sábado, 14 de octubre de 2017

ROBERTO PATIÑO Y EL SARGENTO GARCIA



Alfredo Cardona Tobón
Cerros Puntelanza y Gobia, en primer plano el territorio de Naranjal
Al empezar el gobierno del presidente Mariano Ospina Pérez, Roberto Patiño era uno de los pocos conservadores residentes en la zona urbana de Quinchía. Este paisa oriundo de Don Matías había llegado al pueblo en el año 1944 como chofer de un bus escalera del jefe gaitanista Luis Ángel Cardona; por ese entonces frisaba en los treinta años, usaba ruana y finos sombreros de fieltro que solamente se quitaba para ir a  dormir. Roberto era un hombre parco , de pocas palabras, que  caminaba a trancos balanceándose como las aves de largo vuelo que recorren trechos cortos en tierra.

                                                Luis Angel Cardona Salazar
Al principio el recién llegado  iba a la casa de su patrón a cuadrar cuentas, luego lo invitaron a tomar  “algo” y empezó a charlar con la  cuñada de don Luis, una bella mujer de veinticuatro años, que en ese entonces, cuando las mujeres se casaban casi niñas, parecía destinada a vestir santos

 El noviazgo fue corto; en menos del año nació el primogénito y en la amplia casona de don Luis hubo espacio suficiente para albergar a la nueva familia. Como Roberto era un trabajador incansable, se convirtió en socio de don Luis, compró una finquita por el lado del Higo,  adquirió una yegua de paso fino y un potrero por Callelarga que surtió con vacas de leche.


 Roberto llenaba el escaso tiempo libre jugando dominó, matizado con tragos de aguardiente que apuraba en una cantina frente al cementerio, libre de la mirada inquisitiva de Lila, una muchacha embera contratada para los oficios domésticos y que inexplicablemente estaba al tanto de todos  los movimientos del señor de la casa.

