sábado, 4 de agosto de 2018

LA REVOLUCIÓN DE 1879 EN RIOSUCIO

 

Alfredo Cardona Tobón
 
 En la base del cerro Batero se libró un combate entre liberales radicales e independientes en  1879
 

Mientras en el Estado de Antioquia las fuerzas radicales se enfrentaban en  el año de 1879 a la rebelión promovida por el clero, en el Estado del Cauca  estallaba otra rebelión del sector independiente liberal contra el gobierno radical. En Antioquia las causas eran religiosas y doctrinarias y en el Cauca la guerra tenía como causa el fraude electoral y las componendas de los radicales para mantenerse en el poder.

Los graves resultados que trajo la guerra de 1876 para los radicales hicieron que el presidente del Cauca, César Conto, impidiera como diera lugar que los independientes liberales tomaran el poder del Estado;  para ello anticipó elecciones para presidente y el radicalismo liberal eligió a Modesto Garcés quien al terminar su mandato impuso  un candidato opuesto al general  Ezequiel Hurtado propuesto por los independientes.

La guerra se hizo inevitable, el 21 de abril de 1879  los independientes bajo el mando del general Payán tomaron la ciudad de Cali mientras en el resto del Cauca los independientes se levantaban en armas contra Modesto Garcés.

Ramón Elías Palau tomó las armas en el municipio de Toro, llamó al servicio a los varones desde la edad de 16 años hasta los cincuenta años y estableció contribuciones para sostener la rebelión.

En hojas sueltas escritas a mano, Ramón Palau se dirigió a los vecinos del municipio de Toro, en ese entonces con cabecera en Riosucio:

ALOCUCIÓN

EL JEFE PROVISORIO DEL MUNICIPIO DE TORO

A SUS HABITANTES:

COMPATRIOTAS!-

Los pueblos de nuestro altivo y heroico  Estado,  en presencia de los repetidos actos de cínica usurpación del sufragio y colmadas ya las medidas de la tolerancia de los abusos y violencia cometidos por el indigno gobernante,  que con esas  graves comisiones,  parece que se propone corresponder al origen bastardo e indigno de su subida al solio presidencial; se han visto obligados a  apelar a las armas para reivindicar sus glorias humilladas, sus derechos ultrajados y ponerse a las alturas de sus  esclarecidas historias.

Y para tan sagrados y legítimos propósitos,  han constituido  un gobierno civil y militar a cargo del severo republicano, ciudadano general Eliseo Payán, el cual me ha hecho el honor de nombrarme su agente en este importante municipio ,  cuyos valientes  y libres hijos  no han inclinado  jamás sus erguidas frentes ante ningún linaje de tiranos.

 Y si he aceptado tan arduo encargo, ha sido para servir mejor las conveniencias bien entendidas de estas poblaciones,  y resuelto a no  lastimar en  lo más leve las garantías de los asociados , siempre que no den pruebas  de hostilidad y desafecto, o que sea ineludible  y vitalmente necesario su  contingente.

Tened, pues, fe, conciudadanos todos, en que mi labor será siempre encaminada a conservar incólumes las  libertades públicas e individuales,  cuyo triunfo y rescate es nuestra aspiración;  y contad, especialmente los que formais en el bando político contrario al nuestro,  que de mi parte habrá solícito  esmero en impedir toda lesión gratuita o apasionada de vuestros fueros sociales y personales.  Mas sabed que esta excepción, repito, os vendrá por la rectitud de  vuestros procedimientos, todos, o las absolutas prescindencias,  los conservadores, en la lucha que debe ser ajena de ellos, y que rechaza la lógica de su credo.

A LAS ARMAS!- llamo , por tanto,  a todos los que están afiliados bajo las banderas  del partido liberal independiente, cuya conciencia se siente herida con las conductas liberticidas y tiránicas de los mandatarios  del Cauca, para que con ellas,  como os he iniciado reconquistéis la majestad popular profanada apoyando al fiel republicano, señor general Ezequiel Hurtado, así cumplís la alta misión de procurar el bien de los pueblos, de ser el guardián  de sus derechos y  el rígido ejecutor de las prerrogativas que otorga a los caucanos la Constitución,  especialmente las de practicar sin cortapisas  ni restricciones las creencias religiosas heredadas de los mayores.

