jueves, 14 de febrero de 2019

LA CAÍDA DE ROJAS PINILLA EN PEREIRA


Publicado 31/05/2015- Diario del Otún



Por la tarde de aquel ocho de mayo resolvimos visitar la familia de mi esposa, la que habitaba en la carrera novena con calle trece. Cuando salimos a la calle la alarma cundía. Una manifestación presidida por el señor Alcalde, un hombre de apellido Arias que no era de Pereira, se llevaba a cabo en la plaza de Bolívar. Que gritaban, vociferaban e insultaban, era lo que se decía. Sin embargo nosotros nos trasladamos a la casa de los familiares de la mujer.

Estábamos allí a las seis de la tarde cuando vimos que la gente corría en todas direcciones. Nos apresuramos a dejar la visita para trasladarnos a la casa de habitación. Cuando estuvimos a la altura de la calle once con la carrera diez, se nos atravesó un vehículo lleno de gente del gobierno. Un mandarín saltó a tierra y lo siguieron varios chulavitas.

Nos gritaron el ¡alto! de rigor, tomaron a uno de los dos hijos que nos acompañaba y lo subieron al carro. La madre protestó, entonces el mandarín, bajando una ametralladora que tenía ensartada en el hombro izquierdo, se la puso a mi mujer en el pecho, insultándola soezmente. El marido de la tía de Aura que llegó en ese momento, y yo, nos apresuramos a protestar, manifestando que nada estábamos haciendo, pero los chulavitas nos dieron de culata. El vehículo de la fuerza pública, lleno de jóvenes, entre ellos el hijo mío, se perdió por la calle diez, doblando por la carrera octava y nosotros nos fuimos malheridos para el subterráneo que nos estaba sirviendo de abrigo.


Preguntas
¿Por qué se habían llevado el muchacho, si nada tenía que ver con los acontecimientos, ya que no sabíamos cuáles habían sido? La respuesta la conseguí después. Los que más le estaban haciendo repulsa al gobierno, eran los estudiantes. Cuando los de la manifestación estaban en la plaza, los estudiantes irrumpieron por las cuatro esquinas, gritando mueras a Rojas Pinilla y a su dictadura.

Entonces la fuerza pública salió tras ellos y a los que pudo alcanzar los llevó a los calabozos de sus cuarteles. Como el hijo mío estaba en la edad de estudiante, creyeron que este había tomado parte y era uno de los que habían irrumpido por las cuatro esquinas de la plaza gritando abajo el gobierno. Por eso lo tomaron y lo llevaron. El caso ya no tenía remedio. El vehículo de los chulavitas nos había atropellado pero era inútil protestar, pues no había más autoridad que ellos.


Aquella noche fue la incertidumbre, ya que nada volvimos a saber del séptimo hijo de la partida, cuya edad fluctuaba entre los diez y siete y los diez y ocho años. El nueve, por la mañana fui hasta las inspecciones de permanencia y hasta los cuarteles de la policía y el ejército y allí nadie dio razón del paradero del muchacho.


(...) ¿Cómo fue la noche de aquella redada de muchachos que trasladaron hasta los cuarteles de la policía nacional? Dizque cuando los bajaron de los carros de prisiones los metieron a los empujones hasta un patio cementado. Allí los desnudaron a todos y llenaron el lugar de agua para que no se pudieran sentar siquiera los cautivos. Todos tuvieron que sostenerse de pies la noche entera y el día siguiente. Por la mañana empezaron a soltar de uno en uno, con tan mala suerte para el hijo mío que no le llegó el turno en las horas de la mañana ni en las horas de la tarde. En aquel cuartel, temblando de frío de la noche, por la desnudez y por el agua regada en el piso, hubo de pasar mi séptimo hijo la noche y el día de aquel nueve de mayo de mil novecientos cincuenta y siete, sin alimento y sin juntar las pestañas en un rincón del patio del cuartel de la policía nacional.

En la ducha

Ya con el hijo en nuestro hogar, aquel día nos acostamos temprano, después de comentar los acontecimientos. La tranquilidad hizo que nos quedáramos dormidos casi inmediatamente. A las cinco de la mañana puse los pies en tierra, me trasladé al baño y me preparaba a recibir una ducha.

Estaba dentro del chorro cuando, en un radio receptor de la vecindad se oyó la tremenda noticia: “acaba de caer el gobierno del dictador Gustavo Rojas Pinilla”. Yo había sentido placeres en el camino de la vida pero, indudablemente, ¡igual a este, nunca! Sin acordarme que estaba sin ropas que cubrieran mi cuerpo, salí del baño, pasé frente a las alcobas donde dormía la familia y trepé por unas escaleras de madera que conducían a la calle y cuando iba llegando a la puerta de salida, recordé que marchaba en semejante situación. ¡Era tanta la emoción y la alegría! Volví al baño, me vestí y salí de nuevo. Cuando me asomé al umbral de la puerta bajaban del barrio “Berlín” unas veinte personas con una bandera roja que hacían tremolar a fuerzas de batirla contra el viento. A ellos me uní inmediatamente.

