viernes, 14 de octubre de 2016

EL NOMBRE DE RISARALDA


Alfredo Cardona Tobón





 

Con el nombre de Risaralda se fundó la floreciente población de Marquetalia en el oriente de Caldas, y se identificó, igualmente, al   corregimiento de San Joaquín cuando se convirtió en otro municipio de Caldas.

Risaralda es un nombre compartido entre dos departamentos con historia e intereses en el valle regado por el río Risaralda, que en tiempos coloniales se denominó Sopinga, al igual que la aldea convertida posteriormente en la población de La Virginia.

Para encontrar el origen de la palabra Risaralda debemos remontarnos al siglo XVIII y situarnos en el valle del rio Appa o Sopinga, dominio de zancudos y de bichos.

A principios del siglo XVIII  un español de nombre Jerónimo  de Rizaralde[1], montó en la parte media del río una vasta estancia de caña  donde producía melaza y panela y  tenía instalado un sacatín para sacar  aguardiente. Poco a poco  los vecinos empezaron a identificar esa parte del río con el nombre de Rizaralde,:  así que hablaron del río de Rizaralde,  el camino de Rizaralde, las tierras de Rizaralde  y al fin la palabra Rizaralde se convirtió en Risaralda, y así se siguió conociendo  una parte  del rio y el valle estrecho que recorría.

Por décadas se habló indistintamente de Sopinga  y Risaralda: Sopinga llevaba la impronta caucana y Risaralda el sello antioqueño hasta que los paisas definitivamente borraron a Sopinga  y  al empezar el siglo XX  en documentos y en crónicas solamente se habló  del río y el valle de Risaralda y de la población de  La Virginia.

 SOPINGA

La gente del cacique Guática ocupó la parte alta del valle de Appa o Sopinga  hasta que los encomenderos españoles los desplazaron a la zona minera de la cordillera.; no parece que hubiera más tribus en ese mortífero valle; sin embargo en 1683 un censo colonial enumera las familias del pueblo de la Sabana asentado en las lomas de los contrafuertes cordilleranos.

 En la época colonial se tuvo noticia de algunos palenques ubicados cerca de la desembocadura del río Sopinga en el río Cauca; apenas en la guerra de Los Supremos, acaecida en 1841, se acentúa la presencia africana en Sopinga,  pues muchos de los esclavos que engrosaron las filas del general Obando, para salvar sus vidas se refugiaron en los montes de esa zona..

Poco después, cuando la columna del general Eusebio Borrero contramarchó desde Antioquia con su tropa afectada por la viruela y cruzó el valle del Sopinga, los infectados esparcieron la terrible enfermedad y en los montes cerrados de Sopinga numerosos cimarrones encontraron la muerte al igual que muchos  colonos del naciente poblado de Papayal.

Durante las guerras de 1850 y 1876 partidas de criminales plagaron  el territorio de Sopinga y en la guerra de los Mil Días  las tropas conservadoras acantonadas en Ansermaviejo peinaron la selva sopingueña y recorrieron la trocha hacia Cerritos en busca de los guerrilleros liberales que azotaban la región.

Por siglos la palabra Sopinga fue sinónimo de cólera, paludismo y fiebre amarilla. Los hermanos Díaz Morkum con colonos riosuceños intentaron abrir potreros en la zona de Pumia pero el rastrojo y los pumas ganaron la partida. A fines del siglo XIX los empresarios antioqueños compraron extensos baldíos y grandes globos de terreno en los resguardos de Tachiguí, Apía y Tabuyo. El café llenó las laderas del valle, los barcos a vapor surcaron las aguas del Cauca y el  amanecer  de una nueva era alumbró el valle de Risaralda mientras se eclipsaba el   sol de Sopinga.

RISARALDA

Los primeros documentos oficiales del departamento de Caldas se refieren a Risaralda; es entonces con la administración manizaleña y las inversiones de Francisco Jaramillo que entra la era de los paisas y empiezan a desaparecer las raíces caucanas.

 Mientras los empresarios desecaban pantanos, tumbaban selva, establecían potreros y le ganaban de mano a los mosquitos y a los ciempiés, los escritores  Bernardo Arias Trujillo en la novela “Risaralda” y   Rigoberto       Gil en los “Recuerdos de Gil” invocaban el  alma sopingueña que vibraba  en los cuchillos de los guapos y en las caderas de las mulatas, sin embargo ni el un ni el otro pudieron descorrer el velo que envolvió a las comunidades ancestrales y  plasmar una historia que aun está por escribirse.

