miércoles, 11 de julio de 2018

EL ALCALDE JUAN BAUTISTA MONTOYA Y LOS LOTES OCIOSOS DE MANIZALES

 

Alfredo Cardona Tobón
 
 

En la historia urbana de Manizales vale la pena recordar un documento del legajo 136, correspondiente al  año 1863 del Archivo  municipal; por ese entonces el ala radical del liberalismo  gobernaba  el Estado de Antioquia y  tras la entrada triunfal del general Tomás Cipriano de Mosquera a Manizales, el 16 de octubre de 1862, numerosos emigrados del Cauca  se establecieron en la nueva fundación.

En los años anteriores el gobierno local había cedido lotes a las  familias  provenientes de las provincias de Antioquia para que levantaran  sus viviendas. Con ello se buscaba impulsar el crecimiento de la población  y fortalecer la economía manizaleña, pero  no todos edificaron y se dio el caso de potreros en medio del caserío, conformados por los lotes cedidos a los inmigrantes.

En  vista de lo anterior el gobierno liberal   quiso rectificar esa situación que perjudicaba el desarrollo de la localidad fronteriza  y de  paso incrementar el número de copartidarios venidos del Cauca; se trató de una redistribución de la tierra urbana que infortunadamente no pudo hacerse, pues en 1864 la Revolución  de los Restauradores devolvió el poder a los conservadores quedando los lotes en manos de los acaparadores y malográndose el intento del alcalde Juan Bautista Montoya.

Pese a lo sucedido, es  interesante conocer esta parte trunca  de la historia local y divulgar el intento de los radicales de ocupar la   tierra urbana ociosa que frenaba el desarrollo urbano de Manizales.

El documento mencionado dice:

 “ El alcalde de Manizales, en uso del deber que le impone el artículo 50 de la ley de 14 de diciembre de  1856 sobre policía en general y teniendo en consideración:

1°- Que la Sociedad González Salazar y Cía y el gobierno cedieron a favor de los pobladores de este distrito una porción de terrenos destinados para el área de la población.

2°- Que el Cabildo parroquial de este distrito por acuerdo de 23 de marzo de 1857 declaró de la propiedad del distrito y para el uso común de los vecinos dicha área de población con cuarenta cuadras en circunferencia tomando por base cada lado de la plaza pública en su respectivo cuadro por cada lado.

3° Que el artículo del mencionado acuerdo dispone que  “ los solares del área de población no tendrán otra aplicación que es para edificar y debajo de ningún  pretexto  se le podrá  entregar a  vecino alguno solar que no sea con aquella aplicación, y si algún vecino después  que el entregare solar  lo destinase para otro uso, el alcalde lo entregara al que lo denunciare con el objeto de edificarlo.

4°- Que los artículos 14 y 20 del mencionado acuerdo disponen que el solar que se entregue a un individuo debe de edificarlo dentro de seis meses, quedando insuficiente la entrega de ningún valor y efecto si no lleva aquel requisito, perdiendo el derecho al solar aún cuando esté destacado o cercado de madera; y que los solares escuetos sin edificar se declaran vacantes desde dicho acuerdo.

5°- Que frecuentemente concurren del centro del Estado vecino multitud de familias laboriosas con el fin de domiciliarse y fijar residencia, la mayor parte de ellas pobres sin medios para comprar una propiedad de terreno  en que edificar, siendo este un inconveniente para desistir de su propósito de emigrar a otros puntos, perdiendo por este medio  su ingreso al Distrito de Manizales , si se atiende a que el aumento de brazos e industria le hace crecer en riqueza y prosperidad.

6°- Que multitud  de propietarios han encerrado cada cual en mangas, grandes porciones de terreno  del destinado para los pobladores ya por vía de compra, ya vía de gracia y donación  y la mayor parte sin  ser edificados ni cercados, cada solar en simetría, estimándose esto como una irregularidad ( y contravención al mencionado acuerdo, que debe  considerarse como ley del distrito).

DECRETO:

ARTÍCULO 1- Todo individuo que se considere dueño de un solar o solares sin edificar, presentará  a  la oficina de la alcaldía, dentro de ocho días el certificado de la entrega o titulo de propiedad que acredite su dominio y traslación.

ARTÍCULO 2- No embargante lo dispuesto en el artículo anterior, el que compruebe el derecho de traslación o propiedad está en el deber de principiar a edificar dentro del término de dos meses una habitación en cada solar, debiendo perfeccionar el edificio  según sus facultades dentro de seis meses contados de la publicación de este decreto, quedando sujeto a la pérdida del solar si no cumple tales condiciones.

