martes, 21 de julio de 2015

CLÉRIGOS EN LA INDEPENDENCIA


Alfredo Cardona  Tobón  *

 


Ayer como hoy gran número de sacerdotes católicos han tomado como propios los problemas de su grey:  se entrometen en asuntos políticos,   hacen alianzas con dirigentes que agitan la bandera de la iglesia y en muchas ocasiones ofrecen  sus  bienes  y hasta la vida en defensa de sus principios.

Al empezar el siglo XIX  el clero se debatía entre la sumisión a un rey lejano cuya autoridad, se decía, emanaba de Dios y el rechazo a un régimen que impedía a los americanos orientar sus propios destinos.

En las ciudades y en las provincias, dictadorzuelos peninsulares eran sátrapas que cobraban impuestos por todo, sin que les importara el desarrollo y el bienestar de la comunidad. Ni los movimientos populares del Perú ni el alzamiento comunero de la Nueva Granada cambiaron la percepción de la Metrópoli que continuó su política de represión  contra los americanos.

 

Cuando los franceses impusieron en España a José Bonaparte y depusieron a Fernando VII, el vacío de poder animó a los criollos  para enfrentar a los  representantes de la Corona. Inicialmente los granadinos no pensaron en la  independencia,  sus movimientos parroquiales y personales iban contra funcionarios y Cabildos que miraban con desdén a las coloniasl como sucedió en  Quito, en Cali, en Cartagena y en  el Socorro.

 

Un año antes del Veinte de Julio de 1810 ,  el presbítero Andrés Rosillo levantó al pueblo del Socorro contra las autoridades locales; el 9 de julio de 1810, los ciudadanos del Socorro  se  enfrentaron a un regidor despótico que, auxiliado por un destacamento de valencianos hostiles, ensangrentó las calles de la villa. Tras el asesinato de ocho ciudadanos no valieron las armas  para contener la furia ciudadana;  ante ese hechos sangriento el  Cabildo criollo tomó el control del Socorro y relevó a los españoles del mando de la ciudad.
 

  EL REY O LA PATRIA.

 
El  presbítero José María Morcillo, natural de Almaguer, defendió la causa realista en el sur del país; tomó las armas como cualquier combatiente y enfrentó a los patriotas payaneses. en medio de los combates cayó en manos de los insurgentes y en mala  hora lo fusilaron, pues amado por los fieles, su muerte sólo sirvió para que los parroquianos cerraran filas al lado de los españoles.

 El  clérigo Fidel Fernández de Soto, hizo parte de la Junta que condenó  a muerte al padre Morcillo; el levita acompañó al general Valdéz en su infortunada campaña contra los pastusos  y luchó al lado del general Sucre en la batalla de Ayacucho; hacia el año de 1845 y cargado de achaque el  veterano capellán militar desempeñó su ministerio sacerdotal entre las comunidades indígenas de Quinchía y Ansermaviejo.

 En 1816 se reunió en Ansermanuevo una Asamblea de los pueblos de las Ansermas, Supía, Quiebralomo y La Montaña y sin conocer aún el descalabro de las armas de la República, la Asamblea nombró a  Fray  José J. Escobar como diputado al Colegio Electoral de las ciudades confederadas. Poco después los españoles reconquistaron al Valle , apresaron al fraile y lo remitieron a las mazmorras de Cádiz.

 
El sacerdote  Tomás F. de Villegas fue otro religioso con fusil al hombro. Este caucano desempeñó los curatos de Ansermaviejo y Quiebralomo. Al estallar la revolución libertadora se unió como capellán al Batallón Cazadores en la expedición del general Nariño. Años después sin temer a las guerrillas realistas que infestaban los desfiladeros del Juanambú, trató de llevar un mensaje de paz del gobierno de Santander a los combatientes Agualongo y Merchancano.

 Otro sacerdote que actuó por estos lados fue el payanés José Ramón Bueno,  cura de Quiebralomo. Este clérigo auxilió a las guerrillas realistas que infestaron la región;  a  fines de 1819 el comandante republicano Custodio Gutiérrrez lo puso preso y lo envió a  Santa Fe, donde la diplomacia del general Santander conquistó al levita para las filas republicanas.

 FRAY IGNACIO  MARIÑO

 
Levantó en armas las poblaciones de Tame, Macaguajes y Betuyes; con lanzas y flechas su guerrilla emboscó a los realistas que intentaron entrar al llano. Tras algunas acciones independientes la gente de Mariño se unió a las fuerzas  de Nonato Pérez y de Galea para constituir, bajo el mando de Santander,  la base del ejército republicano que atravesó la cordillera e invadió el altiplano.

Fray Ignacio Mariño fue capellán de las tropas patriotas y con el grado de coronel acompañó a Bolívar en la batalla de Boyacá.  Lanza en mano arremetía contra el enemigo y se arrodillaba para absolver los moribundos propios o enemigos para que tuvieran la oportunidad de ir al cielo.

 
JOSÉ BONIFACIO BONAFONT.

 
Tuvo un papel destacado en el alzamiento patriota del Socorro ; en las luchas intestinas de la Patria Boba se opuso a las ideas centralistas, por ello las fuerzas invasoras de Cundinamarca lo desterraron a la parroquia de Ansermaviejo.. Allí ejerció algún tiempo, luego atendió la feligresía de Quinchìa y en agosto de 1814 las autoridades eclesiásticas lo trasladaron  al curato de La Montaña donde ejerció el ministerio sagrado hasta su muerte.

A fines de 1819 el oficial  Mendiguren con un comando realista atacó a Riosucio, se tomó la casa  del padre Bonafont y quemó el archivo parroquial . El curita de baja estatura, ojos  azules, vivarachos. tez morena  y poco amigo del cellibato salió ileso del ataque.

El padre Bonafont admiró a Bolívar y se convirtió en un yesquero que encendió el patriotismo en los resguardos indígenas de Riosucio cuyos  jóvenes lucharon  por la libertad de América en Guachi, en Pichincha y Ayacucho.

 

Como se ve en estas notas resumidas nuestra historia se ha escrito entre sotanas y para bien o para mal su intervención ha fijado muchos rumbos. Unos apoyaron la tiranía pero la gran mayoría lucharon por la libertad y por los derechos de sus fieles. 

 

 

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