sábado, 25 de agosto de 2018

TULIO ARBELAEZ Y EL GENERAL PULIDO


Pereira, 21 de agosto de 2018

 
                                                    Tulio Arbelaez
 
 Doctor

Jaime Lopera Gutiérrez

 
Estimado amigo:

La relación de un viaje emprendido por Tulio Arbeláez por el occidente y centro del Viejo Caldas en el año 1912, nos ha motivado a buscar  entre viejos papeles   información sobre Tulio Arbeláez y su obra, entre la cual se destaca el libro “Campañas del General Cesáreo Pulido” y de otros héroes liberales  que actuaron en la  guerra de los Mil Días.

En buena hora tu inquietud investigativa nos ha hecho encontrar a  Tulio Arbeláez quien reivindica  a personajes  cuya memoria debiera iluminarnos en estos tiempos de ludibrio  para el  partido liberal  con sus banderas enterradas en el lodo.

Tulio Arbeláez, indudablemente paisa pero no sabemos de qué parte, no fue  literato ni poeta: fue testigo  de una dolorosa época de Colombia y  un viajero acucioso que plasmó en el papel lo que vio en su camino. En  el viaje por Caldas en el año 1912,  sus anotaciones nos dan pistas sobre el pasado de  nuestros poblados y en las campañas del General Pulido y sus compañeros de lucha,   sus escritos  se convierten en una picota,  en donde quedan colgados  los verdugos,  para escarnio  perpetuo de las generaciones  honradas, como destaca Nieto  Caballero en la introducción del libro.

Tulio Arbeláez fue un combatiente que quiso prestarle a su causa el servicio de enfrentarse a las armas oficiales, en los días del heroísmo inerme.  Participó en muchas acciones de guerra en las llanuras ardientes del Tolima, en los páramos de Cundinamarca y a orillas del gran rio de La Magdalena. Tulio Arbeláez fue en vida lo que sus páginas muestran: un hombre honrado, veraz, justo, cuyo liberalismo fervoroso no impidió reconocer  los actos nobles de los opositores.

Tulio Arbeláez luchó bajo las banderas del General  Cesáreo Pulido, fue su amigo y secretario  y  quien juntó los recuerdos para  registrar la lucha de  un  hombre que sacrificó paz y familia  para combatir un gobierno que tenía sumido al país en el mayor oscurantismo.

La vida de Cesáreo Pulido fue una lucha sin cuartel contra las inicuas estructuras que sostuvieron la iglesia católica y el conservatismo. A los trece años de edad este héroe tomó las armas liberales en la guerra de 1860  al lado de su padre, bajo el mando de los generales Ángel Céspedes y Manuel Durán,  y pese a su edad  nada lo arredró en pleno campo  de batalla.

Como proveedor  del ejército del general Santos Acosta, hace la campaña de 1876 en defensa del gobierno liberal de Parra; en su ciudad natal de La Mesa, Cundinamarca sobresale en el ataque a la temida guerrilla conservadora de “El Mochuelo”;  tiempo después, una bala cruza su mejilla derecha, y una vez cicatrizado sigue luchando hasta la capitulación enemiga.

Estalla la revolución de los Mil Días. El 18 de octubre de 1899 Cesáreo  Pulido cuenta con 52 años de edad, una gran barba cana y la cicatriz gloriosa en la mejilla. Entra en campaña, se desplaza por varios frentes y en todas partes derrocha osadía y valor.

Al estallar la guerra escapa milagrosamente de las garras del gobierno;  permanece escondido  por varios días en lo más cerrado de la montaña, hasta que puede salir  a organizar una guerrilla con doce de sus peones y tres compañeros resueltos.

En el Callejón  de Guaduas se retrasa de la tropa y  lo sorprenden mientras redactaba un parte sobre la acción de Ambato.  Lo llevan prisionero a la población de El Guamo, de ahí lo conducen a Ibagué y en el trayecto logra escapar en una mula  bajo el nutrido fuego de los captores.  Después de pasar oculto en unos cerros  Cesáreo Pulido se  reincorpora a las guerrillas liberales.