A nadie le importaba el   conservatismo de Roberto;   incluso pensaron que se había “volteado” pues se habían dado casos de godos que admiraban a Jorge Eliecer Gaitán. Por lo anterior no fue extraño que a fines de octubre de 1949, cuando la policía “chulavita” y los “pájaros” de los pueblos vecinos irrumpieron en Quinchía, Roberto Patiño cargó sus cosas en el bus escalera y al igual que centenares de aterrados liberales, abandonó el pueblo para buscar asilo en un lugar tranquilo.
DE GUATEMALA A GUATEPIOR
La salida de Roberto se tomó como un gesto de solidaridad con los familiares de su esposa que se exilaron para salvar sus vidas: Tulio Tobón se dirigió a Pereira, Emilio Betancourt viajó a Medellín y Roberto con los suyos fijó rumbo a Don Matías, en el norte de Antioquia, donde además de helechos se producían pandequesos y se criaban  toda variedad de sacerdotes y religiosas.
Roberto con su bus escalera cubría la ruta entre Yarumal y Medellín; todo parecía perfecto en ese nido de obispos hasta la Semana Conservadora de principios de 1950; Chimilo Betancourt recuerda el domingo decembrino en que llovieron anatemas contra los liberales desde un parlante de la casa cural y no olvida la chusma armada que aupada por las consignas  de Monseñor Builes atacó las casas de los dos o tres liberales de esa localidad donde se desayunaba con agua bendita.
Al caer la tarde, hablaron de un  cachiporro venido de un antro de bandidos y la pedrea se concentró contra la residencia de Roberto Patiño.   Volaron tejas, saltaron los vidrios de las ventanas y llovieron los denuestos contra la indefensa familia. Al amanecer del lunes, los Patiño Tobón, por segunda vez en un mes,   empacaron el menaje, colocaron los colchones en el capacete del bus y sin mirar atrás repasaron el camino hasta Quinchía, cuya zona urbana estaba en manos de Antonio Sánchez y sus “pájaros” y en la parte rural mandaban las cuadrillas liberales orientadas por Pedro Brincos.
EN MANOS DEL SARGENTO GARCIA
Roberto Patiño sorteó indemne numerosos peligros, pero a fines de 1960 se le acabó la buena suerte, pues en un viaje al caserío de Naranjal cayó en manos de la cuadrilla del “Sargento García,” un bandido que militaba arropado bajo las banderas del Movimiento Revolucionario Liberal, MRL.
Por ese entonces l os campos de Quinchía se repartían  entre el grupo de Medardo Trejos, alias “Capitán Venganza”, el del Sargento  Héctor García, y el del Capitán Águila. Para transitar por las veredas de Santa Elena, Piedras, Opiramá y Guerrero era necesario un pasaporte expedido por “Venganza” y se necesitaba otro del “Sargento García” para internarse en el resto de la zona rural.
Héctor García, alias el “Sargento García,” detuvo el automóvil Ford de Roberto, lo hizo bajar del vehículo y le exigió el pasaporte, pero Patiño solo tenía un papel firmado por Claudio Rojas y refrendado por “Venganza”. Después de requisarlo, quitarle veinticinco pesos y los documentos, los bandidos amarraron al retenido en el suelo, sujeto a cuatro estacas que clavaron en el centro de la placita de Naranjal.
Héctor García , era un hombre rubio venido del Tolima con la gente de “Pedro Brincos”,  de regular estatura y una nube en un ojo era la autoridad absoluta en las veredas de Naranjal, Juantapao, Miracampos, Quinchiaviejo e Irra.
Los cuadrilleros se dedicaron a tomar licor en una tienducha de Naranjal; las horas pasaban y los cincuenta elementos del “Sargento García” exaltados por el licor se preparaban a rematar la bebeta con el asesinato de Roberto Patiño, quien adolorido y entumido, daba por seguro el término de su existencia.
De repente se oyó el sonido de un vehículo y apareció el bus  escalera  de Luis Ängel Cardona con una carga de aguacates con rumbo a Medellín. El antiguo jefe gaitanista se detuvo:
- ¿Hola Héctor, que pasa con mi cuñado?-  preguntó al  bandido.
- Nada más  ni nada menos que este  godo resultó  espía de la policía-.
- Si es así que las pague- agregó Luis Ángel- pero permití que se tome unos aguardientes, para que al menos  muera con dignidad sin orinarse del susto.
A las señal del “Sargento García” desataron a Roberto, que pálido y tembloroso se sentó al lado del  “Sargento García”. Los tragos se repitieron por cuenta de Luis Ángel y a las diez de la noche el bus escalera continuó con  la carga de aguacates y  con Roberto Patiño desgonzado en la última banca, más borracho que una mica. Sobra decir que ni Luis y Roberto volvieron a verse por Naranjal. Se  ignora, hasta ahora, cuánto pagó Luis Ángel por la vida de su cuñado. Vino la amnistía decretada en el Frente  Nacional, el “Capitán Venganza” aparentemente dejó las armas para obtener el dinero ofrecido por el Estado; el Sargento García, por su parte, no entregó las armas ni aceptó los términos del gobierno. El mismo día que festejaban la paz con “Venganza”,  una cuadrillo de Venganza bajo el mando de Gerardo Largo, alias  "Gasvilán Negro",  emboscó a Héctor García  en Naranjal y lo asesinó vilmente.. Así se cerró un capítulo de la época  que envolvió en su vorágine a Roberto Patiño,  un pacífico y buen ciudadano de Don Matías.



martes, 10 de octubre de 2017

LAS CENIZAS DE TULIO BAYER




Por Luis Arnul Carvajal


 

El sábado 27 de junio de 1982, “Tanque” llamó a casa a las 6:30 de la mañana terriblemente preocupada porque Tulio no se levantaba y parecía estar muerto.  Partimos de inmediato a su casa,  justo después de llamar a Arturo, amigo y médico, para que se nos uniera en el estudio  que Tulio compartía con  “Tanque”, situado  en el noveno piso  de la Torre Atlas, una de las tantas Torres de la Porte d´Italie, zona que empezaba ya a convertirse en el “Chinatown” de Paris.

El estudio constaba de un salón más o menos grande que servía también de dormitorio, un baño y una cocina. En la cocina por designios de Tulio, reinaba “Tanque” y debía hacer frente al condumio familiar con lo que tuviera a mano.  De modo que como mobiliario de cocina tenía dos baúles metálicos, estilo Leroy Merlyn, que servían de acomodo a las múltiples mudanzas que la pareja realizaba buscando alojamiento en los barrios parisinos. En esos baúles guardaba los utensilios y demás trastos que utilizaba para cocinar porque, según sentencia bayeriana de Tulio, ella tenía que apañarse con lo que tuviera a mano, como si estuviera en la selva colombiana de supervivencia.

