jueves, 19 de abril de 2018

MARTÍN GÜEMES Y LOS GAUCHOS INFERNALES


Alfredo Cardona Tobón

 

“Allá va  ese Martín Güemes

Barba florida y entera

Con sus gauchos infernales

Defendiendo la frontera”  -    ( Chacarera -)

 


En el sur del continente los gauchos de Salta y Jujuy, al igual que los llaneros del  Meta y el Orinoco de las sabanas colombianas, sostuvieron  una lucha a muerte contra los españoles.  Unos y otros   fueron  jinetes extraordinarios  que tras sus caudillos llevaron la libertad en el anca de los caballos.

Los llaneros del Casanare frenaron las invasiones realistas a su territorio y constituyeron  la  columna vertebral del ejército patriota  que cruzó los Andes   para liberar a la Nueva Granada; los  gauchos, por su parte, protegieron la frontera con el Alto Perú, apoyaron  el avance del general San Martin a territorio peruano   y  facilitaron la liberación de Chile.

Mientras en Buenos Aires la “Patria Niña” se debatía entre  la desorganización y el caos, las fuerzas españolas se fortalecían en el virreinato del Perú y amenazaban el noroeste del Rio de la Plata. En 1815 los españoles derrotaron en Sipe-Sipe al Tercer Ejército Auxiliar  y con la  frontera desguarnecida y ante la inminente invasión realista, el gobernador patriota de Salta, Martin Miguel de Güemes, buscó infructuosamente el auxilio de Buenos Aires.

Con recursos de Salta y Jujuy,  Güemes conformó inicialmente una fuerza  de 336 gauchos oriundos de  Salta, Jujuy y Tarija, comandados por  16 oficiales. Eran mestizos e indígenas trashumantes, diestros con el facón y la lanza, montoneros  e indisciplinados, guerrilleros por vocación, jinetes excelentes que peleaban a caballo  o desmontaban para convertirse en fieros infantes armados  de machete. Güemes los llamó “Los Gauchos Infernales”  pues como seres del averno atacaban con furia utilizando el ruido como arma para llenar de pánico al enemigo.

Para protegerse de las zarzas, los gauchos utilizaban amplios zamarros o guardamontes de cuero que golpeaban con sus rebenques creando un  enorme estruendo; se recuerda la noche del 5 de mayo de 1817 cuando amarraron un cuero encendido a la cola de un caballo que corrió desbocado en medio  del campamento español, atrás arriaron una partida de yeguas cerreras asustadas por sus gritos y luego cabalgaron los gauchos sembrando la muerte entre sus enemigos.

 MARTIN MIGUEL DE GÜEMES

 
Los gauchos lucharon  bajo las órdenes de Martín Miguel de Güemes y de sus lugartenientes Manuel Álvarez, Luis Burela y Juana Azurduy; más que las ideas ellos seguían a sus caudillos y cuando se les convocaba para la guerra,  lo hacían con sus pertenencias: “pilchas”, poncho, caballo, apero, lazo, guardamonte, facón y boleadoras.

Martín Miguel Juan de la Mata de Güemes Montero y la Corte  nació en la actual provincia de Salta en 1783. Nieto de un general español  fue estanciero por vocación. Por  herencia inició la carrera militar como cadete de la guarnición de Buenos Aires, luchó contra los ingleses en 1806 y 1807 y al estallar la revolución  de mayo de 1810  Güemes se incorporó al ejército patriota  bajo las órdenes de  San Martín, quien le confió la defensa de la frontera noroeste del Rio de la Plata


Poco auxilio  prestó el  gobierno de  las Provincias Unidas al caudillo de Salta que fue  un hombre entregado a su gente y a una causa; como debió establecer contribuciones forzosas para sostener la causa libertadora, el Cabildo de Salta lo tildó de  tirano y  aprovechando una ausencia lo  privó  del mando que recuperó pacíficamente ante la amenaza de otra invasión maturranga.

El   coronel realista José María Valdez atacó la  ciudad de Salta y sorprendió a Güemes, como se lee en la carta que envió desde Paris  el  coronel Jorge Enrique Widt  al general Domingo Puch: ”Nosotros estábamos acampando a una legua, más o menos de Salta, organizando las fuerzas de la provincia para marchar al encuentro del enemigo, cuando el General Güemes tuvo la fatal idea de ir, durante la noche, escoltado, por algunos hombres de caballería de la ciudad, a objeto de tomar allí personalmente algunas disposiciones. Había echado a tierra cuando a media noche la infantería española, desembocando por una quebrada, entró a Salta, cubriendo inmediatamente todas las salidas y no dando tiempo al general Güemes sino a montar a caballo para atravesar dos pelotones de infantería que ocupaban las bocacalles, pasó sobre el cuerpo de infantes, pero recibió un balazo que algunos días después le llevó a la tumba”.

