sábado, 30 de marzo de 2019

LAUREANO GÓMEZ CASTRO SEGUN CALIBAN


LAUREANO GÓMEZ  SEGÚN  CALIBÁN- Septiembre 7 de  1940-

Alfredo Cardona Tobón
 
                                              Laureano Gómez Castro
 
 
En un articulo  escrito en el periódico "El Tiempo" de Bogotá el periodista Calibán definió así al jefe supremo del partido Conservador colombiano, Laureano Gómez:

“ Esta vida tumultuosa, tan llena de peripecias,  tan agitada y variada,  ha sido en realidad esteril e infecunda,  como el desierto agitado por el  simún. Quizás no presenta la historia colombiana otro ejemplo de hombre público que haya hablado más , provocado mayor alboroto y obtenido menos realizaciones.. Su máxima obra política fue la abstención . Y a poco que hubiera insistido en ella , habría acabado con el conservatismo.

Ni el conservatismo ni su jefe saben  que buscan hoy y para donde van. Atacar, perseguir,  denunciar, vociferar, agitar sin tregua. ¿Para quié?- ¿Para fundar un nuevo orden de cosas?. No.  Porque el caudillo nunca busca resultados positivos. Para destruir, que algo saldrá de las ruinas.

Primero fue la acción intrépida. La amenaza de dar muerte a los candidatos liberales que fueron elegidos por la región de El Guavio... Ahora han lanzado una segunda edición de la intrepidez y nos tiene ofrecidos el atentado personal y la guerra civil y sabe muy bien que esta amenaza no es tan  vana como la de la Acción intrépida porque,  para la época en que le toque cumplirla,  las abominaciones  que estamos presenciando  en todo  el mundo  y las aún peores que nos tocará ver, habrán creado clima propicio a la comisión de los delitos que nos ha profetizado.”

LA ACCIÓN INTRÉPIDA

En enero 16 de 1939 con motivo de los graves sucesos acaecidos el 9 de ese mes en Gachetá, donde murieron violentamente varios ciudadanos de filiación conservadora,  el jefe conservador de Manizales Aquilino Villegas publicó en el periódico El Siglo un editorial que se convirtió  en una proposición de la Asamblea Conservadora de Cundinamarca conocida como “La Acción Intrépida”:

Este es el editorial en mención:

Si la convivencia es imposible porque la chusma liberal logra espantar al gobierno del señor Santos y le obliga a replegarse con sus ideas de respeto por los derechos de los conservadores,  no nos queda más recurso  que el derecho natural de la propia defensa y debemos aconsejar a todos  nuestros copartidarios armarse de medidas elementales,  mostrando que no somos mancos y que donde quiera que podamos ser fuertes,  rescataremos por la fuerza nuestro derecho  y que es peligroso atentar contra nosotros,  más peligroso  para los jefes que para las turbas.

Un ejemplo  de tales medidas sería elemental;  y se hable de organizarse secretamente en cuerpos de autodefensa . Dondequiera que sea saboteada una reunión de los nuestros procurara reunirse con suficiente fuerza para sabotear al adversario.”

LA MASACRE DE GACHETÁ

La masacre de Gachetá, fue un crimen cometido el 8 de enero de 1939 en la población homónima, ubicada en Cundinamarca, Colombia, a aproximadamente 100 km de distancia de la capital, Bogotá. Los hechos tuvieron lugar durante la presidencia de Eduardo Santos, miembro del Partido Liberal Colombiano.

Los detalles del suceso han sido motivo de controversia, pero la versión oficial arrojó un saldo de 9 muertos y 17 heridos, todos afines al Partido Conservador Colombiano.[1]

Aunque éste fue un hecho de orden público y no político, resultó siendo aprovechado por el Partido Conservador que desató un escándalo en el periódico El Siglo, afirmando que todo         este hecho lo había ordenado el gobierno del presidente Eduardo Santos. ​
En las elecciones presidenciales de 1938 ganó el liberal Eduardo Santos. El líder conservador Laureano Gómez, había decretado la abstención de sus partidarios durante los comicios, pero permitió la participación de su partido en las elecciones legislativas y municipales de 1939 (celebradas en marzo y octubre).[1]
                

Finalizando de esta forma cinco años de abstención del partido,[1]​ los votantes se encontraban en medio de un clima de mutua hostilidad entre los dos partidos.[3]​ Es en ese contexto que el domingo 8 de enero de 1939, el directorio departamental conservador, organizó en Gachetá una manifestación preparatoria de las elecciones legislativas.

