jueves, 5 de mayo de 2011

QUINCHÍA, UNA HISTORIA DIFERENTE

Alfredo Cardona Tobón*




Quinchiaviejo agonizaba en una hondonada seca por donde pasaba el  camino que unía los estados de Antioquia y el Cauca; por la larga calle del rancherío de guadua y paja habían cruzado los patriotas antioqueños en los duros años de la  reconquista española y el metalurgista Boussingault, que en amena crónica dejó la impresión del caserío.

El caserío fundado en los primeros años de la Conquista al lado de una misión franciscana estaba arruinado. En 1860 no había barequeo de oro por la sequía y  dos mangas de langosta consecutivas arrasaron los cultivos  de los vecinos y el comercio entre el norte caucano y el sur de Antioquia.

Había que buscar un sitio con agua cercano al camino real, pero las parcialidades del vasto resguardo no lograban ponerse de acuerdo: Unos proponían el plan de Naranjal  y otras  el pequeño llano en márgenes de  la quebrada La Barrigona.

Para evitar enfrentamientos los nativos dejaron la decisión en manos de la Virgen Inmaculada, cuya imagen quiteña veneraban en la vieja capilla. Así, pues, a principios de 1882, los quinchieños  llevaron  la imagen por trochas y atajos con la esperanza  de que la Augusta Señora señalara el sitio  para la nueva fundación.

Después de días de marcha, al finalizar un día caluroso con la tarde teñida  por el sol de los venados, la tierra se humedeció de repente haciendo que los cargueros resbalase y la Virgen se fuera de bruces contra un barranco de la trocha. Era la señal que esperaban. El cortejo señaló el sitio, hicieron un claro en le monte e  identificaron el punto donde se construiría el templo del nuevo pueblo.

 Sin perder tiempo y sin apoyo de nadie , los indígenas se repartieron  las tareas: unos hicieron chambas, otros tumbaron monte y los aserradores cortaron las largas vigas, los cuartones y los estantillos para las edificaciones. A mediados de 1884 los trabajos estaban muy adelantados: se había llevado el agua en  atanores de gres, estaba trazada la plaza y se empezaba a techar el templo.

Por problemas con el techo y con las torres, el Cabildo indígena contrató a Protasio Gómez, un paisa que tenía experiencia en ese tipo de obras pues había ayudado a levantar las iglesias del Retiro y de Copacabana en Antioquia. En pago de la asesoría el Cabildo le arrendó a Protasio e la mina de carbón de Estúveda y le permitió explotar las fuentes saladas de Mápura.  Dos años después, el procurador del distrito de Quinchiaviejo  extendió las gabelas y concedió a Protasio Gómez la mitad de los vetas de hulla del Resguardo y la salina da Anchisme. Un infarto fulminante acabó con la vida del contratista,  un cuñado continuó la obra y las gabelas pasaron a  manos de Melquisedec Gómez, hijo mayor de Protasio..

NACE EL NUEVO QUINCHÍA

El 28 de noviembre de 1888, el sacerdote José Joaquín Hoyos celebró la última misa de difuntos en la capilla de Quinchiaviejo. Atrás quedaba la historia de la comunidad de los tapascos y guaqueramaes y la leyenda de los caciques Cananao y Chiricha. La antigua fundación que empezó en 1580  al lado de la misión del convento franciscano de San Nicolás de Quinchía se empezó a sumergir en el abismo sin fondo del olvido.

Amaneció el 29 de noviembre de 1888, el sol se levantó radiante por los lados del cerro Batero e iluminó los antiguos dominios de Xixaraca y de la diosa Michua.  Las familias  Trejos y Ladino, Tapascos, Vinascos, Aricapas y Guapachas desocuparon el viejo rancherío y  al repique de campanas se dirigieron en solemne procesión  al bello sitio escogido por la Virgen, situado en una suave pendiente entre los majestuosos cerros de Gobia,  Batero,  Cantamonos y Yarumal...

