viernes, 9 de enero de 2015

DESPUÉS DE LA ESPONSIÓN DE MANIZALES


Alfredo Cardona Tobón *

 

 

Una de las vías principales de Manizales lleva el nombre de La Esponsión y esa palabra que significa armisticio quedó grabada indeleblemente en la historia de la ciudad.

Pero la Esponsión, al fin de cuentas, solo es una palabra rara que nada significó  fuera del sacrificio de centenares de jóvenes caucanos y antioqueños que se enfrentaron en las lomas de la ciudad fronteriza por capricho de un general soberbio, que jugó con la vida de los colombianos.

 

Los caucanos no pudieron entrar a Manizales el 28 de agosto de 1860 y los antioqueños tampoco doblegaron a los atacantes. Quedaron en tablas militarmente y en prospectiva fue un combate que favoreció a Mosquera, pues la pasividad de los generales antioqueños amigos de la defensiva, le permitió retirarse con su maltrecho ejército.

 

Fue una marcha triste y dolorosa sin la música de la banda que acompañaba al general Mosquera, con los numerosos heridos sin atención médica que iba dejando en el camino a merced de la caridad de los paisanos y con las numerosas deserciones de combatientes obligados a pelear en una guerra donde solo los alentaba la promesa del pillaje.

 

En San Francisco, en Santa Rosa, en Cartagoviejo, en Furatena... quedaron las juanas  al lado del hijo, del esposo o del amante agonizante y oscuros voluntarios arrastrando muñones sangrantes, por donde poco a poco se les escapaba  la vida, sin el consuelo de un ser querido en esa tierra ajena.

 
Todo ese sufrimiento había sido en vano. Al ver que era imposible franquear las defensas manizaleñas el general  Tomás Cipriano de Mosquera firmó un armisticio o esponsión,  que le permitía retirarse sin ser hostilizado, donde se comprometió a reintegrar el Estado del Cauca a la Unión Granadina y cesar toda hostilidad contra el gobierno de Mariano Ospina Rodríguez.

 
Los antioqueños hubieran podido pasar de la defensiva a la ofensiva y acabar de una vez con las tropas de Mosquera, pero prefirieron negociar  para evitar más muertes lo que fue un error, pues con esa oportunidad que dieron a Mosquera se prolongó la guerra, los caucanos tomaron el poder y los hogares antioqueños se llenaron de luto.

 

 El gobierno central no ratificó la Esponsión y Mosquera libre de compromisos  se abrió paso por el páramo de Guanacas, dispersó a cañonazos a la tropa conservadora que guardaba el río Magdalena en el recodo de la Barrigona, entró triunfante a Bogotá y derrocó al presidente  Ospina Rodríguez.

  El interés de la camarilla de Ospina Rodríguez  estuvo por encima de los destinos nacionale; la Esponsión  no se aprobó porque en Bogotá afirmaban que Herrán, comandante de las fuerzas gobiernistas, quería favorecer a su suegro Mosquera. Supusieron, también,  que tras el combate en Manizales, las debilitadas tropas caucanas no tenían poder para continuar con la guerra..

 
Después de la Esponsión  y la caída del régimen de Ospina Rodríguez, las guerrillas conservadora continuaron la lucha contra Mosquera en Cundinamarca y Pasto, y las columnas antioqueña penetraron  hasta el corazón del Valle del Cauca plantando sus banderas  en  "Las Hojas" y  "Cristales".

 Fue un conflicto con ribetes religiosos y raciales que duró tres años y donde los antioqueños en medio del aguardiente se hicieron temibles por su rapacidad  en las zonas que ocupaban. La suerte de las armas se definió en  Santa Bárbara, en cercanías de Cartago, donde el general Santos Acosta derrotó a los paisas el 28 de septiembre de 1862. Allí pereció  el  exgobernador Rafael María Giraldo y lo más granado de la oficialidad antioqueña. Ya nada había que hacer: Antioquia estaba desangrada y arruinada y entonces capituló en   Villamaría el 13 de octubre de 1862.

 


 Mosquera entró a Manizales y encontró una ciudad desierta. Las familias dejaron sus casas ante el temor o como rechazo a los invasores. Mosquera fijó empréstitos forzosos,  indemnizaciones por gastos de guerra y dejó al frente de Antioquia a Don Antonio Mendoza, un anciano respetable pero débil que pronto fue reemplazado por el joven y belicoso Pascual Bravo.

 
A la derrota paisa se sumó la persecución religiosa: los liberales radicales desterraron al obispo Riaño, exclaustraron a las monjas carmelitas para arrebatarles sus bienes y enviaron al exilio, a los cuarteles o a la cárcel,  a  los sacerdotes que se opusieron al nuevo régimen.

 

La Esponsión  en realidad no significó nada,  es  un nombre que solo conocen los manizaleños y que  en vez de valor significa ingenuidad y falta de pantalones de los dirigentes conservadores de entonces. Sin la Esponsión firmada por los antioqueños, es posible que Colombia hubiera evitado los años de guerra que siguieron hasta 1885 y el rumbo del país habría sido distinto, quizás más clerical, quizás más godo, pero sin lo ríos de sangre que anegaron a todas sus regiones.

 

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