Ese mismo sistema de supervivencia se utilizaba en el salón dormitorio donde existía una mesa con cuatro sillas plegables, dos máquinas de escribir eléctricas, marca IBM, calibradas de tal manera que si una dejaba de funcionar o se atascaba, inmediatamente se saltaba a la otra, ya que el método de ganarse la vida de Tulio era traducir al español 80.000 palabras por día, de lo contrario no era rentable el pago que recibía.  Trabajaba como traductor para varias agencias especializado en armamento y medicina. La industria del armamento, cuando quería traducir al castellano su catálogo, lo repartía entre varias agencias como medida de seguridad, dándose la paradoja de que todas esas agencias contrataban a Tulio quien traducía al completo y luego repartía de nuevo la traducción, manteniendo vivo el espejismo de la seguridad militar.

En la pared del frente existía un tablero blanco donde “Tanque” escribía las palabras difíciles de traducir o que quedaban pendientes para ser revisadas más tarde.  En un rincón del salón y tirado en el suelo, como en campaña militar, estaba el colchón doble donde dormían y en el que en ese momentos, el enorme cuerpo de Tulio reposaba sin vida.

Tulio Bayer Jaramillo tuvo la muerte menos esperada y la que en ningún momento su mente llegó a vislumbrar. Se acostó por la noche y nunca se levantó.  El corazón le jugó una mala pasada pues en sus locuras de hombre enfermo, imaginó mil maneras de quitarse la vida.  Tenía 58 años y desde hacía varios meses las piernas se le hinchaban y se sentía aquejado de enfermedades. Su comentario permanente era que ya estaba jodido y no quería ser un estorbo Los pocos médicos que visitó le recetaban dieta y remedios, que, inevitablemente, siguiendo sus instintos de médico bayeriano nunca siguió ni tomó.  Él se diagnosticaba y se prescribía como si estuviera en la selva colombiana, en donde su mente enfermiza  y sus recuerdos quedaron incrustados y petrificados para siempre.

Hacía tiempos que había tomado la decisión de suprimirse. Según sus propias palabras, quitarse la vida no constituía un problema. Tirarse por la ventana del noveno piso, tirarse al metro de Paris o meterse a la bañera y pegarse un tiro, eran algunas de sus soluciones inmediatas. De hecho, seis meses antes de su muerte, se había comprado un rifle calibre 22 que mantenía junto a la máquina de escribir apoyado en su silla.  En la pared del fondo junto a la puerta, había colocado un hacha grande contra la cual disparaba sus municiones cada vez que le llegaban las oleadas de rabia.

Pero el dilema, el Gran Dilema, que afrontaba Tulio en ese entonces, no era su muerte, sino el destino de “Tanque” después de su muerte. No concebía en ningún momento que ella pudiera tener vida sin él. Que pudiera existir sin su presencia. Por lo tanto, en su lógica bayeriana, lo primero que tendría que hacer era matarla y luego matarse. Era un acto de justicia racional que su mente encontraba como acción de sensatez lógica y consecuente. Pero nunca encontró la fuerza suficiente para realizar esa acción.

Amira Pérez Amaral, la compañera venezolana de Tulio a quien apodó “Tanque” para toda su vida, era una rolliza indígena que conoció en Puerto Ayacucho (Venezuela) y que lo seguía por todas partes obedeciéndole en todos sus caprichos y sirviéndole hasta en cosas que nos dejaba asombrados. Le gritaba “ Tanque, agua..; “Tanque, leche…”  y Amira sin decir nada, salía de la cocina para servirle el agua o la leche… ¡ que Tulio tenía en la mesa frente a él¡. Así mismo, sin decir nada, era ella la que encontraba las palabras exactas en las traducciones y las escribía en la pizarra de trabajo. Por ese comportamiento machista y desconsiderado,  mi compañera Rosa mantuvo  con Tulio  acaloradas discusiones en las que Tulio intentaba justificar lo injustificable, basándose  en la tradición machista del pueblo colombiano y para ratificar su posición llegó a grabar en un casette múltiples canciones tradicionales en donde se demostraba  la conducta del hombre macho. Evidentemente, Rosa se convirtió en una aliada de “Tanque” y la llevó a alejarse de Tulio en una de las más tiernas y duras peleas que tuvieron Tulio y Amira.

Conocí a Tulio Bayer en 1978 cuando empezaron a formarse las Asociaciones por la Defensa de los Derechos Humanos en Colombia   por toda Europa, en el gobierno de Turbay Ayala, en donde, hasta Gabo tuvo que salir corriendo.

