sábado, 21 de julio de 2018

- HOMENAJE AL PADRE GUILLERMO DUQUE BOTERO-


-EL HISTORIADOR DE PROVINCIA-

 

_ Hugo Ángel Jaramillo-

-Salamina junio 8 de 1985-

 

-Conferencia dictada en la Casa de la Cultura de Salamina en el homenaje al presbítero  Guillermo Duque Botero, que incluyó un acto solemne con copa de champaña, pergamino y medalla. Los escritores Alfredo Cardona T y Eliecer Zapata Bonilla, presidente y vicepresidente del  Centro de Investigaciones Históricas de Centro- Occidente de Colombia, organizaron el acto con Hugo Ángel y Victor Zuluaga como invitados especiales y la presencia de destacados personajes de Caldas y Risaralda-

En la foto izquierda a derecha: Hugo Angel Jaramillo, Eliecer Zapata, padre Guillermo Duque B.
 

Texto de la conferencia  de Hugo Ángel:

“Señor presbítero Guillermo Duque Botero, distinguidas autoridades presentes, señores intelectuales, señoras y señores:

El Centro de Investigaciones Históricas del Centro-Occidente de Colombia ha depositado en mis manos el inmenso honor de ser el oferente de este acto de homenaje  que se le tributa hoy al ilustre presbítero y doctor Guillermo Duque Botero, sin presumirse de erudito o experto para juzgar los inmensos méritos  que enaltecen a tan distinguido personaje;  permítaseme ofrendarle estos modestos párrafos de querencia cálida brotados del fondo de mi espíritu:

En retrospecto de los tiempos históricos y rememorando  a Píndaro;  como entreacto de este prólogo tendríamos que decirle a Salamina con honda entonación poética: “Esta ciudad querida quiero vestir de llamas con mis ardientes cantos, y más veloz que un potro de rauda galopada  que una nube alada, por doquiera mi mensaje haré público”.

Desde aquellos tiempos lejanos en que apenas Sabanalarga se proyectara como un cantón de Rionegro de la provincia de Antioquia y apenas era una perspectiva de municipio ebullendo entre las mentes de sus fundadores;  desde ese entonces se proyectaban visiones promisorias a lo que habría de ser más tarde Salamina o la “Madre de los pueblos”, como la bautizara atinadamente su máximo historiador aquí presente.  Con el transcurso del tiempo y como una profecía bíblica; desde estas tierras habrá de generarse una riada de pueblos de importancia y su influjo de cultura nueva trasplantada, irá llegando paulatinamente hasta las tierras del promisorio Cauca y del Valle de Risaralda.

Tal como abejas trasplantando polen, el brazo henchido del colonizador antioqueño, seguido fielmente por sus abnegadas mujeres de vientre inflamado permanentemente; irán transmontando montañas y vadeando ríos  de la naturaleza vírgen y, tras de sí los nuevos amaneceres de una epopeya que nos enaltece ante el continente americano, como lo fue la colonización del occidente colombiano.

Séanos válido rememorar aquí las figuras epónimas de los titanes que dieron  la génesis de Salamina y como si fuera poco empeño éste, agregaron en su periplo aventurero la fundación de otros poblados. Nicolás y Antonio Gómez, Francisco Velásquez, Fermín López el coloso, Juan José Ospina, Juan de Dios Aranzazu , Francisco Marulanda Londoño, José Ignacio Gutiérrez Arango, Henrique Umaña y a la figura procera del general Santander quien como supremo gobernante de la Patria, diera su aquiescencia para la vida orgánica del naciente municipio.

En este pueblo generoso habrían  de germinar las mentes promisorias de hombres que con inteligencia, talento y  modulación de pensar; irían a irrigar su escuela en gran parte de nuestro territorio antiguo del Gran Caldas.

Parece como si el olor de la buena tierra se simbiotizara en armonía con el hombre prar iluminarle los senderos de la mente y motivarlo hacia la gesta colonizadora del desarrollo.  Después de colocada su punta de lanza norteña y detenida su brújula momentáneamente; los pioneros fueron oteando el horizonte arisco de una geografía lujuriosa y, sembrando la semilla del buen grano, forjaron  una etnia plena de atributos y de empresa.

En Salamina existe una presencia de rara gestación humana; la misma que de tarde en tarde la naturaleza entrega a los pueblos de dones especiales;  la conjugación de la belleza de sus mujeres y la inteligencia de sus hombres. Ciudad ilustre y pródiga, semblanza de una estirpe y de un pasado altivo que, al tanto del paso de la historia abarca dos periplos históricos de  ochenta años cada uno, dividido por igual para Antioquia y para Caldas.

Tierra de letrados, de poetas, escritores e historiadores; juristas, médicos, ingenieros y otras profesiones dignas del quehacer humano, dadores de glorias al maravilloso pueblo de donde vieron sus primeras luces.

Don Juan José Ospina uno de sus preclaros hijos, hombre letrado conocedor de la Grecia Helénica y su historia, dióle un día por bautizarla con el sonoro nombre de la isla griega en donde Temístocles cantó su himno de victoria contra los bárbaros persas en gloriosa batalla relievada por la historia.

El hábitat y la cultura se han fusionado aquí para dar vida a lo que los etnógrafos denominan como “área cultural”. Área ubicada sobre el norte de Caldas y expansionada  con grandes influencias hasta lo que fuera el Gran Cauca o su apertura geográfica. Y como dijera Herskovits, tiene la ampliación de un mural, no la delicadeza de la miniatura.  Este viene a ser el centro donde se adensan  los rasgos específicos constituyentes del núcleo de un área tanto materiales como culturales.

