domingo, 12 de noviembre de 2017

!HOLA ¡ MISTER BRANCH


Alfredo Cardona Tobón*



¡Hola Mister Branch! saludó Delfina, al fijar su mirada en los ojos de color azul intenso del extranjero llegado a las minas de Marmato.  Eso fue suficiente para que esa quinceañera mestiza, pequeña de estatura, piel trigueña y andar flexible, conquistara la voluntad de ese ingeniero inglés que  repasaba las huellas de Bousingault, de Roulan y de su padre John Branch..

James imaginó estas tierras por las memorias de los viajeros y por los relatos de su madre Mary Ann Rovor, aficionada a la geografía. Por eso, al graduarse como ingeniero de minas quiso sentir la fragancia del bosque húmedo, ver estas montañas tapizadas de verde esmeralda y palpar el aire luminoso que envuelve sus selvas.

Los años pasaron y los recuerdos se fueron desdibujando. Después de sesenta y siete años de muerto James Branch, su bisnieto Alfonso Gómez Echeverri, descubrió en   una habitación de la casa solariega en Anserma (Caldas) los retratos de Delfina Eastman Agudelo y de su esposo James Branch. Rayos tenues se filtraban por las hendijas de los postigos cerrados y en la penumbra Delfina y James parecían saludar, mientras Alfonso les contestaba: ¡Hola don Mister!, ¡Qué tal mi Doña!, intuyendo que en esas pinturas ajadas por los años se plasmaba el principio de su vida. Fue cuando Alfonso empezó a internarse por los vericuetos mineros de Marmato en busca de sus raíces.

Alfonso Gómez  descubrió que  James no fue un aventurero cualquiera sino el brillante ingeniero que introdujo  entre nosotros la organización científica del trabajo  preconizada por  Fayol y Taylor; y  supo que Delfina era hija de una  barequera  que había conquistado el corazón  de un  descendiente de Tomás Eastman.

En el libro  “Hola¡  Mister Branch!”, Alfonso Jaramillo Echeverri recoge la vida de sus ancestros y condensa la turbulenta época  transcurrida en la región entre los años 1870 y 1885. Es una obra de cien páginas que se lee con deleite y de corrido, donde se combina la cotidianidad de la vida minera con los sucesos y el paso de los europeos por los socavones de Supía y Marmato. El estilo, la fluidez del escrito y los datos que aporta Alfonso Gómez,  hacen de “¡Hola¡ Mister Branch”  una contribución  que enriquece las bibliotecas de quienes estudiamos el pasado del occidente del Viejo Caldas:  Se habla de los antecedente mineros, del entorno social de las costumbres y del mestizaje que consolidó las familias conformadas por los inmigrantes europeos con caucanas distinguidas o simples mozas del pueblo  al abrigo de la iglesia o al  calor de la pasión y el deseo.

La vida de James Branch fue una llamarada breve y luminosa. James Empezó como herrero de su pueblo y en 1870 al graduarse en ingeniería de minas llega a estas tierras como un especialista al servicio de la empresa que explotaba las vetas auríferas de Marmato. En 1886 el Consorcio Minero de Londres, del cual hacía parte The Western Andes Mining Company, lo requiere para una asignación especial en Australia y James se embarca en Honda en el vapor “Calixto” que lo llevaría a la costa del océano Atlántico con destino a los Estados Unidos

Por ese entonces el rio Magdalena es escenario de una de las tantas guerras que han enlutado a Colombia. La flotilla de la revolución liberal se enfrenta en el sitio de “La Humareda” con las fuerzas del gobierno atrincheradas a ambos lados del rio. Mientras el vapor “Calixto”, avanzada la noche, navega rio abajo tratando de eludir los barcos liberales, lo intercepta el vapor “Once de febrero” obligándolo a situarse a su lado. De repente el “Once de Febrero” estalla en llamas y la explosión de sus municiones impacta al buque donde viaja James Branch, quien muere al amanecer del 17 de junio de 1885  en manos de un  remero que intenta salvarle la vida.

Alfonso Gómez Echeverri retrata en su libro los últimos momentos de James Branch cuyo cadáver se lleva a la población de El Banco y se sepulta como un NN.

Delfina y sus cinco hijos esperaron años el regreso de su ser querido; la vida continúa su marcha en los socavones y en Supía donde en 1879 Santiago Branch Eastman, hijo varón de Delfina y James contrae matrimonio con su prima hermana Ana Mercedes Eastman Chavarriaga.

Santiago se convierte en un importante empresario, es dueño de las haciendas El Danubio en el Valle de Risaralda, La Libertad, Cuerna y minas de oro en el Chocó.  Cuentan que en el pináculo de su prosperidad económica, don Alejandro Echavarría propuso a Santiago invertir en la fábrica de textiles, que hoy se llama Coltejer, y Santiago le respondió que él “no se ponía a hacer trapos”.

Los Branch por la historia y la picaresca están unidos a nuestras comunidades.  En la hacienda “La Cecilia” de Santiago Branch se firmó el acta de fundación de Viterbo y en Supía se recuerda a Marina Macías, nieta de James, que iba al templo siempre vestida de blanco. Cuando estaba ancianita, con 97 años a cuestas, alguien le preguntó por qué vestía de ese color y Marina le contestó: “El blanco es signo de pureza y yo soy señorita, ¿o acaso ignora que todos me dicen Señorita Marina? “-.

Entre episodios de guerra, apuntes en minas y salones transcurre “¡Hola!, míster Branch” de Alfonso Gómez Echeverri y en sus líneas corren parejos el rumbar de las balas y los secretos de alcoba dejándonos adivinar una época que empieza a descorrer sus arcanos.

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