lunes, 7 de mayo de 2018

EL MAESTRO OTTO MORALES BENITEZ Y SU RIOSUCIO DEL ALMA -I-


 

Por: César Valencia Trejos

 

“Vengo de una provincia colombiana. Nací en Riosucio de Caldas. Allí me formé. Tengo el sello de la marca de comunitaria y democrática unanimidad que allí nos congrega. Y no quiero que nadie me confunda. Mi identidad no está en los papeles  civiles que me entrega el Estado para avanzar por mi patria y por el mundo, sino en el sello de autenticidad de mi gente”

                                                               Otto Morales Benítez

 
 

       

 



                  Narrar, precisar, establecer crítica literaria o historiografíar sobre la Obra y Vida del humanista, es quizá replicar lo que un número considerable de escritores, investigadores y estudiosos han esbozado sobre este “Maestro de Maestros”: el que enseña a los que enseñan, como lo enunciara el ex presidente Belisario Betancur, al titular su Conferencia en la Academia de la Lengua, en homenaje al doctor Otto al cumplir 90 años de edad.
 

 
            El Colegio Máximo de las Academias, en el año 2011 postuló al Maestro Otto al Premio Príncipe de Asturias, en el área de las artes y las letras y su presidente de la Academia de la Lengua, Jaime Posada argumentó: “Su legado es tan extenso que podría ser postulado en varias categorías de este importante galardón, nos pareció la categoría más cercana a su gran aporte”


 

LA INTELIGENCIA SOBRE OTTO
 

            Multitud de rigurosos estudios se han plasmado sobre el pensamiento de uno de los más eruditos colombianos. Sobre el particular se han conocido 20 libros y probablemente en el futuro aparecerán otros. Se distinguió por ser uno de los ensayistas más fecundos, reveladores y rigurosos sobre los distintos asuntos de la nacionalidad colombiana.

            Enumerar acerca de los logros políticos, académicos, de sus 138 libros y de 41 sin editar, en la modalidad de ensayo, los prólogos a cientos de libros de escritores, de las cátedras, premios y becas que llevan su nombre; de los homenajes que en el Continente Indoamericano- como él subrayaba a América Latina- y los que en la nación, en diversas regiones le tributaron, es un prolongado compendio.

            Se aproximaron más de dos centenares de escritores y periodistas para comentar su Obra, citemos ligeramente los títulos y autores de algunos libros editados por estudiosos:

Fernando Ayala Poveda: Otto Morales Benítez: la palabra indoamericana; el historiador y crítico panameño Carlos Alberto Mendoza, publicó dos libros: Trayectoria evolutiva del liberalismo y posición de Otto Morales Benítez y el estudio: El Mestizaje e Indoamérica: el mensaje de Otto Morales Benítez. El profesor mexicano Leopoldo Zea, dedicó su libro: América como Autodescubrimiento”, entre otros, al doctor Otto;  el caldense Javier Ocampo López, autor de más de un centenar de libros, escribió su obra: Otto Morales Benítez: sus ideas y la crisis nacional y dedicó al doctor Otto su libro: Historia de la cultura hispanoamericana siglo XX.

El lingüista Óscar Piedrahita González publica: Tesis de Otto Morales Benítez: memorias del mestizaje, un libro esencial en el Continente; el profesor universitario Ricardo Sánchez Ángel divulgó: El demonio del ensayo en la obra de Otto Morales Benítez; Luis Carlos Adames dio a la publicidad el tratado: Otto: el periodista que negoció la paz; el historiador nacido en Apía, Risaralda, Albeiro Valencia Llano publica: Otto Morales Benítez: de la región a la nación y al continente.

            Asimismo, Vicente Landínez Castro, oriundo de Villa de Leiva, nos sorprendió con su libro: Miradas y aproximaciones a la obra múltiple de Otto Morales Benítez. Por su parte el historiador, ensayista y político santandereano Antonio Cacua Prada, anunció 10 libros inéditos sobre las reflexiones del doctor Otto.

            En ensayos y artículos en prensa y revistas especializadas el compendio es enorme, Carlos Arboleda González, oriundo de Risaralda-Caldas, escribió: La majestad de la palabra en la obra de Otto Morales Benítez, texto que hace parte de la Colección Cátedra Otto Morales Benítez, bajo el título Humanismo ejercicio dinámico del pensamiento que promueve la Fundación Universitaria del Área Andina con sede en Pereira.

            Guionista de la cultura caldense, es otro ensayo dedicado al fogoso orador Otto, publicado por el supieño Jorge Eliecer Zapata, en donde subraya “la preocupación por los asuntos regionales y nacionales y su asomo a toda Latinoámerica como una unidad comunitaria que debe unir sus fuerzas para salvar la identidad”.

