miércoles, 7 de diciembre de 2016

VEREDA EL CONTENTO EN PEREIRA


Alfredo Cardona Tobón
                                                             Bernardo Loiza
   
Ignoro si a los vecinos de “El Contento” se les llama  contentos , contenteños o contentunos  y si en verdad su comunidad  se ajusta al nombre de la vereda, lo que parece ser así  al ver el caserío con sus casas pintadas, una excelente escuela, bonita capilla, la Estación de Gasolina con restaurante y minimercado, colegio de bachillerato muy cerca, buen transporte y vía pavimentada.

El Contento está a diez kilómetros de Pereira sobre la carretera que lleva al municipio de Alcalá. El poblado compuesto por unas cuarenta casas, es una franja larga  entre la carretera  y la quebrada Piedras Negras con los cultivos de Buenos Aires por un lado y la hacienda Asturias por el otro.

El Contento nació al lado de las fincas cafeteras que  dieron trabajo a los vecinos, hoy es simplemente una aldea  dormitorio, pues el trabajo hay que buscarlo en Pereira, ya que la ganadería y los frutales utilizan muy poca mano de obra.

 Bernardo Loaiza llegó al lugar cuando apenas había cuatro casas y la fonda de” El Contento”  cuyo propietario era Foción Tamayo y estaba ubicada donde hoy está la “Tienda y Peluquería Ruby”. Era el año de 1948  y según testimonio de los viejos habitantes en esas casas vivían  Pio Pineda, Alberto Mendoza, Marcos Marín y  Francisca Valencia.

La fonda El Contento era un parador de arriería; allí llegaban las recuas provenientes de las veredas vecinas con el café con destino a la Estación la Selva, donde el tren recogía el grano con destino a las trilladoras de Pereira y Cartago.

 Francisca Valencia tenía un extenso lote que fraccionó y vendió para que allí levantaran sus casas la familia Gómez, Emilio Britto, la familia Espinosa, Jesús Pérez, Manuel Patiño y Alberto Quezada;

Bernardo Loaiza recuerda que su  padrastro Rómulo Vásquez  salió de Córdova, Quindío, y se instaló provisionalmente con su familia en  la casa contigua a la capilla,  que servía  de alojamiento  al sacerdote que regularmente prestaba la atención espiritual a los vecinos. Era la época de las grandes fincas cafeteras como “Asturias” de Diego Trujillo,  La Esmeralda” de Caridad Trujillo, “Buenos Aires” de Jorge Hernán Restrepo, “La Isla”, “ El Diamante” y “Santa Rita”.

Bernardo no asistió a la escuela, sus salones de clase fueron los surcos y los cartones los refrendó la Universidad de la Vida; cogió café desde pequeñito, aprendió a ordeñar y no hubo quien lo siguiera desmatoneando  los potreros.

En  los domingos y días de fiesta un vecino  apodado  “El Zarco” instalaba un altoparlante en el atrio de la capilla. El volumen era tanto que la música  se oía hasta el corregimiento de Cerritos. Para recoger dinero se  organizaban festivales gastronómicos. Todos a su medida colaboraban con las  obras de El Contento : Doña Teresa Restrepo cedió el lote  para la escuela, Doña Cruz Restrepo, propietaria de un tejar, donó materiales de construcción y se consiguió el apoyo de Oscar Vélez  Marulanda, llamado “El Plumón” por los pereiranos, para iluminar la vía central del caserío
                                                    Vista del Contento

  IMÁGENES DEL PASADO

En los álbumes fotográficos de  doña Noira de Loiza está el pasado de El Contento, es el registro de la historia de una comunidad que progresa pese a las limitaciones, en ese álbum se aprecia la primera capilla con la cruz que se incrustó en el atrio al caer aparatosamente en el terremoto de 1979 y  se ven las fotos de  los estragos causados por el represamiento de la  quebrada Piedras Negras en el  invierno de 1977 .

En el pasado de El Contento sobresalen algunos líderes cuyas huellas siguen frescas en la memoria colectiva como Oscar Fernández, primer presidente de la Junta de Acción Comunal; la educadora Adiela Santa, formadora de varias generaciones recientemente fallecida; el sacerdote Gabriel Arango, Eleuterio Tabima y Clemencia Giraldo, fundadora de una Cooperativa que por muchos años sirvió a los vecinos.

