sábado, 23 de septiembre de 2017

DIÁLOGO CON OTTO MORALES BENITEZ



TRAS LA CONCIENCIA DE LO AMERICANO
 
 
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Augusto Escobar Mesa
Universidad de Antioquia
 
AEM- Augusto Escobar Mesa
OMB- Otto Morales Benitez
 
INTRODUCCIÓN
 
No pasa de moda el pensamiento de Otto Morales Benitez, por esto es conveniente volver tras sus ideas y sus propuestas para retomar la esencia democrática, liberal y humanística que identificó a un hombre, que infortunadamente  no llegó a dirigir los destinos de Colombia.



 
Volvamos sobre esta entrevistas concedida a Augusto Escobar Mesa por el doctor Otto, que no necesita fecha, pues sigue siendo de actualidad:
 
 
POR UNA SOCIEDAD MÁS EQUITATIVA
 
AEM. Si tuviera el poder de realizar tres deseos prácticos para el país, ¿cuáles
serían y cómo los ejecutaría?
 
OMB. Creo que concentraría mi acción en una sola vía: eliminar la miseria
agresiva de unos grupos y la que esconden otros, con oficios sucedáneos. Es decir,
una justicia social, que sin eliminar el estímulo a los productores de riqueza, se les
advirtiera cómo lo que logran es parte esencial de lo que les facilita en ayudas el
país. Buscaría la equidad. Esta conduciría a tres cosas básicas: equilibrio colectivo,
mejoramiento de la educación y unidad del mundo comunitario colombiano
 
EFICACIA Y ÉTICA: PAUTAS DE GOBIERNO
 
AEM. Si le pidieran hacer un balance de los hombres que realmente han incidido
en la construcción de país, ¿a quiénes seleccionaría y por qué obras?
 
OMB. Es una pregunta diabólica. Señalaría Presidentes eficaces y éticos, con
sentido humanístico, que son los únicos que comprenden a la sociedad y cuáles son
las misiones del poder. A unos varones que condujeron revoluciones sociales y
culturales. A muchas mujeres que ordenaron el mundo social colombiano –
dirigiendo a los hombres de sus casas– y que han ayudado a la “revolución sutil”
que representa su presencia en la acción.
 
EL PUEBLO ES INTELIGENTE
 
AEM. ¿En qué reside la fortaleza de este país que, a pesar de tanta contingencia, no
se ha desmoronado todavía?
 
OMB. En su pueblo, que es inteligente y esperanzado.
 
CATACLISMO MORAL DE LA DIRIGENCIA DEL PAÍS
 
AEM. ¿A quién endilgarle la responsabilidad del desfondamiento moral del Estado
y de parte de las Instituciones colombianas?
 
OMB. Para llegar a esa situación, se han cumplido varios procesos. Uno de ellos, el
político. Los otros grupos desestabilizadores han sido una cierta clase directiva del
mundo económico y una dirigencia cultural. La síntesis sería darnos cuenta cómo
han disminuido los dirigentes nacionales en los diferentes órdenes. Es un
cataclismo de la calidad. Este derrumbe ha propiciado el derrumbamiento moral.
 
PERSONAJES MEMORABLES DE NUESTRA HISTORIA
 
AEM. ¿Cuál es el personaje o personajes que mayor identidad le ha dado a este
país?
 
OMB. No dudaría en destacar a Santander, Rafael Uribe Uribe y Eduardo Santos.
 
LA HISTORIA NACIONAL MUTILADA
 
AEM. ¿Porqué ha sido imposible que se cuenten los hechos de la historia política y
social tal como se dieron y no como ha sido matizada u ocultada. ¿Porque las
memorias personales terminan siendo apuntes seudobiográficos distantes de la
verdad histórica?
 
OMB. El Maestro Germán Arciniegas decía que en Colombia hay libertad de
opinión: se puede decir todo, todo, absolutamente todo, con tal que no sea la
verdad. La tradición de Memorias es muy pobre en el país.
 
PÉRDIDA DE LA INTEGRIDAD MORAL DE LOS POLÍTICOS
 
AEM. ¿Por qué la dirigencia política y de los gobiernos se caracteriza, casi
siempre, por su endeble integridad moral en el sentido social? ¿Hay algo
desvirtuado históricamente en nuestras costumbres o es consecuencia de qué
circunstancias? ¿Por qué tanta pobreza en la conciencia y formación política de la
dirigencia?
 
