domingo, 20 de enero de 2019

BOLÍVAR Y LUISA CROBER


EL ATENTADO  EN KIGNSTON- JAMAICA

Alfredo Cardona Tobón 
 
 

En mayo de 1815  un buque inglés atracó en aguas jamaiquinas  con Simón Bolívar, varios oficiales amigos y dos libertos que estaban a  su servicio . Atrás quedó Cartagena con sus murallas, los celos y las  rivalidades  que habían obligado al Libertador   a  exilarse en tierra extraña  mientras en Venezuela y la Nueva Granada las tropas españolas reconquistaban sus antiguas posesiones y los criollos se empeñaban en guerras intestinas.

Bolívar  pagó  tres meses por adelantado la estadía en una  modesta posada y en un cuarto  grande  el grupo que lo  acompañaba  colgó las hamacas y las pocas pertenencias. Bolívar estaba muy corto de dinero y a merced de los préstamos de algunos viejos amigos.

Es otra época en la vida del Libertador. Ahora enfunda su espada y la cambia por la pluma, ahora las voces de mando en la batalla se transforman  en  una llamada al mundo  civilizado para que apoye la causa americana. Bolívar no descansa un minuto en su lucha por la libertad; busca la ayuda  esquiva de  Inglaterra y  empieza a destapar las aviesas intenciones de Estados Unidos, que como un buitre, espera el desastre de la revolución hispanoamericana para aprovecharse de la decadente España y armar su dominio con las antiguas colonias.

Mientras  Bolívar conspira, saca tiempo para el  baile y las mujeres, está en su temperamento inquieto enamorar y gozar de la vida. Así que fija sus ojos en una rica viuda dominicana, de ojos verdes y piel canela que hace  delicias en la cama; su nombre es Luisa Crober y como tantas  mujeres hermosas que pasaron por la vida del Libertador, la bella mulata quedó  unida a los recuerdos de Bolívar, no tanto por la duración e intensidad del idilio sino porque  su juego amoroso  evitó   que acabaran con la vida de Bolívar.

Se dice que en la noche del  9 de diciembre de 1815 don Félix Amestoy, un agente venezolano que reclutaba mercenarios para las fuerzas patriotas,  se acercó a la  posada donde se alojaba Bolívar ; al  no encontrarlo lo esperó en la posada,  pues debía viajar al  día siguiente  a cumplir con ciertos negocios en Los Cayos.

 Bolívar  estaba cenando en casa de un comerciante conocido y tras la charla y algún vino se dirigió a la mansión de Luisa Crober a pasar el resto de la noche entre sábanas y caricias. Las horas  pasaron y Félix  Amestoy, vencido por el sueño, se recostó en la hamaca de Bolívar y se quedó dormido.  Mientras Amestoy roncaba alguien  salió de las sombras, sigilosamente se aproximó a la hamaca donde estaba el comerciante y le descargó dos puñaladas, una le traspasó el corazón y otra le cercenó la garganta.

Los gritos del moribundo despertaron a los oficiales  Pedro Briceño, Antonio Paez y a Ramón Chipia quienes pensaron que habían asesinado a  Bolívar. También   apareció  Andrés, que junto con  otro negro llamado  Pio   habían continuado  atendiendo al antiguo amo después de ser liberados.

 En tanto que los  oficiales indagaban y buscaban entre las sombras al asesino,  Andrés corrió adonde estaba Bolívar para comunicarle la  trágica noticia. Unos fuertes golpes en la puerta de su casa despertaron a Luisa Crober; Bolívar se levantó del lecho, se vistió apresuradamente, tomó la espada y fue tras su antiguo esclavo hasta la posada donde encontró al ensangrentado cadáver de su amigo.

Cuando Pedro Briceño  contaba lo ocurrido, entró Pio cuya consternación fue evidente al ver que Bolívar seguía con vida. El Libertador le hizo varias preguntas y quedó convencido que el negro de diecinueve años que conocía desde niño y tenía por amigo fiel era el  homicida. Bolívar echó mano a las pistolas y ordenó que amarraran a Pio para ponerlo en manos de las autoridades. Cuatro días más tarde los ingleses ahorcaron a Pio y  exhibieron su cabeza en una pica para  atemorizar y  desalentar a los  futuros asesinos..

Tiempo después se supo que el autor intelectual del atentado había sido  el español Salvador Moxó quien sedujo a Pio con la suma de  dos mil pesos. Se supuso que  el “Pacificador” Pablo Morillo estaba detrás del crimen pero nunca se pudo probar el hecho.

 

Bolívar permaneció en Jamaica hasta fines de 1815 o primeros días de enero del año siguiente.  Estaba sin dinero y era un huésped incómodo para los ingleses, así que primero se dirigió a Trinidad y luego  tomó rumbo hacia  Haití, donde el  presidente Petión lo  auxilió con tropas y dinero para desembarcar en las costas venezolanas y continuar la lucha por  la liberación de su patria.

Luisa Crober  conoció  otra faceta de Bolivar:  al estadista, al hombre que soñaba con una patria americana, con la Colombia que creó Miranda.  Quizás a su lado el Libertador le dio forma a  la “Contestación  de un americano meridional a un caballero de esta isla”,  que siglos después se conoció como la Carta de Jamaica, allí Bolívar expuso las razones que provocaron la caída de la Segunda República Venezolana,  justificó la rebelión  de los criollos, hizo un llamado  para continuar la lucha y propuso la integración de las naciones latinoamericanas.

Por su parte Luisa Crober con la jugosa dote que le dejó el marido continuó en Jamaica  con sus fiestas y jaranas y su camino no se volvió  a cruzar en la vida de Bolívar; fue la dicha de  Bolívar en una temporada  y el medio para que el Libertador le hiciera  uno de los tantos quites a la muerte.