Volad, pues, compatriotas a ocupar el puesto y a seguir el camino que la Patria y la Libertad os señalan,  seguros de que el Dios de la Justicia y que vela por los oprimidos, pronto recibirá, complacido,  nuestros himnos de bendición, unidos con los cánticos de la victoria.

Dadas en Riosucio, a 29 de abril de 1879

Ramón Palau

El Secretario Rafael G. Bueno

Se publica el 4 de mayo de 1879.

 

En el extenso municipio de Toro  que comprendía  los distritos parroquiales de Toro, Ansermaviejo, Quinchía, Riosucio, Supía y  San Juan  los independientes comandados por Ramón Palau, recogieron las armas en poder de los particulares ,expidieron pasaportes para poder viajar por el territorio y llamaron a las armas a los ciudadanos entre 16 y 50 años de edad.

. Para hacerles frente las autoridades del radicalismo liberal, representadas por Rudecindo Ospina,  organizaron una pequeña fuerza con gente de Quinchía y Marmato y presentaron combate en las cercanías del cerro de Batero.

El enfrentamiento entre liberales radicales e independientes duró dos horas con el resultado de dos muertos en el bando de los radicales que contaban con el apoyo del capitán Zoilo Bermúdez y sus temidos macheteros.

La victoria de los independientes selló la suerte de la revolución en Toro. Rudecindo Ospina cedió el mando, vendió acciones en las minas y viajó a Francia, donde terminó sus días. En el Estado del Cauca los independientes ocuparon la ciudad de Cali, el voto popular ungió a Ezequiel Hurtado  en la presidencia del Estado mientras en la nación el  general Julián Trujillo consolidaba las ideas regeneradoras que llevarían a Nuñez y al conservatismo al poder.

miércoles, 1 de agosto de 2018

LA INDEPENDENCIA EN LA REGIÓN


Alfredo Cardona Tobón

El triunfo patriota en la batalla de Boyacá fue un acto trascendental  en la  guerra de la  independencia; pero  después de esa victoria la lucha continuó  durante meses en la Nueva Granada y en el resto de las antiguas colonias de España  hasta la consolidación definitiva de  la libertad.

                                                Francisco Pereira  Martinez

Pasado el pánico por la derrota en el  Puente de Boyacá,  el virrey Sámano envió expediciones  a varios sitios para retomar el control;  el  coronel Francisco Warleta con 350 veteranos españoles del Regimiento de León tomó  la población de Cáceres en Antioquia y luego ocupó a Yarumal en tanto el español Sebastián de la Calzada salía de Popayán  con rumbo a Cartago con la intención  de abrir un corredor que comunicara a Pasto con Santa Marta, los dos baluartes más poderosos del gobierno colonial

 Para evitar lo anterior Bolívar ordenó a general  José María Córdova  marchar hacia Antioquia para contener a Warleta. El 12 de febrero de  1820  el general  patriota,  en rápido movimiento,  derrotó a los realistas   en “Chorros Blancos” dejando libre el camino  para la liberación de la costa Atlántica.

.Ante tal situación Sebastián  de la Calzada abandonó la población de Cartago y regresó a Popayán  a organizar su defensa, dejando una columna  que bajo el  mando del patiano Simón Muñoz, avanzó por el Valle del Cauca dejando una estela de desolación y ruina.

EN EL NORTE DE LA PROVINCIA

Después de la  batalla en  el  Puente de Boyacá, los habitantes del Valle del Cauca de alzaron en armas y comandados por Joaquín Ricaurte vencieron  al coronel  español Miguel Rodríguez en el Llano de San Juanito.