OMB. La aseveración no puede ser tan tajante por lo que acontece hoy. Existieron
varias generaciones de dirigentes con integridad moral. Yo recuerdo que el proceso
de descomposición moral comienza cuando se resuelve reemplazar a los jefes
 
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locales del liberalismo que eran gentes de vida económica asegurada y con
condiciones de conocimiento y de moral, con sentido del bien colectivo, por otros
que ayudaron a ascender a una nueva clase política, ésta sin condiciones
intelectuales ni éticas. Se crearon empleados para este fin que instalaron en los
pueblos y pervirtieron a la gente: principiaron por comprar conciencias ciudadanas.
Para pagar, asaltaron los dineros fiscales a través de los auxilios parlamentarios.
Estos los manejan a través de  Fundaciones que administran los aspirantes al
parlamento o sus calanchines. Se repartían dádivas –desde tejas, cemento,
mercados hasta becas, puestos burocráticos, embajadas, etc.–. Se llegó al delito.
Con el dinero oficial se comenzó a comprar votos, que, además, era una ofensa a la
dignidad de las gentes pobres al no dejarlos pensar  cuál debería ser el destino del
país, el suyo y el de su familia. Eso sucedió con mayor evidencia después del
Frente Nacional. Más adelante, un jefe nacional predicó el “unanimismo” en el
liberalismo con los copartidarios: con razón o sin ella. Y así se han absuelto
tesoreros municipales y hasta Presidentes. El daño ético fue total. Lo mismo ha
acontecido en el conservatismo. Asistimos a una hecatombe moral nacional.
 
MOTIVOS DE LA VIOLENCIA DESDE 1930
 
AEM. ¿Qué hay en la conducta, mentalidad, vida social y política de los
colombianos o de un sector de él que cada período de tiempo resurge la violencia
con fuerza inusitada, por ejemplo, en los años 30 luego de la caída de la hegemonía
conservadora, a finales de los 40 con la violencia partidista y más tarde en los años
70 con la violencia represiva del Estado y las normas de seguridad nacional;
también a mediados de los 80 con la violencia del narcotráfico y a finales de los 90
y comienzos de milenio con la violencia guerrillera y paramilitar?
 
OMB. En el año 30 hubo en cambio de régimen político. El conservatismo, que
perdió el poder, predicó la desobediencia civil que era, en el fondo, un
desconocimiento del gobierno. Un grupo de sacerdotes unidos a jefes
conservadores y a los resguardos de rentas, en poquísimos lugares del país,
presentaron resistencia armada. Fue la época que se llamó “de los curas guapos”.
Operó en algunas provincias de los dos Santanderes y en las que lindaban con
Boyacá. Simplemente declaraban que no admitían el nuevo gobierno. Fue una
resistencia a la legitimidad. Olaya Herrera enfrentó el problema nombrando
gobernadores de alta respetabilidad: en Norte de Santander a Luis Augusto Cuervo,
conservador, ex alcalde muy apreciable de Bogotá y Presidente de la Academia
Colombiana de Historia. En Santander, al humanista y luego Presidente de
Colombia, Eduardo Santos. En Boyacá, si no recuerdo mal, a Álvaro Díaz, luego
gerente de la Flota Grancolombiana. A la vez aprovecharon bandoleros de estas
 
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regiones para actuar de acuerdo con sus afanes delincuenciales; se amparaban en
banderías políticas. No fue un fenómeno nacional sino que estuvo localizado. El
gobierno no estimuló, ni ayudó, ni favoreció, ni consintió la violencia, como sí
aconteció en 1946.
 
Otro fenómeno en la República Liberal (1930–1946) fue el siguiente: en algunos
municipios se incitaba a los conservadores para tomar las armas de la policía; ésto
produjo enfrentamientos pero fueron circunstanciales. Eran episodios de fuerza que
se provocaban y desaparecían como modalidad de vida. En el 46 persistían las
prácticas contra una parte de la comunidad. Igualmente, la agresividad oratoria del
conservatismo no tenía límites y creaba estímulos para que sus copartidarios
arremetieran. Ese lenguaje arriscado, de dura violencia verbal, lo advirtió López
Pumarejo, conduciría necesariamente a la violencia material, y así aconteció.
 
