miércoles, 19 de diciembre de 2018

UNA CARTA DE DESPEDIDA

A PABLO TOBÓN VARGAS

Edith Angélica Bustos Cremieux





Tus ojos se cerraron para siempre el 27 de noviembre de 1984. Y mientras tu cuerpo volvía a la tierra, tu alma rondaba sin darse cuenta de lo que ocurría alrededor, pues estaba muy ocupada buscando un resquicio para colarse al cielo.



El entierro de Pablo Tobón Vargas no fue un acto multitudinario. Asistieron algunos amigos, unos pocos familiares y curiosos que fueron porque no tenían otra cosa que hacer en ese pueblo aletargado y soñoliento.



Eso sí, allí estaban los viejos camaradas, los que se reunían contigo en el Café Lux de Cachaco a jugar cartas o dominó y a libar aguardiente amarillo; vi lágrimas en sus envejecidos ojos y se adivinaba el dolor atravesado en las gargantas de los galleros que como tu, junto con pitas y espuelas guardaban los recuerdos del gallo saraviado, del gallo canelo, del gallo giro… que murieron sin recular un tris como tantos quinchieños.



A algunos el paso de los años les impidió aventurarse por el largo y tortuoso camino al cementerio, te acompañaron con la mirada hasta que el cortejo funerario se perdió a la distancia, te siguieron con el corazón hasta la tumba; otros hicieron el viaje a pie, despacio, detrás del féretro, remascando los recuerdos como los de aquellos domingos, cuando en loca carrera desbocabas el caballo y lo hacías rastrillar en las calles empedradas, desafiando e hijueputiando a la caterva violenta que desde el año 1949 se había apoderado del pueblo.



Muy pocos de tu propia sangre te dieron la despedida, entre ellos Hugo Tobón Duque, el sobrino que te aseguró una vejez tranquila y respetó tu voluntad de morir en la aldea que quisiste fuera tu sepulcro, fue Hugo quien te dio el último adios, porque quienes engendraste no tuvieron la gracia divina de la Misericordia y el Perdón para un viejo solitario.



Mientras el sepulturero te iba aislando del mundo ladrillo a ladrillo, palustrada por palustrada el viento corría hacia la base del cerro Gobia y los recuerdos de quienes te conocieron sobreaguaron en medio del silencio del camposanto. Recordaron la noche del 28 de marzo  de 1948  cuando entraron por primera vez los violentos a Quinchía y un disparo de fusil te atravesó una pierna. Y recordaron como dos años después un detective de la POPOL del régimen te reventó un ojo a golpes de pistola.



Al final le ganaste la partida al aguardiente y seguiste frecuentando el Café Lux donde te reunías con los camaradas de otros tiempos para hablar de tus aventuras por las tierras frias de Riosucio, de la desaparecida aldea de El Rosario, del cura Marco Antonio Tobón y tus escapes de la muerte, como aquella vez que creyéndote el Llanero Solitario, obligaste a tu yegua a saltar sobre un auto en movimiento. El pobre animal agonizó durante varios días hasta que manos caritativas hicieron cesar su tormento y las oraciones de tus amigos llegaron tan alto que el Creador te conservó la vida.



Una vez dijiste, Pablo, que cuando dejaras esta vida lo harías sin importunar a nadie y le pediste a Hugo que no invitara a dolientes y conocidos al entierro. Sabías con la sabiduría de arriero, que a los cementerios va la gente por obligación y por compromiso. Sabías, tambien, que para muchos era un paseo, donde solo faltaba el fiambre o la bota con manzanilla; por eso Hugo Tobón, cumpliendo tu voluntad comunicó a muy pocos la noticia de tu muerte.



El dia de tu regreso al principio fue un día hermoso. Se veía el cerro Batero y en el horizonte se pespuntaban los nevados de la cordillera; Cruz Helena, la samaritana que atendió tus últimos días entonaba los rezos por el descanso de tu alma mientras damas caritativas completaban sus oraciones.



Tu cadáver, Pablo, quedó cerca de la tumba del abuelo Germán y de la abuela Clotilde y la bóveda rodeada de cruces anónimas de palo; ya no importaba que fueras de los tobones de Sabaneta o de los Vargas de Rionegro, ni pariente lejano del general José María Córdova o hermano de Horacio, el hombre más rico de Quinchía y sus alrededores.



Tu vida no fue un dechado de virtudes, al fin y al cabo fuiste arriero, gallero, gaitanista y amigo del trago y de los juegos; pero fuiste trabajador incansable, honrado, aunque buscapleitos, mal padre y peor esposo. En verdad no te mereces una placa, pero  no creo que Diosito te cierre las puertas del cielo.



A las tres campanadas el sepulturero dio por terminado su trabajo. Una bandada de golondrinas remontó vuelo hacia el Puntelanza y los pocos que en realidad sentíamos la partida y la ausencia de Pablo Tobón tomamos el camino de regreso al pueblo.



Atrás dejamos los despojos terrenos de un hombre que algún día conoció el amor y la esperanza. Atrás quedaría su recuerdo al igual que el de los abuelos cuyas lápidas se perdieron en la maleza como se pierde la gratitud en el corazón de la gente.












lunes, 17 de diciembre de 2018

BOLIVIA Y EL TERRITORIO DE ACRE

Alfredo Cardona Tobón

 


Se habla del imperialismo anglosajón, de los zarpazos norteamericanos en Mexico, Puerto Rico, Cuba, Dominicana, Panamá, Grenada, Guatemala y Salvador, pero pasamos por alto la rapiña territorial de algunos estados americanos, que aprovechándose de la debilidad de los vecinos les arrebataron vastas porciones de sus territorios.





