domingo, 20 de julio de 2014

JUAN SÁMANO



LAS NOCHES DE INSOMNIO DEL AZOTE DE LOS PATRIOTAS


Alfredo Cardona Tobón*




En 1808  quien habría  de llenar los cadalsos con lo más granado de la juventud patriota llegó a Santa Fe de Bogotá  comandando una columna de pardos costeños al servicio del rey español. Venía precedido de amplia fama: era un militar de carrera, con estudios de matemáticas, veterano de las guerras contra Francia y defensor de Riohacha, cuando en 1806  los ingleses atacaron ese puerto.
Ante los sucesos de Quito y Cali y las revueltas en el sur, el virrey Amar y Borbón debió dejar desguarnecida la costa y reforzar las tropas del interior; por eso  los realistas recibieron con júbilo a Sámano y los criollos autonomistas lo hicieron con notoria desconfianza.

LA NOCHE DEL 20 DE JULIO DE 1810

Desde el medio día de ese domingo el pueblo, soliviantado por los criollos, se apoderó de las calles bogotanas en medio de la chicha y la gritería. El virrey toleró  los “retozos” organizados por los “chisperos” pues quería evitar que se repitieran los sucesos sangrientos de Quito: era  un hombre pacífico, enemigo de las confrontaciones, cuyo único afán era terminar tranquilamente el mandato que ya tocaba a su fin.
Pero los bochinches continuaron y la gente de Egipto, Las Cruces  y San Victorino reanudaron la protesta, e impulsados por Carbonell,siguieron exigiendo un Cabildo abierto hasta la madrugada.

Mientras tanto, el comandante Sámano esperaba órdenes para dispersar la chusma y retomar el control, lo que no hubiera sido difícil, pues contaba con armas, milicia entrenada y ganas de imponer la ley a unos indios borrachos que atacaban las residencias de los oidores y tenían la desfachatez de llevarlos a la picota pública.

Para evitar  la intervención de Sámano  con el Batallón Auxiliar, los criollos lograron que el virrey Amar y Borbón garantizara la neutralidad de las tropas capitalinas y consiguieron el apoyo del comandante José María Moledo y José María Baraya, altos oficiales de la guarnición.

Sámano  tuvo que aguantar acuartelado los insultos y las pedreas del lumpen bogotano sin mover un dedo y el 23 de julio de 1810 la Junta Suprema lo remplazó por Juan María Pey, a quien ascendió a coronel  y le expidió pasaporte para salir de Bogotá, poniéndolo lejos del virreinato.

LA LABOR DE SÁMANO

En 1811 Sámano regresó de España; ancló en Puerto Rico, pasó por  Panamá y llegó a la ciudad de Cuenca donde entró al servicio del gobernador realistas Toribio Montes.
Sámano organizó tropas en Pasto y se enfrentó a la expedición republicana dirigida por Antonio Nariño; pero el viejo militar no era ningún Napoleón y sus indisciplinadas huestes mordieron el polvo de la derrota en el Bajo Palacé y en Calibío. Ante los desastres, el gobernador Montes lo releva del mando y Sámano se retira por el camino de Barbacoas donde cae prisionero de una partida patriota que le quita una apreciable cantidad de dinero.

Con la derrota de Vidaurrázaga, no teniendo más oficiales, el gobernador Montes echó mano de Sámano para que apoyara la campaña de reconquista de Pablo Morillo, que como una tromba estaba acabando con la endeble República gobernada por Fernández Madrid. Sámano ocupó a Popayán y al Valle del Cauca y en el sitio de Piedra de Moler, cerca de Cartago, remató la columna patriota dirigida por Serviez.

Sámano no participó en grandes batallas, su  acción más notable fue  en la “Cuchilla de Tambo” el 29 de julio de 1816,  donde destrozó los restos del ejército patriota, comandado por  Custodio García Rovira, quien en forma suicida se precipitó sobre las trincheras de los realistas.

El vejete cruel era un obsecuente servidor de Fernando VII y de su política de pacificación por las armas, por eso lo nombraron virrey de la Nueva Granada en el año  1818. Su administración fue el reinado del terror, fusiló sin piedad hombres y mujeres y tronchó lo mejor de la juventud granadina, privando a la nación de una generación  de dirigentes  calificados, que hubieran conducido el país por caminos distintos a los seguidos por los militares formados en los campamentos llaneros.
Durante su gobierno, Sámano trató inútilmente de acabar con las guerrillas patriotas; pero  de nada sirvieron los patíbulos; pues con los atropellos los  españoles incrementaron la reacción republicana en el Valle del Cauca, en el Socorro y  los llanos orientales.

OTRA NOCHE DE INSOMNIO

Si  en la noche del 20 de julio de 1810, Sámano  tuvo que ponerle freno a su ira,  al caer las sombras en la tarde del 9 de agosto de 1819  se llenó de pánico  al conocer la noticia de la derrota española en  el Puente de Boyacá. Sabía que no podía esperar clemencia del enemigo, y sin pensar en hacer frente a Bolívar, pese a conservar el poder en casi todo el virreinato,  recogió documentos y caudales, dio la orden de estallar el depósito de armas y con tropas leales salió de la capital antes del amanecer con rumbo a  Panamá  por la vía del río Magdalena.

La historia  recuerda a Sámano  como un personaje sin  compasión, como un valetudinario ordinario empecinado en conseguir la paz por el terror y las armas.. ¿Qué opinarán los españoles actuales de este individuo siniestro, sin valores humanos, que ordenó la ejecución de la Pola, del Fogoso Gutiérrez, de Tadeo Lozano y centenares de “españoles americanos”, muchos de quienes reclamaban tan solo un poco de autonomía.?-
Este oscuro militar que alcanzó la dignidad de virrey, nació en Selaya, España, en  el año 1753 y murió pobre y sin poder en Panamá en 1821 esperando un pasaporte para regresar a su patria. Sámano fue un instrumento de nuestra independencia. .Sin  proponérselo España  nos labró la independencia al enviar a nuestra tierra a Sámano, una veleta que un día juraba la Constitución liberal de Cádiz y al otro día la desconocía;  un lujurioso anciano  que violaba el honor de doncellas y esposas prometiendo la libertad de los presos que estaban en capilla.
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