La Gobernación de Cundinamarca envió un contingente que requisó a los que ingresaban a la plaza central del pueblo, donde había sido convocado el mitin.[4]​ Entonces se fueron realizados varios disparos que acabaron con la vida de 9 conservadores, provocando además alrededor de 17 heridos.

Según el periódico El Liberal, dirigido en ese entonces por Alberto Lleras Camargo, un disparo proveniente del atrio, aunque de origen indeterminado, causó pánico entre los manifestantes conservadores, que respondieron atacando a varios liberales que desde una esquina trataban de sabotear el mitin. Entonces intervinieron los miembros de la Policía, y con ello el caos se generalizó​

Consecuencias

Al enterarse de lo ocurrido, Laureano Gómez regresó a Bogotá desde su finca de Útica (Cundinamarca) y acusó al gobierno del presidente Eduardo Santos haber apoyado a las «turbas izquierdistas[4]

El 16 de enero siguiente, el conservador Aquilino Villegas escribió en periódico El Siglo un editorial exhortando a los seguidores de su partido a hacer valer sus derechos: ​  
     

Si la convivencia es imposible porque la chusma liberal logra espantar al Gobierno y obligarlo a replegarse con sus ideas de respeto por los derechos de los conservadores, no nos queda más recurso que el derecho natural de la propia defensa… mostrando que no somos mancos y que dondequiera que podamos ser fuertes, rescataremos por la fuerza nuestro derecho y que es peligroso atenta contra nosotros, más peligroso  para los jefes que para las turbas… Si lo que quieren los asesinos de Gachetá es apartarnos de las urnas, a las urnas iremos… Y ya sabremos quiénes tendrán que pagarnos hoy o más tarde el montón de cadáveres y los torrentes de sangre inocente con que se mancharán las aras de la patria…

"Normas de defensa": No reunirnos nunca en dondequiera que nos desarmen; y armarnos por todos los caminos posibles; organizarnos secretamente… en grupos que aseguren la mutua defensa…

Gómez por su parte habló por radio, acogiendo la declaración de Villegas, y la ratificación que de la misma realizó la Convención Conservadora (“Debemos armarnos por todos los medios posibles”), en lo que ha sido considerado como la primera justificación de la autodefensa armada que llevó a Colombia a una "guerra civil no declarada".[3]​ Sin embargo, no era la primera vez que Gómez se declaraba en pie de guerra. Así por ejemplo, en octubre de 1936, tras un incidente en Pensilvania (Caldas), que causó la muerte a seis copartidarios, el líder conservador llamó a "constituir fuerzas de choque debidamente armadas que defiendan la integridad personal de los manifestantes".[4]

A raíz de los hechos de Gachetá  y de la denominada Acción Intrépida se intensificó la violencia política en Colombia y se abonó la nefanda era que ensangrentó el país a partir de 1946, cuando los conservadores retomaron el poder y un lumpen manejado por políticos como Gilberto Alzate Avendaño hicieron invivible la república.
En sus últimos años Laureano Gómez apoyó el proceso del Frente Nacional que buscaba frenar la violencia partidista y el baño de sangre que anegaba al país, pero esta acción tardía no alcanzó a compensar la terrible oleada criminal aupada por políticos como Gómez Castro.

El Estado no oyó, ni vio ni se dio cuenta del desastre. Sus funcionarios prohijaron y toleraron o fueron parte de los verdugos y la iglesia católica permaneció también muda, sorda y ciega.