En la retirada del sitio de  La Virginia, lucha cuerpo a cuerpo con las tropas conservadoras abriéndose  paso como un león. Recibe una herida en el hombro derecho y en  el combate de Las Lajas recibe otra en el mismo hombro, que lo pone en inminente peligro de caer prisionero. En medio del campo de batalla  riega la tierra con sus lágrimas al  dar sepultura a su  hijo. Regresa al combate al minuto  siguiente, por todo recuerdo queda una cruz de palo bajo unos caracolies floridos.

En la campaña de los Llanos, además  de sus dotes militares se revela como un admirable organizador; crea rentas, levanta recursos para el sostenimiento de la numerosa tropa  y hace grandes negocios  de caucho virgen para atender las necesidades de la guerra.

Cesáreo Pulido combate sin descanso; sus acciones se multiplican en los llanos y en  las sierras del Tolima y Cundinamarca: La Morada, El Real, Zanjanegra, El Caimán, Matamundo, La  Sierra, Ambato, Ilarco, Sibaté, Tibacuy, La Mesa, Perico, Baraya, Atá, Montefrio,  Cumaca, Alto de la Cruz, Las Peñas, La Florida, El Rucio, Varillas, Las Lajas, Garzón, La Jagua… que fue su último hecho de armas.

Después de la derrota en la Jagua, Cesáreo Pulido cae nuevamente prisionero, lo tienen en capilla en Garzón durante dos días, lo cargan de grillos en Neiva y como yuntas de bueyes, atado con esposas de hierro, lo llevan al poblado de Purificación. Luego lo recluyen en el Espinal en fétidos calabozos y   el trece de  septiembre  de  1902  llevan a Cesáreo Pulido y demás compañeros a un patíbulo hecho con las mesas y los bancos de la escuela pública.
 
                                             General Cesáreo Pulido
 
A los liberales capturados  tras el combate de La Jagua los juzgaron como traidores a la patria  y por hacer parte de una cuadrilla de malhechores. No hubo piedad. Sin defensa legal los pasaron por las armas y envilecieron su memoria. Sobre este infame crimen cayó una inmensa sombra. Quisieron disculparlo denigrando de las víctimas, los presentaron como bandidos, como vulgares malhechores, pero basta leer las cartas de Pulido, de Calderón y de Chávez donde se expresa la nobleza de sus sentimientos y la justicia de su causa.

Cuando el liberalismo recupera el poder, por Ley  49 de 1936, el Congreso de Colombia  rehabilitó y enalteció la memoria del general Cesáreo Pulido, del general  Gabriel M. Calderón y de los jefes Rogelio Chávez, Anatol Barrios, Benjamín Mañozca, Clímaco Pineda y Germán Martínez, valerosos soldados de la causa  de la democracia. En otro artículo de la ley  firmada por Alfonso López se exalta la lucha de todos ellos y se  ordena erigir un mausoleo  donde se depositen los restos de Cesáreo Pulido y demás  compañeros

Alfredo Cardona Tobón




 

lunes, 20 de agosto de 2018

¿LA PEREIRA DE HOY?


CARTA DE CARLOS STYLES A GONZALO VALLEJO

 

Pereira julio 5 de 1989

“¿Quiero esto decir que mis pensamientos sean pesimistas?. He oído  que algunas personas los califican así: pero yo no veo muy claro que el pesimismo sea, sin más ni menos censurable.  Son los hechos los de tal condición, por lo cual juzgarlos con sesgo optimista, equivale a no  vernos enterado debidamente de ellos.”

