viernes, 29 de junio de 2012

EL "OBISPO" GARTNER

Alfredo Cardona Tobón
        Mario Gartner Gomez y su esposa Esther Tobón


Un gran roble marcaba el final del ascenso de la loma tapizada de cafetos y guamos; desde cuadras atrás el árbol majestuoso se recortaba contra el firmamento: fuerte, vital, pleno de pájaros y trinos... era uno de los últimos sobrevivientes del bosque centenario que un día pobló de gigantes el espinazo de la cordillera.
Cada vez que contemplaba el roble sacudido por los vientos y la lluvia o acunando plácidamente los rayos de sol de la alborada, llegaba a la memoria mi tío Mario Gartner Gómez: corpulento, irradiando energía y optimismo, dicharachero, sonoro como una caja de música y por encima de las mezquindades, como estaba el roble de mi parcela encima de los rastrojos y los chamizos secos.
Un fin de semana  regresé a la finca  y en el recodo del camino busqué al añoso roble y no lo vi recostado sobre las nubes. Un rayo lo había destrozado. Con dolor vi nidos y orquídeas carbonizados y un tendido de  astillas y  hojarasca .
Poco después de la muerte del roble mi tío Mario entregó su alma al Creador con una planilla de noventa y pico de años de meritoria existencia. No asistí a su sepelio,  no quise verlo como al coloso de mi montaña, preferí llorarlo a distancia, y recordarlo enhiesto y vibrante desafiando temporales, contando historias y leyendas o arrullando a sus nietos.
LA PRESENCIA DE MARIO
Se empieza a vivir  antes del nacimiento, pues la existencia de cada uno de nosotros empieza a gestarse desde siempre; cada generación va reuniendo los genes y los dones que la Providencia nos regala al llegar a este mundo. La vida de Mario Gartner empezó en  Colombia con la llegada de un minero alemán  engatusado por el trópico y por las "ilusiones" de las vetas auríferas de Marmato pregonadas por los empresarios ingleses. Jorge Gartner remontó el rio Magdalena, cruzó el páramo de Herveo y se internó en los socavones, con ese extranjero venía el coraje prusiano, la honradez acrisolada y un pensamiento libre como el viento que no aceptó la asociación mezquina de la iglesia con los reyes europeos y en América el compadrazgo de los conservadores con los jerarcas católicos.
Jorge Gartner se afilió al radicalismo liberal enemigo de curas y sotanas y mezcló su sangre con los  Cataños de sangre alborotada, que en las continuas guerras civiles trocaban el almacofre y los barretones mineros por los sables y los machetes. A los hijos del arisco teutón con una hermosa caucana se agregó sangre antioqueña y apareció Mario Gärtner Gómez, un monito bronco cuya presencia hizo parpadear la breñas de Quinchía, tan acostumbradas a los cobrizos Tapascos y Aricapas,
Aun escuelero, Mario inicio su periplo por el norte del Viejo Cauca. Su padre Elías también tentado por la aventura abandonó sus mejoras en Quinchía, vadeó el rio Risaralda con los muchachos en cajones a lado y lado de las mulas,  las gallinas colgando  en capachos y con su esposa Angelina refunfuñando por  el camino mientras le sacaba el cuerpo a los bichos.
La familia cruzó el rio Cañaveral, trepó por la empinada cuesta de Ansermanuevo y se internó en las selvas de la cordillera occidental; los perros cansados apenas se sostenían, y ya no quedaban alpargatas de repuesto, cuando  la familia llegó al recién fundado pueblecito de Versalles. El padre Marco Antonio Tobón, cura de la feligresía, los recibió amorosamente pero no ocurrió lo mismo con los colonos caucanos que miraban con prevención a los paisas recién llegados.
En 1908 la situación era tirante entre paisas y caucanos. En Ansermanuevo hubo enfrentamientos sangrientos, al igual que en Pereira, y Roldanillo. En en la escuela de Versalles el pequeño Mario Gartner tuvo que defender a pescozones y golpes de cañabrava a sus hermanos menores acosados por los demás niños por el mero hecho de ser "maiceros". Después de meses de inútil batalla con la maleza y con el medio, don Elías arruinado y cansado regresó al alero generoso de Quinchía donde Mario   terminó felizmente los  estudios primarios.

