domingo, 1 de febrero de 2015

LOS RIOSUCEÑOS Y LAS GUERRILLAS DE 1900


Alfredo Cardona Tobón*
 
 

Para los liberales caucanos los riosuceños eran godos de muy buena macana, es decir conservadores a ultranza y sin miedo, como lo demostraron en 1876 en la batalla de los Chancos y en  la Guerra de los Mil Días, cuando su famoso y tenebroso Batallón Catorce  limpió de guerrillas liberales y de bandas criminales la provincia de Marmato.

Riosucio fue una base gobiernista durante la guerra de 1900. Ni los  escritores ni  los historiadores locales y regionales han estudiado su participación en el conflicto, porque han estado  embelesados con la colonización antioqueña y con las aureolas de los  patriarcas paisas.

Los riosuceños y sus aliados de Jericó y de Caramanta libraron la campaña contra  las guerrillas de Ceferino Murillo y de Manuel Ospina  que asolaron los campos de Neira, Filadelfia, Salamina y las orillas del río Cauca,   neutralizaron las ofensivas de los rebeldes del Chocó  y  aniquilaron las fuerzas guerrilleras enquistadas en las montañas de Anserma y del Alto del Rey.

EL BATALLÓN CATORCE

Los indígenas de los resguardos de La Montaña y de San Lorenzo conformaron  las fuerzas gobiernistas acantonadas en Riosucio; a ellos se sumaron  paisas del sur de Antioquia en el  famoso Batallón Catorce que  luchó en las márgenes del río Cauca, se adentró en el Chocó  y llenó de espanto las parcialidades liberales de Pirsa, Guática y Quinchía.

 En febrero de 1900 los soldados del batallón Jericó, comandado por el coronel Bernardo Gómez, cruzaron  el Paso de la Cana  en algunas barcazas mientras los arrieros empujaban las mulas que entre un colchón de espuma nadaban a la orilla opuesta en territorio caucano. Al otro lado del río esperaba  una Compañía de Caramanta comandada por el sargento Mayor Próspero Ramírez.

La columna conservadora atravesó el rancherío de Supía, trepó por Quiebralomo y llegó a la bella y floreciente población de Riosucio, capital de la provincia de Marmato, para unirse a las tropas riosuceñas comandadas por el general Benigno Gutiérrez.

UN POLVORÍN REVOLUCIONARIO

Desde el mismo día en que se decretó la guerra,  los pocos liberales de Riosucio, apoyados por sus copartidarios de Quinchía y Supía buscaron el monte y conformaron guerrillas que hostilizaron y se convirtieron en una pesadilla para los habitantes de Salamina, Filadelfia, Neira, Anserma y Apía. Por los lados de Irra merodeaba la banda de Manuel Ospina, por el Pintado,  Ceferino Murillo, por el Chocó, Eliodoro Rodríguez, en el Valle de Risaralda operaba Buenaventura Pineda… es decir, la provincia de Marmato estaba cercada por guerrilleros  y bandas criminales  que despoblaron a San Clemente y amenazaban seriamente a Riosucio.

Con los refuerzos antioqueños, el prefecto de Riosucio y los jefes militares de la provincia de Marmato emprendieron una osada campaña contra las guerrillas  que operaban aisladas sin unidad de mando. Se atacó una a una, apoderándose de Quinchía y causando serios reveses a los rebeldes en las localidades chocoanas de Tadó y San Pablo, en el Puente del Pintado y en el poblado de Bonafont.

Desde el mes de marzo de 1900 hasta fines de julio de ese año, los efectivos combinados de paisas y riosuceños emprendieron una cruel  campaña, plagada de asesinatos y atropellos sin fin, donde las principales víctimas fueron los campesinos inermes acusados de auxiliar a las guerrillas.

 EL COMBATE DE CAÑAVERAL

Después de dispersar a los insurgentes  que operaban en  las márgenes del río Cauca entre La Pintada y Arauca, el Batallón Catorce, bajo el mando de Lorenzo Palomino, continuó sus acciones por las lomas de Ansermaviejo donde tenían sus dominios Buenaventura Pineda, un individuo cruel, famoso por sus atropellos contra los colonos del Alto de Mismís y  la banda de un antisocial llamado Cauca.

Los riosuceños con refuerzos ansermeños  hicieron contacto con la guerrilla de Buenaventura Pineda en el sitio de Alejandría. Fue un intenso tiroteo que empujó a los rebeldes hacia el Valle de Risaralda, adonde huyeron con sus heridos dejando en el campo tres muertos junto con sus armas y numeroso pertrecho

Desafiando el peligro, la columna riosuceña siguió tras los fugitivos internándose en territorio hostil poblado por los antiguos sopingueños,  descendientes de cimarrones negros, que en épocas de elecciones marchaban  a Toro en escuadrones que  atemorizaban a los conservadores impidiéndoles acercarse a las urnas.

Al llegar a Pumia, la tropa gobiernista se dividió en dos columnas: los coroneles  José I. Bayer y Rubén Santacoloma con  unos doscientos hombres avanzaron por trochas escabrosas bordeando el mortífero Valle de Risaralda y los sargentos mayores Luciano Palomino y José María Rincón  con el resto de la tropa tomaron el antiguo camino de las Ansermas.

Por los inmensos fangales y con el temor de una emboscada, los gobiernistas avanzaron lentamente. Como a las diez de la mañana del 23 de julio de 1900 la columna de Bayer alcanzó un playón sobre el río Cauca y continuó su marcha hacia el caserío de Carmen de Cañaveral… de improviso una granizada de balas paró en seco la avanzada del Batallón Catorce que en rápida maniobra se resguardó tras un montículo y  contraatacó a los rebeldes emboscados.

Tras un tiroteo que duró tres horas y un lance de machete  los gobiernistas  capturaron  a Buenaventura Pineda, a varios de sus lugartenientes y a cuarenta individuos con sus fusiles Grass, carabinas Remington, un nutrido parque, toldas, menaje y caballerías. No hubo bajas entre los gobiernistas y en el campo quedaron tendidos cinco guerrilleros.

La columna dirigida por Luciano Palomino y José María Rincón aceleró el paso al oír el tiroteo y se internó por la macabra trocha de La Virginia en persecución de los fugitivos. En esta ocasión los riosuceños  no tomaron prisioneros, así lo confirman los partes de guerra en los archivos de Buga y los numerosos esqueletos  que se encontraron años más tarde en la trocha entre  La Virginia y Cerritos.
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