viernes, 31 de mayo de 2013

EN LA GUERRA DE LOS MIL DIAS- TOMA DE SAN FRANCISCO-CHINCHINÁ

Alfredo Cardona Tobón.*



En  la edición Número 403 del “Repertorio Oficial”, el general Jesús María Arias informa al general Juan Pablo Gómez, comandante de las tropas antioqueñas, sobre la incursión guerrillera a la población de San Francisco- (hoy Chinchiná) el día 18 de mayo de 1901.

Por esa época la situación era sumamente delicada para las fuerzas del gobierno; se combatía en la costa, en Panamá, en los Santanderes y en el sur del país. En esta zona aunque no se presentaban combates entre fuerzas regulares de la revolución y del gobierno conservador, la situación era invivible por la cantidad de bandas armadas de uno y otro partido que asolaban los campos y las poblaciones más aisladas. La ciudad fronteriza de Manizales, especialmente, se estaba viendo amenazada  por las cuadrillas que operaban en las riberas del rio Cauca y por los irregulares que iban ganando terreno en el norte del Tolima.

El 20 de enero de 1901 guerrilleros liberales sorprendieron, a las tres y media de la madrugada, a 150 soldados gobiernistas que guardaban la plaza de Honda. Tras intenso tiroteo,  y viendo que era imposible tomar el cuartel, los  atacantes regaron el edificio con petróleo y lo sembraron con dinamita; fue la única forma de vencer a los bravos soldados que perecieron entre el fuego y la explosión de la dinamita. Con la toma de Honda las guerrillas avanzaron por Soledad y Fresno mientras desde las orillas del río Cauca los irregulares de Manuel Ospina y Ceferino Murillo intensificaban los ataques a Salamina y entraban a San Francisco (Chinchiná) amenazando peligrosamente a Manizales.

EL ATAQUE A SAN FRANCISCO

Fue en la madrugada del 18 de mayo de 1901: los pocos policías acantonados en la aldea y el resto de la población dormían plácidamente; nadie esperaba un ataque a San Francisco: que las cuadrillas atacaran a las florecientes poblaciones del sur de Antioquia se explicaba, pues en ellas encontraban provisiones y armamento; pero que atacaran a San Francisco, una aldea pobre y sin mayores recursos sólo se explica después, al analizar una serie de ataques simultáneos, que tenían por objeto mostrar la fuerza de las guerrillas liberales y  sembrar la zozobra en el norte caucano y el sur de Antioquia.

No había aparecido el sol cuando el tropel, los gritos y los disparos hicieron callar los grillos en San Francisco y despertaron a los vecinos que trancaron puertas y se encomendaron a la  misericordia divina; el caratejo Mejía se escondió en el zarzo de su vivienda, doña Domitila encendió un ramo de Semana Santa y de rodillas empezó a desgranar las cuentas del Rosario y don José se escondió en medio de unos atados de leña.

¡Virgen Santísima!- exclamó la mujer del alcalde y don Jesús, cabo de la policía echó mano a una escopeta; y en medio de los sollozos de su mujer y el llanto a grito pelado de sus dos hijas se preparó a morir por la patria, en tanto que Guillermina dejaba las arepas a medio dorar y se perdía entre las matas del solar vecino.
Luis Quintero y Felipe Orozco al frente de 25 cuadrilleros se apoderaron de San Francisco sin encontrar la más mínima resistencia; derribaron la puerta de la Casa Municipal donde encontraron unos chopos con tornillo,(fusiles con bayoneta), recogieron unos pesos de impuestos y a continuación saquearon las tiendas y las casas principales.

Al igual que como entraron  los guerrilleros salieron de San Francisco gritando: ¡Viva el Partido Liberal y abajo los godos! A más del pánico, los robos en la alcaldía y en algunas casas, la desaparición de unos caballos y unas cuantas gallinas, no atropellaron a los vecinos ni cometieron otras fechorías; los perros los saludaron a la llegada y con ladridos los despidieron hasta que el último cuadrillero se perdió en la lejanía y seguramente por ser una toma incruenta los vecinos de Chinchiná no se dignaron asentarla entre sus crónicas.

LA PERSECUCIÓN

Apenas se pasó el susto los vecinos avisaron por telégrafo a Cartago y a Manizales sobre la incursión guerrillera; al cabo de pocas horas llegaron tropas de Manizales que se unieron a los lugareños en la persecución de los asaltantes. Tras dos días de marcha forzada los gobiernistas alcanzaron a los  cuadrilleros en un punto no especificado en la serranía de San Julián. Fue un combate corto y sangriento, en la acción quedaron gravemente heridos los coroneles gobiernistas Fernando Orozco y Teodoro Jaramillo y los guerrilleros dejaron en el campo dos muertos y un herido; tropas de Cartago taponaron los pasos de Vargas y de Santágueda sobre el río Cauca y una fuerza combinada de Santa Rosa y de Pereira se unió al batallón Estrada de Manizales en la búsqueda y captura de los guerrilleros.

Bajo el comando del general Arias en Manizales y del general Cerezo en Cartago, se intensificaron las redadas y las cárceles se llenaron de  liberales acusados sin pruebas de pertenecer a las guerrillas o de apoyar a los cuadrilleros. El 18 de mayo el general Jesús María Arias, temido por sus arbitrariedades, convocó un Concejo de Guerra que condenó a muerte a Marcos Arbeláez y a  dieciocho años de cárcel a Ramón María Márquez y a José María Palacio.

Las medidas conjuntas de Manizales y Cartago surtieron efecto; en menos de un año las tropas del gobierno arrinconaron a las guerrillas de las orillas del río Cauca y las hicieron desplazar hacia las selvas del Chocó, mientras en el norte del Tolima, las tropas de Antioquia dezmaron a las guerrillas del Negro Marín, de Tulio Varón y otro notables jefes rebeldes.

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