El pasado de Sopinga está por descrubrirse : poco sabemos de los  palenques ; solamente unos reglones se refieren  a los combates de la guerrilla de Serviez con las tropas de Sámano en la desembocadura de la  quebrada Palogordo;  ha quedado en las sombras de la historia  la aldea de Papayal y no se  ha escrito sobre la colonización riosuceña del  paraje de Pumia.

En cuanto a la historia reciente, Risaralda llenaría estantes de libros con la navegación a vapor en el Cauca, la lucha entre el hacha y el papel sellado, el desplazamiento de los negros de Carmen de Cañaveral, los atropellos a los colonos pobres de Dosquebradas, el puente sobre el rio Risaralda, el paso del tren… y  los recuerdos enclaustrados en la casona  de Portobelo, donde nació la novela “Risaralda” y  se selló la separación pereirana del Antiguo Caldas.         .

Muchos son los recuerdos que atesora el valle de Risaralda: en la década de los treinta del siglo pasado, el líder Ernesto Arango Zea lideró una campaña para formar el departamento del Quindío con capital en Pereira y fue La Virginia el sitio de reunión de los delegados municipales que deseaban separarse de Caldas.  En 1949, en plena violencia conservadora, el Concejo de Belalcázar sesionó en La Virginia y en el puerto operaron las entidades municipales ante la arremetida de “Los Pájaros” que hacían invivible la cabecera municipal.

En el  gobierno del general Rojas Pinilla, La Virginia quiso convertirse en municipio, e incluir en su territorio  la zona pereirana de Caimalito; de inmediato la dirigencia pereirana se puso en pie, retrasó las aspiraciones de La Virginia e impidió que Caimalito hiciera parte del nuevo municipio[2]

Al salir el sol, cuando la neblina desarropa el valle de Risaralda, desde la finca Villa Sofía, en la subida a Balboa, se admira la figura de una  mujer recostada, con  senos turgentes y una larga cabellera; recuerdan los ancianos que antes reposaba sobre el tapiz verde de la selva, ahora lo hace sobre  cultivos de caña y las chimeneas del ingenio azucarero.

Quienes en mala noche han recorrido la trocha de la Gironda, dicen que en la bajada a la hacienda de San Francisco se oye entre las sombras los gritos de Pedro Benjumea arriando una  recua de mulas y los vecinos más viejos del Alto del Rey, colindante con el valle del Risaralda;  hablan de entierros y de fusiles sepultados bajo los cafetales.

Infortunadamente,  todos esos mitos  y leyendas de Sopinga y Risaralda desaparecerán muy pronto, borrados por una  civilización suicida que está acabando con los pocos montes que sobreviven y contaminando los arroyos agónicos que aún bajan de la cordillera.

 

BIBLIOGRAFÍA Y  FUENTES DE CONSULTA

Archivo Notaría 1 de Anserma Caldas

Archivo parroquial de Anserma Caldas- Libro de bautismos- 24 de marzo de 1704

Archivo parroquial de Toro- Valle-

Alfredo Cardona Tobón- Los caudillos del desastre- Univ. Autónoma de Manizales- 2006

 

 

 

 

 

 



[1] Acta de bautismo en  la iglesia de Anserma:
“ el 24 de marzo  de 1704, yo el Doctor  Salvador de Castro, cura interino de la ciudad de Anserma, bauticé y puse óleos a Juan Manuel de Risaralde, hijo legítimo de Jerónimo de Risaralde  y de Jacinta de Orozco, naturales de la ciudad de Anserma. Fue su padrino el sargento mayor don Bartolomé de Bosco.

[2] 24 DE OCTUBRE DE 1954- ( Periódico La Patria)
El   Secretario de Educación de Caldas a nombre de todos los miembros del gabinete departamental presidido por el gobernador Sierra Ochoa, expuso en su despacho una nota sobre la desobligante actuación del alcalde de Pereira, Señor Lázaro Nicholls ante la creación del municipio de La Virginia en las ordenanzas publicadas en los periódicos de Pereira. Se informó, además, que había ratificado sus declaraciones con adjetivos violentos en el aeropuerto de Pereira ante personas respetables.
 El Secretario de Higiene, doctor Fabio Buitrago, dice que se empapeló a Pereira con cartelones en donde la Sociedad de Mejoras Públicas de Pereira, calificaba a su persona como persona no grata en aquella ciudad y que a pesar de haberse dado orden de retirarlas no se había hecho.
Después de las explicaciones del caso y con la intervención del gobierno y el Superintendente de Rentas se convino en solicitar al alcalde, retractación pública de sus ofensa y si no lo hacía sería destituido.
 
 





 

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