y los Santanderes.  Sus fugas fueron espectaculares: se escurrió por una ventana de la Embajada de Paraguay, perforó un muro en el Batallón Guardia Presidencial,  escapó de una jaula en los calabozos del Servicio de Inteligencia Colombiano- SIC-, burló la vigilancia en la Escuela de Sanidad y en la Escuela Blindada huyó  por un boquete  junto con el comandante de la unidad, 130 reclutas y ocho camiones orugas.

Como en las novelas de amor, al lado de Cendales estuvo la “Mona” Inés  Peláez, una pereirana  que lo acompañó en sus aventuras y  le brindó todo el apoyo en la enfermedad y el cautiverio, en las buenas y en las malas. Sin embargo la “Mona”  fue el eslabón débil de Cendales, pues siguiendo sus pasos  los detectives del F2 capturaron a Cendales en un céntrico hotel de Bogotá y lo recapturaron en una finca de Santander tras un intenso tiroteo.

Cendales tuvo las vidas de un gato: sobrevivió al volcamiento de un camión cuando fue  emboscado por el ejército;  en otra ocasión se fugó  con una herida en una pierna; en otra lo internaron con una afección pulmonar en el  pabellón de tuberculosis de la Picota sin  prestarle ayuda médica;  en la fuga con la tropa de  la Blindada su  tanque  rodó por un precipicio cerca de la población de Guasca y mal herido e inconsciente lo tiraron en  el   platón de una volqueta que lo llevó  a Bogotá.

Este rebelde con causa fue  instrumento de los mandos superiores que querían desestabilizar el régimen para llevar a Rojas Pinilla de nuevo a la presidencia;  fue tal su  fama aventurera que el  Che Guevara lo visitó en su paso por la capital colombiana. El temor de las autoridades rayó en la histeria: aún inválido y enfermo le adjudicaron cuanto torcido grave se presentó en la República,  no lo asesinaron  porque para numerosos  colombianos Cendales Campuzano era un héroe y por eso su muerte tendría  graves implicaciones.

En  la vida del teniente Cendales dos hechos parecen de película: el uno fue la operación Cobra del dos de mayo de 1958 y el otro la conocida rebelión de los tenientes acaecida el 11 de noviembre de 1961.

OPERACIÓN COBRA

Un grupo de militares inconformes   urdió un golpe de estado para remplazar a la Junta Militar que sucedió al general Rojas Pinilla. En  la delicada misión liderada por el  coronel Forero Gómez, al teniente Alberto Cendales Campuzano se le encomendó la organización y dirección de las  patrullas destinadas a capturar a los miembros de la Junta Militar  y a los comandantes del Ejército y de la Brigada de Institutos Militares- BIM-

En la madrugada del dos de mayo de 1958, dos días antes de las elecciones para presidente,  un grupo de soldados en traje de fatiga apresó al comandante del  Ejército, general  Iván Berrío Jaramillo, en tanto que otros comandos capturaban a cuatro integrantes de la Junta Militar y al candidato presidencial Alberto Lleras Camargo.

No pudieron apresar al contraalmirante Rubén  Piedrahita Arango pues estaba fuera de su vivienda en parranda con unos amigos; y a Lleras Camargo, en la confusión del momento, los golpistas lo entregaron a una patrulla leal al gobierno que lo condujo al Palacio de San Carlos donde se reunió con Piedrahita Arango.

Los conjurados se atrincheraron en las instalaciones del Batallón Caldas  situados en  Puente Aranda donde tenían retenidos a los generales  París, Navas, Fonseca y Ordoñez, miembros de la Junta Militar de gobierno  y al general Berrío, comandante del ejército. Pasaron las horas y los alzados en armas vieron que no tenían respaldo de los militares ni de la ciudadanía. Al verse rodeados por tanquetas y lanzallamas al coronel Forero Gómez no le quedó otra alternativa que rendirse con la promesa de una amnistía para su gente y  uno a uno liberó a los generales que estaban en sus manos.

 – Nos volveremos a ver-exclamó  Navas Pardo al pasar al lado de Cendales. Y así fue. De ahí en adelante no cesaron de perseguir a Cendales a pesar de la promesa de no tomar represalias.

LA REBELIÓN DE LOS TENIENTES

Mientras estuvo cautivo en la Escuela Blindada,  Alberto Cendales hizo amistad con el teniente Enrique Escobar, Jefe de Seguridad de la unidad. Entre los dos combatientes hubo  una gran empatía, pues Escobar consideraba que con Cendales estaban cometiendo una gran injusticia, porque consideraba que en la rebelión del dos de mayo de 1958 el teniente solo estaba cumpliendo órdenes superiores.

 Cendales se ganó la confianza de la tropa y convenció a Escobar de que tenían que  acabar con la oligarquía y la plutocracia que manejaba el país,  y la forma era uniéndose a las guerrillas de Minuto y Tulio Bayer en los llanos orientales y desde allí abrir campaña contra el gobierno de Lleras Camargo.

En  la noche del once de octubre de 1961,    Escobar y Cendales levantaron la tropa y con engaños salieron de la Blindada en ocho camiones y cuatro orugas con ametralladoras.  La columna salió de Bogotá y paró en Guasca, pero algunos soldados que se dieron cuenta de que no estaban en ejercicios sino en plan de revuelta, desertaron y dieron aviso de los movimientos rebeldes.

Al amanecer, la aviación entró en acción y empezó a acosar a la columna blindada en tanto que Cendales respondía con fuego de ametralladora.  En un descuido del conductor el vehículo rodó por un abismo y Cendales quedó inconsciente y mal herido al lado de la tanqueta destrozada.

Las tropas leales al gobierno  cercaron a los rebeldes en Gachetá y el teniente Suárez trató  de convencer a su amigo Escobar  de que  se entregara para evitar un baño de sangre, pero Escobar se resistió y en un lance confuso Suárez  disparó y Escobar cayó al suelo con tres disparos que le segaron la vida.

Cendales quedó casi inválido; después, acosado por los detectives y por la vida, sus ideas dieron un  vuelco radical  hacia la izquierda. Tuvo la fortuna de tener  una gran mujer a su lado y la desgracia de creer que podía cambiar el rumbo de su patria.

 

2 comentarios:

  1. Este hubiese sido otro Hugo Chavez por sus ideas golpistas, pero diferente en cuanto a su cercanía y apoyo al pueblo.
    Y; falto más información, como: a que arma pertenecía, que en el accidente de una volqueta robada en Agachada y en veloz huida al llegar al Playon Santander no alcanzo a girar a la izquierda y fue a parar al otro lado del río. Voló, por fuera del puente.
    Allí se quebró la columna y los compañeros sobrevientes lo subieron en andas hasta el file que conduce a Plagadas, pero al llegar a Patioebrujas decidieron bajar hacia San José dónde llegaron a la una de la mañana. Golpearon en la puerta que era de orillos tablón y como no les abrían dispararon contra la puerta con un grasa y el disparo traspasó los tablones y quedo uncrustado en la pared. Durante muchos años, el tiro permaneció ahí como recuerdo. Se hicieron atender, limpiaron las heridas de Centrales, le hicieron una anda (CAMILLA) más cómoda y a media mañana siguieron bajando por el camino real hacia La Tigra para buscar La Llana (Sábana de Torres) lo último que se decía es que posiblemente lo trasladaron en el tren que por esos día entraba a Provincia. Pasados los días en Vanguardia Liberal se leía que estaba en Bogota e inválido usaba silla de ruedas.
    Soy de esa región y para la época tenia once años no cumplidos.

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