Las derrotas en “Chorros Blancos” y en “Sn Juanito” fueron duros golpes para los realistas; sin embargo en los cantones  de Cartago y  Toro continuaron las hostilidades mientras en la mayor parte del virreinato continuaba ondeando el pabellón real; aunque en el norte de la provincia de Popayán  no hubo grandes movimientos de tropas,  en las poblaciones de Cartago, Ansermanuevo y Supía se libró una guerra de guerrillas al igual que en las aldeas  de Arma, La Montaña, Quiebralomo y Tachiguí.

Los vecinos de Ansermanuevo, en su mayoría partidarios de la monarquía, se dispersaron por los bosques de la cordillera occidental y conformaron grupos armados bajo las órdenes de Ermenegildo Mendiguren, Castelar y Jerónimo Ortiz. En las filas republicanas se destacó el inglés John Runnel, quien con su cuadrilla de indios y de negros robó,  atacó haciendas e impuso su voluntad hasta la llegada del ejército republicano dirigido por el coronel Concha, que lo capturó y lo envió prisionero a Santa Fe de Bogotá.-

Mendiguren, con una partida de setenta hombres ocupó el caserío de Riosucio,  saqueó la casa del padre Bonifacio Bonafont  y destruyó los archivos de la parroquia. En la noche del 28 de febrero  de 1820 veinticinco hombres de  Jerónimo Ortiz, atacaron a Quiebralomo causando dos bajas y obligando  a la avanzada patriota a retirarse al paso de Bufú.

Mientras los curas de Guática y Quiebralomo inclinaban a sus feligreses  a favor del rey y  el padre Bonafont encendía los ánimos patriotas en la aldea de La Montaña, los antioqueños atajaban  las guerrillas realistas en los pasos de Bufú y de La Cana; y desde  la aldea de Arma neutralizaban la ofensiva española sobre el norte de la provincia.

Don  Francisco  Pereira Martínez, uno de los sobrevivientes del combate de Cachirí en tierras del Socorro, se había refugiado en las ruinas de Cartagoviejo. Cuando Calzada se replegó hacia el sur, don Francisco Pereira se puso al frente de la  Jefatura Política y Militar del Cann y auxilió con hombres y armas al capitán  Custodio  Gutiérrez en la  reconquista de las poblaciones de Supía y Riosucio.

En una carta fechada el 5 de diciembre de 1819, el capitán Custodio Gutiérrez informó al presidente Santander sobre tales operaciones:

“ Excelentísimo Señor:

Tengo la satisfacción  de comunicar a V.E  haber dado libertad a los pueblos de Riosucio y La Vega de Supía, dejando arreglados las postas y el correo y completamente abierta la comunicación  de este  valle con Antioquia.

En esta jornada ha conseguido la República la ventaja de haber hecho prisioneros a 50 soldados, otros tantos fusiles y cartuchera, 30 bayonetas, 50 cartuchos,  50 piedras de chispa, dos tambores y una caja de guerra de metal muy bueno.  Entre los soldados  se encuentra un capitán y un  subteniente americanos, un tambor, dos sargentos, un cabo y  4 soldados españoles. También cogí en los montes y armado al cura de este pueblo doctor Ramón Bueno, quien protegía a estos tiranos y que, por su causa escaparon un capitán, dos subtenientes y dos soldados españoles que hasta ahora se ignora dónde están”.

Las guerrillas de uno y otro bando operaron en toda la región; el  11 de marzo de 1820  una partida realista embosca  en Tachiguí  a un oficial patriota y a cuatro soldados que  venían del Chocó y los asesinan; en tanto que doscientos soldados de Calzada se concentran en Riosucio y  retroceden hasta Ansermanuevo al recibir informes sobre la  superioridad de las fuerzas antioqueñas destacadas en los pasos del río Cauca.

Ls cantones de Toro y Supía  estuvieron unas veces en poder de los realistas y otras en manos de los patriotas. La población de Riosucio fue un baluarte republicano y Supía fue la primera población de esta zona que manifestó su voluntad de independencia; en  cambio muchos notables de Cartago  respaldaron la causa realista, de tal  modo, que como cuenta Boussingault, organizaron un baile cuando murió Bolívar.