En Suramérica el país más perjudicado fue Bolivia, una nación que en la época republicana ha tenido que soportar ataques de Brasil, Perú, Paraguay y Chile y la pérdida de enormes extensiones. Bolivia nació a la vida republicana con 2.363.769 kilómetros cuadrados, ahora solamente tiene 1.098.581 kilómetros cuadrados y quedó enclaustrada sin salida al mar.



Las tropas colombianas que liberaron al Alto Perú atajaron las ambiciones territoriales del Rio de la Plata y del Imperio del Brasil; por presión del general Sucre, Bolivia conservó la provincia de Tarija pretendida por los argentinos y fue Sucre y los colombianos quienes hicieron dar marcha atrás al gobernador de Matto Grosso cuando intentó apoderarse de las zonas de Moxos y Chiquitos.



Perú, luego Brasil y por último Chile y Paraguay se aprovecharon de la pobreza y las luchas internas de Bolivia para apoderarse de vastos territorios, Chile le arrebató el litoral del Pacífico, Argentina la Puna de Atacama, Paraguay invadió El Chaco y Brasil le arrebató casi 400.000 kilómetros cuadrados.



Veinte años después de perder su costa las oligarquías de La Paz y Sucre se enfrentaron en la llamada Guerra Federal, donde terciaron los indígenas en busca de autonomía y reivindicaciones sociales. Aunque fue una guerra corta, el conflicto dejó al estado boliviano sin recursos para hacer frente a los rebeldes del Acre apoyados por el gobernador del Estado de Amazonas Ramalho Junior.


LOS ZARPAZOS BRASILEÑOS

 
El antiguo territorio de Acre hoy conforma uno de los 26 estados de la República federativa de Brasil, su extensión es de 335.242 kilómetros cuadrados, es una región poco poblada, con apenas 800.000 habitantes, la mitad de los cuales residen en su capital Rio Branco.



El Acre estuvo bajo la soberanía española hasta 1801. El 23 de noviembre de 1867 por el Tratado de Ayacucho, los bolivianos entregaron 102.400 kilómetros cuadrados de la zona Acreana a los Estados Unidos del Brasil. Entre ese año y 1899 Bolivia retuvo 253.242 kilómetros cuadrados del Acre ,pese a la fuerte resistencia de los habitantes, que en su mayoría eran oriundos de Brasil y no querían pertenecer a Bolivia.



En el siglo XVIII una fuerte sequía en el noreste brasileño empujó una oleada de brasileños al Acre donde se dedicaron a la extracción del latex en las grandes plantaciones de la zona. Con otras sequías en el noreste brasileño aumentó el numero de colonos de esta nacionalidad, y su deseo de agregar el Acre a la geografía del país vecino.



Ante la presión de los inmigrantes y el peligro inminente de una intromisión brasileña, las autoridades de La Paz consideraron la posibilidad de arrendar el territorio a una compañía norteamericana para evitar problemas con Brasil. La fuerte demanda del caucho, los yacimientos de oro y la riqueza maderera favorecieron la fundación de Puerto Alfonso, donde se concentraron las autoridades bolivianas y se estableció una aduana para cobrar impuestos de exportación.

 
En el año 1899 los inmigrantes animados por el gobierno brasileño se levantaron en armas. En la llamada “Revolución Acreana” el aventurero Luis Galvez Rodríguez de Arias se proclamó presidente de la fugaz república de El Acre, que en su primer intento fue disuelta por las fuerzas bolivianas. En 1902 una expedición procedente del estado brasileño de Amazonas, liderada por José Plácido de Castro con el apoyo de siringueros, de explotadores de caucho y de las autoridades brasileñas, declararon por segunda vez un estado independiente y solicitaron su anexión al Brasil protestando por la presencia de una compañía minera norteamericana en territorio de Acre y el cobro de los impuestos por la explotación del caucho.



Bolivia que acababa de superar una de las tantas guerras intestinas poco podía hacer abrumada por la pobreza, la distancia del Acre y la caótica situación política que enfrentaba a los liberales y los conservadores. Tras continuas derrotas ante los secesionistas y la ´pérdida de Puerto Alfonso los bolivianos se vieron obligados a aceptar las condiciones impuestas por Brasil, que apoyaba a los rebeldes y tenía como objetivo anexar el extenso territorio.



El 17 de abril de 1903 se firmó en la ciudad de Petrópolis un acuerdo mediante el cual Bolivia cedía 191.000 kilómetros cuadrados de la región del Acre , permutaba otras áreas de población brasileñas y recibía a cambio dos millones de libras esterlinas. Además de la compensación económica, los brasileños se comprometieron a construir el ferrocarril Madeira- Mamoré y permitír el tránsito de los bolivianos por los rios que los llevaban hacia el océano Atlántico.



En la actualidad el antiguo territorio de El Acre sigue siendo un estado pobre, subdesarrollado y despoblado, convertido en la puerta de entrada de los ilegales que llegan al Brasil procedentes de Bolivia, del Perú, de Haití y varios países africanos en busca de trabajo y mejores condiciones de vida en la zona industrializada de el Brasil.



La anexión de El Acre es otro de los zarpazos de un pais que casi destruye al Paraguay, pretendió apoderarse del Uruguay, que en componendas secretas con Perú arrebató a Colombia un gran pedazo de selva amazónica, y que sigue mirando a estos paises de habla española como “ insignificantes republiquetas” que ha violado cada vez que ha querido, pues en su pasado violento han estado más ocupadas en atacar a sus conciudadanos que en hacer respetar sus fronteras.



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