martes, 14 de enero de 2014

EN TIEMPOS DE LA REPÚBLICA LIBERAL EN COLOMBIA

Alfredo Cardona Tobón *



El lapso entre 1930 y 1946 se conoce en Colombia con el nombre de República Liberal; fue una breve etapa después de la  "Regeneración" conservadora iniciada  en 1886 durante el gobierno de Rafael Nuñez; ese cambio de gobierno aunque señaló un viraje, no fue tan trascendental como para remozar las viejas estructuras.

Aunque no se presentaron matanzas como las hubo durante el régimen  conservador, en la  República Liberal asomó la violencia política en Boyacá y los Santanderes y la iglesia católica continuó monopolizando la enseñanza en las escuelas. Tampoco hubo reforma agraria pese a los esfuerzos de Jorge Eliecer Gaitán y como siempre los clanes  bogotanos y la oligarquía nacional  siguieron gobernando al país

Con el liberalismo dividido entre Jorge Eliecer Gaitán y Gabriel Turbay las fuerzas oscurantistas  volvieron al poder y al amparo de banderas religiosas extendieron la violencia para arrebatar la tierra al campesinado y alejar de las urnas a los rivales políticos.

EN LA BOBALICONA REPUBLICA LIBERAL

En esos dieciseis años de gobierno la educación continuó  siendo confesional, limitada, atrasada y para unos pocos. El mundo seguía girando alrededor de la parroquia. La educación no fue un derecho y muy poco había cambiado con respecto  a la época de la Regeneración conservadora.
 
Recuerdo el año de 1944  cuando fui por primera vez a la escuela. de mi pueblo en el occidente del Viejo Caldas:   los pequeñines  que llegaban por primera vez a las aulas iban de la mano de la mamá  y los mayorcitos, con experiencia escolar se acercaron solos, con una taleguera y una jíquera, donde guardan la mediamañana que generalmente era una botella con aguapanela y alguna arepa de mote. 
Íbamos  peinados y limpios, casi todos descalzos, pues los zapatos eran un lujo, los calzones remendados se sostenían con cargaderas de caucho, o simples tiras de tela.  Ninguna usaba ropa interior y no había maletines ni morrales.

En la nación campesina de ese entonces, la inmensa mayoría de los chicos venían de  veredas lejanas a dos o más horas de camino por  fangales, canalones y trochas al borde de desfiladeros, sacándole el cuerpo a las culebras y a  los perros bravos.
 
LA PRIMERA SEMANA DE CLASE

A las esferas del conocimiento se entraba con la purgada con quenopodio. Al segundo día los escolares llegaba en ayunas con una naranja partida en cascos. Uno por uno llegaban a un puesto especial donde un maestro les abría la boca, otro le tapaba la nariz con un pañuelo y un tercero le vaciaba  a quemarropa una cucharada de un nauseabundo y horrible vermífugo.
El efecto era instantáneo. Algunos  no alcanzaban a llegar a las letrinas y ante la mirada piadosa de los transeúntes regresaban a la casa con la churreta escurriendo pierna abajo. Tras una convalecencia de un día, los alumnos regresaban a la escuela para continuar el programa de inducción con la motilada, pues un peluquero oficial, pagado por el municipio,  rapaba las cabezas para atenuar la plaga de los piojos y sus liendres.
Tras la trasquilada, llegaba el momento glorioso, la hora soñada por todos: la entrega de los útiles escolares. Aquí la República Liberal se derramaba en generosidad y se convertía en un Niño Dios fuera de temporada. Era el cambio entre el gobierno conservador y el liberal. El primero tacaño y el otro espléndido y generoso.  A cada muchachito se le entregaba una pizarra con tizas , un borrador acolchado, dos lápices negros y varios de colores y como colofón tres cuadernos con escudo nacional en la tapa y en la contratapa el himno nacional y las misteriosas tablas de multiplicar.

EL POLICÍA ESCOLAR

El oficio del agente público era exclusivamente para llevar a los salones a los alumnos  que se "mamaban'  a clase y preferían el charco del rio o los juegos de trompos y canicas en cualquier solar escondido. Cuando alguien faltaba a la escuela, el policía escolar iba a la casa del ausente y lo llevaba a la escuela sin no tenía excusa valedera.. Si se había "volado", sin que lo supieran sus padres, buscaba al remiso hasta dar con su paradero y empujado o cargado lo llevaba al pupitre.

Obviamente el policía escolar era el blanco del odio infinito de los escueleros, que aprovechaban todas las oportunidades para desquitarse. Al policía de mi pueblo lo apodamos "Abejorro" y como los muchachos sabían que al Sr. Tobón le disgustaba ese apodo, se lo gritaban en la calle. Para ello los muchachos se situaban en distintas esquinas y mientras el policía corría a buscar el insolente que le gritaba Abejorro en una esquina, desde la otra le repetían el apodo, y así sucesivamente, hasta que angustiado e impotente el pobre hombre se resguardaba en su vivienda.

LOS ABNEGADOS MAESTROS

Sin petróleo para exportar, sin níquel y sin impuestos, pues no había a quien cobrárselos.; la paupérrima República Liberal  encomendaba a los "asentistas" el pago de la nómina del magisterio; el asentista  tenía entre sus funciones la venta de los productos de la licorera para financiar la nómina de los educadores. En numerosas ocasiones el aguardiente y el ron no daban no daba el rendimiento esperado y entonces el asentista expedía vales que el sufrido institutor negociaban a menor precio. Otras veces pagaba la nómina es especie, es decir, con botellas que el maestro revendía a los cantineros o a los padres de familia.

Como los recursos estatales eran ínfimos y la gente no era tan atenida ni pedigüeña como ahora, los maestros y los padres de familia organizaban bazares, rifas, cantarillas, reinados y días cívicos para reunir fondos para reparar bancos, comprar tableros o ampliar las intalaciones escolares. Pese a su pobreza franciscana, sus trajes pasados y raídos, los maestros eran "dones" en el pueblo y la comunidad acudía a sus consejos y a su sabiduría cuando se presentaban situaciones difíciles. Todo mundo los miraba con cariño y con aprecio, eran los designados para los discursos en fiestas y recepciones y como al gremio no entraban ácratas ni comunistas, y se volteaban con cada régimen para seguir en el puesto, se mantenían al margen de las peloteras entre tirios y troyanos, güelfos y gibelinos, godos y cachiporros..


 

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