 

martes, 6 de diciembre de 2016

JOEL OVIDIO TREJOS BOTERO


Alfredo Cardona Tobón



Nació en Quinchía el 11 de agosto de 1922 en una familia de ancestros caucanos por el apellido paterno  y  raíces antioqueñas por el lado materno. Sus padres Joel Trejos y Efigenia Botero constituyeron  la primera pareja de la sociedad quinchieña en atreverse a contraer matrimonio civil en  franco desafío al sectarismo y dictadura clerical del párroco Juan Herrera, quien en represalia prohibió bajo anatema cualquier relación de los fieles con la pareja recién casada.

Joel, padre, construyó la primera vivienda con alcantarillado de tubos de barro en Quinchía, el primero en instalar una vitrola en la casa y el segundo en tener un radio en el pueblo; en ese hogar que acogió al gobernador Gutiérrez en su visita a Quinchía y al ingeniero Kilpatrick en sus investigaciones mineras, creció Joel Ovidio Trejos Botero. En medio de ideas modernas y liberales, forjó su carácter, que sirvió de faro en los duros momentos que vivió su gente.

Joel Ovidio cursó los estudios primarios en la escuela urbana y dos años de  bachillerato en el colegio San Agustín del padre Marco Antonio Tobón; ese fue todo su bagaje académico, lo que no fue impedimento para desempeñarse lujosamente en varios escenarios de la política, de la administración y de la empresa privada, pues era un autodidacta disciplinado  interesado en todos los aspectos culturales.

                           

En el año de 1942 el liberalismo quinchieño se dividió en dos grupos antagónicos: el uno denominado “La Rosca” y liderado por Melquisedec Gómez y por Mario Gartner; el otro conocido como “ Los Ruanetas”, orientado  por Lisandro y por Francisco Garcés. El primero era el de los “estudiados” del pueblo, el segundo  con militancia netamente popular.

Fue entonces cuando Joel Ovidio, con apenas  veintiun años de edad,  se apartó de las dos corrientes para conformar un  Comité Juvenil  que le consiguió votos para llegar al Concejo Municipal, a la Secretaría de la Directiva Liberal y a la tesorería de esa entidad partidista.

En   el año  de 1946 la división del liberalismo llevó al conservatismo al poder y en el  occidente caldense se desató una dantesca violencia política  que envolvió a Quinchía en 1948

Por ese entonces Joel Ovidio regentaba una farmacia en Quinchía. El domingo  28 de marzo de ese año el dirigente conservador Gilberto Alzate Avendaño se reunió con  sus simpatizantes en la casa de Ramón Gómez y en medio de vivas y abajos se caldeó la situación en el pueblo; en esa circunstancias el alcalde solicitó  refuerzos policiales a las poblaciones vecinas y al llegar la noche entró un bus escalera lleno de uniformados y civiles disparando a diestra y siniestra.

Al filo de la media noche Quinchía velaba cinco cadáveres; los  antisociales cortaron las líneas telefónicas y ante la eminencia de otra matanza, Joel Ovidio Trejos acompañado de Sigifredo Trejos Botero y de Eduardo Cataño Trejos salieron de la localidad y por trochas y cañadas  llegaron a Riosucio donde tomaron un vehículo  hacia Manizales para exponer en la capital caldense la gravedad de los hechos. El gobernador Castor Jaramillo Arrubla no los atendió pero sí el  coronel Gustavo Sierra Ochoa, comandante del Batallón Ayacucho, que de inmediato  envió treinta soldados a proteger a los quinchieños de los “pájaros”  y los bandidos que los amenazaban.

Al año de esta primera  incursión asesina, Joel invitó al Directorio Nacional del liberalismo  a rendir homenaje a las víctimas. La plana mayor del liberalismo viajó hasta Quinchía, el doctor Alberto Mendoza Hoyos, director departamental del partido, inició las ceremonia con un vibrante discurso y cerró  el acto  el doctor Carlos Lleras Restrepo. Fue  un acto multitudinario, toda la ciudadanía se volcó a recibir los dirigentes y la plaza central  y a las calles aledañas se cubrieron con banderas rojas.

LA CONVENCIÓN  LIBERAL DE 1949

A mediados de 1949 se reunió en Manizales una Convención liberal para conformar las  listas a los cuerpos colegiados. Hasta entonces los quinchieños, pese a su caudal electoral, habían respaldado los candidatos riosuceños. Esta vez, sin embargo,  Emilio Chica con Joel Trejos, Luis Ángel Cardona y varios dirigentes campesinos llegaron  pisando fuerte: se hospedaron en el mejor hotel, en vez del hotelito que les tenían reservado en las galerías y ofreciendo Whisky y trago fino oyeron propuestas.