 

viernes, 29 de marzo de 2019

EN EL VIEJO SALAMINA


Alfredo Cardona Tobón
 
 

Si alguien quiere conocer la esencia y la almendra del pueblo antioqueño con sus inquietudes, su pensamiento y  sus  valores basta con revisar el archivo municipal de Salamina. Allí está clarito el espíritu y los afanes del pueblo paisa: trabajador, rezandero, cohibido y lleno de tabues.

Infortunadamente la llamada Ciudad Luz de Caldas, que se ha enorgullecido de  tener poetas, escritores, historiadores y hombres notables dejó ese archivo en manos de la polilla, el polvo y las ratas, que a pasos agigantados  están destruyendo  uno de los mayores patrimonios culturales de la zona paisa.

Como en Antioquia gobernó la Iglesia católica de la mano del Estado, las disposiciones oficiales van parejas con las normas  afanosas en controlar el juego, el trago, las mujeres licenciosas, el ocio y el adulterio pero laxas en condenar la violencia contra aquellos que disentían de su filosofía que ataba el poder civil al eclesiástico y amarraba la libertad de expresión y la libertad de conciencia.

 Entre los numerosos documentos  salamineños, miremos uno  del cuatro de junio de 1849, que sumado a  numerosas disposiciones de entonces , muestra de cuerpo presente al Salamina de entonces:

Ese día se reunió  el Cabildo parroquial compuesto  por los señores Mariano Londoño vicepresidente, el juez parroquial Vicente Ospina, el suplente Antonio Londoño  el tesorero Francisco Hincapié. El  vicepresidente declaró  abierta la sesión y se discutieron y aprobaron los siguientes puntos:

Eduardo Agudelo y José Montes solicitaron la reforma del artículo 14 de enero  de 1839 en el cual se prohibía  abrir  los billares en los días de trabajo. El Cabildo aprobó dicha solicitud y en   ejercicio de la atribución  conferida por la ley del 3 de junio de 1840, acordó lo siguiente:

Artículo 1°- Se prohíbe abrir los billares en todos los días de trabajo, con excepción del sábado  de los días en que hayan fiestas y diversiones públicas por el tiempo que la ley los permita.

Artículo 2°- Solamente en un día de  semana, que será señalado por el alcalde parroquial, podrán abrirse las galleras que se establezcan con permiso de la policía.

Con lo anterior se buscaba evitar la pérdida de tiempo de los labriegos, que a falta de otra cosa que hacer, salían de sus fincas hacia la zona urbana, donde además de jugar billar, se entretenían en otros menesteres “ non sanctos” como el licor y las prostitutas.

Los bailes no eran del agrado ni del cura ni del alcalde y el jefe de la policía, pues terminaban con garroteras, macheteadas y se armaban en casas de dudosa reputación donde rodaba el aguardiente y se concertaban los encuentros pecaminosos. Así que el Concejo aprobó el siguiente Artículo:

Articulo 3°- No concederá licencia el Jefe de la Policía para hacer bailes de bochinche, en los cuales no  haya orden y decencia necesarios,  sino es en el caso de la celebración  de un matrimonio o en tiempo de fiestas y diversiones públicas. Cuando conceda licencia para hacer bailes deben ser asistidos por el alcalde o alguno de sus agentes, para evitar todo desorden.

Fuera de lo anterior se cobraban fuertes sumas  para autorizar los bailes, al igual que se hacia con los pocos billares autorizados para funcionar los sábados y otros días especiales

Artículo 4°- Se prohíben los toldos en la plaza de las seis de la tarde para adelante, y tanto para poner estos como para asegurar las tasajeras, no se permitirán que se hagan hoyos en la plaza.

Es de anotar que en los citados toldos se expedía forcha, chicha y otras bebidas y a su alrededor se congregaban jayanes que al calor de los tragos escandalizaban a la pacata comunidad salamineña.

Para asegurar la tranquilidad ciudadana en las horas de sueño, a falta de pianolas, equipos de sonido y vecinos costeños se aprobó el artículo que sigue:

Artículo 7°- No se permitirá que nadie grite por la noche en la plaza o calles de la población perturbando el reposo de los que duermen, excepto en los agasajos ´públicos.

