martes, 22 de mayo de 2012

UN COLONIZADOR DE HACHA Y CAMÁNDULA

Alfredo Cardona Tobón



Si el padre Daniel María López hubiese sido europeo, hace décadas estaría en los altares católicos pese al conservatismo cerrero que no opacó sus innumerables virtudes.
Daniel María nació en 1865 en  La Ceja y  siendo muy niño  llegó a las montañas de San Agustín, hoy Samaná,  donde su padre Clemente, católico practicante, alternó su oficio de herrero con la minería, la agricultura y la guerra. En 1885 Daniel María luchó en las filas nuñistas y terminado el conflicto ingresó al seminario a la tardía edad de 23 años con escasas letras y fe de carbonero

DE UNA PIEZA

En la guerra de los Mil Días el conservatismo colombiano aún estaba aferrado al funesto Syllabus de Pío IX, pese a las posiciones de León XIII y de Pío X, que en otras partes del mundo habían  tendido puentes entre  las ideas liberales a la Iglesia católica.

Con el fardo nefando del fanatismo propiciado por Pío IX el padre Daniel se unió a las fuerzas de Pompilio Gutiérrez como capellán de la tropa. El sacerdote recibió su bautismo de fuego en el combate de Tibacuy donde todo parecía perdido para los gobiernistas que empezaban a retirarse, pero la premonición del padre Daniel de un refuerzo que nadie esperaba, hizo que Pompilio resistiera un poco más, hasta que llegó tropa de Bogotá y con ella el  triunfo de las armas conservadoras.

El levita continuó su misión pastoral en Pensilvania, donde mezcló la labor de almas con la educación,  y las obras de interés común  con la política. El Padre Daniel fundó la Liga de María con las hijas del pueblo y organizó la Liga Eucarística, que agrupó a miles de campesinos. Esa fuerza pía se convirtió en un  formidable martinete electoral que permitió al levita elaborar las listas del Concejo a su antojo, vetar a los alcaldes que no siguieran sus lineamientos y perseguir desde el púlpito a los liberales, enfrentando a sus feligreses olvidando la tolerancia, la lilbertad de pensamiento y la caridad cristiana..

Desde Pensilvania el padre Daniel se movió por todo el oriente. En la vereda de Risaralda sentó las bases del futuro municipio de Marquetalia; construyó capillas en el Guayabo y en Florencia; fundó los caseríos de San Diego y de Norcasia y revivió a Samaná, gracias al apoyo de su amigo Ñito Restrepo que le consiguió nuevamente el estatus de municipio . El inquieto sacerdote promovió el cultivo del café en Pensilvania y convirtió esa ciudad, perdida entre los montes, en un centro de educación de primer orden donde los Hermanos Cristianos y las Hermanas de la Presentación levantaron varias generaciones que dieron lustre al departamento.

ATACA EL ENEMIGO MALO

A los sesenta y ocho años de edad el venerable sacerdote, que era un pésimo administrador de bienes terrenales, fue enviado a San Diego, un caserío incipiente, pobre, cundido de malaria y de pian. El traslado se realizó  por conveniencia económica de la curia y por las presiones de los amigos de las borracheras, de los prostíbulos y de las galleras que el padre Daniel  había combatido sin descanso.
Poco necesitaba el bondadoso anciano para vivir: sus comidas eran sencillas y frugales, dormía en un zarzo o en una estera y no gastaba dinero en trajes, pues su raída sotana tenía que ser renovada casi a la fuerza, ya que cualquier dinerillo que recogía iba a parar a manos de los más necesitados. Para sostenerse en San Diego el padre Daniel volvió al oficio de barequero y con el oro que recogió en las quebradas construyó un sencillo templo y tendió puentes colgantes para acercar a los feligreses a la Casa de Dios.

EL PADRE DANIEL Y LOS CAMINOS

Con un toque de  corneta reunía a sus “hermanitos” campesinos y en convites el sacerdote abrió los caminos entre Florencia y San Diego, entre Florencia y Samaná y otro que comunicó a Pensilvania con Manzanares.
El padre recorría las trochas a pie llevando consuelo al enfermo o al desgraciado y no era extraño que en esos recorridos desenfundara el machete para rozar las malezas que invadían el camino.
Quizás por arrepentimiento, los Jerarcas  católicos de Manizales visitaron al padre Daniel y le rogaron que se radicara en la capital del departamento, pero el anciano curita les respondía que era como sacar el pez del agua y que en esas lejanías era feliz sirviendo a los campesinos.
Los conflictos políticos acompañaron al padre Daniel María hasta sus últimos días. El  9 de abril de 1948 estaba de visita en Norcasia. El caserío se rebeló  contra el gobierno y nombró una Junta Revolucionaria. Como en Armero los bochinchosos habían asesinado al párroco, los vecinos de San Diego temieron lo peor y para proteger a su sacerdote se armaron y entraron por la fuerza a Norcasia. Poco después llegó el Ejército y los irregulares de  San Diego ocultaron en la casa cural la pólvora que más tarde encontraron los militares en una requisa general y que fue la causa para tildar al padre Daniel de revoltoso.
El 31 de julio de 1951 el levita  Daniel María López murió en San Diego y Caldas perdió un verdadero apóstol que ayudó a las viudas y a los huérfanos y llegó al alma del  pueblo. Las mejores épocas de  Pensilvania y de Florencia  coincidieron con la época dorada del padre Daniel.  Hasta hoy nadie ha podido  llenar en el oriente caldense ese vacío dejado por el santo, godo y  noble sacerdote.
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2 comentarios:

  1. Si alguien sabe del libro el apostol desconocido, escrito por el padre. Mi correo es ana_lopez447@hotmail.com

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  2. Mi admiracion por este hombre luchador ferreo de voluntad y ejemplo, si no hubiese sido un celive creeria que es mi ancestro.

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