viernes, 14 de septiembre de 2018

QUINCHIA- EL RENACER DE UN PUEBLO

Alfredo Cardona Tobón*



El siete de septiembre pasado en una ceremonia austera y plena de contenido se presentó el libro “Quinchía- El Renacer de un pueblo” escrito por Jorge Alberto Uribe Flórez, actual alcalde del municipio; un grupo de danzas recreó la historia de Quinchía, un conversatorio sirvió para ilustrar el alcance de la obra y varios artistas se encargaron de amenizar el acto.

Este libro complementa lo escrito por otros autores quinchieños, lo expuesto en las tesis de grado desarrolladas en universidades nacionales y extranjeras y en los numerosos ensayos sobre Quinchía, cuyos conflictos llaman la atención a estudiosos de Colombia y el extranjero.

El trabajo de Uribe Flórez no agota el tema ni da todas las respuestas a los interrogantes sobre una comunidad que resume la tragedia colombiana; más bien presenta nuevos interrogantes y suscita más inquietudes al manejar cabos sueltos no tratados hasta ahora.

El libro tiene la virtud de estar escrito por un testigo de los hechos de las últimas décadas, desde el Frente Nacional  hasta nuestros días. Aunque empieza ubicando a Quinchía en épocas pretéritas, no es una historia vieja ni decantada, es una historia actual, moderna, vivida por las nuevas generaciones quinchieñas. A partir de hechos particulares, de lideres anónimos, del campesinado, los obreros, los indígenas... Jorge Alberto Uribe Flórez ha escrito un libro que tiene, entre varias virtudes, la de no ensalzar a ningún personaje de moda y tener el coraje de divulgar hechos que otros no tocarían.

A medida que se leen sus páginas, quienes han vivido alejados de los conflictos sangrientos pensarán que están repasando una extensa obra de crónica roja, pero no es así para quienes hemos crecido dentro de la Colombia amarga, pues al ver la sucesión de tragedias se nos lacera el corazón a medida que avanzamos, pues recordamos episodios que en sitios como Quinchía nos arrancaron lagrimas y dolor.

Este libro es un “Yo acuso” a la colombiana, donde una víctima de la mal llamada “Operación Libertad”, desarrollada durante la presidencia de Uribe Vélez, muestra la desfachatez de un gobierno que para mostrar resultados, conseguir dólares y favorecer intereses electoreros no dudó en sacrificar a más de un centenar de personas humildes, junto con sus familias, acusándolos de terrorismo con base en chismes y en testimonios de falsos testigos.

Se muestra también en el libro, el temple de una comunidad y la lucha que han tenido que afrontar sus campesinos, en un país donde se califica de comunistas y bandidos a todos aquellos que defienden sus derechos contra la oligarquía entronizada desde tiempos inmemoriales. Aunque Jorge Alberto Uribe tocó temas tortuosos, quedó corto al enunciarlos, porque hay mucho más sobre la tierra, la sal, el carbón, el oro y las aguas que ahora quieren usurpar las compañías transnacionales que explotan el subsuelo; habrá que ampliar el tema, aunque, valga decirlo, no es nada fácil por los peligros que implica ir contra los poderosos.

El libro retrata de cuerpo entero a Quinchía y en sus crónicas está entretejida la vida del autor con el devenir del municipio que es un campo de caza electoral para los políticos foráneos: Primero fueron los liberales radicales de Buga y Cartago, luego los riosuceños y ahora los pereiranos; todos ellos han manejado los destinos de un pueblo cuyos habitantes son actores secundarios en las comparsas montadas para beneficio ajeno.



Uribe Flórez no habla de los paisas ni enaltece su participación en Quinchía, es la excepción en la historia del Viejo Caldas y es lo correcto; porque casi todo tiene que ver con el Resguardo indígena, que fundó el primer pueblo, dio el terreno para trasladarlo, ha defendido el territorio y ha conservado a todo costo la identidad quinchieña. La presencia antioqueña apenas empezó a notarse entrado el siglo XX y fueron los caucanos, con los Trejos y los Bermúdez a la cabeza, quienes por más de un siglo moldearon la idiosincrasia local.



En “El Renacer de un pueblo” se reconoce a luchadores populares como Jesús Vinasco, Fabio Betancur,el padre Leonel Alzate, Efrain Monroy, Gilberto Cano,.. infortunadamente no se recordó a Melquisedec Gómez, a Joel Trejos, a Zócimo Gómez ni a Eunice de Cano; tampoco se tuvo en cuenta a los quinchieños que desde afuera lucharon por su pueblo como la exgobernadora del Quindío Lucelly Garcia, el médico Mario Gartner Tobón, el antropologo Merardo Largo…



Si bien es cierto Jorge Alberto Uribe tocó en su libro el tema de los indígenas, se refirió esencialmente a los emberas que, sin ser quinchieños ocuparon los espacios de los umbras, que son los nativos del territorio. Umbras son los Guarumo, los Tapasco, los Largo, Taba, Útima, Guapacha.. unos están incluidos en el resguardo Escopetera- Pirsa y los otros en el Resguardo Karambá; su cultura fue opacada por los indígenas recién llegados, por fortuna desde pocos años atrás algunos líderes umbras han estado rescatando su lenguaje y su cultura.

Quinchia como el Ave Fénix renace una y otra vez de las desgracias. Detrás de cada racha maligna, detrás de cada oleada de los tamaracas, o los genios del mal en la cosmogonía quinchieña, la comunidad de este admirable municipio se rehace; en este territorio desaparecieron las aldeas de Mápura y Opirama ante el expolio español; la viruela acabó con Papayal, las guerras civiles arrasaron a Tachiguí, los antioqueños acabaron con Tabuyo, las carreteras agostaron a Llanogrande y El Rosario… sin embargo la localidad de Quinchía, azotada por la violencia política en todas las épocas, por el EPL, las FARC, los Magnificos, los paras… sigue adelante y pese a todas las vicisitudes crece sin que lo abrumen los contratiempos.



Las presentaciones sobre la cruda realidad son necesarias. Poco se logra con las publicaciones rosas que hablan de arrieros y de muleras y recuerdan a los bobos del pueblo. “Quinchía, el Renacer de un pueblo” es una publicación importante, es una obra que habrá que consultar para encontrar pistas que expliquen el origen de la violencia colombiana.

Es el libro de un testigo que con amor filial divulga una dolorosa etapa de la vida quinchieña.