domingo, 2 de enero de 2011

Quinchía Mestizo

"QUINCHÍA MESTIZO": UN ESCRUTINIO SOBRE LA REALIDAD NACIONAL

Este libro de Alfredo Cardona Tobón, Quinchía mestizo, concebido con devociones filiales, nos permite asomarnos a diferentes ángulos de la lucha intelectual caldense. Nos da la proyección de que se puede trabajar en investigación histórica y cómo tenemos en abandono la recopilación de nuestras tradiciones. El, se ha comprometido por archivos, nacionales y regionales; por las columnas de los periódicos; por los diálogos con los conocedores; por las notarías y sacristías. De cada sitio, ha extraído materiales de buena densidad para situar las aventuras sociales. Su libro, así, resplandece con certeza en los conocimientos, que es la mejor expresión del amor y fidelidad a la tierra nutricia.
Al terminar la lectura de este texto, nos asalta la pregunta: ¿qué ha pasado con la inteligencia caldense que ha estado tan ausente del examen de su pasado? ¿Por qué tenemos tantas mermas para contemplar con profundidad dónde arraigan nuestras raíces? ¿A qué se debe el desapego por lo que concierne al contorno? Creemos que alcanzamos una respuesta al establecer dónde andábamos, con qué deliquios intelectuales nos habíamos comprometido.
Por una creciente manía de despreciar la realidad. A la vieja imposición "hispanista" que seguía pesando en lo intelectual. No creíamos en lo nuestro; ni teníamos aprecio por lo circunstancial. No adorábamos sino lo extraño. Lo que venía de una remota evocación cultural. Nada que estuviera circunscrito a lo inmediato. Éste era elemental, tropical, ridículamente comarcano. Lo cursi lo circundaba. Con esas prédicas nos educaron.
Nunca he podido entender el menosprecio del caldense por lo provinciano. Siendo casi sin exclusiones de cultural rural, ¿por qué esa arrogancia? La reciente organización como entidad administrativa, nos hizo perder la perspectiva de qué éramos y qué representábamos como autenticidad en la cultura. El peso de una tradición religiosa, muy apegada a la influencia española, trajo los desganes que se extendieron durante la Conquista y la Colonia. No podíamos reclamar admiración por el pasado, pues dudábamos de que él tuviera algún resplandor espiritual. Estábamos negados para la invención. La cultura "hispanista", que restableció la Regeneración Conservadora de Núñez y de Caro, nos exiliaba de nuestra identidad. De allí que hayamos durado tanto tiempo ajenos a lo propio; desasidos, moviéndonos sin raíces, absolutamente enemigos de hallar los arraigos.
Producimos así, sin lugar a dudas, una serie de excelentes prosistas. De hombres de cultura que nos darán permanente orgullo. Eso sí, ausentes de lo circunstancial de nuestro acontecer. La cercanía caldense destellaba en algunos cuentistas, novelistas o poetas eglógicos. Lo demás, era la aventura remotísima, con vecindades en lo extranjero de la inteligencia. Y mientras más distante localizaran sus báculos, mejor equipados estaban para administrar los instrumentos de las referencias. Quizás no las inmediatas, porque se aceptaba que la cultura era de élites. ¡Afuera, lógicamente, quienes no clasificaba

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