sábado, 2 de febrero de 2019

ALFREDO GARTNER VALENCIA


Alfredo Cardona Tobón

 
                                            Alfredo Gartner Valencia
 
A  las diez de la mañana del  23  de enero de 2019 se oficiaron las honras fúnebres de Alfredo Gartner Valencia en la catedral de la Virgen de la Pobreza de la ciudad de Pereira.  Un sacerdote  exaltó su memoria, recordó  al hombre festivo enamorado de la vida, al amigo que en cada abrazo, que en cada carcajada trasmitía alegría, optimismo y la fuerza vital  de aquellos que tienen el alma noble y el corazón puro.

La catedral estaba llena y con la imagen de la Virgen de la Pobreza en el fondo del templo reposaba la urna con  las cenizas del amigo, cuya existencia, como la de todos los mortales, estaba marcada por  el llamado de la sangre; por eso  Alfredo Gartner había heredado el gusto de  vivir de sus ancestros caucanos, el amor por la tierra de los abuelos paisas y el corazón sin arrugas del alemán que un día lejano, dejó atrás las campiñas europeas para adentrarse en los socavones marmateños  tras el oro y dejar en las entrañas de una criolla la impronta de los Gartner.

Le dolía su país, le dolía su tragedia y sufría con los sucesos de Balboa donde todos conocían los victimarios menos las autoridades encargadas de preservar la vida de los ciudadanos. Por eso militó en las huestes de  Luis Carlos Galán, cuando  el intrépido santandareano  hizo frente a la maquinaria perversa que sigue manejando al país; y  Alfredo, sin esperar cargos ni beneficios, llevó la voz  del líder a los rincones pereiranos y trasegó los caminos de Risaralda con los mensajes del Nuevo Liberalismo. Fue una campaña difícil, erizada de peligros; en uno de los recorridos acompañó a Galán hasta el reducto rebelde de la vereda de Batero pese a las amenazas de los seguidores de  César Gaviria, que impidieron al helicóptero descender en la zona urbana de Quinchía. Lo triste fue que esa misma gente que se le opuso se declaró galanista cuando el  aguerrido  capitán estaba a las puertas de la presidencia.

 

Más que cafetero o ganadero,  Alfredo Gartner tenía como oficio ser balboense,  pues su desvelo continuo era trabajar por los intereses de su pueblo natal: fue miembro de la Cooperativa de Caficultores, perteneció a las Juntas veredales de La Aurora y Cocohondo, y con su hermano Germán y el tío Emilio formó  la tripleta de los Gartner que escribió buena parte de la historia contemporánea del municipio y representó los intereses más caros del occidente risaraldense.

No fueron fáciles los setenta y cuatro años que Alfredo Gartner estuvo en este mundo: quedó huérfano de padre y madre desde muy tierna edad;  creció en internados de Manizales sin las sonrisas maternas ni el calor protector de su padre, y aprendió con poca ayuda a hacerle frente a los vaivenes del destino, graduándose con honores en la Universidad de la vida. Aunque heredó  alguna fortuna, los malos negocios y sobre todo los desastres de la roya y de la broca que afectaron los cafetales, sumados a los bajos precios internacionales del grano, menguaron su  bienes; pero ello no lo amargó, esos golpes de fortuna no mermaron su carácter festivo, no silenciaron el chiste oportuno ni tampoco las sonoras carcajadas con que celebraba las ocurrencias de sus amigos, que fueron muchos, que fueron un millón, como podría decirse al ver la catedral repleta acompañando sus cenizas.

Fue generoso y atento a lo que sucedía  a sus amigos y parientes para tenderles una mano, para acompañarles en los éxitos y fracasos. Estaba al tanto del enfermo, de quien sufría una pena o gozaba una alegría. Allí estaba Alfredo en las buenas y en las malas, en la desgracia y en  la dicha...

La muerte lo agarró a mansalva; hace  apenas dos meses estaba haciendo planes y planteando un negocio de clonación de embriones de plátano, pero de repente apareció el enemigo que venía corroyendo su organismo desde años atrás: en sus pulmones  estaba el tabaco agazapado preparando el golpe artero que le cortó la existencia.