El gobierno de Olaya Herrera que no propició, ni estímulo esa violencia del año 30,
fue una amenaza a la estabilidad institucional. Defendió ésta, buscó la colaboración
de gente muy respetable para desarmar los espíritus y los cuerpos y lo logró. El
ejército y la policía obraron cuando fue indispensable, porque su misión no era
combatir a sus compatriotas. Hay muchos libros de relatos históricos de esa época
que señalan explícitamente lo que aconteció. A la violencia del 46 ya nos hemos a
referido. También he comentado cómo se alcanzó la paz en el primer gobierno del
Frente Nacional y cómo se encendió, nuevamente, cuando se creó una atmósfera
para luchar contra lo que se llamó “las repúblicas independientes”. Muchos no
estábamos convencidos de que existieran. De allí viene lo que hemos padecido sin
interrupción. Con modalidades de derecha y de izquierda en la guerrilla, con
influencias del exterior, combatieron siempre.
 
El terrorismo aparece después de la toma de la Embajada de Santo Domingo. El
país celebra que no hubo allí muertos, pero los guerrilleros fueron enviados a Cuba.
Fidel Casto ofreció a nuestro gobierno que él los recibía y viajaron con los dólares
que pagaron el Vaticano, Israel y no recuerdo cuál otro país. Estados Unidos se
negó a entregar un solo dólar. El ejecutivo colombiano asegura no haber pagado. El
hecho es que de Cuba fueron a Libia y otros países insurgentes. De ese periplo
regresaron con la técnica del terrorismo: volar oleoductos y torres eléctricas,
destruir los cuarteles de la policía y oficinas públicas, avanzar contra pueblos donde
la fuerza pública era mínima. Y se asesinaba y se destruía.
 
EL CACIQUISMO Y EL CLIENTELISMO TRAS EL BOTÍN DEL ESTADO
 
 
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AEM. El caciquismo político de antaño ¿tiende a desaparecer o a camuflarse con
otra modalidad. ¿Se observa una democratización en la participación política con
los nuevos grupos o es el simple reflejo de una pérdida de liderazgo político?
 
OMB. No veo que tienda a desaparecer el caciquismo político. Lo que constato es
una transformación para empeorar. La tendencia a usar inadecuadamente los
dineros fiscales, ha creado una clase que pretende ser inamovible. Siguen siendo
los grandes varones electorales que no dejan que circulen nuevas figuras en la
política. Manejan un electorado con dinero, depravando a los ciudadanos, y tratan
de eternizarse para lograr una jubilación provechosa. Pervierten a la comunidad y
desaparecen los principios ideológicos. Quizá como remedio sirva: 1) prohibir la
reelección después de dos o tres veces que hayan sido elegidos; 2) rebajar el costo
de las campañas electorales que permitan la aparición de nueva gente; 3) evitar que
se utilicen tan irregularmente los dineros de los municipios. Como a los concejales
–que antes eran los símbolos de civismo en los pueblos– es han dado gabelas de
sueldo y con ello se está perdiendo el sentido ético de la acción pública.  4) Como
no hay democratización, 5) no hay participación porque los mecanismos de la
Constitución del 1991, en lugar de hacer eficaz ésta, han conducido a más
perversiones. 6) No hay liderazgo porque han desaparecido de la política los
conductores doctrinarios. Para ser líder se necesitan condiciones personales muy
destacadas y hablar en nombre de un pensamiento ideológico. No se encuentran
personas en las cuales confluyan esos dones.
 
AUSENCIA DE LÍDERES CARISMÁTICOS
 
AEM. ¿Qué pasa en el relevo generacional de las últimas décadas que no ha dado
lugar a tener hombres cultos, carismáticos en la vida social y política como un
Rafael Uribe Uribe, un Gaitán, un López Pumarejo, un Laureano Gómez, un
Camilo Torres? 
 
OMB. El líder es el símbolo de una comunidad. Los hay positivos y negativos. Los
hay creadores y, también, opositores a cualquier mejoramiento. Los hay
razonadores y, otros, sectarios. Apoyan, a veces sus cercanías en principios
benéficos o negativos. Pero no tienen tesis contra la inmoralidad. Esta, ha
contribuido a arrasar cualquier asomo de credibilidad. Predominan valores muy
menesterosos. Pero contra ello reaccionará el país.
 
