martes, 13 de marzo de 2018

MERARDO LARGO TREJOS Y LA LENGUA UMBRA

Alfredo Cardona Tobón*
                                 Alumnos en la escuela umbra


  Merardo Largo Trejos, quizás por última vez en su vida, observó la mole imponente del cerro Batero y con un nudo en la garganta se acomodó en un vehículo protegido por la policía; era el 23 de enero de 2001 cuando junto con su familia inició un viaje a lo desconocido dejando atrás bienes, las azaleas floridas del jardín, los recuerdos, los sueños y las cenizas de los mayores.

Ahora, mirando el bosque de abedules en una fría aldea extranjera, Merardo  recuerda una mañana de 1970, cuando a los siete años de edad  jugaba con una papayuela con cuatro palitos  a modo de patas  y  escuchó a su abuela que gritaba:        ¡ Carambuche¡- ¡Carambuche¡ a un marranito que  le quitaba el alimento a otro más pequeño.  Mucho tiempo después supo que carambuche significa ladrón en una lengua que agoniza con la etnia umbra de los nativos ansermas.

La abuela habla muy raro, pensaba Merardo, pues entre el castellano enredado la ancianita mezclaba palabras como calambimbes para identificar a los borrachos, bizojka por mazamorra o kurumoicai por hombre enamorado.
                                            Merardo  Largo Trejos
Al cumplir los nueve años de edad Merardo Largo inició sus estudios primarios en la escuela de la vereda; allí alternó con Guapachas. Ladinos y Tapascos, que se expresaban en castellano, y con otros niños de apellido Siagama, Guasarabe y Nurcuricuma que le enseñaron a comunicarse en la lengua chamí. Fueron años escolares muy duros, con remiendos sobre remiendos de la ropa, mal alimentados y discriminados por los mestizos de Quinchía y Riosucio

Poco a poco Merardo se fue dando cuenta de que no solo su abuela sino otros ancianos de Mápura se expresaban en un lenguaje diferente al chamí. Para despejar las dudas preguntó a su papá, quien para salir del paso dijo que hablaban el lenguaje de los místeres, pues eran descendientes de los ingleses que llegaron a explotar las minas de oro de la región

En 1976 Merardo ingresó a la Escuela Hogar Juvenil Campesina de Riosucio, Caldas, donde conoció a un profesor de Técnicas Agropecuarias oriundo de Estados Unidos, que  apenas balbucía unas palabras de castellano. Como Merardo había regado el cuento que sabía inglés pues su abuela era inglesa, el profesor Jimmy le saludó en ese idioma. Como Merardo no le entendió Jimmy le dijo en mal castellano que hablara en el lenguaje de su abuela:

 -“Pachaino indigoram creyendo a bamboruna”- fue la respuesta de Medardo.

- ¿Quién enseñarte ese inglés?

- Mi abuela, que es inglesa-

-Ah carrambas, le dijo Jimmy sonriendo, decir a tu abuela que te engañó, que devolverte la plata de la enseñanza.

De regreso a casa, Medardo contó lo sucedido   y el papá, también entre risas, le confesó que la viejita no era inglesa, que era una mema como todos ellos y que sus palabras pertenecían a una lengua extraña que él mismo desconocía.
                                   Rigoberto Guarumo y su familia

LAS INVESTIGACIONES

En 1986 el profesor Iván Mosquera del colegio Oficial Mixto de Bonafont asignó a los alumnos una tarea sobre la historia del corregimiento. Merardo realizó el trabajo con dos compañeros; tomaron apuntes y con una grabadora entrevistaron a la señora Florinda Peña, quien por ese entonces tenía 123 años de edad. La memoria de doña Florinda era prodigiosa:  recordaba  detalles de la zona que los nativos conocieron con el nombre de  Samoga y se acordaba, igualmente, de Cresencia Gaspar, la abuela de Merardo, una indígena pirsa descendiente de  José Adrián Guapacha, uno de los compradores  del gran lote que los nativos   adquirieron en la época colonial.

Según afirmaba doña Florinda, en Samoga se expresaban en una lengua que solamente sus habitantes entendían y por eso los misioneros cristianos la   prohibieron para evitar la confabulación de los parroquianos en actos reñidos con la doctrina católica. La curiosidad de Merardo fue en aumento y motivado por sus descubrimientos obtuvo una beca para estudiar en el Perú lenguas autóctonas y la fonética correspondiente en Ecuador.

De regreso a la vereda, Medardo continuó escudriñando el pasado de su comunidad e interesándose por los problemas de la gente. En 1993 vecinos de Bonafont y Mápura solicitaron tierras en el sitio de La Tolda, en una finca adquirida por el INCORA; pero eran muchos los interesados y poca la tierra para repartir. Así, pues, para hacer valer sus derechos y hacerse a un pedazo de tierra reconstituyeron el resguardo Escopetera-Pirsa, que los nativos habían disuelto a mediados del siglo pasado. Los vecinos establecieron un Cabildo y nombraron a Merardo Largo como primer gobernador del nuevo resguardo; era el más indicado por su educación y sobre todo por su compromiso con la gente de ese territorio, que abarcaba veredas de Riosucio y Quinchía.

LA LENGUA UMBRA

Pese a los descubrimientos de Merardo, los antropólogos que adelantaban estudios en la región continuaban confundiendo el lenguaje umbra con el dialecto de los embera-chamí, hasta que en los años sesenta del pasado siglo llegó a la zona de Mápura Guillermo Rendón García, un etnógrafo y músico de la Universidad de Caldas junto con su esposa Anielka de nacionalidad europea.

Rendón empezó a trabajar con la lengua umbra mientras Merardo, apoyado por Alfonso Aricapa, un anciano conocedor de las tradiciones y de la cultura local, continuaba recogiendo los vestigios de los umbras, encontrando varias familias que en el sector de Ginebra aún se comunicaban en la lengua ancestral, entre ellas los Guarumo, con quienes Merardo se asoció para enseñar a los niños el lenguaje de los umbras.

LA VIOLENCIA TRUNCA LOS PROYECTOS

Después de la muerte del Capitán Venganza, un grupo guerrillero se extendió por toda la región. Como Merardo era un obstáculo para ellos, trataron de asesinarlo en dos ocasiones. Infortunadamente no todos los compañeros de Merardo tuvieron la misma  suerte y en el proceso organizativo del Resguardo Escopetera-Pirsa muchos perdieron la vida, víctimas de fuerzas oscuras que buscan el control de  una zona fértil con ricas reservas de mineral aurífero.

En la actualidad Yovany Largo, ha tomado la bandera de su hermano Merardo, pero está solo. No ha sido posible despertar el interés de los círculos gubernamentales de Caldas y Risaralda ni hacerles entender que la lengua umbra es uno de los pocos bienes que quedan de nuestro patrimonio ancestral.

Nuestra ignorancia sobre los umbras y el desinterés por la cultura precolombina ha permitido que los Embera-Chamies tomen la representatividad de los verdaderos nativos de la región e impongan en algunas zonas una cultura que nada tiene que ver con nuestra historia. En consecuencia, se está apoyando a unos recién llegados y se olvida a quienes por siempre han ocupado este territorio.

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