 CENTRO PARA EL ESTUDIO DE LA OBRA


            En Bogotá, desde agosto de 2001, sus dos hijos Olympo y Adela, fundaron el Centro para el estudio de la Obra de Otto Morales Benítez, en una antigua casona del barrio La Soledad, con el fin, como lo expresó la Antropóloga Adela Morales de Look: “Mi hermano Olympo y yo hemos decidido establecer este Centro, con el afán de interpretar lo que muchas personas han venido manifestando de diversas formas, acerca de la necesidad de estudiar una obra tan prolífica y que aporta muchos planteamientos importantes para el conocimiento y entendimiento de nuestra realidad nacional, social, económica y política”. Es decir, allí tenemos el almendro de la investigación sobre la Obra y Vida del doctor Otto. Valdría la pena replicar esta enseñanza, con un proyecto que avivemos las gentes de Riosucio, liderado por sus administraciones y  dirigentes, alrededor de  la casa donde nació el doctor Otto, cuya fachada fuera remodelada por el ingeniero y arquitecto belga Agustín Gooavaerts, reconocido en Medellín por sus edificaciones arquitectónicas. A propósito, hemos abandonado varias construcciones donde deberíamos disfrutar de museos y revelar el valor que encierran nacionalmente los riosuceños entre otros, en un recuento incompleto, además, del doctor Otto, Danilo Cruz Vélez, Enrique Alejandro Becerra Franco, Julián Cock Bayer, Silvio Fernando Trejos Bueno, Jorge Gärtner de la Cuesta, Rómulo Cuesta, Octaviano Vanegas, Ariel Escobar Llanos, Helbecio Palomino Salas, los artistas Buenaventura y Ángel María Palomino, Manuel Antonio Cataño, los periodistas y militares hermanos Díaz Morkum, los vates Andrés Mercado Vallejo, José Trejos, Enrique Palomino Pacheco y Carlos Héctor Trejos Reyes, los compositores de música popular Antonio Posada Correa e Israel Motato y tantos que nos han dado presencia y nos han enaltecido.

            El empresario manizaleño Eduardo Arango Restrepo, le dijo en un acto académico en Manizales: “Otto, deja de publicar, a ver si te alcanzamos tus lectores” y como siempre, el auditorio se llenó de la sin igual carcajada, que acabó con la solemnidad de un acto de trascendencia regional que allí se llevaba a cabo. Esto para ratificar que detenernos en sus realizaciones es extenso.
 

DEVOCIÓN POR RIOSUCIO  Y SUS COTERRÁNEOS      

             Este inventario es apenas un breve registro de lo que se ha publicado y exaltado sobre el doctor Otto. En consecuencia, los invito para que nos detengamos en lo que el autor escribió con pasión y generosidad sobre nuestro pueblo, palabras que se escuchan en el Continente y que han hecho conocer el Carnaval, el Encuentro de la Palabra, nuestras expresiones, costumbres y algunos artistas y escritores de este terruño.



            Vicente Pérez Silva escribió en la introducción del libro: Iconografía y fragmentos de prosas de Otto Morales Benítez publicado por la Fundación Universidad Central, en el año de 1995: “Hijo de su provincia a la que ama entrañablemente, no concibe la vida sino en función de la tierra de su origen. Una vida ajustada a los sueños de su infancia y a los preceptos que dimanan del Ingrumá: el cerro centinela  de una hermandad progresista  y solidaria. Las facetas míticas y las picardías del Diablo de Riosucio, también poblaron su temprana imaginación de mágicos resplandores”.

            Repetidamente lo acompañó su indeclinable querencia por su terruño, podríamos afirmar que no había intervención o publicación que no referenciara a Riosucio, se sentía orgulloso que lo identificaran con todos nosotros y nuestras expresiones culturales y mentales. En charlas informales con los más importantes personajes de la vida nacional o departamental o con seres elementales, siempre exaltaba a Riosucio y relataba con admirable gracia episodios y anécdotas de célebres mujeres y hombres de esta comarca. Así mismo, quienes han iniciado el análisis de su obra, coinciden en resaltar su espíritu de “provinciano cosmopolita”.