De aquí en adelante no hubo boca calle por donde no brotara público entusiasmado, tanto, que cuando llegamos al parque de “La Libertad” las gentes ocupaban más de una cuadra. Continuamos a la plaza de “Bolívar”, siempre vitoreando, en donde ya los ciudadanos no cabían. Por las cuatro esquinas brotaban gentes enloquecidas, brincando, bailando y gritando abajos a la dictadura del general derrocado. A poco se organizó un desfile de vehículos. Esto era la locura manifestada en todo el pueblo. Los vehículos subían y bajaban por las carreras de manera ininterrumpida y las gentes gritaban, se reían, lloraban y vociferaban de contentas. La soldadesca no aparecía por parte alguna. Menos la policía chulavita ni los áulicos de los pueblos del occidente que vivían listos al ataque en represalias contra los que no iban con el gobierno.


El señor Alcalde, con sus secretarios, desapareció de la escena. El café “París”, donde se reunían los “pájaros” venidos del occidente de Caldas y del Valle, se encontraba cerrado. Las gentes enloquecidas bajaban hasta la cuarenta y uno, daban la vuelta por la Avenida “Treinta de Agosto” y por la diez y nueve volvían a la plaza de “Bolívar”. Otras subían hasta el parque de “La Libertad”, bajaban al Lago Uribe Uribe y en este ajetreo permanecieron hasta el amanecer del once.

 

 

martes, 12 de febrero de 2019

HISTORIA DE VERSALLES- VALLE DEL CAUCA-


VERSALLES-  VALLE DEL CAUCA-

BOSQUEJO ESCRITO POR EL PADRE MARCO ANTONIO TOBÓN TOBÓN

 El  sacerdote Marco Antonio Tobón Tobón  nos ofrece en esta crónica otro aspecto sobre la colonización antioqueña en la zona cordillerana del Valle del Cauca. Como lo anota el sacerdote el poblamiento tuvo como eje la capilla y fueron los paisas caldenses quienes principalmente ocuparon las vertientes montañosas dando origen a los municipios de El Aguila, Versalles,  Argelia y Bolivar en la parte oriental y San José del Palmar en la zona occidental de los Andes.
Este documento se tomó  del archivo parroquial  de Versalles y el autor, como se expresó anteriormente, es el padre Marco Antonio Tobón Tobón, oriundo de Sabaneta, Antioquia, y distinguido por su elocuencia y su interés por la historia , como lo muestran los numerosos  escritos sobre los municipios donde ejerció su ministerio.
Alfredo Cardona Tobón

 
“ Esta región era apenas conocida por uno que otro explorador pasajero o por algunos guaqueros. El nombre indígena con que se le conoció era Patumá; los fundadores han conservado este  nombre en el riachuelo que demarca el área de la población por el oriente.

En 1894  penetraron a estas selvas desconocidas hasta para los caucanos el labriego  Julián Ospina y sus hijos,  todos ellos vecinos de Fredonia, floreciente población de sudoeste de antioquia.

En  1895 con ocasión de la Guerra de las Vacas, un numerosas familias antioqueñas invadieron el solitario territorio de Patumá en  busca de pacífico asilo y campo para el trabajo.

Por ese tiempo José Tomás Galvez construyó la primera casa a 70 metros de la plaza,  al frente del lugar que ocupa hoy el templo.

Entonces pertenecía  esta región al municipio y parroquia de Toro;  el cura era el  presbítero Luis Felipe Vélez,  éste fue el primer sacerdote que en ejercicio de su ministerio entró   por las trochas de los primeros colonos. En 1896 bendijó el cementerio.

Los antioqueños que, contra viento y marea, se habían  apoderado  de esta región, al ver la fertilidad de sus campos cubiertos de espigas le dieron el nombre de La Florida en remplazo de Patumá.

Más tarde cuando empezaba a desarrollarse el caserío, el Pbro Vélez quiso darle otro nombre a la incipiente población;  los sencillos labriegos  y primeros descuajadores de la montaña,  Julián y Epitasio Ospina, no convinieron con el nombre propuesto por el padre Vélez y de acuerdo con  el señor  Jesús Zuluaga, primer síndico  de los fundadores   resolvieron  establecer el nombre de Versalles.

Los antioqueños continuaron derribando las montañas cultivando maíz y pastos  y construyendo casas, como tiendas de campaña, con hacha a capa y espada.

