domingo, 29 de abril de 2018

EL GENERAL JOSÉ MARÍA MELO



CUANDO LA REALIDAD SOBREPASA LA FICCIÓN

 Alfredo Cardona Tobón
 
                                              General José María Melo

Al caer la tarde del primero de junio de 1860  un grupo de indígenas tojalabales de la hacienda Juncaná, en La Trinitaria, recogió cinco cadáveres ensangrentados para sepultarlos al frente de la capilla del poblado. El molesto zumbido de las chicharras cortaba la soledad  y ponía punto final a un drama que había empezado horas antes,  cuando por orden expresa del general Juan Ortega, un pelotón de fusilamiento acabó con la vida  del  general granadino José María Melo.

 Desde semanas atrás  Melo estaba entrenando un  destacamento de  cien jinetes con el objetivo  de resguardar la frontera con Guatemala, amenazada por los enemigos del gobierno mejicano; en esa madrugada de junio nada hacía presagiar el  ataque, pero por descuido o por novatada  de la tropa, sorprendieron la columna de Melo, hirieron al general y a rastras se lo llevaron prisionero.

 El fin estaba cantado, la orden era acabar con la vida del general Melo  sin  atender formulismos. Al esculcar el cadáver  encontraron un reloj, una cartera vieja, algunas cartas y cuatro pesos; esos eran los bienes del  hombre que luchó por la libertad americana  en  Jenoy, en Ayacucho y Junín, defendió a su patria en el Portete de Tarqui, buscó la reintegración de la Gran Colombia, fue presidente de Colombia, se enfrentó a la  gavilla de intocables cuyos descendientes continúan gobernando el país, combatió a los  filibusteros que quisieron anexar a Centroamérica al imperio yanqui y  ofrendó su vida por Benito Juárez.

EN TERRITORIO VENEZOLANO

Melo fue un hombre de combate: apoyó a Rafael Urdaneta en su breve mandato dictatorial y por ello se le expulsó a Venezuela. Allí  se unió a los conspiradores que en 1835  buscaban  derrocar al presidente José María Vargas y reintegrar la Gran Colombia; pero al retornar Páez al poder se expulsó de Venezuela a Melo quien tras un corto recorrido por las islas caribeñas se dirigió a Europa, quizás con el apoyo de sus compañeros masones.

En Alemania Melo asiste a la Academia Militar de Bremen y se interesa por  las ideas cuyos coletazos golpean a la desigual e injusta sociedad colombiana. Melo no fue un sargento ignorante como lo presentan algunos autores, sino un militar de escuela y un estudioso que se aproximó a las doctrinas socialistas de entonces.

LA REPÚBLICA ARTESANA

En  1840  Melo regresó al país para dedicarse a negocios particulares en Ibagué, luego a la política en las filas liberales y como hombre de cuartel volvió a las filas con el grado de general para ocupar la Comandancia Militar de Cundinamarca.

Melo era un indio  de clara estirpe pijao; tal vez por eso se convirtió en un símbolo popular, en la esperanza de la gente sin voz atropellada por quienes entregaron el país a los intereses extranjeros, arruinaron la naciente industria  nacional y acogotaron de hambre a los artesanos. Los genios de la economía criolla aseguraban que  solo servíamos para producir materias primas y eran los arios y los  anglos los llamados por la Naturaleza para desarrollar la ciencia, la tecnología y controlar los procesos de trasformación.

Además de considerar al pueblo raso como un incapacitado mental, los dueños del poder quisieron marginar a los militares que nos habían legado la independencia, desterrar a los jesuitas y acabar con el ejército. Ante tales perspectivas se fraguó una  alianza entre los artesanos hambrientos y los militares proscritos y el 17 de abril de 1854, con un golpe de cuartel, el pueblo tuvo el poder por primera y única vez en nuestra historia, con José María Melo como presidente.

De inmediato los dirigentes liberales y conservadores invocaron la Constitución,   conformaron un Frente Nacional y con tropas armadas por los capitalistas atacaron la República Artesana, que, sin recursos, se defendió como pudo. La manguala bipartidista triunfó en el Valle del Cauca y en Antioquia y el  4 de diciembre de  1854 tomó la capital de la República acabando con el primer intento de un gobierno popular. Cuando todo estaba consumado, el general Melo tomó sus dos pistolas turcas, se dirigió  a las caballerizas  donde cuidaban sus animales pura sangre y con su propia mano sacrificó lo que más  amaba  para que no se convirtiera en  un botín de guerra.

DE NUEVO EN EL EXILIO

¡Fusilen!-  ¡Exilien¡- Son los gritos del general Mosquera. Muchos perecen en  lejanos e inmundos calabozos, otros bajo el  fuego de los pelotones de exterminio. La guadaña  de la muerte barre al pueblo: caen sastres,  guarnecedores, jaquimeros y militares  cuyo único  pecado es la defensa del pan de sus familias. Los vencedores quieren ejecutar a Melo pero no pueden tocarlo, pues sus antiguos  amigos liberales lo protegen; como no pueden asesinarlo  lo   extrañan de su patria y el glorioso militar, héroe de mil combates,  deambula por  Centro América  en un periplo lleno  de interrogantes

En 1857 el general granadino solicita al presidente de Costa Rica un permiso para explotar dos minas de oro en asocio con el venezolano Francisco Parga y se pierden sus huellas durante dos años; se sospecha que, con otro nombre, luchó en Nicaragua contra William Walker, un filibustero que pretendía anexar ese país a los Estados Unidos. Es una hipótesis que podría ser  cierta porque Melo era un guerrero que  no podía permanecer impasible ante esa lucha dispareja.

En 1859  Melo es Inspector  General del Ejército  de Salvador. De la nada crea el ejército más poderoso de Centro América y establece una Academia Militar. Esto bastó para levantar la envidia de los militares salvadoreños y perder el respaldo  del presidente  Gerardo Barrios. Melo atravesó  sin detenerse el territorio de Guatemala, donde gobernaba el dictador Carrera y llegó a territorio de México.  El  17 de marzo el periódico “La Bandera Constitucionalista” ´publicó en forma destacada la noticia de su llegada a Tuxtla; es entonces cuando Melo  se integra al ejército de Juárez y se traslada a  Comitán con el objetivo de apoyar el  gobierno de Juárez .

Mucho tiempo ha trascurrido desde esa madrugada del primero de junio de 1860 y en ese largo tiempo se ha querido borrar la memoria de un hombre de extracción humilde que como Jorge Eliecer Gaitán agitó las banderas populares. Durante el gobierno de César Gaviria se intentó rescatar las cenizas de José María Melo. Nadie más se ha interesado en traer los restos de este glorioso general  cuya vida real  supera cualquier  novela.

 

 

 

 

 

 

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