J. Ortega y Gasset- ( De la España invertebrada)
                                Gonzalo vallejo Restrepo

Muy  apreciado amigo:

He sabido penosamente, de sus dolencias físicas las cuales deploro y hago votos sinceros por su total recuperación.  He estado  por visitarlo, pero los hogares son para mí templos donde resplandecen los afectos como es el suyo, inspirándome sobrecogimiento y respeto al igual que experimento al pasar las naves de la basílica iluminada apenas por los reflejos tenues de las luminarias que se van extinguiendo  al paso inexorable de las horas.

A falta de diálogo personal, sírvame la presente de manera de guisa, excusa o penitencia, para hacerle una confidencia personal:  ojeando en estos días de ausencia de los seres queridos he tropezado en un álbum amarillento con una foto que me impresionó del querido  tranvía, que torna a alentar el cielo  nebuloso del recuerdo.

Al observarla, tiene para sí como debe de tenerlo para quien la admire, ese grato recuerdo saturado de toda la tristeza de un feliz reencuentro.  Es bueno y alivia tornar a encontrar con unos viejos pasos, que ya, por el paso implacable del tiempo,  se están convirtiendo en cenizas y  por  la influencia y por la forma imperecedera de la belleza, retorna a las antiguas huellas de la vida y del alma,  quiero decir,de la Pereira de la segunda década de este siglo que  inspirara las creaciones poéticas de nuestro nunca bien lamentado Luis Carlos González.

Porque de esta embriagadora villa, que hoy rememoramos vamos perdiendo espacio, dando así razón a quienes afirman que cada día es más estrecho el sitio para el hombre. Así, la libertad, me he dado cuenta, deja de serlo cuando no sabemos apresurarnos dentro de esa fabulosa y arbitraria arquitectura de cemento  de la cual nos ufanamos, que ha roto con todo un siglo de tradición .

Lo importante es hoy, buscar un lugar para una persona, que digo,  para miles de personas que día a día van llegando  a la ciudad para buscar albergue en los gigantescos apartamentos o en los tugurios infrahumanos que circundan la ciudad.  Así, la ciudad, antes apacible “ trasnochadora y morena” se nos va esfumando en vientos de memoria.

Los horizontes que echaban sus brazos hermosamente sobre las colinas empenachadas, van quedando  cargadas por muros de pancartas, propaganda política, comercial e industrial que dicen de un despertar que antes no conocíamos y el cual nos ha  llevado una civilización que se le va saliendo al hombre de las manos.

Es así como estamos viviendo  un tiempo  en que se han roto las mejores tradiciones y el humanismo, da la impresión de ser una mariposa atravesada por un alfiler. Todo es angustia, caos, empellones, el quítate tu para imponerme yo,  y así  ocupar un lugar en la  sociedad que antiguamente era remanso de las familias Vallejo, Marulanda, Mejía, Ángel, Campo, Gaviria, Giraldo, Arango, Valencia, Arboleda, Cuartas etc… y tanta prole de tan diamantina estirpe que tenían una historia de colonización, una bandera, un himno, unido  un propósito noble y común.

La solidaridad que hermanaba a los hombres y que hoy va desapareciendo. La ciudad  era en verdad un  conglomerado de familias que vivían en un convivir deslumbrante. Pero la ciudad fue creciendo en forma monstruosa y las familias perdieron el grato sabor a pan bueno, horneado con el afecto  de un amanecer vertiginoso y sorpresivo. Y es así como vemos con angustia que el diálogo se cambió por el alarido. Las gentes ya no conversan, porque no hay tiempo  de madurar  la conversación como uva dorada al sol. Caminamos a prisa en  busca de fines que creemos concretos, pero que son pasajeros y se extinguen como nubes de invierno. Descontamos el mañana y el pasado mañana. Nos sumergimos totalmente en la hora que pasa, que nos arrastra con furia como bestia apocalíptica. La ciudad produjo la civilización, pero ésta hizo trizas la cultura que es una manera de vivir espiritualmente una bella y apasionante  milicia y una empinada ambición de la especie humana.

