viernes, 29 de junio de 2018

LUIS CARLOS STYLES VINASCO


Alfredo Cardona Tobón*
 
 

A las cinco de la tarde del primero de  noviembre de 1865 se trasmitió el primer telegrama en Colombia en el tramo entre Bogotá y la población de Mosquera. El  ingeniero norteamericano Carlos Lee Styles envió el siguiente texto al presidente Murillo Toro:  “El telégrafo eléctrico ha subido a los Andes colombianos y envía su primer saludo al digno presidente de esa república”.

El  mandatario  respondió al señor Guillermo Lee Styles: “Gracias muy sinceras, señor Styles, compañero y discípulo del inmortal Morse. El nombre de usted será grabado con buril eterno en los anales de nuestra patria, como importador de uno de los más notables inventos del presente siglo. Reciba usted mis congratulaciones por el feliz éxito con que van coronándose sus esfuerzos y los del gobierno. Paz a los hombres de buena voluntad y gloria para los obrero de la civilización cristiana.”

Con eso dos  mensajes empezó la era del telégrafo en medio de las  dificultades, de los  obstáculos y las  reticencias de un país lleno de mañas y prejuicios. Hubo que acudir a los  maestros y a los  párrocos para que desde las aulas y los púlpitos  trasmitieran mensajes para evitar que los  vándalos destruyeran  los postes del telégrafo y los convirtieran en leña o echaran mano  a los cables para hacer las cercas de los potreros.

Pese a las adversidades, el ingeniero norteamericano Carlos Lee Styles se amoldó a las difíciles condiciones tropicales y adoptó este país como su patria; incansablemente trabajó en varios frentes de Antioquia y del Cauca, estableciéndose por varios meses en Manizales  y en Marmato. En esta última población  contrajo matrimonio con Jesusita Duque, constituyendo el tronco familiar de los Styles caldenses, entre los cuales figuró  Carlos Styles Vinasco, nacido y criado en las faldas de la población de Belalcázar.

DE GUAYACÁN Y ACERO

Cuando Luis Carlos Styles Vinasco agotó las posibilidades de progreso en su aldea natal fijó rumbo a Manizales, en donde al empezar la llamada República Liberal se vivía una de las más intensas y brillantes etapas de la vida intelectual  del país. Al joven provinciano no lo anonadaron  las luminosas mentalidades  de la capital caldense; no traía pergaminos académicos, tan solo los rudimentos de la educación primaria, y tampoco  pertenecía a las elites azules del Ruiz, pero traía el halo de un rebelde que lideraba  la juventud de la provincia ansiosa de cambiar el mundo tras décadas de ostracismo

Carlos Styles buscó su espacio en una sociedad  copada  por el aguerrido Aquilino Villegas, Hernando de la Calle, docto y profundo; por Alfonso Villegas Arango, pedagogo y traductor;  Samuel Velásquez, novelista y poeta;  Victoriano Vélez, también novelista;  Emilio Robledo, historiador y sociólogo,  tras los cuales iba pidiendo pista la generación de Silvio Villegas, Bernardo Arias y Alzate Avendaño…

Acomodarse en ese tren de elegidos parecía imposible, pero al  remplazar transitoriamente al jefe de redacción del periódico “El Liberal” , Styles se hizo notar y empezó a romper el hielo manizalita.

“Carlos Styles- escribió Bernardo Arias- ha llegado  de Belalcázar, teatro de sus luchas a formar parte de la redacción de  este diario.  Al saludarlo fraternalmente le decimos,  aunque él lo sepa,  que esta casa es muy suya, y nosotros, admiradores permanentes de su talento, de su cultura de su carácter y de su voluntad”

Después de su inicio en “El Liberal”, Carlos Styles  dirigió con Gilberto Agudelo la revista “Atalaya”, una publicación que fue la caja de resonancia de la inteligencia regional. A la par del periodismo, Carlos Styles participó en  las campañas de su partido:   Fue miembro del Directorio de Manizales, diputado,  ponente del proyecto de creación de la Universidad de Caldas, autor del proyecto  de Cementos Caldas, impulsor de la educación secundaria en varios municipios del departamento y veló por el progreso de la aldea de “La Libertad”, en el municipio de Risaralda, que desapareció cuando las fuerzas retrogradas desterraron a sus habitantes y Roberto Robledo, dueño de los terrenos adyacentes, compró los ranchos desocupados y les prendió fuego.

En el año de 1950  las circunstancias políticas obligaron a Carlos Styles a abandonar su terruño y rumiar su nostalgia en Manaure . Allí  invirtió los restos de su  aporreado capital en faenas agrícolas mientras su pluma se agitaba con el  viento guajiro. En una carta dirigida  al doctor Roberto Ordoñez Peralta, rector de la Universidad Libre, Styles  plantea sus inquietudes sobre el destino de la Universidad y su compromiso con el pueblo.” Es urgente que la Universidad  venga al campo, que no se quede en la ciudad que la viene absorbiendo, que venga a las rancherías inmundas en donde el hombre que trabaja aprieta su miseria sin esperanza… debe fomentar la cultura y la ayuda al campo para sepultar los odios que nos matan, acabar con las epidemias que  nos azotan, vencer los vicios que nos degradan y acabar con los delitos que nos agobian”

Antes de retornar a su tierra, Carlos Styles trabajó como Síndico de la Administración de Hacienda del departamento del Magdalena, luego se vinculó  al Tribunal Superior  de Pereira y posteriormente a las notarías Primera y Segunda de esta ciudad. Al crearse el departamento de Risaralda formó parte  de su primera Asamblea y repitió curul en la de 1974 al lado de Gloria Gaitán.

Carlos Styles mantuvo vivo en Pereira el culto a la memoria de Oscar Terán, de quien aún existe un busto en la intersección de la Avenida 30 de Agosto con la antigua calle de San Jerónimo. Oscar Terán, para quienes desconocen sus méritos, fue un legislador, diplomático, historiador y jurista nacido en Panamá cuando el istmo perteneció a Colombia y uno de los dos senadores de esa sección que se opuso a la separación. Cuando el poeta y periodista Alfonso Mejía Robledo, vivió en Panamá trabó amistad con la viuda de Oscar Terán, quien la enterarse de la devoción de los pereiranos por  su esposo, obsequió su busto como testimonio de gratitud.

En los años ochenta del pasado siglo  un grupo selecto de patriarcas se reunía en las instalaciones del Gran Hotel a divagar sobre lo divino y lo humano. Allí estaba Mario Gartner de palabra grácil y Carlos Styles con la voz de una provincia que por muchos años ondeó sus banderas.  “Ingratitud es el vergonzoso olvido de los muertos”!- decía Martí. Ahora pocos recuerdan a Luis Carlos Styles Vinasco, como mañana olvidarán a Camilo Mejía Duque y demás servidores de la comunidad. Pobre sociedad que  vive al día, cambia sus afectos por promesas  y su futuro por miserables platos de lentejas.

 

*historiayregion.blogspot.com

 

 

 

 

 

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