EL PAÍS RECLAMA PARTIDOS MORAL Y DOCTRINARIAMENTE
FUERTES
 
 
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AEM. ¿Por qué las tercerías políticas, más que abrir camino al cambio generando
nueva mentalidad política, son atajaderos, desviaciones de la inconformidad
intrapartido ante el quietismo y las vías políticas sin salida de los partidos
tradicionales (véanse los casos del Unir, el gaitanismo, el MRL, la Anapo, el M19,
el galanismo)?
 
OMB. Esas manifestaciones de las tercerías políticas son afanes de oponerse a
modalidades de la política que, con los nuevos movimientos, tratan de llevar ideas a
la corriente de opinión nacional. Otras veces, son apenas sentimientos. El pueblo
colombiano, que es poderosamente inteligente, se entusiasma y vota a favor de esos
movimientos casi siempre con miles de votos –es una constante en la vida electoral
nacional– y, luego, van abandonando esas nuevas banderas. Lo más grave que le
puede suceder a un país es que no existan partidos fuertes. La Constitución de 91
ha creado los mecanismos para que los dos partidos tradicionales se debiliten,
perdiendo la unidad y facilitando que mil grupúsculos tengan autonomía, sin
conservar cercanía al partido ni obligación de respetar su caudal doctrinario. Es un
daño gravísimo para hacer tarea de gobierno. Lo que ha logrado la Constitución del
91 es desvertebrar a los partidos y que quienes comandan “grupitos” hablen a
nombre de éstos y sus acciones delictivas comprometen a aquellos. No puede haber
buenos gobiernos sino hay partidos fuertes que respalden sus acciones, y mediante
la explicación pública, comprometan la voluntad popular. La falta de partidos
fuertes debilita la acción pública y la conduce a malos hábitos comunitarios y se
van aflojando los impulsos doctrinarios.
 
SER PRESIDENTE IMPLICA CEDER A LOS INTERESES DE LA CLASE
POLÍTICA
 
AEM. ¿Por qué nunca fue Presidente habiendo sido candidatizado varias veces por
personajes reconocidos del país y por algunos ex presidentes?
 
OMB. Nunca fui Presidente porque no transé con esa clase política que ha roto el
orden moral del país. Tenía la opinión pública en las calles que me rodeaba con
vibrante entusiasmo. Además, me acompañaban espontáneamente liberales y
conservadores. A ese altísimo cargo se llega con plena dignidad o es mejor no
hacerlo para no ayudar a una mayor perversión de las costumbres políticas.
 
ACCEDER AL PODER IMPLICA ROMPER EL ORDEN MORAL
 
 
 
AEM. ¿Un hombre como usted que conoce a fondo el país y sabe de sus males y
sus remedios, no ha experimentado alguna vez nostalgias del poder Presidencial
para hacer lo que siempre quiso para un mejor destino de la nación?
 
OMB. Realmente no. Uno sueña con llevar al gobierno unas tesis. Si éstas hay que
doblegarlas para admitir la concupiscencia electoral, no vale la pena truncar de esa
manera los sueños democráticos.
 
DEBERES DEMOCRÁTICOS DE UN BUEN CIUDADANO
 
AEM. ¿Por qué ha estado ausente de la vida política bajo los tres últimos
gobiernos?  ¿Cree que ya cumplió su papel activo? ¿Por qué no tiene una columna
de opinión política para mostrar lo que han hecho del país la clase política corrupta
e ir formando una conciencia política distinta?
 
OMB. Nunca creo que haya cumplido suficientemente con mis deberes
democráticos. Ni renuncio a mis identidades políticas de partido. Siempre estoy en
acción mental pensando en Colombia. Creo no equivocarme –espero no aparecer
antipático– y declaro que mi vocación ha sido mi patria: en la actividad política, en
mi cátedra universitaria, en mi escritura, en mi simple camino de ciudadano. Mi
actividad colombianista la juzgan, en varios libros, como la más constante y
ardiente. Me he centrado a escribir volúmenes –en lugar de tener una columna
periodística– para decir con más densidad y espacio mi amor a la república.
 
 

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