A menudo tropezamos en la calle con gentes deshabitadas de alma, que no se detienen ante la melena hermosísima  de los mangos que decoran nuestra sala de recibo en donde se nota la ausencia de pájaros cantores, ni ante el bronce esculpido  que lleva por insignia el nombre del Libertador, en donde se ha vuelto usanza ver al pie del pedestal la gaminería amanecida que muestra la cara sombría  de las desigualdades humanas, ni obsevar con placer y esparcimiento los retablos de la imponente catedral de la Pobreza cuya parte que da a la carrera se ha convertido en un arrojadero de miasmas humanas y menos, a contemplar un atardecer que nos reconciliaría con la naturaleza.

Por todas partes bloques de cemento, luces de neón, arquitectura yerta sin las curvas femeninas que nos reconcilian con la ternura.  El Estado, penetra más hondo en la intimidad de nuestra vida haciéndola angustiosa y gravosa.  No somos personas sino fichas, guarismo de inmenso manicomio. Gesticulamos, nos agraviamos cotidianamente, todo porque perdimos como en el cuento árabe el alma. Vivimos ahogados con el agua turbia al cuello.

Por todas partes negocios, socaliñas, feria de vanidades, mentira acartonada, suciedad  insaciable de consumo que invade hasta las zonas reservadas a las mujeres, los ancianos y los niños. La ilusión se convirtió  en paja que arde.  Un materialismo voraz lo invade todo.

La clepsidra nos dice que es tarde para la confrontación de los valores humanos. En este alucinante y enloquecido babel, flotamos sin raíces, sin capacidad para acumular recuerdos como nave a la deriva.

Gritos, imprecaciones, hepatitis, ceños fruncidos y amenazantes, despedazan los nervios ante el temor de ver nuestra vida y la de nuestros seres queridos comprometidas  con cada minuto que pasa ante el imperio sin control del bandidaje y el sicariato a sueldo.

La existencia humanas que merecía un atento florecer, no es nada o vale poca cosa. Todos estamos confundidos ante la fuga de los valores morales que han roto las jerarquías, planificando el terror y la miseria. Anteriormente los hombres de hermanaban haciendo posible la creación de centros  de atención  a la infancia como el Amparo de San Marcos,  el Hospitalito Infantil, hoy desaparecidos, que sirvieron para abultar la bolsa de los mercaderes de turno y los recursos que debieron servir, para no dejarlos morir, se escapan en obras suntuarias y en las gasolineras oficiales que movilizan el clientelismo de turno al cual le importa más tener que ser. Existían nobles propósitos y el cielo  era una lámpara que iluminaba a todos. Hoy nos corroe el escepticismo . Nos alzamos  de hombros frente a cualquier forma de milagro o poesía. Se incuba la violencia y el racimo de los violentos no da tregua. Nadie puede sentarse en paz a ver los atardeceres desde la colina cuando el sol avienta sus oros anunciando la noche que antes era de los enamorados.

La familia ya no se reúne en torno al mantel hogareño a comentar la jornada creativa porque  la televisión terminó con el diálogo y enfermó las mentes, con las veladas hermosas, con la palabra iluminante del abuelo tan llenad de antaño, de bondad y sabiduría.  El oído interior sufre hoy de una sordera irremediable atrofiado por el ruido de parlantes que nos perturban el sueño  y por motos que pululan como langostas mecánicas.

La cogitación, que tanto nos aconsejara el eximio profesor Luis López de Mesa como una disciplina interior, no existe, porque la feria externa, el rugido de la caverna, la imprecación procaz, ha sustituido ese recinto donde nos encontrábamos con nosotros mismos. Se oyen  en los hogares palabrotas de mal recibo en labios en flor. Tarde nos hemos convencido de que si queremos volver al pasado para ver nuevamente correr las aguas límpidas de un rio y purificarnos con la mirada de ese largo cuerpo líquido que escuda sus melenas entre el silencio en  guardia,  que nos recuerda todo lo que hemos perdido y seguiremos perdiendo, en el devenir histórico sin vasos comunicantes, porque hemos roto la heredad de nuestros antecesores.