El segundo sacerdote que entró a auxiliar enfermos fue el Pbro José Joaquín Hoyos, cura del Hato de Lemos, el tercero  fue el Pbro  Manuel  de J. Maza, sucesor del anterior. Por conducto del Pbro Maza los antioqueños solicitaron el permiso para construir la capilla; al finlo concedió el Ilustrísimo señor Caycedo, Arzobispo de Popayán.

 Aún no había ni señales de capilla cuando  vehementemente deseosos de  ver celebrar el santo Sacrificio  a la sombra del docel  de la montaña, pusieron sus esfuerzos  en solicitar de algún sacerdote este beneficio, por fortuna estaba entonces temperando en Cajamarca el Pbro  D José J. Torrijos quien se ofreció  a hacerlo y en seguida procedieron enviarle peón con silla de mano para que viniese y lo recibieron como a un príncipe.

En  1900 por el mes de diciembre entró el padre Torrijos rodeado de numerosos colonos, quienes le abrían paso a través de los cuajadas montes para improvisarle un altar bajo el palio tejido por los verdes follajes de las montañas.

¡Qué sublime sería la inefable escena de aquel primer día en que la Hostia Santa, levantada hacia el cielo orlado de opalinas nubes, era adorada por la piadosa sedienta multitud de los escaladores de los Andes!

Jesús regenera las almas, ennoblece los corazones y como divino jardinero esparce por todas partes  su celestial semilla, desde entonces empezaron a florecer con creces las virtudes en Versalles.

Al padre Maza sucedió el padre Nereo Piedrahita, quien aprovechándose  del fervor que había producido la primera misa, favoreció y alentó el proyecto de la construcción de la capilla. Con el  mismo fin obtuvo permiso para continuar viniendo a celebrar.

En 1901 se esforzaron los versalleses en hacer entrar a su humilde caserío la misión de los P.P Redentoristas, esta fue la primera misión y desde entonces la capilla quedó bajo la égida de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y a ella dedicada.

Al padre Piedrahita le sucedió el padre Rogerio Fontibañez, quien hasta ahora administra como párroco el curato de Hato de Lemos, al cual quedó perteneciendo el caserío de Versalles.

En 1903 cuando el Ilustrisimo Señor Arzobispo de Popayán hacía la visita en estas lejanías, los versalleses le instaron los visitase y lo obtuvieron. A estos montes entró, pues,  el Ilustrísimo Señor  Manuel José de Caycedo, hoy Arzobispo de Medellín.

En 1905 trajo el cura la segunda misión, la cual duró 14 días y  hubo mil y tantas comuniones y muchísimos matrimonios y bautismos. Deseosos fervientemente de conseguir un sacerdote que viniera a ponerse al frente de los intereses  espirituales enviaron a  Popayán, con anuencia del padre Santibañez, un expreso en solicitud del permiso para ejercer el infrascrito  el sagrado ministerio en esta capilla.

 

El 15 de julio de 1906 entró el padre Marco Antonio Tobón  rodeado de numerosos fieles embriagados de santa alegría,  pues esperaban un sacerdote;  como las almas del Limbo a Jesús. El 31 de julio se hizo la bendición de la capilla por el padre Santibañez. El primero de agosto se inauguró la viceparroquia de Versalles bajo la egida de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro,su divina Patrona.

Gloria a Dios en la tierra como en los cielos y paz en la jornada de la vida a los hombres de buena voluntad. Laudate Dominum omnes gentes.

Un peregrino de las montañas.

Marco Antonio Tobón Tobón.


LOS PRIMEROS POBLADORES DE VERSALLES

He aquí la lista de los individuos que por primera vez entraron al lugar que hoy ocupa Versalles, que demarcaron la plaza y el área de población y limpiaron el pedazo que habría de ocupar la plaza:
Julián Ospina e hijos ( Natural del Jardín), Carmelo Arboleda ( De El Jardín),  Ángel Peña ( De Apía),  Telmo Toro ( De Pereira), Eugenio Toro, ( de Pereira)  Antonio María Ospina ( de Manizales),  Jesús María Gómez ( de Manizales),
Joaquín Palacio (de Manizales), José Taborda ( de Manizales), Tomás Gálvez ( de Manizales), Ismael Osorio ( de Jericó) y Heliodoro Obando ( de Apía).

- Datos suministrados por el señor  Telmo Toro y recogidos por el suscrito.-
24 de septiembre  de 1915 en Versalles-
Manuel J. Maza Presbítero.

 

 

 

domingo, 10 de febrero de 2019

PUEBLO RICO - RISARALDA- SUCESOS DE 1937-


Alfredo Cardona Tobón
 
 
 

Este tipo de informaciones locales muestran la marcha de la administración y los graves inconvenientes y atropellos que desde tiempo inmemorial afligen a los colombianos .