Güemes siguió a caballo hasta su hacienda a dos leguas de Salta  y  el 17 de junio de 1821 murió desangrado  en la Cañada de La Horqueta, a la intemperie y en medio de sus hombres. Fue el único general argentino caído en acción de guerra con enemigo exterior. Sus gauchos como homenaje póstumo recuperaron a Salta y desalojaron las tropas españolas del coronel José María Valdés. “Ya tenemos un cacique menos” comentó la prensa bonaerense, desconociendo la gloria de Güemes cuyos  restos reposan en el Panteón de la Gloria del Norte en la catedral Basílica de Salta.

La “Guerra Gaucha”, librada por Güemes entre 1814 y 1825,  y  la  guerra de los llaneros de Colombia y Venezuela  contra los españoles, tuvieron  estrategias similares:   No dejaban recursos al invasor, la población civil huía con las provisiones y quemaba sus ranchos; los  jinetes emboscaban, eliminaban a los retrasados, y embestían la retaguardia evitando el combate abierto que solo emprendían contra las  partidas que se separaban del grueso del ejército enemigo.

Colombia reconoció la  gloria  de sus llaneros,  pero en la Argentina ignoraron por más de un siglo  la lucha de Güemes con sus “Gauchos infernales”. Hubo que esperar al siglo XX para hacer justicia a los indomables centauros que salvaguardaron sus fronteras.
 
TOMADO DE  UNA PUBLICACIÓN DE SALTA

EL DÍA QUE MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES, A CABALLO, CAPTURÓ UN BUQUE INGLÉS

Junto a un grupo de jinetes el salteño capturó el barco 'Justine' en el Río de la Plata
 


salta

viernes, 17 de junio de 2016 · 18:12

SALTA ─ Martín Miguel de Güemes, el líder de la guerra gaucha que frenó el avance español con sus tácticas guerrilleras, nació en Salta el 8 de febrero de 1785. Estudió en Buenos Aires, en el Real Colegio de San Carlos. A los catorce años ingresó a la carrera militar y participó en la defensa de Buenos Aires durante las invasiones inglesas como edecán de Santiago de Liniers. En esas circunstancias fue protagonista de un hecho insólito: la captura de un barco por una fuerza de caballería. Una violenta bajante del Río de la Plata había dejado varado al buque inglés "Justine” y el jefe de la defensa, Santiago de Liniers ordenó atacar el barco a un grupo de jinetes al mando de Martín Güemes.

Desde el río, el buque Justina azotaba con sus cañones a las tropas criollas que querían acercarse al fuerte por la costa o por las calles cercanas. El barco había peleado con fiereza con sus 26 cañones y sus más de 100 tripulantes entre oficiales y marineros. Pero el río traidor les jugó una mala pasada. Una bajante repentina hizo que la nave encallara a pocos metros de la costa.

Enterado de ésto, Liniers se dirigió a Güemes y le ordenó que al frente de un escuadrón de Husares de Pueyrredon siguiera al barco desde la costa. Pero Martín y sus gauchos se salían de la vaina por atacar a los invasores. Contrariando la orden de sus superiores, miró a sus soldados y las sonrisas de sus compañeros de guerra lo envalentonaron. En ese momento tomó las riendas, taconeó a su caballo y enfiló hacia el río al grito de carga. Sus soldados lo siguieron envueltos en un grito que dejó pasmados a los tripulantes de la nave.

Los caballos enfrentaron al río color marrón bufando y relinchando, mientras sus jinetes disparaban sus armas, tacuaras y sables en mano, y desde La Justina devolvían el fuego.

Güemes y los suyos llegaron hasta el buque atacándolo por todos los flancos y sucedió lo imposible: el capitán del barco inglés levantó un trapo blanco en señal de rendición.

 Martín ordenó el alto el fuego y abordó la nave para hacerse cargo. Los ingleses, entonces, descubrieron que habían perdido la batalla a manos de un jovencito alto, moreno de ojos profundos que hablaba con un acento extraño.

 Para esos jinetes que realizaron el bizarro abordaje, el río color de león había sido el campo de batalla más movedizo que habrían de conocer.

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