Esta vez Carlos Henao obtuvo un reglón principal en la Asamblea de Caldas, que declinó a favor de Joel Trejos y este a nombre de Emilio Chica, quien en los comicios fue elegido por abrumadora votación.

 A fines de 1949 las poblaciones liberales de  Arauca, Supía, Marmato y Santuario quedaron  bajo la férula de los antisociales conservadores; solo faltaba Quinchía en el Occidente caldense y desgraciadamente  también le llegó su turno: bandidos de Anserma, Guática, Risaralda y Belalcázar atacaron el pueblo el primer domingo de noviembre y centenares de familias tuvieron que abandonar casas, fincas y negocios  para salvar sus vidas.

 El 12 de octubre Joel Ovidio dejó su familia en Riosucio y salió exilado  hacia Manizales donde Otto Morales Benítez lo ubicó en un modesto puesto en la Contraloría departamental; a los tres años de estar en la capital caldense lo nombraron administrador de la empresa “ IDERNA”  y estando allí los miembros del directorio liberal de Caldas lo eligieron su secretario, puesto que desempeñó desde 1959 hasta 1962 como miembro del Directorio departamental .

LA CARRERA POLÍTICA

Joel Trejos militó en las filas oficialistas del partido liberal al lado de don Alejandro Uribe, de Ramón Vargas,  Carlos Styles y Camilo Mejía Duque. Por su carisma y capacidad  en  1965 fue presidente de la Asamblea de Caldas y en los años siguientes  se desempeñó como primer suplente a la Cámara de Representantes.

En 1963 siendo presidente Lleras Restrepo, Joel viajó a Bogotá a informar al primer mandatario sobre la delicada situación de orden público en el Occidente caldense y sobre las gestiones de entrega del llamado “Sargento García”, tenebroso delincuente que azotaba los campos de Quinchía.

A Joel le tocaron los años más siniestros de la violencia partidista; en ese entonces  las autoridades de Caldas capturaron numerosos campesinos quinchieños por la simple sospecha de pertenecer a las bandas del “Capitán Venganza”. Nadie defendió a esa gente humilde, casi siempre inocente y víctima de las circunstancias.  Joel Ovidio Trejos y Carlos Henao se convirtieron en los ángeles guardianes que acudían al despacho del Auditor de Guerra para abogar por ellos, lograr su libertad y conseguir recursos para que regresaran a sus parcelas.

En la segregación caldense Joel apoyó a Manizales en su lucha por la unidad caldense y pagó por ser uno de los paladines de la  integración departamental, por ello al  separarse Risaralda,  las directivas pereiranas lo hicieron a un lado marginándole  de la actividad política.

Joel Trejos buscó en todas las formas la paz, no solo en Quinchía sino en todo el sufrido occidente del Viejo Caldas, como mensajero de la concordia, en los programas de rehabilitación y en la ayuda a las víctimas. Batalló sin descanso por la educación en Quinchía. Desde la Asamblea apoyó la labor de los misioneros españoles  consiguiendo auxilios para el colegio San Andrés y demás instituciones  académicas del pueblo

. En el campo empresarial, Joel  figuró como miembro de las Juntas Directivas de importantes  entidades oficiales y particulares, ocupó la presidencia de la Junta Directiva de los Panificadores de Colombia y desde esa posición  impulsó el estudio y el aprovechamiento del Sagú a fin de establecer su cultivo en las zonas deprimidas de Caldas.

Con  recursos obtenidos por Joel Trejos se adelantó la carretera Quinchía- Irra y en este puerto sobre el río Cauca Joel proyectó la construcción de un plan de vivienda al estilo de Guatavita, que se frustró con la segregación caldense.

Celoso de su libertad luchó contra la tiranía de Laureano Gómez y de Rojas Pinilla; fue alcalde cívico en la Segunda Feria del Carbón de Quinchía, obtuvo numerosas becas para sus paisanos en las universidades oficiales, sin desmayo estuvo al frente de las causas nobles de la provincia y ya ancianito y muy enfermo, rodeado por los suyos,  entregó su alma al Creador el  30 de mayo de 2015 en la ciudad de Manizales. Por su trayectoria, por sus realizaciones, por su amor al terruño, Joel Ovidio Trejos Botero es uno de los personajes cimeros en la historia de Quinchía.