EL OCASO REALISTA

El 19 de mayo de 1820  los patriotas derrotan a Simón Muñoz en el sitio de  Alegrías; y se apoderan de 300 mulas con armas, pertrechos y bastimento para las tropas españolas. El oficio de ese patiano al servicio de los realistas era robar y asaltar para mantener  las fuerzas realistas, pero su crueldad y sus excesos fueron tan grandes que  las autoridades quiteñas lo llamaron a juicio; para librarse del castigo Muñoz desertó de las filas coloniales y continuó sus atropellos bajo las banderas patriotas hasta  que  sus antiguos compinches lo capturaron  en Quilcacé y lo mataron a garrote.

En junio de 1820 el general Valdez  derrotó a Sebastián de la Calzada en Pitayó; allí empezó el declive total de la causa realista, fue entonces cuando La Calzada se  retiró a Venezuela donde continuó luchando por su causa, al final  viajó a Cuba y allí terminó sus días..

Doscientos años después de  los acontecimientos libertarios conviene recordar esa época  y reconocer la valentía de los  patriotas de este territorio.¿ Cómo olvidar al padre Bonifacio Bonafont, a Francisco Pereira Martínez, Custodio Gutiérrez, Miguel Robledo y al padre Remigio Antonio Cañarte?-  ¿Cómo no reconocer el  coraje de esos soldados anónimos, reclutados de la gleba indígena y afroamericana, que lucharon y  ofrendaron su vida por la libertad  en esta provincia y en el  sur del continente?

La historia no solamente fue tallada por los grandes héroes, también en estos territorios olvidados se escribió con sangre y lágrimas la  magna gesta de la independencia..

martes, 31 de julio de 2018

ALFREDO CARDONA TOBÓN Y DON OVIDIO RINCON PELAEZ


 
PERIÓDICOS DE ALDEA

Este es un artículo  publicado en el periódico  “La Patria” de Manizales con fecha febrero 5 de 1985;  en este escrito don Ovidio Rincón, importante periodista del Gran Caldas, se refería a las actividades   de Alfredo Cardona Tobón en los años ochenta  del pasado siglo y a la  labor emprendida por este quinchieño a partir de esa época.

Alfredo Cardona Tobón
 
En  la segunda y tercera décadas del siglo pasado,  en la mayoría de las aldeas de Caldas, que entonces si lo eran y plenamente, operaban uno o dos periódicos. No existía una organización económica como para sostenerlos con avisos, pero a tal carencia suplían las pasiones políticas y el afán, que entonces era deber patriótico, de sostener la doctrina. Era frecuente entonces, que fueren varios los órganos de expresión,  mensuarios la mayor parte de las veces. Y era admirable el hecho de que operaban en los menudos poblados de entonces una imprenta, ose sostuviese desde la ciudad lejana la vida de unos periódicos que solían terminar lentamente sostenidos por la pasión banderiza y, en ocasiones, por el alma romántica de gente que creían en ellas y en el futuro de la aldea   a que servían.

He conservado en la mesa de trabajo el número cinco,  no he recibido los anteriores, de “Quinchía Cívico”  una publicación alentada por la Sociedad de Mejoras Públicas del municipio occidental. Cierto es que tanto la Sociedad como Quinchía cuentan con Alfredo Cardona Tobón, una figura excepcional por sus actividades y preocupaciones.

Ya en varias oportunidades hemos chocado, sin conocernos,  con relación a algunos temas. Pero ello no quiere decir nada, sino la mutua preocupación por  situaciones  que a pocos ha interesado. Por ejemplo la explotación  del carbón en Quinchía,  la busca de las riquezas mineras de aquel  y de otros municipios, la recuperación de los documentos históricos, el acuerdo de las comunidades municipales más allá  de los pequeños odios personales y los mezquinos diferendos que se suelen llevar a la que debería ser nobilísima actividad política.

El doctor  Cardona Tobón está realizando una tarea fundamental, no sola con la difusión de sus inquietudes y preocupaciones, sino con un cambio necesario en la utilización de la inteligencia.  Los municipios del Viejo Caldas, como los del país, han desconocido sus problemas fundamentales por vivir pasiones, amores y odios ajenos.