LOS ESTUDIOS SECUNDARIOS
En 1920 Santuario era una villa progresista dirigida por un grupo excepcional:  se editaban cinco periódicos, contaba con una revista mensual, imprenta, funcionaban varias escuelas y  grupos literarios y científicos. Eran los tiempos en flor de la provincia, cuando a los pueblos llegaban publicaciones de todo el mundo y sus líderes hablaban de tu a tú con los manizaleños. En este ambiente abierto se formó Mario Gärtner Gómez bajo la tutela del padre Marco Antonio Tobón, hombre bueno y tolerante, humanista y guía sin par de juventudes que haciendo eco a la sociedad santuareña se retiró de Versalles y en la ciudad del Tatamá  fundó el colegio de San Agustin.
Infortunadamente la labor soterrada de gentes retrógradas acabaron con la obra  del padre Marco Antonio  dizque porque era un nido de masones. La verdad es que de ese claustro santuareño  salió la mejor clase dirigente que ha tenido el  occidente del Viejo Caldas.  Por  allí desfilaron un gobernador del Valle, un monseñor, médicos, sacerdotes, ingenieros, abogados notables y ciudadanos ejemplares y patriotas como Mario Gärtner Gómez
Después de terminar sus estudios secundarios  Mario  Gartner se enfrentó al mundo hostil  sin respaldo alguno, tan solo con su  su espíritu indómito y los deseos de salir adelante. Cuando apenas le asomaba el bozo Mario abrió monte por las soledades del rio Monos y cultivó frijol y maíz con los que sobrevivió y compró libros. Paralelamente con la agricultura Mario aprendió joyería y se hizo tan experto en filigranas y engarces, en ligas y amalgamas que en más de una ocasión le propusieron la falsificación de libras esterlinas.
 La vida de Mario fue inmaculada, semejante  a la de aquellos patriarcas bíblicos severos y duros, excesivamente duros, pero también justos y rectos. Al finalizar los años veintes del siglo pasado Mario Gartner inició la carrera burocrática respaldado por su tio Melquisedec Gómez, un cacique pueblerino que manejó la indiada quinchieña y defendió su causa, enfrentándose a los angurriosos pobladores paisas del municipio artificial de Nazareth, creado por los amigos de Núñez con el único fin de doblegar los resguardos nativos, robarles el carbón y el oro  y alinearlos en las filas conservadoras
En los años veintes de siglo pasado se agudizó el anticlericalismo en la región  debido a la intromisión descarada de la iglesia en la política ; en Quinchía, por ejemplo, se presentó un grave enfrentamiento entre el párroco Herrera y los campesinos liberales. Fue un choque virulento cargado de ofensas. Los labriegos se alejaron del templo, enterraron sus muertos en cementerios civiles y optaron por legalizar civilmente las uniones matrimoniales.

Desde el púlpito el cura Herrera amenazó con la excomunión al  juez Mario Gartner por haber casado más de cincuenta parejas y en inflamado sermón mandó al infierno al "Obispo Gärtner" por tomarse la libertad de unir lo que hasta entonces había hecho la curia...
Las relaciones entre la iglesia llana y los Gartner fue muy tirante: el nuncio apostólico debió intervenir para que el cura de Riosucio oficiara el matrimonio del senador Carlos Gartner en la iglesia de su pueblo; a Mario Gartner Gómez y a sus hermanos se  les negó por varios años el bautismo y  se legó al colmo de no aceptar a los muertos de apellido Gartner en el cementerio de  Riosucio
Durante la república liberal Mario fue secretario de la alcaldía de Quinchía,  juez en Anserma y notario en Santa Rosa de Cabal. A mediados del siglo pasado Mario Gartner se jubiló en la Notaría de Calarcá, vivió unos años en Medellin y regresó a Pereira donde terminó su travesía por este mundo al lado de una  distinguida y numerosa familia, con numerosos profesionales que siguieron la senda de su padre y han escrito valerosas páginas en la historia del departamento de Risaralda..
Mario Gartner recibió el don divino de la palabra fácil, del gracejo y la conversación deliciosa; fue prototipo de una época rosa donde se sobresalía por capacidad y la estirpe se dignificaba con el trabajo, fue creyente sin compromiso; amó a su terruño como pocos y por esos raros llamados de la sangre, añoró siempre a esa lejana Alemania separada por la distancia y por los Gómez, Cataños, Murillos que se alojaron en sus células vitales
 Recuerdo los postreros años de la segunda guerra mundial cuando en su casa se respiraba el triste ambiente de la derrota del Eje, no por  admiración a Hitler, pues Mario era demócrata convencido, sino por el dolor del pueblo germano que alcanzaba a latir en los repliegues profundos de su alma. Recuerdo, también, aquella navidad en Santa Rosa de Cabal en la cual descubrí al Nino Dios disfrazado de Mario. Ese 24 de diciembre estaba en casa de tía Ester. Presentía que el aguinaldo no llegaría por estar lejos de casa; no podía dormir, me hacían falta papá y mamá... lloraba en silencio ahogando mis gemidos en la almohada. De repente algo se movió en la penumbra. Despacio... despacio alguien se acercó a la cama, yo cerré los ojos y fingí estar profundamente dormido mientras mi inolvidable tío político colocaba el "traído" debajo de la almohada.

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