domingo, 29 de noviembre de 2015

BOLÍVAR Y FANNY DE VILLARS


 

Alfredo Cardona Tobón*

 

El 22 de enero de 1803 la fiebre amarilla tronchó la vida de María Teresa Rodríguez del Toro dejando inmerso en  la mayor depresión a Simón Bolívar, un joven teniente de la Sexta Compañía  de Blancos Voluntarios del Valle de Aragua en Venezuela.

Fue entonces cuando Bolívar solicitó  al rey Carlos IV licencia para viajar a España y residir en la metrópoli durante dos años con el fin de arreglar asuntos familiares. El caraqueño llegó a Cádiz a fines de diciembre y tomó camino hacia Madrid, donde a los pocos meses tuvo que salir ante la posibilidad de una hambruna debido a la escasez de trigo y a la orden del rey de que abandonaran la ciudad todas aquellas personas que no residiesen habitualmente en ella.

El viudo millonario de apenas veinte años de edad llega en plena primavera a Paris y se instala en un cómodo hotel, cuya edificación aún existe y tiene una placa que recuerda el paso del Libertador por ese sitio.

Fanny Louise Troubiand Aristagueta, prima segunda de Bolívar, ayuda a instalar al recién llegado y se convierte en el bálsamo del desolado joven  que de la mano de su pariente entra a los altos círculos sociales de Paris. En el torbellino de su ardiente edad Simón Bolívar se entrega al juego y a devaneos con  bailarinas y coristas, que difícilmente controla Fanny, convertida en hermana mayor, en su guía y en su amante.

Fanny fue una mujer seductora, siete años mayor que Bolívar,  de belleza altiva, afable, elegante, con cutis de porcelana, cabellos negros y ojos azules que armonizaban con su boca y su hermosa cara. Había nacido  en junio de 1775 en Bretaña, donde cumplidos catorce años su padre la desposó con el conde de Villars que le doblaba la edad y parecía estar más interesado en la Botánica que en su mujer y el resto del mundo.

Fanny amaba las ideas de la Revolución Francesa y al igual que otras notables damas parisienses,  auspiciaba un Salón  donde se reunían  intelectuales, científicos, políticos y altos funcionarios  franceses.

 Bolívar se embelesó con su prima; la acompañaba en el día, la llevaba al teatro y a los mejores sitios parisinos en las horas de la noche y en los intermedios le escribía cartas plenas de romanticismo. La  coqueta y liberada Fanny correspondía a Bolívar, sin que a una  y a otro les importara lo que pensara el resto del mundo.

Fanny  modeló en gran parte el carácter del joven venezolano  que ignoraba adónde lo llevaría el destino. Por intermedio de  Fanny,  Bolívar conoció a Humboldt y a Bonpland,  al lado de los revolucionarios bonapartistas se impregnó de las ideas de independencia y libertad y en los salones con su mezcla de clases sociales, donde las mujeres representaban un papel preponderante,  el futuro Libertador de Suramérica se acercó al pueblo y se bajó del pedestal de los mantuanos caraqueños.

Al conde de Villars le tenían sin cuidado las actividades sociales de su esposa, pero  le inquietaron las peligrosas confrontaciones verbales  de Simón Bolívar  con encumbrados personajes franceses como Eugenio de Beauharnais,  hijo de Josefina, esposa de Napoleón y con Charles Oudinot, futuro mariscal de Francia, que también pretendía a Fanny de Villars. El conde de Villars temió por la vida de Bolívar y le aconsejó salir de Francia; el belicoso joven no atendió el consejo pero presentó  sus disculpas a Oudinot, quizás por la presión de la misma Fanny.

El inquieto Bolívar tuvo tiempo de estudiar en la Escuela Politécnica y en la Normal Superior y de asistir de vez en cuando a los Salones de Madame Recamier, de Madame Amelie Suard y de Madame Talleyrand, donde se debatían, como en el Salón de Fanny, los acontecimientos que estaban transformando a Europa.

EL REGRESO DE BOLÍVAR

En 1805 Simón Bolívar decide regresar a América y Fanny desconsolada le suplica que permanezca a su lado; Bolívar le jura amor eterno y le entrega como prenda de su pasión un anillo grabado con fecha  6 de abril de 1805.

Bolívar siempre amó a Fanny de Villars, pese a sus devaneos y su infinidad de aventuras amorosas, pero inexplicablemente solamente contestó una sola de más de doscientas cartas enviadas por Fanny a su primo.

Fanny fue la más fiel admiradora de la gloria del Libertador en los escenarios europeos y guardó con unción los retratos obsequiados por el héroe suramericano.

Para Fanny fueron los últimos recuerdos en San Pedro Alejandrino: el 6 de diciembre de 1830 en los postreros días  de vida, Bolívar le escribió: “Querida prima: ¿Te extrañará que piense en ti al borde del sepulcro?... Tú estás conmigo cuando todos me abandonan… tuyos son también mi último pensamiento y mi pena postrera...”

Fanny tuvo tres hijos, uno de los cuales se presume fue de Bolívar. La bella y descomplicada mujer, que despejó el camino hacia la gloria de un joven casquivano, murió el 21 de  diciembre de 1837 cerca de Lyon en Francia.

De todos los amores del Libertador, que fueron muchos y muy variados,  el de Fanny de Villars  ocupó el corazón de Bolívar desde sus tiempos de mozuelo hasta el borde del sepulcro; nunca olvidó a su prima  y la memoria de Fanny lo acompañó por sus largos y espinosos caminos llenos de gloria y también de tristeza ante la ingratitud y la mala leche de los americanos.

Si Manuelita fue la pasión, Fanny, “El elixir de la vida”, como la llamó Bolívar;  fue el espíritu que catapultó el  Genio hacia la gloria.

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