miércoles, 7 de febrero de 2018

POR QUÉ LOS WILLYS SE LLAMAN YIPES


Alfredo Cardona Tobón*
 
 

En 1939  las fuerzas militares de los Estados Unidos buscaron un vehículo universal que pudiera atender las necesidades de guerra en Europa y Asia; con ese fin invitó a  135 fabricantes para que presentaran su propuestas. De todas ellas la Bentam, la Ford y Williys- Overland desarrollaron prototipos y al final solo quedó la Wlllys con un vehículo de doble tracción que hizo historia durante la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Corea.

El Willys causó sensación por su sencillez, el poco peso y la versatilidad que le permitía transportar ametralladoras y cañones, movilizar tropas, servir de ambulancia y de enlace entre los puestos de combate, sin importar el barro, la nieve y los pésimos caminos.  El general Marshall señaló al Willys como la mayor contribución de los Estados Unidos a las operaciones de la guerra moderna y el general Eisenhower señaló que con el aeroplano Dakota y la lancha de desembarco el liviano vehículo constituyó una de las herramientas más eficaces para ganar la guerra contra los alemanes y los japoneses.

LA PALABRA JEEP

En los años treinta del pasado siglo se hizo famosa la tira cómica de “Popeye el Marino”, donde figuraba su novia Olivia Oyl y varios personajes que divertían a grandes y chicos.  El 16 de marzo de 1936 apareció en dicha tira cómica Eugene the jeep como un regalo para Olivia de su tío Ben, quien encontró ese raro animal en las profundas selvas africanas.

Eugene the jeep era una especie de cruce de perro y roedor, de color amarillo y pepas cafés de orejas pequeñas y una gran nariz roja que detectaba el oro.  Era tierno y estaba dotado de facultades extraordinarias que le permitían traspasar los muros, trepar paredes y trasladarse de un lugar a otro misteriosamente.  Eugene se alimentaba con orquídeas, solamente pronunciaba la palabra jeep y aparecía al lado de Popeye cuando el marino estaba en peligro o debía resolver un problema complejo.

Después del ataque japonés en Pearl Harvor, Estados Unidos entró al conflicto y medio millón de Willys acompañaron a los soldados norteamericanos en el campo de batalla. Como en tiempos pasados se formó un vínculo tal entre los combatientes y los Willys, similar al que existió con los caballos en las guerras contra los Pieles Rojas en las planicies norteamericanas o contra los españoles en Cuba

Los Willys estaban en todo el teatro de la guerra, lo que hizo creer a los enemigos de Estados Unidos, que junto con la placa de identificación, los norteamericanos recibían un Willlys.

El desempeño de este vehículo de doble tracción se  equiparó al notable desempeño de  Eugene the  jeep y por ello los soldados  empezaron a llamarlos jeeps, palabra que transformamos en  yipes cuando a partir de 1950 empezaron a recorrer nuestras breñas.

FUERA DE SERIE

El jeep o yip pese a la velocidad limitada y su modesta línea que no sirve para impresionar a las muchachas, al igual que Eugene, la mascota de Popeye, tiene propiedades extraordinarias entre las cuales se destaca su espacio ilimitado, pues parece que se ensanchara a medida que lo van cargando. Además del chofer, lleva varios pasajeros, bultos de café, mercados, racimos de plátano, la caja de herramientas y queda espacio para capachos con gallinas y cajones con perros o marranos.

En cuanto a la resistencia no hay vehículo que se le iguale ni existe otro que tenga una vida ilimitada como los yipes, pues los mecánicos especializados en este tipo de carros refuerzan su estructura, cambian las piezas que fallan, los adecuan y ajustan, prolongando el servicio de estas “mulitas” de acero que parecen indestructibles, pues con más de setenta y cinco años de trabajo continúan recorriendo las trochas veredales.

 


El yip aceza en las pendientes extremas, parece flotar sobre las piedras gruesas, navega sobre el lodo, sirve para llevar la novia campesina a la iglesia y el difunto al camposanto, se mete en los charcos y se aferra en los vértices de los precipicios. Los yipes han forjado una cultura y como lo hizo con los soldados, en nuestras montañas se han amacizado con los yiperos que los soban y los consienten.  Aquí hablamos del yipao como unidad de volumen y lo convertimos en acróbata haciéndolo rodar en las llantas traseras, girar y hacer maromas.

Sin el yip hubiera sido imposible el desarrollo rural, pues sin ellos no se podrían administrar las medianas y grandes fincas cafeteras. Aunque hay jeeps por toda América, en Colombia los yipes se convirtieron en un símbolo del paisaje cultural cafetero que pasan de generación  en generación.

El CJ-2A fue la primera versión civil del vehículo de doble trasmisión, después apareció el CJ5, u oreja de perro y el CJ6. Posteriormente se modernizaron en las versiones del  Jeep Renegada, el Jeep Cherokee, el Wrangler, que aunque con alta tecnología ni se parecen al yip primitivo que  era  “fiel como un perro, duro como una mula y ágil como un gato.”

 

 

 

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