Sabemos hoy que tenemos que empeñarnos en una lucha sorda y cruel. Que el amor, no puede seguir perdiendo mucho de su pureza para convertirse en un objeto  que se cambie en los espesos aduares.

Volver a ser leales con nosotros mismos y hacer votos porque en el próximo siglo  que ya llega, la ciudad crezca con medida, con simetría, sin violencias, sin desocupación , sin inseguridad, sin egoísmo y hacer que ella tenga la nobleza que le da un siglo de vida, la página del tiempo que habrá de contemplarla como el fruto tesonero de quienes como usted, Emilio Vallejo Restrepo, Carlos Drews, Jorge Campo Posada, Luis Eduardo Ochoa C, Guillermo Ángel, Ricardo Illian, Enrique Campo, Alonso Garcá, Rafael Cano, Francisco Polanco, Osorio Pinto, el padre Antonio Valencia, Alberto Mesa Abadía, Carlos Arturo Ángel, Mario Jiménez Correa y otros nombres que se me escapan, le han servido con afecto y desinterés porque entendieron el servicio  público como un servicio civil que al prestarlo tan honestamente, engrandecieron el patrimonio histórico de la ciudad engrandeciéndose a si mismos.

Apelo a su proverbial benevolencia para que disimule lo extenso de las presente y espero que  me siga considerando como su más atento seguro servidor y amigo.

 

Luis Carlos Styles.

NOTA: Estas disquisiciones de un amigo escritas en 1989 bien podrían aplicarse al tiempo  presente. ¿  fue una premonición de Styles sobre  Pereira moderna?

domingo, 19 de agosto de 2018

LA MASACRE DE ACOSTA ÑU


                          
Guerra del Paraguay.


-Leonardo Castagnino-


En la batalla de Acosta Ñu, 3.500 niños paraguayos enfrentan a 20.000 hombres del ejército aliado, lo que se tiene como un acto de heroísmo sin igual. Por la masacre producida, se conmemora ese día como el "Día del niño en Paraguay"

Luego de la derrota sufrida por sus tropas en el combate de Piribebuy, olano López sintiendo amenazada su retaguardia por las fuerzas que avanzaban por Altos y Piribebuy al mando de los generales Emilio Mitre y José Antonio da Silva Guimaraes, resolvió retirarse dividiendo sus tropas en dos divisiones, una de vanguardia, que confió al general Resquín, y otra de retaguardia, a las órdenes del general Bernardino Caballero.

A las cinco de la tarde del 13 de Agosto se puso en marcha, con rumbo a Caraguatay, donde llegó a las ocho de la noche del día siguiente. De paso, mandó fortificar la entrada de la picada que conduce a dicho pueblo, dejando allí 1.200 hombres, con algunos cañones, a las órdenes del coronel Pedro Hermosa.

El movimiento de la columna paraguaya de retaguardia era, y tenía que ser, muy lento porque seguía el compás de la larga fila de carretas en que iban los bagajes de su ejército. La extrema flacura de los animales de tiro hacía que aquéllas apenas anduvieran. Y así pronto Caballero se vio separado de los suyos, solo, en medio del enemigo, librado a su propia suerte. Era como el escudo del ejército en retirada, contra el cual se estrellaría todo el poder de la alianza.

Recién el 15 de Agosto entró el Conde D’Eu en Caacupé, donde se enteró de la retirada total de las fuerzas paraguayas. Esta noticia lo dejó anonadado y sumido en el desaliento.


Ante la noticia de que una fuerte columna paraguaya se retiraba lentamente por una picada que conduce a la llanura de Barrero Grande, el Conde D’Eu ordenó al Mariscal Victoriano Carneiro Monteiro que marchara rápidamente hacia el pueblo de Barrero Grande, para cortarles la retirada, mientras él caía sobre la retaguardia de los paraguayos.