ARTÍCULO 3- Los individuos vecinos que dentro del citado término de ocho días no  comprobaren  con títulos de propiedad el derecho con que se considera el solar o solares que posean sin haber sido edificados, se considerarán  sin ningún derecho a ellos y el alcalde procederá  a  adjudicarlos al primero que los solicite con tal que no haya obtenido esta gracia.

Ningún individuo tiene derecho a edificar un solar sin que la autoridad no le haya hecho formal entrega, pues de lo contrario quedará sujeto a las penas que la ley señala a los que usan o atacan la propiedad ajena.

Dado en Manizales  dos de agosto de 1863.

El alcalde Juan Bautista Montoya                El Secretario Eduardo Espinosa.”

En esa época aunque Manizales tenía una dinámica que le daba ventaja sobre las otras poblaciones del sur de Antioquia, no dejaba de ser un sitio de paso, pues de allí partían los colonizadores del norte del Cauca y norte del Tolima. De ahí el afán de los gobernantes en retener esa población flotante que llegaba y salía con las recuas y surtía las peonadas que abrían las grandes haciendas.

Vale anotar que  paralelo al interés oficial en el crecimiento urbano, estaba el interés personal de una clase dominante, que no solo retuvo las mejores tierras rurales, sino los lotes que pretendían entregarse a la gente sin techo. Esta es una parte de la historia que aún no hemos descobijado

 

 

domingo, 8 de julio de 2018

UN CAPITULO DE LA HISTORIA MILITAR DE ANSERMA


 PONCIANO TABORDA EN LA GUERRA DE 1885

Alfredo Cardona Tobón
 

Ponciano Taborda fue uno de los extraños   personajes que moldearon la  historia de Ansermaviejo  en las últimas décadas del siglo XIX y los primeros años del siglo XX: Fue testaferro de los negociantes de tierras, rematador de las tierras de los tabuyos, jefe de los conservadores del caserío, administrador del Resguardo indígena y en las guerras civiles  se le distinguió como Comandante Militar de una extensa zona del norte caucano.

Nada se ha escrito sobre las componendas de Ponciano Taborda para conseguir a bajos precios las tierras de los indígenas  o apropiarse de vastos globos baldíos; tampoco sobre sus  negocios como apoderado legal de los resguardos de Tabuyo y Tachiguí y menos de su actuación en las guerras de 1885, de 1895 y en la de los Mil Días.  Se ignora dónde nació y dónde murió, se sabe que fue  herido en el combate de La Pradera en el año 1900 y  también que tuvo graves problemas con los colonos de San Joaquín cuando fue corregidor de Anserma.

No parece que Taborda  hubiera acumulado riquezas  pues buscó  una pensión del  gobierno por una incapacidad producto de la herida; pero  tuvo  gran poder político como  veterano que luchó con valor por su partido  e hizo frente a las guerrillas  que infestaron la zona rural de Anserma.

LA GUERRA DE 1885

En 1880  los conservadores y el ala independiente del liberalismo llevaron a Rafael Núñez a la presidencia de la Nación  y con su triunfo los conservadores recuperaron el manejo de la cosa pública tras largos años de proscripción en el gobierno. Para frenar la beligerancia de los estados federales controlados por el radicalismo liberal, Núñez prohibió la importación de armas y para contrarrestar la oposición compró adhesiones a cambio de gabelas e igualmente sobornó a  políticos y militares  con recursos del erario.

Ante ese estado de cosas, el radicalismo liberal  cerró filas para atajar un segundo mandato del “Regenerador”; pero por disensiones internas del liberalismo, Núñez retornó a la presidencia en 1883. Es entonces, cuando la joven generación radical, acalorada y camorrera,  quiere tomar con las armas lo que perdió  en las urnas  en una guerra donde las fuerzas eran tan desiguales que a ojos vistas era un suicidio infalible.

El gobierno de Núñez derrota a los radicales en Antioquia, en las provincias del sur y en el Valle del Cauca, mientras el coronel Rafael Reyes, al servicio del gobierno, habilita un pontón carbonero  para transportar las tropas que toman el istmo de Panamá en tanto que en el río Magdalena se consuma la derrota radical en la batalla de La Humareda.

