miércoles, 19 de junio de 2013

EL EXTERMINIO DE LOS INDÍGENAS PANTÁGORAS

Alfredo Cardona Tobón *



En las mañanas soleadas, cuando la bruma despeja el horizonte de la sabana,  desde los cerros de Bogotá  se ven las cumbres nevadas del Ruiz y del Tolima.; hacia esas cumbres nevadas y tras las leyendas de Arvi salió  el capitán Baltasar Maldonado, un día de 1540, con tropa ansiosa de oro y aventura, perros de presa, caballos y numerosos indios cargueros.

La expedición marchó sin tropiezos desde Bogotá hasta el río Guarinó. Pero al adentrarse en los dominios pantágoras, hombres desnudos pintados de rojo y negro, con la cabeza achatada por tablillas laterales empezaron a acosarles de día y de noche, emboscados y guarecidos entre la selva.

El calor es sofocante. Las gruesas almohadillas de algodón no logran proteger totalmente a los españoles de los dardos emponzoñados que traen una muerte lenta y dolorosa. Los arcabuces son inútiles, solamente los perros contienen las sombras que aparecen y desaparecen entre el follaje; los veteranos castellanos y los aguerridos asturianos han de cambiar las tácticas que utilizaron contra moros y turcos ante el acoso soterrado de los americanos.

Maldonado localiza un poblado indígena. Con sesenta hombres se adentra en el rancherío. Desde bohíos y palenques fortificados recibe una andanada de flechas, caen diez españoles y la tropa se repliega fuera del caserío. Los europeos construyen un carro almenado y avanzan protegidos por la estructura hasta las fortificaciones nativas. Los defensores enlazan el carro, lo derriban y acribillan a la partida que lo está empujando.
Baltasar Maldonado cambia la ruta y se pone a salvo de los ataques de las tribus amaníes y zamanáes que poblaron los vastos territorios orientales del actual departamento de Caldas..

EL HOLACAUSTO DE INGRIMA.

En un sitio cercano a la moderna población de Pensilvania había una fuente  adonde se acercaban  los indígenas a recoger agua salobre para condimentar sus alimentos.
En 1551 se oyeron sonidos extraños en las cercanías de la fuente. Unos muchachos se internaron en la espesura para averiguar que ocurría y a   poco cruzaron despavoridos, rumbo al caserío vecino, perseguidos por alanos feroces. Detrás de los perros llegaron los españoles, que de dos en dos entraron al pueblo pantágora con claras intenciones de saquear y hacer prisioneros.

Los indios se parapetaron  en sus bohíos y la alharaca y los gritos fueron en aumento. Así estuvieron como media hora. Los unos sin animarse a forzar los ranchos y los otros sin ánimo de repelerlos. De pronto una flecha atravesó la cabeza de un español. Los españoles reaccionaron e incendiaron los ranchos indígenas para obligarlos a salir.
Los nativos no salieron. Prefirieron morir achicharrados o ahorcados en las lumbreras de los bohíos; fue un espectáculo aterrador; se oían los llantos de los niños entre el crepitar de las llamas, los ayes lastimeros de las madres con sus bebés de brazos, los gritos de agonía de todo  un pueblo que perecía en las llamas.

GUERRA A MUERTE.

La Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá encomendó al capitán Asencio de Salinas la tarea de someter a los pantágoras, con ese objeto Salinas fundó la villa de Vitoria en territorio de los Zamanaes y designó lugartenientes, a cuál más cruel y violento, para que “ pacificaran” las tribus rebeldes.

Los pantágoras sembraron de puyas, estacas y trampas los senderos y caminos de su territorio, emboscaron al enemigo y atacaron con dardos envenenados, los españoles utilizaron perros carniceros para localizar y destrozar a los indígenas como si se tratara de fieras salvajes.

Al fin  Asencio de Salinas prometió  perdón y amistad , pero era mentira, pues a quienes se sometieron los capturaron y los sacrificaron en medio de los peores tormentos, los pocos  pantágoras  sobrevivientes fueron a parar a las minas de oro de Vitoria y murieron en los socavones.


LA HISTORIA SE REPITE

Las atrocidades de Francisco Núñez Pedraza y su tropa, las de Jorge Robledo y sus lugartenientes con los carrapas y armados se han repetido continuamente en nuestra región, en la guerra de los Mil Días las tropas de Pompilio Gutiérrez arrasaron el caserío de Piedras en  los llanos del Tolima; a fines de 1949 los policías chulavitas al servicio del gobierno de Mariano Ospina Pérez incendiaron el corregimiento de Ceilán en el Valle del Cauca y asesinaron centenares de campesinos; y por esa época los seguidores de Gilberto Alzate Avendaño, epónimo y celebrado “Prohombre” manizaleño, arrasaron el corregimiento de Arauca en el departamento de Caldas, sin que los jefes conservadores repudiaran tal vileza ni los dirigentes liberales tuvieran el valor de acusar a los asesinos.

No se quedan atrás los  bandidos liberales y conservadores, los asesinos  de  la FARC, del ELN y otros grupos irregulares que  han revivido las dosis de salvajismo de siglos pasados,


Lo de los pantágoras es apenas una muestra del encono vil de una parte tarada de nuestra sociedad cuyos genes europeos y americanos se han empeñado en mostrar a la humanidad que vivimos entre hienas.

2 comentarios:

  1. Sabes donde puedo conseguir dibujos o imagenes de los simbolos de los pantagoras?

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