domingo, 18 de agosto de 2013

FLORENCIA Y EL CORREO DE LA BRETAÑA

Alfredo Cardona Tobón


 Corregimiento de Florencia, en el municipio de Samaná, Caldas, Colombia


“  ¡Florencia, 25 de diciembre de 1896 ¡… Por la puerta entreabierta de la escuela, donde me alojo, veo, un poco hacia la izquierda, la frágil cruz de la iglesia, de la iglesia, pobre rancho de madera y paja en el que el Dios de Belén parece estar acostado todavía. El altar da lástima e inspira compasión. Delante de la iglesia las gallinas picotean, los bueyes pastan y un asno lanza al aire las agrias notas de su rebuzno alegre…

Por todos los alrededores - continúa escribiendo el explorador francés Pierre D´Espagnat- diseminados por los flancos de la colina, las pobres cabañas de este campamento de buscadores de oro,  y las hay también en la otra vertiente, de las que solo se ven sus techos, gorros cónicos un poco inclinados hacia un lado…

¡Ya son las seis!  Se oye el toque del Ángelus. En el umbral de las casas todos se descubren. Y casi instantáneamente la noche  se ha venido encima, el sol se ha puesto, en su gloria oscurecida  por detrás del páramo de Sonsón. Las puertas se cierran ante el frío que ya se deja sentir, mientras que solo, envuelto en brumas  y en torbellinos de viento, mi caballo continúa paciendo, sombra olvidada en el tapiz verde de la plaza… ¡Oh  nochebuena, alegre nochebuena, alegre navidad engalanada, que llegas a la misma hora a todos los puntos del globo!..”

Noventa años después, en una tarde gris también de diciembre, miraba yo la plaza brumosa de Florencia, y exceptuando  el campero estacionado en la plaza  y la iglesia moderna, me pareció revivir el entorno descrito en 1896 por el francés Pierre D`Espagnat, cuando llegó a esas soledades ilusionado por los rumores de grandes riquezas minerales. Poco ha cambiado: las mismas ilusiones y la esperanza de encontrar una veta o una guaca que los saque de la pobreza.

LAS VETAS AURÍFERAS

Fueron  mineros los primeros pobladores  paisas del extremo sur de Antioquia, que buscando pepitas de oro se adentraron por San Agustín, recorrieron los campos de Pensilvania y repasaron la trocha de San Narciso. El hallazgo de algo de oro en  quebradas y riachuelos mantuvieron  viva la esperanza de los barequeros y dos minas importantes consiguieron llamar la atención de los inversionistas antioqueños que esperaban encontrar otra explotación tan rica como la del Zancudo. Una de ellas fue la mina de California en cercanías de la aldea de Buenavista, la otra fue la  mina de La Bretaña, no muy lejos de la localidad de Florencia.

A finales del siglo XIX Miguel Murillo descubrió la prometedora formación aurífera  de La Bretaña y con capital de Alejandro Angel y de Antonio José Restrepo, el famoso Ñito Restrepo, se trabajaron sus vetas con buenas ganancias durante más de cuarenta años. La Bretaña  fue un paréntesis de prosperidad en la deprimida zona de Florencia, pues llegó a emplear 250 hombres en los socavones y en los beneficiaderos y en la mina se empleó, antes que en otras empresas paisas, el moderno sistema de monitores para separar el oro de la ganga.

EL CORREO DE LA BRETAÑA

En el siglo pasado en un día de los años veinte, los mineros de La Bretaña suspendieron labores y llenos de pesar acompañaron a un viejo  amigo a su última morada. Al frente de la comitiva fúnebre iba el arriero Blas Manrique con una turega de bueyes que llevaban un cadáver sobre una plataforma de madera. Cuenta Don Alejandro Ocampo en las memorias que confió al Hermano Florencio Rafael, que  en ese desfile fúnebre, aún faltando el acompañamiento religioso, se sentía el respeto y la congoja entre la comitiva. Tras un corto recorrido los bueyes pararon en un pastal en la loma al norte del caserío y en un amplio hoyo los mineros descargaron el cuerpo de un macho rucio, que había muerto de viejo después de trasegar durante muchos años por el camino de Sonsón, transportando el oro que producía La Bretaña y trayendo medicinas y mercancías a la mina.

El arriero Blas Manrique y esa  mula rucia fueron  el “correo de La Bretaña”. Nunca les importó el sol canicular de los veranos ni los ríos de lodo que se escurrían por los tragadales en las épocas de lluvia. Iban solos, sin escolta, sin temor a los asaltantes ni a los pumas.

Ese singular entierro significaba más que el amor por un noble animal, que era el símbolo de La Bretaña. Al sepultar la noble bestia los mineros sentían que se estaba rompiendo el eslabón entre el pasado y su futuro y que al desintegrarse el dueto de Blas Manrique y el macho rucio se estaba acabando el mundo de los socavones  y del barretón y llegaba el mundo de los surcos, del hacha y del serrucho, pues La Bretaña ya no era la misma, y el oro, si era que había algo, se estaba escondiendo en lo más profundo de la tierra junto con los sueños de la comunidad florentina.

*

1 comentario:

  1. soy otoniel bermudez nacido por los alrrededores de el congal y bautizado en florencia por eso aunque vivo en medellin hace muchisimos años me siento florenciano de los mejores viva florencia viva mi pueblo donde se respira el aire mas puro de mi patria.
    saludo a todos mis paisanos hombres y mujeres florencianos chaooooo

    ResponderEliminar