sábado, 8 de junio de 2013

HISTORIA DE LA COMUNIDAD DE QUINCHÍA- RISARALDA- COL


Alfredo Cardona Tobón.



Llegué a mi querido pueblo al medio día del domingo 14 de octubre de 2013 invitado por  mi amigo Edier Trejos . La idea era dictar una conferencia a los miembros de una organización campesina y minera sobre sus ancestros y sobre el papel de la comunidad indígena en la historia de Quinchia.

Todas las veces que recorro las calles de mi  pueblo natal gratos recuerdos inundan mi memoria; por allí ensayé mis primeros pasos, sobre los antiguos empedrados empezó mi vida y nacieron mis sueños...

Aunque mucho ha cambiado, creo  que para bien, el espíritu de Quinchía sigue aferrado a sus cerros, a su paisaje y a su gente cobriza que volví a saludar cuando me presenté en un gran salón  donde dejé a un lado los escritos que tenía preparados y di rienda suelta a mi palabra escasa que se multiplica cuando el amor y el sentimiento tocan mi corazón como aquella tarde de octubre.

Aquí consigno parte de lo que dije, porque las palabras se las llevó el viento y lo que queda escrito podrá servirle a alguien que se asome con ternura a las entrañas de mi tierra:

LA COMUNIDAD DE QUINCHÍA

En la banda izquierda del río Cauca, en territorio que una vez perteneció al Estado del Cauca, luego al departamento de Caldas y ahora al departamento de Risaralda está el municipio de Quinchía con características especiales que lo hacen diferente al resto de los municipios administrados por Pereira. La gente de Quinchia tiene raíces caucanas, ancestros indígenas, vocación liberal y un apego absoluto a su tierra.

Aunque el mestizaje ha diluido la cultura de los antepasados y la colonización antioqueña, aunque tardía, ha modelado, en parte, la idiosincracia local, Quinchia sigue siendo tierra de los Ladinos y Guapachas, de los Tapascos y los Trejos, de los Aricapas y Vinascos, de los Largos y los Mápuras, de los Guarumos y los Bermúdez.

Es justo, pues que recordemos a  todos aquellos que por siglos se han aferrado a las laderas del Gobia y del Batero y cuyo pasado está ligado a Opirama, a Guarguará, Sausaguá, Moreta, Anchisme, Estúveda, Irra,  Naranjal....

EMPIEZA LA HISTORIA

El pasado de Quinchia se remonta a Guacuma, nombre dado por los indígenas a esta tierra, y se liga a las tribus ansermas. de mujeres de porte fino y de artesanos que aleaban el oro con cobre para convertir la tumbaga en obra primorosas y en láminas finas para recubrir las cerámicas.  Los cronistas españoles hablan de  construcciones de guadua, colocadas a poca distancia unas de otras, con grandes patios cercados dentro de los cuales enterraban sus muertos.

Las tribus de los guaqueramaes, los tapascos y los irras poblaban esta tierra fértil, generosa en sal, en hulla y en oro. Eran cazadores, agricultores y comerciantes que solían engrasarse el cabello y pintarse cara, pecho y  espaldas con achiote.

Su dios Xixaraca vivía en la cumbre del cerro Carambá donde también moraba Michua, la señora del Valor  y de la Guerra. Eran genios del bien, protectores de los ansermas, que mantenían a raya a los demonios o tamaracas confinados bajo la gran mole del cerro Opirama.

De las leyendas y creencias de los ansermas no quedó nada porque todo fue borrado por los frailes y los encomenderos. El catolicismo convirtió un pueblo altivo en peones de los conquistadores y del idioma apenas se rescataron dos palabras: pixavac o chontaduro y tienguez o mercado al aire libre.  La cruz y el mosquete desterraron a Xixaraca y a Michua, que llenos de pesar por el abandono de su pueblo abandonaron el cerro Carambá y se perdieron en el olvido dejando sus huellas marcadas en las riberas de Riogrande.

Al lado de los ansermas vivían los irras: comerciantes y guerreros que intercambiaban la  sal que producían los ansermas por las mantas que tejían los quimbayas. Siempre hubo entendimiento entre tapascos y guaqueramaes con la gente de Irrada que según los cronistas fue una ciudad grande y póspera.

LLEGARON OTROS TAMARACAS

Para hacer daño a los indígenas y burlar la protección que les daban Michua y Xixaraca, los demonios o tamaracas se convertían en mangas de langosta, en veranos inclementes, en la enfermedad y en el granizo.
Cándido Aricapa, uno de los últimos sobrevivientes de la comunidad de Currumí, decía en los  años de la violencia política de mitad del siglo pasado que los tamaracas habían tomado la forma de los chulavitas y de los “ pájaros” para acabar con los quinchieños.