Ese corpulento hombre de casi dos metros de altura, desgarbado y con cara de niño debido a que era barbilampiño, me brindó su amistad de inmediato y pronto me enteré de su extraordinaria vida como médico guerrillero y de sus andanzas como refugiado colombiano en Paris. Se los presenté a todos mis amigos entre ellos a su paisano el poeta Eduardo Aguilar, a quien Tulio empezó a llamarlo el Virgilio caldense.

La austera vida que llevaba Tulio solo se veía alterada por el consumo cuantioso de vino y coñac, hasta que los médicos en 1981, se lo prohibieron y entonces decidió tomar solamente leche mientras todos tomábamos vino.  Pero hasta ese entonces sucedieron dos episodios que perturbaron la vida de ermitaño que mantenía en ese tiempo.

LA PELÍCULA DE LA PELÍCULA

La participación decidida en los actos por la defensa de los derechos humanos en Colombia, abrió la puerta de su casa a muchos intelectuales, escritores, estudiantes ( algunos terminando su adolescencia) y emigrantes colombianos que empezaron a frecuentar su domicilio y a participar  en las nutridas cenas que ofrecía, regadas de copioso licor Aparte del arrendamiento, estos gastos se los podía permitir Tulio, puesto que llevaba una frugal vida monacal y poco a poco mantuvo una buena cuenta de ahorros en el Banco. Un día el Banco le propuso invertir esos ahorros en productos financieros y en la paranoia que constantemente mantenía, Tulio decidió que su peculio debería servir para otra cosa distinta que alimentar a los prestamistas. En las tertulias con los colombianos, poco a poco fue surgiendo la idea de realizar una película sobre la vida de los colombianos en Paris.  La idea fue tomando forma y se empezó a hablar de quien o quienes podían ser los guionistas, de quien o quienes podían ser los directores y Tulio, como productor del film, actuó como maestro de ceremonia para que democráticamente se realizara tan loable empresa. Pero no contaban con la idiosincrasia colombiana pues a la hora de seleccionar guionistas y directores, empezaron los problemas, vetándose unos a otros, acusándose de esto y aquellos, organizando debates interminables de tal forma, que el proyecto no avanzó y murió rápidamente entre las zarandajas de los militantes de partidos políticos, lo no militantes y los demás bohemios que tenían algo que decir al calor de las botellas.

Finalmente Tulio se hartó de tanta necedad y decidió por su cuenta y riesgo comprar el mejor equipo domésticos de video-grabación que existía en esos momentos, invirtió casi 80.000 francos en un equipo VSH recién salido al mercado con TV incluida.  Lo plantó en su casa y obligó a “Tanque” a asumir la responsabilidad de saber manejarlo y ser la camarógrafa oficial dela película doméstica en donde él no solo sería el actor principal, sino también su guionista y su director.  Los actores secundarios fueron todos aquellos colombianos que visitaron la casa de Tulio.  En cassetes de 60 y 90 minutos grabó las conversaciones de todos aquellos, que gracias al licor, soltaron la lengua de sus andanzas y fechorías cometidas en Paris. Por su mesa pasaron además de estudiantes, intelectuales y músicos toda una fauna de ladrones, travestis, prostitutas, narcos y sicarios.

Cuando cayó enfermo de tanto exceso, se le acabó la euforia fílmica y de la noche a la mañana, vendió el equipo y volvió a su vida anterior. Cerca de 50 cintas grabadas, con material más o menos explosivo, quedaron en manos de Amira que, conociendo su contenido, quería destruirlas. No sé si lo hizo pues se fueron con su equipaje cuando se trasladó a la Cooperativa libertaria “Longo Mai” ("Que dure mucho tiempo" en legua provenzal), adonde se fue a vivir después de la muerte de Tulio. Desde entonces le perdí la pista y como “Tanque” murió en 2011, no sé si ese material desapareció o sigue arrumado en un rincón de alguna casona.

UN MECHÓN DE SU CABELLO

Desde que la conocimos, comentábamos entre nosotros las características físicas de la fortachona Amira y efectivamente “Tanque” era un sobrenombre que le convenía perfectamente, o, al menos, su continua repetición nos hizo creer que así era. Pero tenía además, un distintivo grandioso en su pelo negro, brillante, lustroso y abundante que recogía en una trenza enorme que le llegaba hasta las macizas corvas. Tanto Tulio como Amira, se sentían orgullosos de esa formidable trenza. Tulio y “Tanque” tenían numerosas peleas domésticas debido sobre todo al comportamiento machista de Tulio y en una de ellas Tulio le levantó la mano. No creo que fuera la primera vez que lo hacía, pero era la primera vez que  Amira se sentía protegida no solamente por Rosa, sino  también por el jesuita Mario Calderon ( asesinado vilmente en Bogotá en 1997 por los paramilitares). “Tanque” se fue de casa y dejó solo a Tulio con todas sus miserias y extravagancias.

