domingo, 11 de agosto de 2019

LOS LANCEROS DE TAME

 

Alfredo Cardona Tobón


                                            Juan José Rondón

A las tres de la tarde  del 4 de febrero de  2001, unos terroristas abandonaron una camioneta Cherokee  de placa venezolana  en una zona cercana al Mausoleo de los Lanceros en la ciudad de Tame; al sospecharse que llevaba explosivos se suspendió el tráfico,  pero el vehículo explotó  antes de  la llegada de los expertos, afectando las viviendas vecinas y el  Mausoleo con los restos de dos lanceros tameños que acompañaron a Rondón en la carga del Pantano de Vargas .

En 1996 la comunidad de Tame rescató  las cenizas de Bonifacio Gutiérrez Zambrano y de Saturnino Gutiérrez  Daza  y honró  su memoria en el Mausoleo en forma de pirámide chata,  ubicado en la vía al aeropuerto Vargas Santos de la capital de Arauca. La historia  dice que cuatro de los catorce lanceros que acompañaron a Rondón eran tameños: los despojos mortales de dos de ellos están en Tame y en Tibasosa reposan las cenizas del  sargento Inocencio Chincá, cuya memoria se exalta en ese bello pueblito como si fuera  uno de los suyos. El cuarto lancero de Tame  fue Pablo Matute, aunque hay dudas, varios historiadores  dicen que fue venezolano  y otros lo confunden con Domingo López Matute, un legendario llanero del Apure cuya vida terminó en  la provincia de Salta en la Argentina.

Domingo López Matute
 
Se conoce la existencia de lucha y trabajo de Bonifacio Gutiérrez y el heroísmo de Inocencio Chincá, pero  nada se sabe de Saturnino Gutiérrez y entre la leyenda y las cábalas ha quedado el pasado de Pablo Matute o Domingo López Matute.

 Dicen las crónicas que Bonifacio Gutierrez  Zambrano  recibió graves heridas en el Puente de Boyacá, sus compañeros lo rescataron y lo  condujeron  a  Tunja donde la familia Luengas Valdéz  lo atendió con esmero  hasta que se recuperó  y  regresó a los llanos. Doce años   después, Bonifacio regresó a Tunja en  calidad de diputado por Casanare   y al relacionarse con los notables de la ciudad  tuvo la oportunidad  de conocer a Obdulia, una bella mujer de veinte años, sobrina del  Obispo de la diócesis.

 Como el mundo gira a su manera y los destinos se cruzan, resulta que Obdulia era la muchachita de ocho años que  llevaba jugos de frutas a Bonifacio cuando él se recuperaba  en la casa de  sus padres.  La pareja empezó a verse y el  amor se incendió con tal llama,  que apenas conociéndose,  Bonifacio y Obdulia decidieron formar un hogar, pero el papá, Pedro Luengas, se opuso , pues no quería que su hija se internara en matorrales  lejanos con un hombre de color que apenas distinguía.

El idilio continuó pese a todo,   hasta que una noche de 1832, Bonifacio raptó a su amada y  tomó rumbo al Casanare al sitio de San Lope  donde el gobierno republicano le cedió 50.000 hectáreas en reconocimiento  a los servicios prestados a la patria. La inmensidad de San Lope no satisfizo a Bonifacio quien extendió el hato con terrenos de Capibabare,  una  antigua  hacienda de  los jesuitas, abandonada en el siglo XVII  cuando   la Corona española  expulsó a  la comunidad religiosa de las colonias americanas. Así se conformó el  Hato Corozal, donde actualmente está situado el municipio de ese nombre y también la Yegüera,  otro gran establecimiento donde  se levantaron los ocho hijos de Bonifacio y Obdulia, la valiente mujer que tomó el  mando de la enorme propiedad tras la muerte de su marido.

Bonifacio Gutiérrez Zambrano pereció al rodar por un despeñadero, se ignora la suerte de Sinforoso  Gutiérrez  Daza. Por su parte Inocencio Chincá, mestizo de ancestro guahibo, fue lanceado  en la Batalla de Boyacá en un duelo con un oficial español y murió tres días después en Tibasosa al gangrenarse  la herida.

En Tame se habla de un cuarto lancero tameño en el ataque comandado por José María Rondón: Se mienta a Pablo Matute, pero puede haber  una equivocación al confundir este nombre con el de Domingo López de Matute, un llanero oriundo de  Guardatinajas, Venezuela, que parece ser el mismo Pablo Matute de la avanzada llanera que se hizo gloriosa en el Pantano de Vargas, luchó en Las Queseras del Medio, en  El Sombrero, en Boyacá, en Bomboná, Ayacucho y Junín y acompañó a Sucre en las campañas del Alto Perú. Al postergársele un ascenso en Bolivia, Domingo López Matute desertó con 170 granaderos para incorporarse  a las tropas del general Juan Antonio Álvarez, gobernador de la provincia de Salta en el Río de La Plata. Esta fuerza mercenaria luchó al lado del mejor postor, llenando de pavor el norte de la Argentina.  Domingo raptó una señorita de la alta sociedad de Salta para casarse con ella,  pues sus padres, como había ocurrido con Bonifacio Gutiérrez se oponían al matrimonio debido a su color y su procedencia. Al rebelarse     “El Tigre del llano” contra el gobernador de la provincia, lo apresaron y  fusilaron el 17 de septiembre de 1827

Los granaderos colombianos cayeron uno a uno en  medio de la lucha intestina entre federales y unitarios; quedó  la leyenda y el recuerdo de esos llaneros  sin Dios ni disciplina que intervinieron en las primeras guerras intestinas del  norte argentino.

La explosión de la camioneta el 4 de   de 2001, causó serios daños en las inmediaciones y  abrió la tumba donde reposaban  Bonifacio y  Saturnino Gutiérrez. El presidente del Centro de Historia de Tame, don  Plutarco Granados,  rescató dos cajas grises donde  estaban los huesos  de los lanceros y las depositó en el cementerio de la ciudad  hasta que restauraron el  Mausoleo, adonde nuevamente se llevaron los despojos mortales de los dos héroes. Aún faltan las  placas de mármol con los nombres de los lanceros; por  lo pronto los Gutiérrez  en Tame e  Inocencio  Chincá en Tibasosa están en buenas manos.  ¿ Quien sabe que pasó con las cenizas de Domingo o Pablo Matute, señalado por la historia sureña como un grancolombiano, peligroso y en  nuestra historia  como uno de los centauros que salvó la patria?