Pautas y rasgos  conductales incubados en “la Ciudad Luz” , en un marco ecológico que hace parte fundamental  de la vida del hombre y sugestiona hasta nuevas variantes y  aperturas orientadas a nuevos polos del progreso y la cultura heredada de un grupo étnico. La migración constante de sus gentes, ha continuado nutriendo con su inteligencia y capacidad de desarrollo a muchos centros de la patria.

Pero todos estos jalones e hitos de la historia ya han quedado sembrados a la vera del camino. Hoy Salamina se viste de gala para exaltar a uno de sus más preclaros hijos, como lo es el presbítero y doctor Guillermo Duque Botero, eximio historiador de esta noble tierra y figura relievante dentro del clero colombiano.

El padre Botero como cariñosamente se le llama, llega a la vida en esta augusta tierra en el año de 1913,y, desde entonces vendrá tatuados con la vocación innata de Pastor de Almas, de servicio al prójimo.  Cruza por los seminarios nuestros y se encumbra hasta Europa para hacer su anclamiento en la Universidad Gregoriana de Romay, de regresos nuevamente a su patria consigue su doctorado en la Universidad Pontificia de Bogotá. Regresa a Europa frisando el año de 1939, donde consigue la ordenación sacerdotal en la Archibasílica de San Juan de Letrán.

Con todo este bagaje de filosofía y de derecho canónigo acumulados, al igual que los monjes de la antigüedad y los depositarios de la sabiduría griega, cual Tucídides moderno se inclina reverente para recoger con paciencia benedictina, los rastros de la historia de su pueblo, de sus hombres, de sus raíces.

El historiador demostrando el inmenso cariño por su terruño, escarmena con juicio entre datos apolillados y documentos de no fácil accesos, complementados con el testimonio oral de sus mayores;  todo un pasado de testimonios, de recuerdos que vienen desde el viejo campanario hasta el presente. La Historia del municipio, de la provincia;  al contrario de lo que muchos creen como limitada a la parroquia; representa un fascículo más, pleno de vibración y de compendio de lo que es la patria. Quien quiera sumergirse en la búsqueda  de la identidad cultural de la nación tan perdida en la metrópoli, tendrá necesariamente que bucear en las costumbres primarias de los pueblos e ir auscultando, tenuamente, como se ha formado la nacionalidad. Allí radica el mérito del historiador provinciano, pues, no todo ha de ceñirse   a la historia de los héroes ni de sus gobernantes epónimos; si el río de la historia patria parte de las cosas y de los hombres sencillos que la han construido amorosamente desde todas las latitudes de la geografía, empuñando la azada o la pluma;  con el mismo cariño que el guerrero que defendió su independencia o el jurista creador de las instituciones.

Los méritos del padre Duque como investigador  y letrado ya estab avalados desde cuatro décadas atrás, cuando irrumpe en el firmamento de las letra con su primera obra “El nombramiento de los Obispos en Colombia y en la disciplina general  de la Iglesia”. Habrían  de ir llegando luego dentro de su cosecha intelectual “Apuntes  para la historia del Clero de Caldas2, “Semblanza del señor Marco Aurelio Arango”, “Aguadas, Alma y Cuerpo  de la Ciudad”, “Historia de la Sociedad de San Vicente de Paul de Salamina”; “Apuntes para la historia del Combate y la Esponsión de Manizales” y la “Historia de Salamina” en dos voluminosos tomos.

Ensayista y periodista, catedrático y educador, miembro de la Academia Antioqueña de Historia, socio correspondiente del Instituto Genealógico brasilero, de la Academia Costarricense de Ciencias Genealógicas, Académico de número de la Academia Colombina de Historia Eclesiástica de la Universidad Pontificia Bolivariana, miembro correspondiente del Centro de Historia de Manizales y del Centro de Historia de Sonsón, Socio de número de la Casa de la Cultura “Agripina Montes del Valle de Salamina.

Eminente personaje del sacerdocio y políglota dominante de cuatro idiomas: griego, latín, italianos y francés. Es decir, toda una vida consagrada al estudio y a la exaltación de la virtud. Acumulación intensas de dones y de méritos, de consagración exhaustiva hacia el trabajo del intelecto serio; ha sabido conjugar en plena simbiosis y con suficiencia  magna los deberes del sacerdote y de la cátedra, con el duro y paciente oficio de las letras.

Inmerso  en sus virtudes y sencillo en su sabiduría; sin el alarde del científico ni la prepotencia del dogmático, el sabio salamineño que hoy le rinde tributo y admiración el pueblo amado y, un selecto grupo del Centro de Historia de Manizales y del Occidente colombiano, merece este sentido homenaje y muchos mas; pues, apenas es el tácito deber de colombianos, rendir culto y exaltar los méritos de los valores patrios que, como el padre Duque Botero, son los emblemas enhiestos de una nacionalidad que nos cobija y, por ende, el orgullo del patrimonio que hemos esgrimidos por tantos años en América, tierra de hombres pensantes y letrados.

Mucho podría agregarse en pro de la vida del ilustre homenajeado; digamos que, sintetizando avaramente y sin llegar a un largo panegírico  como testimonios  a sus merecimientos especiales; reciba, apenas, con toda admiración de sus compatriotas estas humildes letras de un hombre que eleva al Creador su corazón para que conserve a su eminencia por muchos años más, porque su gloria ya está inmersa como paradigma de las futuras generaciones nacionales.”

-Hugo Ángel Jaramillo-

Salamina- junio 8 de 1985.

 

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