Al frente de la procesión estaban La Inmaculada y la imagen de San Jorge, una talla quiteña perteneciente al coronel Zoilo Bermúdez, cuya familia la heredó de  algún  fraile perdido en la manigua .Atrás iban los sacerdotes  José Joaquín  Hoyos y Simón de Jesús Herrera con el Santísimo bajo palio acompañados por los comuneros en medio de sollozos y risas, cánticos y oraciones.




EN EL BANDO CAUCANO

El distrito de Quinchía fue la punta de lanza de los radicales caucanos. Las parcialidades indígenas del municipio en alianza con las de Guática, eran las únicas comunidades liberales en medio del mar conservador que cubría el norte caucano.
El distrito parroquial de Quinchía perteneció al cantón de Toro y la suerte de su gente dependía de los avatares políticos del Cauca. La dejaban tranquila si dominaban los liberales y les cargaban la mano con impuestos si  el poder estaba en manos de los conservadores.

Fue notoria la rivalidad entre Quinchía y su vecino Riosucio. El primero apoyaba a los radicales y el segundo era aliado natural de los clericales de Antioquia y el Cauca. En la guerra de 1840 numerosos quinchieños se unieron a la fuerza de Eusebio Borrero para atacar a Riosucio y  en 1863 las guerrillas mosqueristas, bajo el mando del capitán Vinasco, acosaron a los rebeldes del Ingrumá que se habían levantado contra Mosquera.

El 28 de marzo de 1876 los caucanos derrotaron a los antioqueños en la base del cerro Batero y Zoilo Bermúdez con voluntarios de Quinchía reforzaron las tropas liberales que invadieron al Estado de Antioquia.. En noviembre de  1879 otro conflicto envolvió los campos  quinchieños, cuando  la tropa radical de Rudecindo Ospina sometió en el Alto del Higo a los rebeldes independientes que se habían levantado contra el gobierno de la provincia.

Con la “Regeneración”  de Núñez llegaron tiempos aciagos para Quinchía. Hacia 1890, los jefes conservadores de Riosucio fundaron un pueblo en la tierra fría con gente de Carmen de Viboral y de Marinilla para controlar los resguardos de Quinchía,  Arrayanal y Guática. Para tal fin el gobierno conservador puso como cabecera municipal a  la nueva fundación de Pueblo Nuevo, hoy Sanclemente, y dejó a Quinchía y a Guática como corregimientos. El concejo  de Pueblo Nuevo, que  entonces tomó el nombre de Nazareth, estaba compuesto totalmente por antioqueños recién llegados que vieron la  oportunidad de enriquecerse y  en forma arbitraria arrebataron las fuentes saladas y la hulla que desde tiempo inmemorial pertenecían a  los indígenas y el carbón  que por arreglos con el Cabildo nativo eran patrimonio de  Melquisdec Gómez.
Ante tal situación Melquisedec  tomó las banderas de las parcialidades y empezó la lucha legal con episodios violentos entre Nazareth y los quinchieños. Viendo que el problema iba en aumento con riesgos de un conflicto armado el gobierno de Caldas por medio de la Ordenanza No. 5 del 12 de marzo de 1919 volvió a darle categoría municipal a Quinchía, desligándola de Nazareth., y se restituyeron las propiedades arrebatadas a sus legítimos dueños.

 UN SINO DOLOROSO

La historia conocida de Quinchía empieza con la llegada del conquistador Belálcazar a la región y su paso hacia el sur por las orillas del rio Cauca y continúa con las tropas de Robledo que irrumpieron en 1539 en la región de Guacuma y tras derrotar al cacique Chiricha sometieron el territorio. Robledo establece una alianza con el cacique Cananao, Señor de los Irras, quien le ayuda a cruzar el río Cauca y le suministra cargueros, guerreros y provisiones para continuar la campaña contra los carrapas y los armas.

Para evangelizar a los indios y  aprovechar la mano de obra en las minas de aluvión y veta de la región, los españoles crearon las encomiendas.  Registros en los folios de "Caciques e Indios" del Archivo Nacional hablan de las encomiendas de Opirama y Quinchía y del  pueblo minero de Buenavista. Posteriormente con  las tribus de tapascos, irras y guaqueramaes se conforma el Resguardo  de Quinchía, cuyo nombre se derivó de la voz indígena quincho o rancho de guadua.