El mariscal Monteiro se alejó a las dos de la tarde del 15 de Agosto, llegando a su destino a las diez de la noche. Desde allí desprendió una división de caballería, a las órdenes del general Cámara, con rumbo a Caraguatay, que fue detenida por el coronel Hermosa.


A las seis de la mañana del día siguiente se movió el primer cuerpo del ejército brasileño, comandado por el general José Luis Mena Barreto, que acababa de reemplazar al general Osorio.


Dos horas después, el general Vasco Alves Pereyra, que mandaba la vanguardia del ejército imperial, cambiaba los primeros tiros con la retaguardia de Caballero. A lo lejos se escuchaba la artillería paraguaya, que rechazaba en ese momento las cargas del general Cámara en la boca de la picada de Caraguatay.


El Conde D’Eu precipitó la marcha de sus tropas y salió con todas ellas en Acosta-Ñu, sitio donde iba a librarse la batalla. Los paraguayos disponían de unos 3.500 hombres y algunos pocos cañones, y sólo contaba con un batallón de veteranos, el 6º de infantería. El resto eran niños y ancianos. Los niños fueron disfrazados con barbas postizas para que el enemigo los tome por adultos y les presente combate. Su caballería era escasa y en mal estado El general Caballero extendió su línea de batalla destacando en su vanguardia al coronel Moreno, con dos cañones, y al comandante Franco a la cabeza de su batallón. Dando frente a su enemigo, continuó el retroceso: su única posibilidad era llegar a los bosques de Caraguatay.

Moreno y Franco hubieron de soportar en seguida la presión de nueve batallones y el fuego de numerosas piezas de artillería. Hostilizados en los dos flancos por regimientos de caballería, lucharon con extraordinario heroísmo.

El mismo Conde D’Eu reconoce en su Diario de Campaña “la gran desventaja” con que peleaban los paraguayos, por la manifiesta inferioridad de sus armas. “Nuestros fusiles a lo Minié –dice- llevaban la muerte hasta a sus reservas, al paso que a nuestros soldados más avanzados poco perjuicio sufrían”.

El general Caballero impidió con habilidad que sus fuerzas fueran rodeadas y consiguió llegar a la orilla opuesta del arroyo, donde emplazó la artillería. El Conde D’Eu colocó sus cañones frente al paso y abrió un nutrido fuego contra la posición paraguaya, y ordenó una carga a fondo sobre el puente, que fue repelida.

La batalla llegaba a su momento culminante. Era ya mediodía, y desde el amanecer la lucha no tenía tregua ni descanso. Se produjo una nueva carga y nuevamente fue repelida por Caballero. El cauce del arroyo quedó colmado de cadáveres. Optó entonces el ejército imperial buscar un vado, para evitar fracasar en otro ataque frontal.

Caballero volvió a hacerse fuerte sobre el puente de Piribebuy, conteniendo con todo éxito el avance de sus persecutores. La tarde inclinaba. De pronto los paraguayos se vieron acometidos por la retaguardia, era el segundo cuerpo del ejército brasileño que llegaba. Se trataba de una fuerte columna de infantería, con ocho bocas de fuego, a las órdenes del general Resín, que obligó a dividir las escasas fuerzas de Caballero y a atender dos acometidas simultáneas.

Los veteranos de Franco (muerto en el combate) habían desaparecido, y con ellos el nervio principal de la resistencia paraguaya. No le quedaban sino niños y jinetes mal montados.