 Tulio, que nunca creyó que su mujer pudiera actuar de esa manera se sintió además inválido, completamente huérfano y desvalido puesto que no sabía hacer nada en la cocina y debía bajar nueve pisos para tomarse un café.  Poco a poco fue hundiéndose en la depresión, consumido por la impotencia, culpando a Mario y a Rosa de ser los culpables de esa separación.  Nos pidió que interviniéramos para que volviera, prometiendo nunca más maltratarla. Y entonces sucedió algo que nos causó estupor y ternura a la vez.

Amira Pérez Amaral, la obediente indígena, la sumisa compañera, la resignada esposa, volvió a casa después de cometer un acto impensable en otro momento de su vida. Sin contar con el permiso de Tulio y sin contárselo a nadie, se cortó la grandiosa trenza convirtiendo su cabello en una guedeja sobre los hombros.  Con este acto de rebeldía nos indicaba a todos que ya no era la misma, y  sobre todo,  advertía a su pareja que nunca más soportaría sus improperios ni sus abusos de poder. Por primera vez Tulio, asombrado por tan tremenda osadía se doblegó a las pretensiones de “Tanque”,

LA CREMACIÓN

El sábado de su muerte, llegaron Arturo y Piedad justo después de nosotros y empezamos a realizar los necesarios trámites administrativos para levantar el cadáver. La Comisaría del barrio y los médicos forenses certificaron que murió de muerte natural Sin embargo, anunciaron que por normativa francesa no existían entierros los fines de semana y en consecuencia, solo el lunes se podría oficialmente sacar el cuerpo del apartamento. A la media mañana llegaron los de la funeraria a tomar medidas y amortajaron el cuerpo con un enorme pañal y suficiente hielo carbónico, para que pudiera aguantar la temperatura de verano hasta el lunes siguiente. Amira no quiso abandonar su cuerpo y nosotros no quisimos abandonarla, de modo que nos pasamos dos días encerrados en el apartamento conviviendo con un gigante bebé en pañales, dormido por siempre en el colchón familiar.

Teníamos dos días por delante hasta lograr la cremación y, evidentemente, para pasar el tiempo, como creo que sucede en toda velación, nos entretuvimos contando anécdotas, cuentos y poco a poco nos olvidamos del cuerpo presente para empezar a reír a carcajadas. Sin embargo, de vez en cuando Tulio nos recordaba su presencia con movimientos bruscos del cuerpo, con respiraciones esporádicas y con otras manifestaciones post mortem que gracias a las explicaciones científicas de Arturo, pudimos soportar para no salir corriendo.

No hubo ninguna ceremonia religiosa pues nadie era creyente, al contrario, Tulio mantuvo una animadversión manifiesta contra el estamento católico culminada en la obra que escribió contra un Obispo: “ San Bar, vestal y contratista”, inspirada  en la obra de Sartre “San Genet, comediante y mártir”. En este escrito demuestra que el Obispo es un Santo porque es un idiota y ambos comparten la misma aureola.

Tulio tenía unas tias monjas con quien mantenía una correspondencia esporádica. Esa noche nos enteramos por una indignada Amira, que cuando cayó enfermo, las piadosas monjas le escribieron para preguntarle sobre su patrimonio y quien heredaría los derechos de autor. Era lo único que les interesaba Pero el tema de la herencia también importaba ese día, no tanto por bienes materiales que no había, aparte del exiguo ajuar doméstico, sino por la liquidez que quedaba en el Banco. Tulio era el único titular de la cuenta bancaria siguiendo su autoritaria y egocéntrica manera de manejar su vida. Afortunadamente, Amira conocía las claves de la tarjeta de crédito y los dos días nos pasamos sacando el máximo dinero que permitía el cajero automático antes de que el Banco se enterara de su muerte y bloqueara la cuenta.

El sábado por la noche Rosa se llevó a Amira a dormir a nuestra casa y Arturo y yo nos quedamos a velar el cadáver por mandato expreso de Amira que nos hizo prometer que no lo dejaríamos solo. Esa noche,  Arturo, nuestro querido amigo médico, psiquiatra y psicoanalista, se despertó sobresaltado jurando y perjurando que había visto a Tulio levantarse del  lecho  y tirarse por la ventana. Pero que era tan grande que se había atorado en el marco y que él y yo estábamos empujándolo hacia afuera con todas nuestras energías, hasta que se despertó angustiado del tamaño esfuerzo que estaba realizando.