La viruela y la gripe diezman la población indígena y a tales calamidades se suma el desplazamiento forzado de  quinchieños jóvenes para trabajar en las minas de Quiebralomo y hacia Popayán  donde los emplean en la construcción de la catedral.. Por otro lado la despoblación se intensifica cuando llegan curas doctrineros  de mala entraña que roban las cosechas, esclavizan a los indios y  violan sus mujeres. Para evitar los abusos muchos huyen con sus familias a las selvas del Chocó y el poblado de Quinchía no pasa de ser un caserío miserable a la vera del camino que comunica la provincia de Antioquia con la provincia del Cauca.

En la Patria Boba las tropas de Nariño invaden al Socorro y extrañan a los líderes federalistas, entre ellos está el sacerdote  Bonifacio Bonafont que viene a parar a Anserma, luego a Quinchía y por último a la población de La Montaña. Este patriota lleva el mensaje de la Libertad a los resguardos indígenas de la región y numerosos comuneros toman las armas republicanas y marchan al sur con las tropas del general Valdéz y con el ejército de Sucre.

Durante el siglo XIX los quinchieños apoyan los regímenes radicales liberales y su gente lucha al lado de Mosquera en 1863 y con el general Payán en 1877. .La guerra de los Mil Días fue singularmente cruel en el  territorio. Los nativos apoyaron la revolución y organizaron bandas de macheteros. Para eliminar las guerrillas, tropas de Manizales y de Cartago irrumpieron en la aldea, fusilaron a inocentes como escarmiento y devastaron los campos obligando a los combatientes liberales a desplazarse a las selvas del Chocó

Cuando el presidente Reyes conformó el departamento de Caldas con provincias de Antioquia y el Cauca. Quinchía, que formaba parte de la provincia caucana de Marmato, entró a hacer parte del nuevo departamento. Con el nuevo orden empeoraron las circunstancias pues los dirigentes manizaleños miraban despectivamente los municipios de la banda izquierda del rio Cauca y los quinchieños ya no tuvieron el respaldo de los dirigentes liberales de Cartago y de Buga.

 Durante la primera mitad del siglo XX , el municipio  vivió en paz y la conservó durante la República Liberal que se extendió de 1930 a 1946. A partir de entonces y desde el momento mismo que subió al poder el conservatismo con  Mariano Ospina Pérez  se desataron  las furias. Los alzatistas quisieron conservatizar a la comunidad, y los latifundistas vieron el momento preciso para conseguir las fértiles tierras a orillas del río Cauca. En 1948 arreció la persecución política en tanto que el Congreso aprobaba una ley que autorizaba la disolución del  resguardo indígena.
 
El 28 de marzo de 1948, un mes antes del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, la policía junto con antisociales de Riosucio, San Clemente, Guática y Anserma atacaron a Quinchía. A la madrugada su comunidad pacífica enterró cinco ciudadanos, que fueron las primeras víctimas de esa violencia irracional  azuzada por Gilberto Alzate Avendaño y Silvio Villegas. En 1949 el occidente del Viejo Caladas había sido conservatizado por los "pájaros", los "chulavitas" y demás bandidos, habían quemado el poblado de Arauca y solo les quedaban los fortines liberales de Marmato y Quinchía. A fines de octubre los antisociales irrumpieron  en el pueblo y  los vecinos inermes empezaron a abandonarlo para salvar sus vidas. A los ataques de los pájaros y de los chulavitas los campesinos organizaron bandas de autodefensas bajo el mando de Medardo Trejos, alias Capitán Venganza.

El  llamado Capitán Venganza ase convirtió en un verdugo de su propio pueblo y sus crímenes se extendieron por el occidente del Viejo Caldas.  La violencia conservadora se respondió con violencia liberal y  Quinchía se anegó  en sangre.