Sin embargo las campanas de la iglesia no tenían control y martillaban los oídos de los feligreses desde las cinco de la mañana hasta finalizar los rezos nocturnos.

Para poner en cintura a los niños bullosos  se aprobó  el  Artículo 8° que reza :  El Director de la Escuela y los padres de familia no permitirán que los niños a su cargo anden de noche por las calles, jueguen en estas de día y de noche no vayan a los bailes.

Los paisas en general han tenido una notable inclinación por el trago. Esta fue una de las peores lacras en la colonización y  el descredito de las tropas paisas en sus entradas marciales en las guerras civiles, donde la gente de carriel y ruana sumaba al robo su propensión al aguardiente.

Con el fin de evitar los espectáculos grotescos de los borrachos, se aprobó el  Articulo  9°, que prohíbe a las personas ebrias  andar en los lugares públicos. Las personas que se presenten en este estado en la plaza, calles o lugares públicos- dice el artículo mencionado- serán  condenadas a la cárcel, donde sufrirán un arresto de tres días por la primera vez, y por la segunda el mismo arresto y una multa de 32 reales.

Agrega la disposición del  Concejo: Cuando la embriaguez haya llegado al estado de privar de uso de la razón y de las fuerzas;  la policía cuidará de que la persona que se encuentre en tales circunstancias no sea robada ni maltratada y que se le conduzca a la cárcel con el mayor cuidado, debiendo ser sometida a las penas después de volver al uso de la razón.

 

Presidente del Concejo fue  Narciso Londoño  y ocupaba la alcaldía  Rafael Macías. En ese entonces lo dispuesto se cumplía y Salamina, más o menos, era un remanso de paz y buenas costumbres, al  contrario de Manizales adonde llegaban los bandidos y meretrices extrañados de los pueblos de Antioquia, vivía del contrabando  y tenía la vecindad pecaminosa del Cauca.

 

 

martes, 26 de marzo de 2019

EL DOCTOR ALFREDO CARDONA TOBÓN Y LOS PERIODICOS DE ALDEA

 

La Patria- Manizales-  febrero 5 de 1985-

Ovidio Rincón

                                          Alfredo Cardona Tobón

En la segunda y tercera década del siglo,  en la mayoría de las aldeas de Caldas, que entonces si lo eran y plenamente,  operaban uno o dos periódicos.  No existía una organización económica como para sostenerla con avisos,pero  a tal carencia suplían  las pasiones políticas y el afán, que entonces era deber patriótico , de sostener la doctrina. Era frecuente entonces,  que fuesen varios los órganos  de expresión , mensuarios la mayoría de veces.  Y era admirable el hecho de que operaban  en los menudos poblados de entonces, una imprenta o se sostuviese desde la ciudad lejana, la vida de unos periódicos que solían terminar lentamente, sostenidos por la pasión  banderiza y, en ocasiones,  por el alma romántica de gentes que creían en ellas y en el futuro  de la aldea a que servían.

He conservado en la  mesa de trabajo el número cinco, no he recibido los anteriores, de Quinchía Cívico una publicación alentada  por la Sociedad de Mejoras Públicas del municipio occidental .  Cierto que tanto la Sociedad como  Quinchía, cuentan con Alfredo Cardona Tobón, una figura excepcional por sus actividades y preocupaciones.  Ya en varias oportunidades , hemos chocado, sin conocernos,  en relación con algunos temas.  Pero ello no quiere decir nada, sino  la mutua preocupación  por situaciones que a poca gente han interesado. Por ejemplo la explotación del carbón  de Quinchía, la busca de las riquezas mineras de aquel y otros municipios, la recuperación de los documentos históricos, el acuerdo  de las comunidades municipales más allá de los pequeños  odios personales y los mezquinos  diferendos que se suelen llevar a la que debería ser nobilísima actividad política.

El doctor Cardona está realizando  una tarea fundamental, no sólo con la difusión  de sus inquietudes y preocupaciones, sino con un cambio necesario en la utilización de la inteligencia. Los municipios  del Viejo Caldas, como los del país, han desconocido sus problemas fundamentales por vivir pasiones, amores y odios ajenos.

