El terremoto del 10 de agosto

 

EL TERREMOTO



Alfredo Cardona  Tobón

Fotos Cortesía Jorge Eduardo Cardona B.

A los errores del gobierno de Gustavo Petro se sumó la devastación causada por el terremoto  del 10 de agosto del año en curso. El sismo de magnitud 7.4 y profundidad de 103 kilómetros tuvo como epicentro la población de San José del Palmar en el Chocó  y afectó las ciudades de Pereira, Cali, Manizales, Armenia y más de 400 centros poblados del centro y occidente de Colombia.

En este terremoto Colapsaron  edificios, aeropuertos, sistemas de trasporte, se afectaron más de 143.000 familias, fallecieron  más de 300 personas, desaparecieron  bajo los escombros  centenares de compatriotas y  se arruinaron  prósperas regiones asoladas por la naturaleza inclemente.

A las 7 y 34 am empezó a sentirse el  terremoto, poco a poco se intensificaron  sus efectos, cayeron los cuadros y los adornos, vibraron los muros, se cuartearon las vigas , se resquebrajaron  los revoques los bloques se desplazaron , las barandas se zafaron, se reventaron las escalas, fallaron  las tuberías … llanto y pánico, desespero y desesperanza se confundieron con el polvo que cubría calles y avenidas  mientras un ruido atronador acompañaba los vecinos, muchos en paños menores, que presos del susto, corrían para salvarse de  los ladrillos que  tapizaban  los  jardines cercanos.

Las horas pasaron en  medio de la incertidumbre, hubo quienes se sobrepusieron a las circunstancias y cerraron válvulas de agua y gas para evitar inundaciones e incendios,     en tanto se armaban  carpas  suministradas por las autoridades y repartieron auxilios  para hacer frente al hambre y la sed que envolvía a los rescatistas y voluntarios que luchaban para arrebatar a la muerte la gente sepultada entre los escombros.

En minutos el terremoto destruyó a Pereira,  en menos de dos minutos se malogró el esfuerzo de siglos, las torres cayeron vencidas por la fuerza inclemente del sismo  cuya furia era una tromba del infierno.

LOS COSTOS DE LA RECONSTRUCCIÓN.

La reconstrucción sobrepasa los  40.OOO millones de dólares  financiados por prestamos y aporte internacionales, tras esa tarea titánica llegará una recuperación lenta y compleja, “los  colombianos  estamos acostumbrados a renacer como el ave fénix  de las cenizas” dijo el presidente De la Espriella” y como en todas las guerras y tragedias  que nos han asolado  a través de los siglos  saldremos adelante a la adversidad.

 Para rematar, como si no fuera suficiente tanta vicisitud, al llegar la noche se desató un aguacero torrencial que abatió  a los afligidos vecinos resguardados en las carpas. Pese a tanta desgracia, en medio de la catástrofe emergió la Colombia buena y solidaria para ayudar por encima de las diferencias. Volvieron a saludarse los vecinos distanciados y alrededor de un sancocho solidario preparado  con los aliños que unen en tiempos calamitosos  sintieron que no estaban solos, que había un Dios que atenuaba las desgracias. se tenía un manta para compartir o una fruta para acompañar la magra merienda  pese al frio que se colaba hasta los huesos

MUCHO QUE REPASAR.

Esta tragedia no es gratuita. En una carrera desaforada  de urbanismo  y  progreso nos olvidamos que no se puede atropellar  la naturaleza impunemente: pues no se debe edificar sobre   humedales ni viejos cursos de ríos  ni tampoco levantar torres sobre arena, ya que  hay tierras aptas y otras  que no lo son, pero todo  esto se olvida en función del dinero. se  tienen  normas antisísmicas que no se respetan o se olvidan. Hay límites para las construcciones que no se pueden ignorar como tampoco el estudio de suelos cuyas características varían de lote en lote.

Tenemos poco  control y escasos estudios y las consecuencias son desastrosas. Ahora viene  la reconstrucción demorada y costosa  sin que valgan plazos para quienes carecen de techo y no tienen recursos para atenuar  esta tragedia. Habrá que tener  mucho  cuidado con los avivatos, con los que aprovechan las circunstancias y echan mano a recursos que no les  corresponden. El  apoyo es para los damnificados, no para gentuza que va de desgracia en desgracia aparando recursos. Ojo con ellos y  tengamos en cuenta que hay pobres vergonzantes, ciudadanos de clase media que aguantan hambre porque   son incapaces de mendigar… ojo con aquellos que arrebatan el pedazo de pan y el refugio a  quienes por siglos han amasado esta tierra y ahora claman por un vaso de agua y, unas chamizas para preparar una aguapanela.

Es  hora de reconstrucción y apoyo, de sumar voluntades y esfuerzos y hacer a un lado los clamores perniciosos que  separan en estas horas de aflicción y congoja  Nunca se sumaron tantas desgracias, nunca se ha necesitado  el concurso de los patriotas como en estas calamitosas circunstancias. Que Dios  nos ampare y nos lleve de la mano pues cayeron sobre media Colombia todas las fuerzas de Satanás.        

 

 

 

                           

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