sábado, 2 de junio de 2018

EL OBISPO MIGUEL ÁNGEL BUILES Y SUS VIRTUDES HEROICAS



Alfredo Cardona Tobón
 

Donmatías es un pequeño pueblo al norte del Valle de Aburrá con un riachuelo  que lo atraviesa arrastrando pequeños trozos de sulfuro de hierro, que de lejos parecen pepitas de oro. En su clima maduran frutos de tierra fría y lozanas muchachas de tez blanca y mejillas sonrosadas que hacen honor a la  llamada “raza antioqueña”

Además de  sus pandequesos y los derivados de la leche, Donmatías   se distingue  por ser uno de los más grandes viveros de sacerdotes, monjas y misioneros de Antioquia y la cuna  de  Miguel  Ángel Builes, un  obispo  distinguido como siervo de Dios y aspirante a la beatificación, gracias al cabildeo de sus  coterráneos en El Vaticano y a  la labor incansable de las hermanas de la Congregación de las Teresitas, atentas a  la menor manifestación milagrera de Builes.

La exaltación  de monseñor Builes ha creado indignación en varios sectores colombianos que recuerdan tiempos amargos de la historia  y a San Ezequiel  Moreno, otro obispo  atizador de la violencia y de la persecución contra el liberalismo colombiano al que calificó de ateo y comunista, de perverso y pecaminoso.

El  obispo Builes inyectó odio a la comunidad antioqueña  y fue enorme el dolor  que llevó  fray Ezequiel Moreno a las tierras del sur. Los dos obispos, el uno paisa y el segundo español, murieron sin reparar los daños causados: Builes murió en  Medellín y Moreno en un convento  de su tierra natal, donde ni el cáncer  que lo afligió en sus últimos años logró morigerar su temperamento.

En 1930 el dirigente liberal Olaya Herrera ocupó la presidencia de la República y el obispo Builes asumió facultades que  nadie le había conferido al pretender que la cúpula eclesiástica lo acompañara en la campaña  contra la república liberal  que tornaron violenta los llamados “curas guapos” de Santanderes, Boyacá y Occidente del Viejo Caldas. "Los obispos que no defenestran desde el púlpito la apostasía roja- decía el alto prelado- no son más que perros echados" y así continuaba echando leña a la pira insensata de la violencia.

UNA INFAUSTA RECORDACIÓN

En 1949 los “pájaros” y la policía “chulavita” desplazaron  a centenares de familias del occidente caldense. Muchas viajaron a Cali, otras a Pereira o Medellín  y Roberto Patiño, un honorable ciudadano oriundo de Donmatías,  aunque afiliado al conservatismo, creyó más prudente salir de Quinchía y trasladarse a su tranquilo  pueblo natal,  donde afilió su   bus escalera a Transportes Ochoa para hacer recorridos a Yarumal y Santa Rosa de Osos.

Roberto Patiño  con su familia, el suegro y un  sobrino político se instalaron en Donmatías en una amplia casa con pesebrera, huerto con papayuelas y cerca de piñuela, situada a la vera de una calle recubierta con huesos que enterraban como si fueran piedras. Era un lugar idílico hasta entonces. Pero todo empezó a cambiar un domingo a fines de  1949. Ese día de mercado empezaron a oírse desde el altoparlante de la iglesia, numerosas  arengas contra los comunistas y los presuntos aliados  liberales, señalándolos de descreídos, enemigos de Cristo, bandidos, perniciosos y dañinos para el resto de la comunidad

Los sacerdotes de la diócesis de Santa Rosa de Osos replicaban las consignas de monseñor Builes contra unos ciudadanos que nada tenían que ver con Rusia y el  materialismo moscovita y cuyo único pecado era no votar por las listas de Laureano Gómez.

Fue un largo día... De los  denuestos se pasó a las pedreas y  a los ataques físicos; dos  viviendas cercanas a la casa ocupada por Roberto Patiño  sufrieron los embates de la turba fanática  mientras Roberto y los suyos esperaban lo peor, pues ya se había corrido el rumor de que venían de una zona infestada por el flagelo rojo.
Fue tal el pánico de Roberto Patiño en Donmatías  que trasteó de nuevo los corotos y en una madrugada repasó el camino y regresó a Quinchía, donde tenía amigos y la chusma azul que controlaba por ese entonces el pueblo lo contaba entre los copartifarios.

LAS ACTIVIDADES DE BUILES

El obispo de Santa Rosa de Osos se entrometió en casi todos los aspectos de la vida colombiana: “Gobernantes de mi patria abrid los ojos- tronaba en uno de sus discursos- ¿Cómo es que olvidáis dictar  leyes que rechacen al moscovita ateo  que mancha con su planta inmunda nuestro suelo?. ¡Soldados de mi patria! ¿Para qué  recibisteis la bandera tricolor y jurasteis defenderla, si ahora la arrojáis por tierra para que la pise el ruso infame?. Ya suenan los clarines al combate. Vuestra misión es defender la patria. ¡Atrás el extranjero¡. ¡Viva Colombia!.”

Dos meses después del nueve de abril de 1948 y la muerte del caudillo Jorge Eliecer Gaitán, el obispo Builes incitó al aniquilamiento, al menos moral, de los liberales. Para Builes, el dirigente conservador Laureano Gómez, uno de los mayores impulsores de la violencia política,  era el personaje providencial enviado por Dios para salvar a Colombia.

Miguel Ángel Builes no solamente  se fue contra los opositores políticos sino contra los carnavales,  los paseos de las mujeres solas, el cine, las novelas y  la radio y se opuso a los reinados de belleza considerados por el alto jerarca católico  como nuevo pábulo de las pasiones más vergonzosas. El Obispo  condenó el baile y se fue lanza en ristre contra la autonomía universitaria y escuelas normales establecidas por el gobierno.

En su celo apostólico Miguel Ángel Builes estableció dos nuevos pecados femeninos en  su diócesis: la utilización de los pantalones y montar a caballo a “lo hombre”, con el agravante que solo él y ninguno otro sacerdote podía absolverlos.

Se abona a monseñor Builes su labor incansable a favor de la iglesia católica: fundó cuatro comunidades religiosas, creó 23 parroquias, construyó edificios, dio vida al Seminario de Misiones  y levantó  la Basílica menor de Nuestra Señora de la Misericordia. Fue amado por muchos y detestado por otros; fue admirado por los feligreses conservadores y odiado por los  liberales.

 Tras 43 años de servicio, monseñor Miguel Ángel Builes murió en Medellín  el 29 de abril de 1971  a la edad de 80 años.

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