En los últimos días  Alfredo estuvo acompañado de una legión de amigos, que aunque no podían estar físicamente a su lado oraban por la recuperación del compañero. Qué grato morir como murió Alfredo: sin agonía larga, cerca de María Teresa, la mujer que lo amó desde niña y cerca de su único hijo Andrés Felipe,  calco de su alegría y  heredero de su  don de gente.

Por los arcanos del destino Andrés Felipe tuvo un extraño presentimiento que apresuró un viaje a la Argentina; quería darle a su padre un viaje maravilloso, mostrarle el país  que había sentido en los  tangos y milongas, en el futbol y en los paisajes que de niño vio en Peneca y en Billiken, unas revistas llenas de color y belleza donde se paseaba el indio Patoruzú con su Patorucito. Fue un paseo mágico por  la Patagonia, por las Cataratas de Iguazú y  el Gran Buenos Aires con sus teatros y sus museos.

En el sur se evidenció el deterioro de la salud de Alfredo Gartner y al llegar a Pereira se agudizaron los síntomas de la enfermedad.  El desenlace fue rápido, a ojos vista se hizo patente la partida del camarada que pidió que los despidieran con sonrisas y  recalcó, como último consejo a sus compañeros, que  huyeran del demonio personificado en el humo del cigarrillo.

Partió a la edad de 74 años. No tantos para una familia como la suya de raíces longevas.  Todavía tenía tiempo para ver los nietos que no alcanzó a acariciar. Se nos fue Alfredo a destiempo, no tendrá placas ni estatuas  porque no fue un prócer ni tampoco un héroe, pero  en vez de  placas y estatuas tuvo el honor  de quedar  enquistado en el corazón de todos los que lo conocimos. Paz en su tumba y en su honor una sonrisa, o mejor una sonora carcajada.

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miércoles, 30 de enero de 2019

EL ACUEDUCTO DE PEÑAS BLANCAS- BALBOA-

 

CÓMO NACIÓ  EL ACUEDUCTO DE PEÑA BLANCAS

 
Versión de James Maya complementada por Alfredo Cardona Tobón

 
                              Emilio Gartner Gómez y Juan Hurtado Cano
 

Hay una agua milenaria que espera.

Agua semilla

Agua palabra y planta

Y escalera de sol. Y mano abierta

Agua animal y vegetal. Abstracción

que da sed. Irreparable sed de realidad.

Agua que nunca satisface o de lo cual

Una mínima gota puede convertirse

en un hombre o un dios o una pluma

que canta. Agua infinita. Que espera 

                                                                              RENATA DURÁN
 


Una botella de whisky que esperó quince años para ser destapada, acompañó la celebración de una decisión sabia: no había alternativa distinta a traspasar la montaña para traer agua desde Peñas Blancas.

Así fue. Estaban presentes don Federico Drews Castro, don Emilio Gartner, Aníbal Cruz y el doctor Alberto Mesa Abadía. Balboa estaba cercada por el verano y la sed. La quebrada la M ya no era suficiente para atender la demanda urbana. La causa : la deforestación  de su cabecera.

Al calor del  wihsky, el señor Drews Castro se le ocurrió que el agua debías ser traída de Peñas Blancas, por eso mismo la obra debe su nombre a quien en principio gestó el proyecto.

Siendo don Emilio Gartner, presidente del Comité Municipal de Cafeteros, solicitó al Comité Departamental un estudio de la factibilidad que posibilitara  la viabilidad de la iniciativa.

El topógrafo Aníbal Cruz adelantó una titánica tarea para encontrar el punto ideal de la toma de agua. Fue en la quebrada La Sirena que conjuntamente con la quebrada La Venada dan forma  hídrica al sector de Peñas Blancas.

Las primeras obras fueron iniciadas en  1973.  Fue indispensable construir un camino carreteable a lo largo de 17 kilómetros.  En ese entonces y gracias a los buenos oficios como gobernador del departamento, Don Gonzalo Vallejo, apropió los recursos necesarios para continuar la obra. A ella se vinculó  el Ministerio de Obras Públicas a través del Distrito No 5.