 En el siglo dieciséis los tamaracas tomaron la forma de los  conquistadores españoles que entraron a sangre y fuego al territorio de Guacuma ávidos, sedientos, enloquecidos por el oro. Sebastián de Belalcázar recorrió la orilla del río Cauca con sus flecheros africanos. No es difícil adivinar lo que pensaron los indígenas de entonces al ver gente con color carbón y pelo ensortijado con perros devoradores de hombres. Un poco después , en 1539, llegó la gente de Vadillo  y atacó un pueblo tapasco situado en la Serranía de Guarguará y rodeado de trincheras de guadua llamados quinchos.

Pese a la resistencia del cacique Chiricha y sus guerreros,   pudieron más los arcabuces y las ballestas y los invasores entraron al pueblo tapasco cuyos cercos estaba coronados por calaveras que producían aterradores sonidos cuando el viento pasaba por las cuencas vacías.
A partir del ataque de Vadillo los españoles siguieron llamando la región de Guacuma con el nombre de Quinchía por las defensas en guadua del poblado que los nativos llamaban quinchos.

Por  la misma época de Vadillo, entró Jorge Robledo con sus caballos y sus perros de presa con los frailes y los encomenderos. El cacique Ocuzca se levantó contra los invasores y pagó con su vida el intento de defender a los suyos. Cananao, señor de los irras, quiso resistir, y en marzo de 1540 Jorge Robledo con cien españoles y numerosos indígenas sometidos se dirigió a Irrada e hizo retirar a Cananao a la otra orilla del Cauca. Esta vez Robledo no empleó la violencia y el terror para doblegar al enemigo, sino promesas y halagos que conquistaron la voluntad de Cananao, un  valioso aliado que le ayudó a cruzar el río y emprender la cruel campaña contra los carrapas y los armados.

LAS PENALIDADES EN QUINCHÍA

Más destructivas que las balas, más mortíferas que las espadas, más letales que  los trabajos forzados fueron las enfermedades traías por los españoles para las cuales no tenían defensas los organismos de los  nativos. La gripe causó estragos y también la viruela. Comunidades enteras perecieron sin que hubiera remedio para frenar la mortandad, Irrada desapareció y de las tribus de Guacuma apenas quedaron unos seis mil sobrevivientes.

En 1557 Luis de Guevara, teniente general de la provincia de Anserma, famoso por su crueldad, decía que los indígenas de la región eran mal intencionados y prontos para la rebelión; para prevenir un alzamiento organizado por los quimbayas y los panches, Guevara apresó a los caciques Aytamara, de los pueblos de la sal, Opirama, hijo de la cacica Andica, Tuzarma señor de Mápura y Capirotama , señor de Irra, los confinó  en inmundos calabozos y los dejó morir de hambre .

Además de las enfermedades, el trabajo forzado y la violencia de los conquistadores se sumó el desplazamiento forzado. Los encomenderos enviaron numerosos varones de los repartimientos de Opirama y Currumbí a trabajar en la construcción de la catedral de Popayán y a las minas de Quiebralomo. Muy pocos de estos quinchieños desarraigados de sus hogares regresaron a su tierra.

NACE LA ALDEA DE QUINCHÍA

Los frailes doctrineros del convento de Anserma establecieron una misión en la región de Quinchía, alrededor de la cual fue creciendo un rancherío que denominaron Nuestra Señora de la Candelaria de Quinchía. No se conoce la fecha exacta de la fundación, se sabe que en 1726 tenía como cura doctrinero a Fray Pedro Orozco. De acuerdo con una relación del capitán José López de Ávila, Teniente y Justicia Mayor y corregidor de los nativos, el caserío de Nuestra Señora de la Candelaria de Quinchía contaba en 1729 con 38 familias  con Lorenzo Mamia como cacique y Pedro de La Cruz como alcalde partidario.

En el año de 1777 el virrey clausuró el convento de Ansermaviejo por no cumplir con los requisitos exigidos y agotadas las vetas de oro los criollos de esa población se trasladaron a Ansermanuevo con documentos y ornamentos de la iglesia. Por su parte la aldea de. Nuestra Señora de la Candelaria continuó  en una hondonada seca sobre el camino de las dos Ansermas. Un incendio acabó con la  capilla del caserío que  sobrevivió con el nombre de Quinchía.

EL RESGUARDO DE QUINCHÍA

En 1591 el rey Felipe II creó el Resguardo de Quinchia para agrupar a los sobrevivientes del antiguo Guacuma. En marzo de 1627 el Oidor Lesmes de Espinosa y Sarava visitó las minas del Real de Buenavista y al cruzar el territorio de Quinchia quedó gratamente sorprendido por su tierra fértil y los numerosos bohíos que encontró a su paso.