A partir de 1960 el gobierno nacional y la Iglesia Católica se unieron para buscar la paz en el municipio. Llegaron misioneros de España, se incrementó el deporte,  pavimentaron calles,  abrieron fuentes de trabajo y se fundaron escuelas y colegios. El colegio de San Andrés  y el de Nuestra Señora de los Dolores se convirtieron en los semilleros de las nuevas generaciones, que por vez primera tenían oportunidad de labrarse un futuro fuera del agro.

Al separarse Pereira de Caldas para formar el departamento del Risaralda, a los quinchieños los incluyeron en la nueva sección colombiana. Y salieron ganando, pues por primera vez en la historia,  a las generaciones quinchieñas se les tuvo en cuenta en la administración departamental. Los muchachos formados en el pueblo empezaron a brillar en Risaralda, los jóvenes de la Corporación Quinchía Nueva (CQN) impulsaron el civismo y una fugaz pero meritoria Sociedad de Mejoras Públicas abrió nuevos horizontes a la comunidad.

Al desaparecer la  lucha violenta entre conservadores y liberales,  otro tipo de violencia azotó la tierra quinchieña: Con  banderas de reivindicación social el bandido con el alias de  Iván sembró el terror en el municipio, ese fue el principio de otra era nefanda donde Berlaín de Jesús  Chiquito Becerra con su clan familiar, sembró de cruces los campos del municipio, al igual que lo hizo Aurelio Rodríguez , las "Águilas Negras" , "Los Magníficos" y demás bestias humanas arropadas en los frentes asesinos del EPL, el ELN, las FARC y las organizaciones paramilitares.

En el choque contra la autoridad los campesinos quedaron entre dos fuegos; muchos inocentes fueron vejados y privados de la libertad acusados sin pruebas de ser auxiliares de los grupos insurgentes, como sucedió durante el gobierno de Alvaro Uribe Velez, cuando una fuerza de centenares de hombres, helicópteros artillados vehículos  blindados invadieron al pueblo y apresaron más de cien quinchieños.

Todas esas atrocidades frenaron el progreso que empezó a notarse bajo la administración de Hermes Vinasco . Desde hace mucho tiempo la población de Quinchía no crece y a veces va en descenso por los desplazamientos, por el miedo y por la inseguridad que parece una fiera al acecho. Hay épocas tranquilas pero luego aparece un criminal o una banda que nuevamente siembra el desasosiego en el municipio.

VENDRÁN TIEMPOS MEJORES

Quinchía es  un municipio especial cuya gente resistió el embate de los conquistadores españoles, los conflictos caucanos, la invasión antioqueña y la violencia partidista. Si no fuera así, hace tiempo que hubiera desaparecido en medio del hostigamiento de propios y vecinos. La comunidad quinchieña tiene la  mayor identidad cultural en Risaralda; conserva vivas las leyendas de los ancestros, el folclor y la historia. La tierra es fértil y su casco urbano es el más bello entre los municipios risaraldenses.

Es un municipio minero con vetas de oro y posibilidades aún no cuantificadas en otras explotaciones minerales .La extensión de Quinchía es de 153 kilómetros cuadrados  que albergan unas 32.000 personas  en su mayoría de ancestro indígena. El  eterno problema es la falta de líderes con trascendencia más allá de la parroquia que señalen un camino y empujen a la comunidad. Al fragmentarse los partidos s y convertirse en agencias electorales, los quinchieños perdieron la mística liberal y hoy el municipio es  un coto de caza electoral que en las urnas elige foráneos, pero no es  capaz de unirse para elegir un diputado y un representante a la Cámara.

Jamás un quinchieño ha ocupado la gobernación ni un ministerio, y no es por falta de personas calificadas sino porque su gente se acostumbró a  ser carne de cañón y cargaladrillos baratos de los políticos de turno..

Como en tiempos pasados Quinchía es un municipio aislado sin vías decentes que lo comuniquen con su corregimiento de Irra que será un punto clave  dentro del sistema vial colombiano. Es el principal municipio minero de Risaralda y no le llegan las regalías, y a pesar de ser  el municipio más bello del departamento y uno de los más atractivos del Eje Cafetero, no tiene promoción turística  pues lo persigue el  sanbenito de la mala imagen proyectada por  su pasad violento. 



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