Cómo se explica, si no,  la investigación lograda   por el doctor Cardona de los sucesos históricos que tuvieron cuna y nacimiento en la comarca de Quinchía?-  No conocíamos y aceptamos la ignorancia, mucho  de los combates de las guerras civiles en el occidente de Caldas, que era paso obligado entre los estados soberanos de Antioquia y Cauca.

El quinchieño ilustre ha rescatado  las tradiciones del pasado.  Muchas de sus tesis merecen revisión y estudio. Una de ellas  la posibilidad de rescatar la explotación de las fuentes saladas  de la región, la producción de briquetas de carbón y la búsqueda de algunos minerales, de los que apenas se conocen, o vestigios o leyendas.

A los cuatro años de la fecha en que se celebra el centenario  de la erección del municipio de Quinchía, la tarea que ahora adelantan sus dirigentes cívicos  es válida y valiosa.  Tenemos, además, la impresión de que un escarmenamiento en las fuentes históricas como el que ha iniciado  el doctor Cardona Tobón ofrece muchas amables sorpresas intelectuales.  Entre los pocos  municipios  del antiguo Caldas que tienen una historia que va más lejos de la colonización antioqueña cuenta Quinchía.  La celebración del centenario de su erección como municipio  no permite olvidar el largo pasado en que su nombre se enreda en capitulaciones, encomiendas, derechos de la sal y del carbón.  Aparece el nombre indígena en los viejos papeles de la Conquista, mucho antes del siglo de la municipalidad

Esa memoria es la que  está logrando el doctor Cardona Tobón con una prosa que alcanza numerosos temas; unos lingüísticos, otros históricos, los más destinados  a dar a sus coterráneos una noción distinta de la aldea y de sus intereses.

Noble empeño del escritor, excelente tarea del erudito.

 

 

PEREIRA VERSUS SANTA ROSA DE CABAL

Alfredo Cardona Tobón



                                                        En Pereira



Desde los primeros días de la república los pereiranos  miraron con codicia la planicie pantanosa de Dosquebradas. Estaba cerca, la sección de Frailes era una despensa y  por un lado de las ciénagas  pasaba el camino del Privilegio que comunicaba la ciudad con la poderosa Antioquia.

En la llamada República Liberal, Pereira contaba con los valiosos aliados del occidente caldense y algunos municipios del Quindío. Era el momento para dar el zarpazo y adueñarse de Dosquebradas invocando  confusas disposiciones limítrofes.  Eso intentó, pero no contaba con el bloque de Manizales, el norte y el oriente de Caldas que  se opuso a sus pretensiones  e impidió la desmembración de Santa Rosa de Cabal.

Pereira llevó sus aspiraciones a la Asamblea y así empezó el conflicto entre ambas poblaciones, cuyas filos  no han acabado de limarse. Al aprobarse en primer debate el intento de Pereira, la ciudadanía de Santa Rosa, como un solo hombre ,se preparó para defender lo que consideraba  justamente suyo. El primero de abril de 1936 el doctor Mejía Palacio y otros líderes de Santa Rosa de Cabal exhortaron a sus coterráneos  para que no comerciaran con Pereira y retiraran de allí fondos y ahorros,  en respuesta a la pretensión de anexar la vereda de Dosquebradas y otros territorios santarrosanos a la geografía pereirana.

Ese día hubo  una manifestación multitudinaria encabezada por la banda municipal y los colegios y se comisionó una delegación compuesta por el alcalde Josué Echeverri, el doctor Vélez Estrada y el personero  para que se presentaran a la Asamblea de Caldas a defender la integridad territorial de Santa Rosa. Doña Magola Villegas presentó  una enérgica proposición  de protesta contra el proyecto; el comercio de Santa Rosa  se comprometió  a no tener transacciones de ninguna clase, esto es, en forma de compra, permuta o préstamo con Pereira. Ciento catorce firmas ratificaron la declaración de los  comerciantes  “Inspirados en un sentimiento de patriotismo y de solidaridad ante la campaña de boicoteo e independencia que la ciudadanía santarrosana adelanta en contra de Pereira por el hecho insólito e injusto, desleal e infame de querer arrebatar a Santa Rosa una región  que legal y justamente le corresponde, con la cual perjudicaría seriamente la vida económica y espiritual que viene gozando”.