Lesmes de Espinosa ordenó la fundación de las poblaciones de San Lorenzo, Supía,  La Montaña y  Guática y en la visita efectuada a estos territorios sancionó al encomendero del Real de Buenavista por el descuido y mal trato con los comuneros bajo su cuidado.

En 1799 las autoridades virreinales fijaron los límites de los resguardos de Quinchia y de Guática, pero los guatiqueños no quedaron satisfechos con el territorio asignado y hubo serias confrontaciones cuando los vecinos quisieron extender sus cultivos de maíz por los lados del río Opirama.

En la época de la independencia la aldea de Quinchía fue paso obligado para las guerrillas realistas y patriotas; los saqueos, los reclutamientos y las mangas de langosta casi hacen desaparecer el rancherío que fue calificado de miserable por los exilados republicanos de Antoquia. Ignoramos cuantos quinchieños combatieron al lado de los patriotas, pero es muy posible que algunos voluntarios se hayan integrado a las tropas que marcharon con el general Valdéz a liberar el Perú, pues numerosos nativos riosuceños lo hicieron y el cura José Bonifacion Bonafont, que sembró la llama de la libertad en el pueblo vecino, también fue párroco en Quinchía.

Durante el siglo XIX la vida de Quinchía  giró alrededor del Resguardo indígena, pues ni el estado, ni la iglesia, ni el Estado del Cauca o la capital de provincia se interesaron por el futuro de sus habitantes. Vemos como en 1848 el Cabildo indígena abre una escuela de primeras letras y contrata al riosuceño Juan José Taborda para que enseñe a leer y a escribir a los niños.

Posteriormente cuando el gobierno caucano exige títulos para que se puedan explotar las tierras, el Cabildo indígena adelanta las gestiones ante el juez de Anserma Silverio Rivera, para que de posesión legal de los terrenos al Resguardo. Al empezar la invasión antioqueña, no es el estado el que protege a los nativos, es el Cabildo  el que asume la defensa de los comuneros ante las autoridades de Buga..

EL DISTRITO DE QUINCHÍA

El 26 de enero de 1870 el gobierno del Cauca distingue a Quinchía como cabecera municipal con jurisdicción  sobre Ansermaviejo, Arrayanal y Guática. Es un espaldarazo político, pues la gente de Quinchía  respalda al liberalismo radical y constituye la punta de lanza del liberalismo en una región dominada por los conservadores. Quinchía cuenta entonces con 2700 habitantes y líderes como Santiago Rico y Zoilo Bermúdez tienen peso en las esferas gubernamentales de Buga, Cartago y Toro.

El gobierno ordena el levantamiento topográfico de las tierras del Resguardo y como el Cabildo no tiene dinero contrata los servicios de William Martin, un ingeniero que trabaja en Marmato, y le paga con tres  grandes lotes de terreno. Los estudios de Martin dan un área de 32.784 hectáreas, de las cuales tiene que reservar espacio para un nuevo pueblo y para una escuela.

Como por ley los indígenas se consideran menores de edad y por lo tanto no pueden vender y comprar, la representación de la comunidad queda en manos de un administrador, que generalmente se aprovecha de la ignorancia y la buena fe de los indígenas para engañarlos y enriquecerse a costa de ellos. Los nativos de Arrayanal pierden sus tierras, los indigenas de Guática se ven arrinconados en tierras malsanas y las parcialidades de Quinchia pierden salados, minas de hulla y las tierras al lado del río Cauca. y durante la Regeneración Conservadora lo rebajan a la categoría de corregimiento de Guática .

El puntillazo final al resguardo  lo da Otto Morales Benitez en 1948 con una ley aprobada por un Congreso de  mayoría liberal que aprueba la desaparición del l Resguardo de Quinchía. para favorecer a ricos de Riosucio que querían quedarse con las tierras fértiles a orillas del río Cauca.

LOS INDÍGENAS Y EL MODERNO QUINCHÍA

El Resguardo cedió el terreno para el nuevo pueblo, en mingas abrió calles y  caminos de acceso, llevó el agua a la plaza y cedió la mitad del carbón a Protasio Gómez con la condición de que dirigiera los trabajos del templo

Los quinchieños a través de todos los tiempos han luchado por sus derechos y defendido la libertad, en 1860 el capitán Ramón Vinasco peleó al lado de Mosquera contra los paisas y sus aliados riosuceños, en la guerra de los Mil Dias las guerrillas quinchieñas acosaron a las fuerzas gobiernistas en la banda izquierda del río Cauca y cuando se vieron rodeadas por las tropas de Antioquia y del Cauca se desplazaron al Chocó donde siguieron combatiendo.