Dice Juan José Chiavenatto: “Los niños de seis a ocho años, en el fragor de la batalla, despavoridos, se agarraban a las piernas de los soldados brasileros, llorando que no los matasen. Y eran degollados en el acto. Escondidas en al selva próxima, las madres observaban el desarrollo de la lucha. No pocas agarraron lanzas y llegaban a comandar un grupo de niños en la resistencia”……. “El Conde D´Eu, un sádico en el comando de la guerra,“después de la insólita batalla de Acosta Nú, cuando estaba terminada, al caer la tarde, las madres de los niños paraguayos salían de la selva para rescatar los cadáveres de sus hijos y socorrer los pocos sobrevivientes, el Conde D´Eu mandó incendiar la maleza, matando quemados a los niños y sus madres.” Su orden era matar "hasta el feto del vientre de la mujer". Mandó a hacer cerco del hospital de Peribebuy, manteniendo en su interior los enfermos – en su mayoría jóvenes y niños – y lo incendió. El hospital en llamas quedó cercado por las tropas brasilera que, cumpliendo las órdenes de ese loco príncipe, empujaban a punta de bayoneta adentro de las llamas los enfermos que milagrosamente intentaban salir del la fogata. No se conoce en la historia de América del Sur por lo menos, ningún crimen de guerra más hediondo que ese.” (de la misma fuente- Chiavenatto. "A guerra do Paragaui)

Caballero formando un cuadro con sus tropas se defendió como pudo hasta que, dispersados los restos de sus fuerzas, confundido en el tumulto inmenso de la lucha, pudo cruzar, sin ser reconocido, entre regimientos y batallones, llevando en tras de sí a los pocos que habían escapado de la matanza.

















EL CORREGIMIENTO DE BOLIVIA EN CALDAS


Alfredo Cardona Tobón



 Por el espinazo de una serranía estrecha se extiende una larga calle que constituye la población de Bolivia, un importante corregimiento de Pensilvania en el departamento de Caldas. Las casas de uno o dos pisos al frente de la calle se paran en zancos en la parte de atrás, donde hay que amarrar los solares para que no se rueden por  las profundidades de las lomas.

En Bolivia recortaron un barranco aledaño para construir lotes, le sacaron una plazuela, el edificio de la Cooperativa de Caficultores, las oficinas de la administración local y la iglesia; este pequeño poblado ha conseguido  lo que no han podido  otras localidades con espacio de sobra, quizás por el tesón de su gente y porque  a través de su historia lo ha orientado una de las  clases más emprendedoras del oriente caldense.

Bolivia   con activo comercio y numerosos negocios alberga en su  zona urbana unos dos mil habitantes y en total lo ocupan unos  siete mil vecinos.  Allí  convergen las carreteras de Pensilvania, Manzanares y Marquetalia que en tiempo frio  activan sus actividades y llevan a forasteros y paisanos ausentes  a gozar cada año de las Fiestas del Café  al son de la parranda en medio de espectáculos artísticos, cabalgatas y riñas de gallos.

SU HISTORIA.

El corto pasado de Bolivia se enreda en los relatos y el recuerdo vago de los viejos, pues no hubo cronistas, documentos escritos, ni  quien se preocupara por guardar la memoria de los ancestros. Apenas recientemente los bolivianos Exeriel López Serna y Rodrigo Aristizabal Ocampo  empezaron a rescatar la historia de su pueblo en el libro “Un Camino de Arrieros”, que ciertamente se identifica con el espíritu del corregimiento.

Según la tradición a fines del siglo XIX un labriego trashumante levantó un rancho a la vera del camino, hizo un tambo y cercó un potrero. En ese sitio que llamaron  “El Descanso” empezaron a parar las mulas y los bueyes en tránsito hacia Manizales y Salamina. Poco después, parece que a principios del siglo XX,  los labriegos Pedro Pérez, Gerardo Giraldo, Celestino Valencia, Ambrosio Cardona y Florentino García construyeron sus viviendas  al lado de El Descanso” que desde los años treinta empezaron a denominarlo “El Guayabo”, quizás por un frondoso árbol de guayaba que se levantaba al lado del minúsculo rancherío.