            En su tratado Raíces Humanas nos trae una manifiesta síntesis de su origen: “Del minero heredamos un cierto júbilo permanente. Del labrador tomamos una vocación por las acciones colectivas, por los aspectos de la comunidad. Y ese espíritu cívico, que se enciende cuando se trata de declarar nuestro amor a Riosucio. Y de esta amalgama, y de la desconfianza primigenia y recíproca, nos queda el palique buido, la maliciosa interpretación de los hechos que conduce a un apunte sagaz, que concluye en una sonrisa que ilumina la picardía de la conversación. Del brillo y abundancia de las fiestas, nos ha llegado la pasión por la música y el diálogo que es proverbial en todo hijo de este sitio. Todavía hay tragos regionales, como el “guarapo”, que nosotros levantamos como símbolo  de lo que nos ha dejado una raza de labradores. Su nombre congrega en pasión jubilosa a todo aquel que allí nació, a aquel que de paso por haber vivido con nosotros, supo gustar de los dones y zumos de nuestra bebida regional….”. Y en otro aparte de este texto, señaló: “Todos nos sentimos atados entrañablemente, por un vigor hondo, que nace de una identidad en nuestro destino. Riosucio adquiere una dimensión propia, en la cual se manifiesta el sentido colectivo que preside cada uno de sus hechos”.

            En el libro de Diálogos, resultado de una extensa entrevista publicada en 270 páginas: Interrogantes sobre la identidad cultural colombiana, el antioqueño Augusto Escobar Mesa, en una de sus respuestas él doctor Otto recuerda en varias oportunidades a sus coterráneos: “Mi generación del colegio tenía unos rasgos comunes con nuestra identidad riosuceña que nos permite identificarnos fácilmente. Manejaba una inteligencia chispeante, alegre, con cierta tendencia a la burla, pero sin quejumbres matreras, eran gentes con aptitud para la especulación mental  para enfrentar los teoremas y los silogismos, para reclinarse sobre el microscopio o mirar por un teodolito las soluciones que apremia la civilización…No era la actitud de una generación, era la herencia que habíamos recogido en los hogares, en la esquina del diálogo, en la socarrona manera de juzgar el mundo que tiene el riosuceño”.

Y más adelante agrega: “También cuentan los que vinieron de fuera a nutrir nuestra comunidad con sus conocimientos, con su trabajo con sus experiencias de toda índole. Cuando nacimos como Municipio, los sabios franceses Boussingault y Roulin estuvieron aquí y dejaron enseñanzas, ejemplos. A ellos se les recibió con esplendor porque el oro permitía lujos y derroches en los vinos y en los manjares. Y así ocurrió con todo viajero  que por aquí transitó. Ellos trajeron, entonces, voces de otros mundos, mensajes de nuevas experiencias y, especialmente, los escritores, los poetas, los expertos en finanzas u hombres que llegaban a compartir la guerra o el gobierno; en este lugar tuvieron su asiento. Fuimos afortunados porque muchos venían doblados de poetas, ello explica -fuera de la natural predisposición colectiva de mis paisanos- el gran ímpetu  intelectual  que nos golpea y continúa incitando con sus antenas de brillo y de luz a la juventud de mi tierra”.

            En una lectura en la sesión solemne de la Sociedad Geográfica de Colombia, en agosto de 1998, que tituló La geografía como factor de integración, expresó: “Existía una profesora, Purificación Calvo de Vanegas expertísima en sabidurías pedagógicas…ella designaba a Marta, la más bella, para representar nuestro calificado Departamento: el Gran Caldas y luego continuando en la pesquisa de los rostros y cuerpos más armoniosos, aparecían sus límites: el Tolima que era Marina; el Valle, Nohemí; Antioquia Doloritas. Éstas iban rodeando a Marta. Así quedaba la lección infalible, la que no se olvidaría…”.

            En otro fragmento de esta leyenda puntualizó: “En nuestro Colegio de Varones, don Genaro Bueno Cock llegaba a la hora de clase con pausados y cautelosos desplazamientos. Eran suaves y finas sus maneras de gran señor. Desplegaba sobre el tablero un mapa de Colombia y principiaba a leer los versos que mencionaban los milagros de las montañas, ríos, llanos, ciudades y pueblos remotos. Teníamos que aprenderlos de memoria. Luego, los recitábamos con ímpetu, señalando dónde comenzaba la Sierra Nevada de Santa Marta y cómo había unas regiones extensísimas en el Huila y que eran gloria de nuestros ancestros: San Agustín. Nos hacía entender, entre soneto y elegía, al Chocó con sus lluvias y relámpagos; la Guajira desértica que vigilaba, desde el Cabo de la Vela, el destino nacional. Descendíamos por entre versos pareados hasta la Amazonía, la Orinoquía y el misterio de las selvas de gloriosos follajes”.