La violencia política del siglo XX anegó en sangre los campos quinchieños;  bandidos y policías al servicio del régimen conservador quisieron acabar con los liberales del municipio, pero los campesinos organizaron autodefensas que  bajo el mando de Medardo Trejos, alias Capitán Venganza, hicieron frente a los agresores; pero esas bandas, de salvadores del pueblo se convirtieron en verdugos de su propios paisanos; asesinaron, robaron y extendieron sus crímenes por todo el occidente de Caldas hasta que el 5 de junio de 1961 la fuerza pública dio de baja a Venganza y en los meses siguientes capturó o acabó con sus secuaces..
Infortunadamente  los hados crueles, los tamaracas, volvieron a castigar a los quinchieños en 1986 cuando un alcalde con la intención de neutralizar la amenaza del EPL, toleró la aparición de un grupo paramilitar denominado Los Magníficos. Estos bandidos se apoderaron del municipio y con el apoyo de otras células de Medellín y Dosquebradas extorsionaron, asesinaron y despoblaron a Quinchía hasta que las fuerzas del estado hicieron presencia y acribillaron  a gran parte de esa banda.

  La impunidad y la vagancia y el deseo de dinero facil abonaron el terreno para que surgieran otras bandas terroristas que frenaron el progreso de Quinchia; el 8 de julio de 2006 el GAULA del Ejército Nacional abatió a Berlaín de Jesús Chiquito Becerra, alias Leyton. Personal de la Cuarta Brigada, llegó a Quinchía, guiado por un informante al que le pagaron doscientos millones de pesos. Los militares se acercaron a la vereda Murrapal y a las cinco y media mataron a Leyton junto con sus guardespaldas.
" Consideramos que hemos dado un golpe al EPL ( Ejército Popular de liberación )- dijo  un alto oficial. Las tropas continuaran para acabar con estos bandidos. Vamos a seguir la ofensiva para acabar con el último  de los bandidos de este reducto."...

Durante el gobierno de Alvaro Uribe Vélez más desgracias atormentaron a los quinchieños. Basados en rumores  y en acusaciones que nunca pudieron probarse, apresaron más de un centenar de ciudadanos acusados de colaborar con la guerrilla. Tras dos años  de cárcel los dejaron libres, pero el daño fue enorme para ellos, para sus familias y para Quinchía, que se mostró al país como un reducto de bandidos.
 


Al entrar el siglo XXI nuevos horizontes se vislumbran en Quinchía, con la paz regresaron muchos hijos ausentes, los campos volvieron a cultivarse y  se están explotando recursos como el oro y el carbón que están empujando al pueblo hacia una vida mejor..

Por la sangre de los quinchieños raizales corre la sabia vital de los indígenas,  basta enumerar los apellidos y mirar el color de la piel quinchieña. Infortunadamente pocos  se acuerdan  de Chiricha y los demás caciques que dieron su vida por la gente quinchieña,  del capitán Vinasco en la guerra de 1860,  de Adelina García y las valientes mujeres de 1900, de Zoilo Bermúdez ni de los miles de quinchieños que a traves de los siglos han abonado con su sangre y con sus huesos los campos de Quinchía defendiendo su hogar y sus creencias ...

Ya es hora de invocar el espíritu de los ancestros para que su clamor agite a los Vinascos, Tapascos, Guapachas, Largos, Mápuras, Trejos y Aricapas para que con una sola voz hagan oir la voz de Quinchía y no permitan que nunca más los enemigos de su pueblo vuelvan a enturbiar el futuro de su gente.

5 comentarios:

  1. Quién lo ve al señor Otto Morales Benítez, quien también en el mismo año 1948, asumió supuestamente la voz de la víctimas de la violencia en Caldas, y también, solapadamente, da el "puntillazo" como dice el texto, a las poblaciones que han sido las más desfavorecidas y lo siguen siendo. Comparto un comentario de los círculos culturales e intelectuales de Caldas, donde se dice que el mérito de Morales Benítez ha sido la "Ottología", que consiste en que él le paga a otros para que escriban libros sobre su gran trayectoria.
    jotagé gomezó

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  2. Bien por la historia ........pero el que dio de baja a berlain de Jesús chiquito...fue el GAULA del glorioso ejercito nacional DE COLOMBIA......ESTUVE ALLI

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    1. Ya se corrigió el error respecto al Gaula. Sería muy interesante que me enviaras un articulo sobre la operación del Gaula contra Leyton para publicarlo con tu nombre en este blog.

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  3. hola muy interesante gracias, soy de apellido trejos mi abuela nacio en Quinchia y su abuela tambien su nombre Natividad Trejos Suarez del 1900 mas o menos , no sabemos mucho de ella o de sus padres si alguien tiene informacion gracias.

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  4. Natividad Trejos Suárez fue una de las valientes mujeres que auxiliaron a los combatientes liberales de Quinchía en la la guerra de los Mil Dias. Ayudó a ancianos y niños y con Adelina García sirvió de enfermera en la aldea.

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