Los sacerdotes Francisco María Vélez y Daniel María López no podían dejar a esos labriegos sin una capilla que los acercara  a Dios y los alejara del aguardiente y demás tentaciones, animaron a los labriegos, que para eso se tenía confianza el padre López y en un dos por tres levantaron un humilde templo que sirvió de punto de encuentro  a los habitantes de “El Guayabo” y sus vecindades.

En  julio de  1942  la población de “El Guayabo”, que ya se conocía como  “Bolivia” en honor al Libertador, alcanzó la dignidad de corregimiento de  Pensilvania y a partir de entonces empieza la lucha por sacarlo adelante empujado por el café y por personajes notables como el médico Camilo Olimpo Cardona, cuya obra colosal en beneficio del oriente caldense aún no se ha dimensionado.

En  la zona rural de Bolivia otros poblados contribuyen al desarrollo del corregimiento: Está “La Albania”, “El Higuerón” con pretensiones mayores y “La Soledad”  que parece un cuadro pintado. Son comunidades acostumbradas al trabajo rudo, a labrar su futuro doblados en el surco, son gente buena, paisa en su mayoría, muy apegadas a su tradición y a sus costumbres..

Bolivia contó con una  Sociedad de Mejoras, un Club Social y un  periódico. Ahora la Casa de la Cultura, el periódico “El Boliviano”  y el colegio John F. Kennedy  con sus programas de educación secundaria y tecnologías orientadas por universidades de la capital departamental, canalizan los esfuerzos locales para retomar  el camino del progreso que se estancó durante épocas recientes.

ECONOMIA DE BOLIVIA

Dada la importancia del café en la economía boliviana existe en la localidad un subcomité de Cafeteros y una filial  de la Cooperativa de Caficultores de Manizales que funciona en un moderno edificio brindando valioso apoyo a los cultivadores del grano.

A Bolivia se llega por la carretera asfaltada que comunica a Manizales con Honda cruzando el páramo de Letras. Es un paseo que se complementa arrimando a Pensilvania, donde sin lugar a duda florecen las más bellas muchachas caldenses.

El problema mayor de Bolivia es la erosión de las laderas  sobre las que se asienta la zona urbana, a ello se suma la  emigración continua  de los jóvenes bolivianos en  busca de mejores oportunidades en su vida; también están los riesgos derivados del monocultivo del café que en las malas cosechas y cuando bajan los precios internacionales,  postran la economía local.

LA HIDROELECTRICA DE EL EDÉN

La obra más notable del corregimiento de Bolivia es sin duda la hidroeléctrica  a filo de agua de “El Edén”. En esta obra se desvía parte del caudal del río La Miel y por un túnel  de 5.7 kilómetros de longitud que pasa por debajo de centenares de fincas lleva al agua que se precipita, desde una altura de  430 metros, hasta la Casa de Máquinas donde mueve el generador de electricidad.

Con una capacidad de  19 megavatios la hidroeléctrica puede atender las necesidades de  70.000 hogares, es decir  el 70% de la población de Manizales. Este proyecto dinamizó la economía local, no obstante ha presentado oposición en un sector de la población, pues se dice que el túnel abierto hizo disminuir el caudal de algunas quebradas, entre ellas la Balastrera  y los manantiales que surten el acueducto comunitario de  Patio Bonito.

 

La comunidad de Bolivia de fuerte ideología conservadora y clerical no escapó a la violencia política ni a los paramilitares y a los narcotraficantes; pero  la virulencia fue menor que en otras poblaciones del oriente caldense. Hoy se vive en paz y el corregimiento es un remanso de armonía, donde pese a la pobreza no se ve la miseria que aflige a otras zonas rurales del departamento. Hay que agregar que el corregimiento cuenta desde 1975 con un cuerpo de Bomberos Voluntarios y tiene el servicio de un buen acueducto, todo lo cual hace presagiar un futuro halagüeño para la comunidad boliviana.