Cómo se explica, sí no,  la investigación lograda por el doctor Cardona de los sucesos históricos que tuvieron cuna y nacimiento en la comarca de Quinchía?- No conocíamos, y aceptamos la ignorancia, muchos de los combates de las guerras civiles en el occidente de Caldas, que era paso obligado entre los estados soberanos  de Antioquia y Cauca.  El quinchieño ilustre ha  rescatado las tradiciones del pasado. Muchas de sus tesis merecen revisión y estudio. Una de ellas la posibilidad  de rescatar la explotación de las fuentes saladas de la región, la producción de briquetas de carbón,  y la busca de algunos minerales, de los que apenas se conocen, o vestigios o leyendas.

A los cuatro años de la fecha en que se celebrará el centenario de la erección del municipio de Quinchía,  la tarea que ahora adelantan sus dirigentes cívicos es válida y valiosa.  Tenemos, además, la impresión de que  un búsqueda profunda en las fuentes históricas como el que ha iniciado  el doctor Alfredo Cardona Tobón ofrece muchas amables  sorpresas intelectuales. Entre los pocos municipios del antiguo Caldas que tienen una historia que va más lejos  de la colonización antioqueña cuenta Quinchía.  La celebración del centenario de su erección como municipio no permite olvidar el largo pasado en que su nombre se enreda en capitulaciones, encomiendas, derechos de la sal y del carbón.  Aparece el nombre indígena en los viejos papeles de la Conquista, mucho antes del siglo de la municipalidad.

Esa memoria es la que está logrando el doctor Cardona Tobón  con una prosa que alcanza numerosos temas,   unos linguisticos, otros históricos, los más destinados  a dar a sus coterráneos una noción distinta de la aldea y de sus intereses.

Noble empeño  de escritor ;excelente tarea del erudito.

lunes, 30 de julio de 2018

OVIDIO RINCÓN PELAEZ

: EL PROSISTA DE LA ALDEA  


                            
  Por JOSE MIGUEL ALZATE
 
                                                           

 

 
No otro título más apropiado podría encontrarse para referirse al maestro Ovidio Rincón Peláez como escritor de excelsas calidades literarias que Prosista de la Aldea. Eso fue, a lo largo de su vida, este periodista de figura espigada que tenía la capacidad intelectual para escribir, en un lenguaje de exquisita facturación literaria, desde un editorial hasta una nota necrológica. Sus prosas sobre el espacio de la infancia, ese Risaralda que llevó cosido al alma, páginas de una belleza exultante, son atisbos románticos sobre el pueblo donde el prosista excelso vivió su juventud, donde descubrió los olores de la naturaleza y donde aprendió las primeras letras. En esas páginas que se publicaron en este periódico quedó la impronta del escritor que canta a su tierra en frases plenas de poesía.
 
Ovidio Rincón Peláez nació en Anserma el 24 de julio de 1915. Pero a los pocos meses de nacido, sus padres lo llevaron a vivir a Risaralda. Existe una frase, que viene rodando por ahí desde hace mucho tiempo, donde se dice que uno no es de donde nace sino de donde se cría. Esta afirmación podría complementarse con una respuesta que, en “Cien años de soledad”, José Arcadio Buendía le dá a Ursula Iguarán cuando ella le dice que no abandonará el pueblo: “Uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo la tierra”. Si bien es cierto que el escritor nació en Anserma, es más cierto todavía que no vivió allí ni su infancia ni su juventud. Esta etapa de su vida la vivió en Risaralda. Por lo tanto, el escritor es hijo de Risaralda.
 
¿Por qué razón debemos llamar a Ovidio Rincón Peláez el prosista de la aldea? Muy sencillo. Nadie como él ha escrito tanto sobre el espacio de su infancia, sobre las gentes de su pueblo, sobre el aire que cada mañana baña el parque. Miguel de Unamuno recreó en su prosa de fino acabado idiomático las costumbres de los pueblos de España. Pero no escribió sobre uno en especial. Al pueblo dónde vino al mundo no dedica muchas páginas. En cambio, Ovidio Rincón Peláez tomó a Risaralda como centro de sus preocupaciones temáticas. No le es ajena a su prosa de encumbrado lirismo ni la tienda de la esquina donde los niños compran dulces, ni el café del parque donde la gente toma tinto después de misa, ni el arriero que llega con sus mulas para descargar el café en la compra de la plaza.
 