El doce de abril de 1936 se conformó  la Junta Pro-Defensa de Dosquebradas integrada por los señores Antonio Ardila, Jaime Llano Escobar, Benjamin Villegas y Aturo Serna Gómez. Decía don Carlos Llano  en  una manifestación en Santa Rosa: “Pereira quiere  la fracción de Dosquebradas con sus  4.558 hectáreas y sus  3740 habitantes y como si esto fuera poco pretende también  un parte de las fracciones de La Estrella y el Manzanillo   y un lote del corregimiento  del Español en los linderos de Santa Rosa con Marsella.  En total pretende 12.518 hectáreas con 10.914 habitantes, 200.000 arrobas de café y unas 8000 cabezas de ganado. Lo que significa en total una rebaja en el presupuesto municipal del 25% al 30 %. “Santa Rosa debe resurgir por patriotismo, por espíritu público en todas las esferas- agregaba don Carlos Llano-  recordando siempre que  Pereira la ciudad  del metal coquetón, maleante y corruptor de conciencias, voluntades y caracteres es un dragón poderoso que habita en las orillas del río Otún y que no satisfecho con la realidad de su grandeza material  tiene un delirio incontenible de progreso que amenaza con tragarse no solo  a Santa Rosa, sino también a todo el Quindío,  a todas las poblaciones de Occidente y enfrentarse también con Manizales”

Los debates en la Asamblea son candentes. Es Pereira midiendo fuerzas con Manizales. Están los liberales al lado de Pereira, contra los  conservadores que respaldan a Santa Rosa. El miércoles  28 de abril de 1936  se atajan las pretensiones expansionistas de Pereira en la  Asamblea de Caldas y estalla el júbilo en Santa Rosa  que celebra la derrota del “proyecto imperialista”.

Santa Rosa no duerme, está en vela esperando el resultado.  Llega la grata noticia y a las dos de la madrugada se organiza una grandiosa manifestación popular que cubre la plaza de Bolívar y llega hasta el Colegio Apostólico, se viva a Manizales,  al doctor Botero, a Calle y demás defensores de Santa Rosa. Desde los balcones del Colegio de varones, don Miguel Ángel Valencia habló de la  victoria; las banderas se agitan en tanto el rio humano a los sones de la  banda municipal interpretan el himno de Santa Rosa mientras desde los balcones las damas arrojaban flores  a la muchedumbre.

Mientras la ciudad de las Araucarias vibra, en Pereira los noctámbulos siguen en palique en “El Páramo”, el mundo continúa  girando en los merenderos o roncando a pierna suelta sin darse por enterado del alboroto de los vecinos. Había sido un tiro al aire, por si acaso resultaba, en realidad Pereira no necesitaba  tierra ajena,  pero para los santarrosanos Dosquebradas era la clave de su futuro.



Semanas después, en junio 10 de 1936,  las directivas del Club Rialto de Pereira invitaron a varios ciudadanos de Santa Rosa al baile de la Cosecha.  Pablo  Arbeláez contestó  en el siguiente telegrama: “ Agradezco invitación clásico baile de la Cosecha. Lamento profundamente hayase interpuesto muralla de honor que impídeme aceptar”.

El malestar  santarrosano persistió por décadas; eso explica su oposición constante a los intentos separatistas de Pereira. Aunque Pereira no pudo  anexar  a Dosquebradas, no se puede negar que sus dirigentes apoyaron decididamente la creación del municipio de Dosquebradas, perjudicando enormemente a la población vecina al arrancarle  la joya más preciosa de su corona.

En términos micro se repitió aquí lo de Panamá, incluyendo al dragón imperialista que retozaba, no en las aguas del Caribe, sino en  los agitados remolinos del Otún.