domingo, 4 de marzo de 2012

ELADIA MEJIA GONZÁLEZ- RECUERDOS DE UNA MUJER ADMIRABLE

Alfredo Cardona Tobón*

                   Centro Educativo Eladia Mejia Gonzalez- Palmichal-

En 1962 el embajador de los Estados Unidos en Colombia, Mr. Fulton Freeman, dijo en una ceremonia en la que se entregó una donación a Doña Eladia Mejía, que la tarea de la insigne educadora se identificaba con la filosofía de la Alianza para el Progreso, al lograr la alianza de los campesinos en pos del bienestar común en las veredas donde ayudó a construir centenares de escuelas.
A Doña Eladia se le recuerda en El Salvador, en Honduras, en Costa Rica, en México y en Colombia, donde la activa y valiente mujer iluminó el futuro de miles de niños que rescató de la ignorancia.
¿QUIEN FUE DOÑA ELADIA MEJÍA?
Quizás las nuevas generaciones no sepan quién fue Doña Eladia, una paisa de Támesis, hija de una maestra de escuela y de un labriego, que como tantos antioqueños del suroeste de ese departamento dejó su terruño y se asentó en las feraces tierras de Anserma, Caldas.
Doña Eladia heredó todas las virtudes de su gente, y siguiendo el ejemplo de su    progenitora se graduó como  maestra para dedicar toda su larga vida a servir a los desvalidos y principalmente a los niños de las comunidades más humildes.
Desde 1897 y solamente con 16 años de edad, Doña Eladia empezó a enseñar en escuelitas rurales y aún muy joven oyó el llamado de Dios e ingresó a la comunidad de San Vicente de Paul, donde combinó el magisterio con el auxilio a los desamparados en terremotos e inundaciones que la llevaron por toda Centroamérica.
Paralelamente con obras sociales en orfanatos y asilos, en campamentos y hospitales, Sor Margarita María impulsó la construcción de aulas  en las zonas rurales que dotaba moviendo el corazón de los ricos y la paquidérmica acción de los funcionarios del gobierno.
En México Sor Margarita María se ganó el aprecio del presidente Plutarco Elías Calles, un mandatario anticlerical y populista que fue en su juventud maestro rural y por ello vio en la colombiana a una servidora del pueblo raso de su país.”El Señor Presidente Plutarco Elías Calles- comentó Doña Eladia Mejía a un periodista de La Patria de Manizales- deseaba nuestro trabajo, pero le desagradan los hábitos religiosos, yo pude hacer una buena amistad a pesar de nuestras diferencias ideológicas, pero siempre mantuve una posición firme y severa ante sus exigencias para que usáramos vestidos civiles..”
En 1926 estalló la “Guerra de los Cristeros” contra Plutarco Elías; la Iglesia Católica se rebeló contra las disposiciones que menoscababan su autonomía  y arrebataban sus bienes; fue una guerra terrible y cruel que dejó más de 250.000 muertos y obligó a numerosos religiosos a  salir de Méjico para salvar sus vidas.
CAMBIO DE RUMBO
Un malhadado suceso partió en dos la vida de Doña Eladia, cuando de nuevo en Colombia la retiraron de la Comunidad Vicentina porque  su padre, en defensa propia, había dado muerte a un vecino. “Tomé un gran desencanto de la vida. Dijo Doña Eladia en una entrevista en Manizales- me fui para la finca de una tía en Anserma, en donde después de llorar muchas veces y dedicar mis lágrimas al Señor, pidiéndole que me iluminara... se  me ocurrió usar un pedazo de terreno para construir una escuela en donde enseñar las primeras letras a unos setenta niños.”
Se corrió la voz entre el campesinado y empezaron a  llegar solicitudes para que Doña Eladia les ayudara a construir aulas donde los muchachitos tuvieran la oportunidad que se les negó a sus padres. Doña Eladia se vinculó al magisterio caldense en la República Liberal, que la apoyó en la misión de llevar el alfabeto a muchas regiones del Viejo Caldas.
NOVEDOSOS MÉTODOS DE INTEGRACIÓN
Lejos de Doña Eladia estuvo el sistema paternalista que ha convertido a nuestros campesinos en mendigos pedigüeños. Ella los agrupó y los puso a trabajar para alcanzar objetivos comunes. Ella dividía los grupos de acuerdo con el sexo, la edad y el nivel cultural, citaba individualmente para discutir las inquietudes y señalar los derroteros, luego reunía a la gente en la escuela que la comunidad estaba construyendo para integrarla y planear el trabajo.
Además de establecer escuelas rurales y dictar clase a la inquieta institutora le quedaba tiempo para enseñar a confeccionar vestidos, preparar alimentos y consolidar los valores sociales. Era una Maestra en el sentido total de la palabra. Doña Eladia estaba muy consciente de que los niños con hambre no podían rendir en los estudios y por eso comprometía a los más pudientes para que ayudaran a los necesitados.”Yo siempre les exijo a los padres que manden los alimentos de los niños que yo se los preparo y consigo quién lo siga haciendo...porque de seguro en donde comen treinta lo pueden hacer cincuenta”- En esa forma Doña Eladia establecía los comedores escolares y financiaba la alimentación de los niños más pobres.
UNA VIDA LLENA DE MÉRITOS
A los ochenta años no tenia reparo en montar a caballo para ir a lugares donde la gente la necesitara. Tenía más voz que el Secretario de Educación de Caldas y no  hacía antesala a los embajadores. Su labor trascendió y el gobierno nacional la honró con la Cruz de Boyacá.
Doña Eladia murió en Manizales el 25 de febrero de 1865 a la edad de 83 años; su cuerpo fue velado en el Cuartel de Bomberos, institución de la cual era teniente honoraria, y luego se condujo al recinto de la Asamblea Departamental.
 El gobernador Ramón Marín Vargas y el alcalde Gustavo Robledo expresaron sus condolencias en actas oficiales y en su memoria se creó un galardón con su nombre para distinguir, cada año, al mejor maestro de educación pública  de  la capital caldense.
Doña Eladia fundó 140 escuelas,  enseñó que la ilustración va de la mano con la formación de los valores y descubrió esa fibra de solidaridad y emprendimiento que las políticas oficiales a menudo remplazan por el asistencialismo y las ayudas politiqueras
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