El maestro Ovidio Rincón Peláez fue considerado como uno de los periodistas más completos que ha tenido Colombia. Todo porque era un conocedor de su oficio. Podía armar un periódico o escribirlo completo. Cuando el sistema de impresión era en caliente, se untó de tinta las manos ayudando a armar las páginas en cajas metálicas que se montaban luego en una máquina gigante donde se imprimía el periódico. El linotipo, esa máquina de hierro donde se levantaban los textos, que se alimentaba con barras de plomo que eran fundidas en un crisol, no le era extraño. Si por alguna razón el operador no llegaba, no tenía problemas en sentarse frente al teclado para levantar los textos. Su primera experiencia en un periódico fue, precisamente, como corrector
.
Si algo importante dejó como herencia Ovidio Rincón Peláez a los periodistas que buscan con afán la noticia fue su preocupación por la aldea, ese pedazo de tierra que muchos dejan morir en el olvido, donde se empiezan a hacer realidad los sueños. El maestro tuvo ojos para mirar los pequeños detalles que hacen agradable la vida de los pueblos. En un artículo titulado “La aldea alta” recuerda la historia de Marcos Morales, un campesino que llegó a Risaralda procedente de Antioquia, donde era experto en el cultivo del café. Así lo describe: “Manirroto, henchido de fuerza genésica, cuando detenía su paso en una de las cantinas del pueblo embriagaba por su cuenta a los gotereros”. Lo describe como un monarca rural que gustaba de la lectura. Dice que en sus charlas citaba a Aristóteles.
 
La prosa de Ovidio Rincón Peláez se nutre de la belleza del paisaje. No hay artículo sobre su pueblo que no esté impregnado del aroma de la naturaleza. El viento que besa los árboles, las piedras que están regadas en el camino, el aire que se respira en la calle, las casas de bahareque pintadas de colores vivos, el verde de las montañas que pespuntan en lontananza,  los balcones adornados de siemprevivas, la torre de la iglesia con el reloj marcando la hora, son todos elementos que forman parte de ese paisaje que el escritor evoca con nostalgia. El escritor les da vida en su prosa de elevado tono poético. El lenguaje, aquí, cumple el objetivo de exaltar la belleza del poblado.
 
Adel López Gómez, compañero de generación de Ovidio Rincón Peláez, escribió sobre su estilo literario: “Pocas veces  he  leído una prosa más  limpia, más sobriamente emocionada, más entrañablemente pura, más saturada de un  íntimo poder subjetivo y estético. Está trabajada en los materiales y con los elementos mejores de la emoción humana. Tiene esa calidad imponderable de todo lo escrito que una vez leído nos queda resonando como una dulcemente desazonada música interior”. En este concepto queda sintetizada la emoción que se siente al leer una prosa que es cantarina, que fluye transparente como el agua de las quebradas, que tiene el poder de describir con encanto literario el ambiente bucólico de una aldea.  

Cuando la Universidad de Caldas le otorgó al maestro el doctorado Honoris Causa en Filosofía y Letras, Otto Morales Benítez leyó un discurso donde exaltó la calidad de la prosa de este eximio caldense. Dijo entonces: “La aldea, en Rincón, es lo que se va destruyendo: la tapia vencida, la ventana que no cierra, el cementerio con sus ramas primitivas, la iglesia que no convoca sino a la muerte. Y las personas que, al regresar, ya no nos reconocen”. Ahí están descritos los temas que amó Ovidio Rincón Peláez, los que motivaron su inspiración como escritor de fina pluma, los que le dieron identidad aldeana a sus famosos “Rincones”, la columna donde vertió toda esa nostalgia por el espacio de su infancia. La suya fue  una pluma que rescató para la literatura el bosquejo nostálgico de la aldea.
..