miércoles, 15 de marzo de 2017

LA GUERRA DE LOS MIL DIAS EN PANAMÁ


LA BATALLA EN  EL  PUENTE DE CALIDONIA-

Alfredo Cardona Tobón

Panamá  fue uno de los escenarios de la llamada guerra de “Los Mil Dias” entre el gobierno conservador de Colombia y la insurgencia liberal.  Uno de los episodios más sangrientos de la primera fase de este conflicto tuvo lugar en el Puente de Calidonia, donde las tropas oficialistas masacraron a los rebeldes


 

El 21 de marzo de 1900 zarpó de Nicaragua la cañonera “Momotambo”  con una expedición militar que diez días más tarde tocó tierra panameña en la playa de Punta Burica.  El 4 de abril los insurgentes entraron entre palmas y aplausos a la ciudad de David.  Para contener la invasión liberal el gobierno conservador colombiano despachó el Batallón Henao de la División Antioquia compuesta por personal de Salamina y Manizales.

Mientras el Batallón Henao navega desde Barranquilla con rumbo a Panamá bajo las ordenes  de los coroneles Heliodoro Peláez y Amador Gómez, el doctor Porras se dirige a la capital del  Istmo con tropas liberales. Los gobiernistas deciden atajarlo en los llanos de Capira y el ocho de junio chocan con el enemigo en el campo de Bejuco; el empuje liberal es formidable y al caer la tarde los conservadores retroceden hasta el punto de La Chorrera.

Con refuerzos liberales del Estado del Cauca las fuerzas revolucionarias atacan la ciudad de Panamá. A las cinco de la mañana del 21 de julio de 1900, los batallones gobiernistas Henao, Colombia y Quinto de Cali comandados por el general Albán sorprenden las avanzadas liberales, pero cogidos entre dos fuegos los gobiernistas se repliegan hacia la ciudad.

El 22 de julio los liberales ocupan la colina de Perri´ Hill situada a una milla de distancia del Puente de Calidonia, una de las pocas entradas terrestres a la ciudad de Panamá y que el gobierno había reforzado con láminas de acero rieles y parapetos de piedra y alambre.

Jefes y soldados liberales advirtieron sobre las graves dificultades que entrañaba llegar a la ciudad por ese puente. “No importa- dijo el comandante Emiliano Herrera- arremetan firme y les dejarán el campo. No importa, habrá sus difuntos”

La testarudez, la torpeza castrense- expresa Humberto Ricord-  el afán de gloria de Emiliano Herrera y la estrategia suicida que caracterizó a los ejércitos liberales durante la guerra de los Mil Días, sellaron la masacre liberal en Calidonia.

En la noche del 23 de julio llegaron a Perri´ Hill los batallones Iturralde y Colunje, cedidos de mala gana por Parras para consumar el desastroso asalto. A las ocho de la mañana del siguiente día, cinco batallones liberales atacaron el Puente Calidonia en tanto otros dos batallones se dirigían a la Ermita de San Miguel con el apoyo artillero desde la colina Perri´Hill.

La infantería liberal iba adelante seguida por la caballería. Los gobiernistas protegidos tras los parapetos del puente los dejaron acercar y los acribillaron en campo abierto. “Ola tras ola, los liberales ocupaban el lugar de los caídos y trataban de pasar por encima de los cadáveres y los heridos, hasta el puente.  Allí quedó inmolada la flor de la juventud panameña en un asalto estúpido y suicida”. (Ricord 1989).

A las cuatro de la tarde se desató una tempestad, las explosiones se confundían con los rayos y los truenos; la refriega no amainaba. A las once de la noche los liberales cargaron contra las defensas del puente en un último esfuerzo para rendirlas creyendo que podían aprovechar la oscuridad de la noche, pero fue inútil y nuevas víctimas cubrieron el descampado.

El 24 de julio los liberales ocuparon la Ermita de San Miguel, pero no pudieron avanzar pues un cañón gobiernista ubicado en el cerro de Tívoli les impidió seguir adelante. A medio día se pactó una tregua para recoger los muertos y socorrer a los heridos. Entonces se conoció la magnitud de la tragedia liberal, al frente del puente de Calidonia yacían tendidos más de 600 revolucionarios entre muertos y heridos.

A las siete y media de la noche del 25 de julio se rompieron nuevamente las hostilidades y las descargas volvieron a romper el silencio. A las siete y media de la mañana del 26 de julio, el pito de una locomotora anunció la llegada de mil soldados de la División Antioquia que venían de Barranquilla en auxilio del gobierno.

Desde el día anterior el buque Gaitán había zarpado con oficiales y tropas hacia el Cauca. La llegada de los refuerzos paisas fue el puntillazo final para los rebeldes agotados y desmoralizados ante la derrota. A mediodía del 26 de julio de 1900  el general Carlos A. Mendoza, en nombre de los insurgentes firmó la capitulación liberal en esta primera etapa de la guerra en el Istmo.

FUENTE
CARDONA Tobón Alfredo-  Los Caudillos del Desastre-2006- Univ. Autonoma de Manizales