El lunes en la mañana llegaron los de la funeraria para la “ mise en  biere”, trayendo consigo un inmenso ataúd que ocasionó dos graves problemas: primero porque tuvieron que subirlo por las gradas hasta el noveno piso ya que no cabía en los ascensores. Esta primera proeza se convirtió en formidable hazaña cuando a seis fornidos operarios les tocó bajarlo de nuevo con los 120 kilos de peso de Tulio y sus dos metros de estatura. Era como bajar un piano de cola por estrechas escalera completando escalón por escalón hasta llegar a la calle. No sé cuánto tardaron, pero hacía rato que estábamos esperando para acompañarlo al crematorio  y columbario  de Pere- Lachaise y despedirlo definitivamente.

En el mítico cementerio parisino del siglo XIX donde lo llevaron, se realizó una simple ceremonia al entregar el cuerpo de Tulio al crematorio.  Tuvimos que esperar dos horas y las gastamos recorriendo las diferentes secciones, en medio de las tumbas de grandes literatos como Balzac, Moliere, Apollinaire, Musset, Wilde, César Vallejo… cantantes como Piaf, Montand, Callas, Moustaki, Morrison y en la que incluso, está el sepulcro del filólogo colombiano Rufino José Cuervo. Cuando volvimos nos entregaron la urna funeraria con las cenizas todavía calientes de Tulio, y entonces caímos en cuenta que no habíamos previsto un saco para meter la urna. Nos tocó apañarnos con una bolsa rosada de los “Almacenes Tati” para que Amira pudiera transportarla sin quemarse.

Caminábamos hacia la salidla por una de las alamedas, cuando Amira se detuvo, sacó las urna funeraria  de la bolsa y sin importar abrasarse,  empezó a reflexionar en voz alta: Todo lo que fue Tulio, todos los caminos que recorrimos juntos, todas las peleas y las rebeldías  que nos hicieron salir corriendo de muchos sitios; toda su corpulencia y su voz de mando.. ¿Quedó reducido a este puñado de polvo gris?

- ¿Esto es todo???...

Por primera vez en los tres días que estuvimos juntos a su lado, la vimos llorar sin amargura, pero con una suavidad tan grande que nos atoró la garganta. En ese momento de su vida, Amira comprendió que en adelante tendría vida propia y su futuro dependería de ella misma. Guardo la urna en la bolsa y en silencio seguimos caminando.

 

Madrid,agosto de 2017.


Luis Arnul Carvajal




INFORMACIÓN SOBRE EL AUTOR DE ESTE ARTICULO




Dr. Luis Arnul Carvajal


Universidad Carlos III de Madrid


 

EXPERTO EN NEGOCIACIÓN INTERNACIONAL DE LA UNIÓN EUROPEA, MERCADOS E INSTITUCIONES MULTILATELARES.
 

El Dr. Carvajal es PhD en Economía por la Universidad de París. Profesor de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) Profesor Visitante de diversas universidades europeas y latinoamericanas en países tales como Argentina, Brasil, Cuba, Chile, Colombia, Perú, Ecuador, México, Paraguay, Portugal, Uruguay, España, Francia, Italia, entre otras. Más de 25 años de Experiencia como Director Financiero para empresas francesas y españolas especializadas en comercio exterior; Auditor de la Sociedad de Auditoría   en París, Consejero en Cooperación Internacional y en Proyectos de   Ciencia y Tecnología. Durante los más de 10 años fue Secretario Ejecutivo de la Asociación Internacional de Costos (IIC) con    participación de Asociaciones de Argentina, chile, Colombia, España, Francia, Italia, Brasil, Cuba, México, Paraguay, Portugal y Uruguay. Invitado como estratega en comercio internacional alrededor del mundo en diferentes congresos, seminarios y ponencias. Es autor y coautor de diversos artículos publicados en revistas españolas, francesas y latinoamericanas sobre modelos de economía internacional, negociaciones multilaterales, emprendimiento y dirección de empresas entre otros temas.

                                                                Luis Arnul Carvajal






NOTA:  Para complementar información entrar al blog historiayregion.blogspot. y consultar el articulo LA GUERRA DE TULIO BAYER.