EN EL NORTE DEL ESTADO DEL CAUCA

La guerra también llegó al norte del Cauca. El 21 de enero de 1885  una fuerza nuñista conformada por riosuceños y ansermeños bajo las órdenes de Ponciano Taborda y del coronel Manuel Salvador Orozco, hermano de Pedro Orozco, hicieron frente en el sitio de ”Partidas” a una fuerza radical comandada por el coronel León Hernández. Los nuñistas corrieron con la peor suerte: murió Manuel Salvador Orozco, hirieron a Ponciano Taborda y también a los riosuceños Rubén e Israel Santacoloma.  Ansermaviejo quedó en manos de los rebeldes mientras el coronel Rafael Uribe Uribe se descolgaba por Santa Bárbara, triunfaba en Quiebralomo  y fijaba rumbo hacia Ansermaviejo;  su intención  era  unirse a las fuerzas de León Hernández para continuar  hacia el Valle del Cauca. Con la derrota de los radicales de Manizales en el combate de  Cartago, los planes de Uribe se frustraron, pues los dirigentes liberales de Antioquia, al considerar  inútil la continuación de la  lucha se sometieron al gobierno de Núñez.

Sin embargo,  pese a los descalabros radicales por todo el país, en la zona de Ansermaviejo continuaron los combates entre los rebeldes y las fuerzas gobiernistas comandadas por Ponciano Taborda cuya campaña se conoce  gracias a los  informes aparecidos en el “Registro Oficial del Estado del Cauca”.

 LA CAMPAÑA DE PONCIANO TABORDA

A las tres de la mañana del 2 de julio de ese año, Ponciano Taborda con una fuerza de 25 hombres salió de Ansermaviejo y con sigilo se dirigió a los pasos del río Cauca conocidos como  “El Charco” y “Arauca”, con el fin de impedir el paso de una columna rebelde que venía derrotada desde Jericó.

Al llegar  al sitio de “La Margarita” una avanzada gobiernista capturó  a dos rebeldes con dos fusiles Remington, una escopeta y abundante pertrecho. Se buscó al enemigo por trochas y caminos sin encontrar rastros de los fugitivos. Al caer la tarde, los gobiernistas regresaron a Ansermaviejo y allí les  informaron que los radicales de “Arenales”, hoy Belén de Umbría,  se  habían levantado en armas contra el gobierno.

Como a las seis de la tarde del día siguiente el corregidor de  Guática  avisó  que los rebeldes de Arenales, bajo el comando de Anastasio Vélez, estaban en el caserío de Arrayanal, hoy Mistrató, y se disponían a atacar la aldea de Ansermaviejo, amenazada igualmente por una  guerrilla que operaba en la zona de Quinchía.

A paso forzado los ansermeños se dirigieron  a Arrayanal a combatir a los rebeldes. Llegaron a la media noche. El  tiroteo es intenso, caen dos enemigos, pero ante la superioridad de la gente de Arenales,  Ponciano Taborda  se retira  estratégicamente para esperar el refuerzo de 35 hombres, dispuestos  a vencer o morir según expresó Taborda en un informe enviado a la comandancia general de Buga.

En el Alto de Yarumal  se concentraron  los ansermeños para preparar un nuevo ataque en medio de las sombras de la noche. No será fácil el asalto, pues en Arrayanal están atrincherados cincuenta radicales de Arenales  y  un grupo de voluntarios de Apía bajo las órdenes de Pedro Jiménez, un hombre famoso por su valor y  el manejo del machete.

 Taborda y sus hombres avanzan con cautela. Uno de sus capitanes penetra al rancherío por el costado izquierdo mientras otro capitán con  el resto de la fuerza sigue por la derecha con el objetivo de  encerrar al enemigo. Los rebeldes abren fuego y la columna de  Ponciano Taborda responde causando varias bajas. Los radicales,  acosados por dos  frentes, se retiran hacia el monte y toman  el camino a Quebradaseca donde desde días antes  han instalado un campamento.

Ponciano Taborda inicia la  persecución y con  las precauciones debidas va tras  los pasos de los derrotados. En Quebradaseca lo están esperando. El corneta toca a la carga y los ansermeños se lanzan como un solo hombre sobre los enemigos que son incapaces de frenar el asalto: unos huyen, otros caen traspasados por la bayoneta o acribillados por las balas.  El comandante liberal  Anastasio Vélez hace frente a los atacantes; dispara su Remington y al fallarle el arma desenfunda el machete y lucha hasta que le tronchan la vida a filo de peinilla. En el campo quedan tendidos nueve radicales y el campamento queda a merced de los nuñistas.

Sin descansar un minuto, los vencedores se reagrupan en  Arrayanal y siguen tras los fugitivos;  capturan a Pablo Cobo,  uno de los jefes rebeldes y a Jesús Ocampo, miembro de la Junta Repartidora de Compartos en Apía, junto con Manuel Morales, posta y espía del enemigo

Así termina un capítulo de la vida de Ponciano Taborda, cuyas hazañas se repiten el 7 de enero de 1900 en el sitio de La Pradera. Pero ese es otro tema en la historia militar  de Anserma.