Tomamos este testimonio de un pequeño poblado, alejado de las ciudades del Viejo Caldas al finalizar la llamada República Liberal. Es una nota inserta en las páginas interiores del semanario EL YUNQUE- de Diciembre 11 de 1937- donde se hacen evidentes las arbitrariedades de uno  de los tantos caciques pueblerinos

 

“El cacique de los indios Sótero Guzmán  ha resuelto declarar de su exclusiva pertenencia el erario del municipio. Con desvergüenza propia de su casta, ha acaparado en su persona todos los puestos, siendo presidente del Concejo, del Jurado Electoral y de la Junta Disidente- indignación contra Guzmán.

 

Señor Arturo Escobar Uribe

Director de EL YUNQUE-

Manizales.

 Pongo en conocimiento de su persona, para que lo haga público en su valiente semanario , algunas de las muchas desvergüenzas con que Sótero Guzmán  tiene asolado este villorrio que él explota y beneficia en su provecho.

En primer lugar el citado Guzmán en connivencia con el alcalde, un pobre diablo  de vida pacífica, anciano decrépito y abúlico, acordaron  elegir a espaldas del pueblo liberal una junta disidente para explotar la candidez de un pueblo y de la indiada, que Sotero explota inmisericorde  y contra todo poder.

Y va un dato para probar sus desmanes y descaros: Al señor Benedicto Restrepo se le murió un novillo a consecuencia de unos golpes que le propinaron los nativos. El señor Restrepo puso el denuncio  correspondiente pero su acción criminal fue contenida, porque el tal Guzmán y el alcalde convinieron  que se le pagaría a Restrepo una minúscula cantidad por su perdida y Sotero en cambio pondría a trabajar en su fundo de “Marchena” a los responsables con un jornal diario de15 centavos  hasta que le sea completada la suma  de $60.00 que dizque tuvo que pagar de su bolsillo.

Otra de las hazañas del cacique Guzmán , es la de desalojar a todos los elementos del pueblo no dándoles participación alguna de los puestos remunerados  del municipio, sino trayéndolos de Riosucio, y escogiéndolos dentro de sus mejores amigos, cierta clase de gentuza de que tiene invadido el pueblo dizque para su defensa personal.

El liberalismo se encuentra ahito del tal Sótero por todas sus vejaciones contra el electorado y lo más grave fue que se incautó en forma descarada del fondo común  de la Junta, pues en vísperas de elecciones presentó una cuenta por $60.00 como viáticos de sus campañas por el corregimiento de Santa Cecilia, cuando a otro de los enviados solamente le dieron $6.00  para ocho días de campaña. El señor Guzmán gastó solamente cuatro días en sus correrías y de regreso presentó  una nueva cuenta por $20.00, pues según  él  lo anterior no le alcanzó para nada.

Como se hizo elegir presidente del Jurado Electoral y lo es a la vez de la Junta Liberal y del Concejo, tiene armada una tenaza para estripar dentro de ella a quien no esté acorde con su política. Y lo malo del caso es que todos estos desmanes los comete secundado  por el alcalde,  quien es un viejecito imbécil y lleno de nervios por el amor que le tiene al sueldo.

Don Cecilio Vargas, una de las más prestantes figuras del liberalismo local, ha resuelto retirarse de toda actividad política en vista de los atropellos cometidos a diario por el caciquillo mestizo  Sótero Guzmán. Es de lamentar que unidades como el señor Vargas se hagan a un lado en la marcha de la política liberal,  porque ello entraña una derrota segura para nuestra colectividad, pues el señor Vargas cuenta con fuerza positiva dentro del liberalismo local, especialmente en el corregimiento de Santa Cecilia.

Este pueblo espera que usted Señor Director, haciendo pública  esta corresponsalía,  la gobernación tome cartas  en el asunto y haga un cambio fundamental en el ejecutivo de estas apartadas regiones, que quizás por lejanas, las mantienen relegadas  en olvido lamentable.

Del señor Director, amigo y copartidario

Corresponsal.

Nota de la Dirección

Con el mayor de los gustos veremos por ayudar con todas nuestras fuerzas contra la trinca inmunda que en ese desgraciado villorrio de Pueblo Rico tienen armada el señor Sótero Guzmán, hombre de no recomendables procederes como caballero leal, pues es la falacia en pantalones.

Nosotros tuvimos la desgracia de conocerlo personalmente y atestiguamos como verídicas las informaciones de nuestro corresponsal.

Lamentamos muy de verdad  que hombres desinteresados y verdaderos servidores del liberalismo como el señor don Cecilio Vargas, hayan tenido que abandonar sus puestos de combate por la codicia desmedida y desvergonzada de ño Soterito, a quien sentimos darle el honor  de escribirlo en letras de moldea y en nuestra hoja que se precia de ser de lo más limpio.”