            Continuando esta indagación de textos, en una lectura en la clausura de estudios de bachilleres de la Institución Nacional Los Fundadores, que designó como Mi Colegio de Riosucio: Apuntes  para la biografía de una generación de provincia, una disquisición de elogio al plantel, profesores y a sus condiscípulos se refirió en los siguientes términos: “Porque este es “mi Colegio”. De aquí no me dejo despojar. Pasé años esenciales de mi vida –los mejores de los sueños- entre su recinto. Claro está que en otro sitio, con muros más pobres, con aulas casi menesterosas, sin espacios para movernos en las horas de descanso. Desconocíamos los campos de deporte. No había lugares de esparcimiento para nuestro ímpetu juvenil. Los servicios mínimos de aseo, apenas se presentían. La luz entraba, por las ventanas modestísimas, llena de una  timidez que no le permitía irrumpir con su explosión de  luminosidad.

            El moho, un verde inquietante que invadía rincones y algunos trechos de los corredores y paredes, nos hacían compañía. Los asientos eran rudimentarios, muy primitiva su elaboración. Las escalas para ascender al único piso utilizable, traqueaban con nuestros pasos. Sus tablas se arqueaban con humildad y daban, con recato, quejidos que denunciaban la proximidad de su derrumbamiento”.

            En Líneas culturales del Gran Caldas un compendio que exalta y rescata valores humanos e intelectuales de estos departamentos, declara su afecto por su primigenia tierra: “No puedo pensar la vida sino en función de la tierra de mi origen. A la cual además, como labriego y ganadero, he dedicado tantas horas de unción a sus preceptos telúricos. Con la ventaja que es uno de los privilegios que resguardan mis desplazamientos: ajusté mi vida a lo que soñé desde la infancia: que fueran evidentes las concordancias entre lo que pensaba o lo que predicaba o realizaba… El mío es la infancia; lo que armó y cruzó mi adolescencia…”.

            El doctor Otto Morales Benítez inauguró en la Universidad Autónoma de Manizales, la Cátedra Caldense, un vibrante y excelso reencuentro con la región, que los dirigentes abandonaron por su avaricia y espíritu centralista, esta exposición fue publicada por el Banco Central Hipotecario en 1984. Es en este libro cimero un examen riguroso de Caldas, en donde cita en repetidas ocasiones a otros autores que fundaron el destino de nuestro Municipio. Allí se puede esclarecer qué dijo Purificación Calvo de Vanegas acerca de nuestra historia; en este tratado se citan los escritos de los  científicos franceses Juan B. Boussingault y Francisco Deseado  Roulin, quienes vivieron en Riosucio y sus páginas son otra muestra de la importancia que tuvo nuestra comunidad. 

            En este trabajo como en otros de sus escritos, recalcó lo esbozado por el pensador Rafael Uribe Uribe, en el Congreso de 1896, de quien reclama la creación del Departamento de Caldas y se enorgullece que propusiera que la capital de nuestro Departamento fuera Pereira, Riosucio o Manizales. Se regocija procurando supremacía a nuestro pueblo como una población de gran jerarquía económica, política, social y cultural. Este libro como constante de su producción literaria, es un emblema de incitación permanente para que estudiemos lo nuestro con más sentido de pertenencia y de identidad local y regional como afluentes de la historia nacional. Como constante del doctor Otto pensando en su tierra de origen, esta Cátedra Caldense es otra muestra auténtica de su fervor por su patria chica.

            Publicó Memorias del Mestizaje en el año de 1984, una Antología de temas relacionados con nuestro Continente, cuestión en la cual profundizó y fundó su teoría general del mestizaje. Él afirmó en sus investigaciones que se había nutrido de Riosucio: “Porque allá lo indígena, lo negro, las colonizaciones, los extranjeros atraídos por la abundancia minera, se fueron amalgamando y han constituido uno de los núcleos étnicos con más opulencia en sus expresiones”.

En este libro publicó Declaración de amor al Diablo del Carnaval, una de las páginas admirables sobre el Carnaval. Conjuntamente con la Colonia de riosuceños residentes en Bogotá y el Encuentro de la Palabra divulgaron: Facetas míticas del Carnaval de Riosucio, y posteriormente el autor escribió un discurso donde incluye los anteriores dos ensayos y agrega uno nuevo: Alabanzas del diablo y su Carnaval que consta de XII Capítulos en donde analiza y hace referencias universales del Diablo en las distintas épocas y sociedades. Este ensayo lo dedica a rendir un Homenaje al artista popular Gonzalo Díaz Ladino, quien ha elaborado 11 efigies del Diablo, el Viacrucis de la Iglesia de La Candelaria y plasmado cientos de carteles promoviendo el cine y pinturas de personajes nativos.

            Detenerse en la interpretación de lo escrito, es un ejercicio intelectual que importaría que las nuevas generaciones y los estudiosos lo afrontaran y procuráramos otorgar mayor altivez a los raizales.

 

 

 
 

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