El diseño del trazado del sistema hídrico  fue encomendado al doctor Noel Idárraga, gerente del INPES.

Las dificultades  financieras propias de un proyecto de tanta envergadura no  se hicieron esperar. Hubo escepticismo  en  Balboa, incluso se llego a pensar que nunca habría acueducto.  La primera etapa alcanzó el sector de Sinaí; mas tarde se conquisto el sector de La Laguna. .Entonces se decidió vincular a la comunidad,, siendo alcalde de Balboa, Fabio Valencia Lenis,  se organizó el primer convite. La comunidad abrió 1.500 metros de brecha en menos de lo que canta un gallo. Los soldados del Batallón San Mateo pusieron su sudor. Espontáneamente aparecieron personas como don Lisímaco Ramírez Benjumea, sin igual líder cívico  de La Quiebra, quien al mando de un contingente de parroquianos participó en varias faenas.

El Comité Departamental de Cafeteros siempre estuvo presto a inyectar recursos. Después de mucha brega la red llegó  hasta la quebra La M en las propias goteras del pueblo.  Ese dia hubo fiestra en Balboa. Parecia increíble.

Más tarde se construyeron ramales a La Floresta, San Antonio, Tambores, Cruces, La Quiebra, La Aurora, Tres Esquinas, Llano Grande y Cocohondo; a Peralonso ( corregimiento de Santuario)  a Patio Bonito y La Capilla en La Celia.

La  obra fue concluída en 1977, partiendo  la historia de Balboa en dos. El agua trajo progreso, valorizó las propiedades y permitió demostrar la capacidad constructora de la comunidad.

Ahora el pueblo de Balbo deberá hacer un reconocimiento  a los centinelas de Peñas Blancas, como a don Gonzalo  García, el incansable fontanero que bajo lluvia o sol vigila y repara, en medio del bosque, que el recurso vital llegue a la población.

Casi todos los artífices del Acueducto de Peñas Blancas  han volado a la eternidad, pero quedó su obra, un obra redentora para Balboa, que de no existir hubiera marcado  el final de una población agarrada con pies y manos a una cornisa de la cordillera.

La obra lleva el nombre de don Emilio Gartner Gómez, pero infortunadamente su conservación, al igual que el cuidado de las areas adyacentes han sido  muy descuidadas. De no corregirse tal situación, la sed volverá a Balboa y se arruinará su economía.

El acueducto de Peñas Blancas es más que un recurso de Balboa, Santuario y La Celia sino una opción real para las zonas pereiranas cercanas al rio Cauca, pues a la quebrada La Serena se le pueden sumar los caudales de otras quebradas cercanas.

El 9 de junio de 1988, luego de una visita realizada al acueducto Peñas Blancas se firmó un acta de compromiso entre las siguientes personas: Alonso Valencia Lenis, alcalde popular de Balboa, Obdulio Ramírez Molina, alcalde popular de La Celia; Gilberto Ramírez Mejía, delegado del alcalde de Santuario; Luis Fernando Muñoz; Carlos Alfonso Victoria, delegados de la gobernación de Risaralda; Julián Zapata, abogado de la CARDER; Juan Hurtado Cano, concejal de la Celia;  Jorge Quirama y José Bernardo Arcila, personeros de Balboa y La Celia y el diputado Manuel Castaño Ramírez.

Entre los propósitos  del protocolo se incluyeron los siguientes puntos:

- Compra de 312 cuadras en el área adyacente a la bocatoma

-Campañas educativas para promover la conservación de los bosques protectores del acueducto.

- Uso racional del agua e instalación de medidores.

- Creación de un centro experimental para el estudio de especies nativas y proceder a su propagación y conservación-

El objetivo de ese encuentro fue unificar las fuerzas vivas de los tres municipios para buscar los mecanismos que permitieran  proteger, conservar y administrar el  acueducto de Peñas Blancas, combatir  la  erosión al igual que la deforestación de sus bosques, usar racionalmente el agua controlando las tomas clandestinas y el despilfarro del agua.