domingo, 28 de junio de 2015

EL CONGRESO SOBRE COLONIZACION ANTIOQUEÑA


Alfredo Cardona Tobón*
 
 

La Academia Antioqueña de Historia tiene su sede en una amplia casona situada en el centro de Medellín; es un sitio lleno de recuerdos de la vieja ciudad,  con placas recordatorias, cuadros de próceres, un amplio auditorio, valiosa biblioteca y oficinas con elementos modernos.

 La Academia Antioqueña recibe cumplidamente  un auxilio monetario, lo que no ocurre en Caldas ni el  Quindío donde los académicos se  reúnen en sitios prestados y tienen que hacer milagros para que la institución continúe funcionando; la situación en Risaralda no es tan crítica, pues la  Academia Pereirana de Historia cuenta con instalaciones cedidas en comodato, pero no recibe auxilio alguno y tiene que atender los archivos notariales que por ley son responsabilidad del Estado  y debe sobrevivir con exiguos contratos  con el Instituto de Cultura y Turismo que tiene dinero para  festivales del despecho, pero no le alcanza para darle apoyo a entidades que afirman la identidad del Departamento..

VARIAS  VOCES

El 12 de junio pasado acudieron a Medellín los   delegados de  las Academias de Historia de Antioquia, Risaralda, Caldas, Quindío, Valle del Cauca, Tolima, Huila  y miembros de varios centros de historia para hablar de la Colonización  Antioqueña.

Aunque no estaban en la lista de participantes, los  indígenas de los Resguardos de Riosucio, Caldas, se hicieron presentes con un documento donde demandaban,  en aras de la verdad y de la historia, la presentación de las facetas de la colonización paisa que arrinconó a los nativos y los despojó de su tierra y de su cultura.

En  la mayor parte de las exposiciones  los conferencistas volvieron sobre la leyenda rosa de la colonización, cerraron los  ojos ante el colosal crimen ecológico de sus ancestros, olvidaron  la explotación inmisericorde de los más pobres, no analizaron la entronización de las castas de Salamina y Manizales ni se refirieron el  desplazamiento de los negros y de los indígenas .

El comunicado de los Resguardos de Riosucio sirvió de  introducción a la ponencia de la Academia Pereirana de Historia sobre  “La ocupación antioqueña de los Resguardos indígenas” donde el autor de este artículo mostró las tretas, mañas y violencia de los antioqueños  para apoderarse de las  tierras a los nativos de los Resguardos de Tachiguí, Arrayanal, Tabuyo, Guática, Supía, San Juan de Marmato, San Lorenzo, El Chamí  y Pindaná de los Cerrillos y  arrebatar las minas y salados a  los resguardos de  Pirsa Escopetera, La Montaña, Quiebralomo y Quinchía.

LA PONENCIA DEL QUINDIO

Con base en su tesis de Maestría,  la historiadora Natalia Botero Jaramillo de la Academia del Quindío,  se refirió al papel de los vagos y las prostitutas en la ocupación de la región. Fue un valioso abrebocas sobre el tema, que aún no se ha estudiado a fondo;  baste decir que Manizales  en sus primeros años   fue el  destino de los vagos y prostitutas extrañados de los municipios de Antioquia, y conviene recordar  el reclutamiento en Medellín  de presos, vagos y hetairas con destino a las fundaciones del suroeste de Antioquia

Habría que agregar que   parte de ese lumpen del suroeste continuó su marcha  Cauca arriba y  se internó en las lomas del Tatamá donde se mezcló con los nativos y los caucanos y que aldeas como Arenales (hoy Belén de Umbría) fueron zonas de frontera  dominadas por bandidos  oriundos de  Antioquia.

LA COLONIZACIÓN CALDENSE

Un día de conferencias fue insuficiente;  hubo espacio para recordar  a Parson, pero no alcanzó para hablar de los empresarios que acapararon los baldíos de  Pereira, las lomas de Belalcázar y del Valle de Risaralda, como tampoco hubo un minuto para honrar la memoria del doctor Otto Morales Benítez recientemente fallecido

Hubiera sido conveniente  abrir el abanico de visiones como lo solicitaron los indígenas de Riosucio para agregarlas a la imagen presentada por  Parson y  Otto Morales, del labriego que con un machete, una escopeta, un perro, una mujer encinta y un bebé en los brazos se adentró en la montaña donde hizo frente a tigres, culebras y notarías para quitarle un pedazo  a la selva.

Quedó para otra ocasión la separación de caldenses y antioqueños, metidos en el mismo saco. Es justo repartir el mérito, ya que los caldenses, hijos de los antioqueños, poblaron la mayor parte del norte del Tolima, el norte del Valle, la cordillera occidental desde Balboa hasta Restrepo y Darién y ocuparon la cordillera central desde el Quindío hasta Ceilán y Fenicia.

LO QUE NO SE DIJO

Desde las primeras décadas del siglo XX la presión de la  gente sin tierra empezó a  fragmentar las propiedades de los empresarios que monopolizaron los baldíos. Inicialmente surgieron líderes que dirigieron las invasiones; luego  la Asociación de Usuarios Campesinos- ANUC-  canalizó la lucha agraria; y en el gobierno de Lleras Camargo, al Instituto Colombiano de Reforma Agraria- INCORA- no le quedó otro camino que legalizar las invasiones a numerosos predios descuidados o abandonados. Fue una colonización de tierras buenas pero improductivas que dio origen a numerosas comunidades campesinas.

Los delegados del Valle del Cauca volvieron sobre las raíces españolas cuando hubieran podido  referirse al encuentro de paisas y caucanos y al choque de sus culturas;  los del Tolima  pasaron por alto  la visión del librepensador Isidro Parra y los fundadores de El  Líbano y  los del Huila olvidaron las oleadas de labriegos paisas que a mediados del siglo pasado  abandonaron su terruño para salvar la vida y se internaron en los montes sureños.

El Congreso sobre la Colonización antioqueña dejó  más preguntas que conclusiones; ojalá pudiéramos convocar nuevamente a los estudiosos para  escuchar a los negros, a los indígenas y a los campesinos rasos, ver cómo la mano de clérigos y políticos se extendió a los resguardos; evaluar  el papel del hacha y de las quemas;  el exterminio de los animales de monte y la extinción de las maderas valiosas en nuestros bosques.

 Un análisis serio  de la gesta paisa nos mostraría  realidades que  ayudarían, en prospectiva,  a buscar el camino para ser  más tolerantes, justos y solidarios..
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